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Garibaldi en La Habana

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IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Foto: Rafael Torres  

¿Estuvo Giuseppe Garibaldi en La Habana, sí o no? Esta es una pregunta recurrente para los cubanos admiradores del gran paladín de la unificación italiana, de quien nuestro José Martí escribió: "(...) De una patria, como de una madre, nacen los hombres: la Libertad, patria humana, tuvo un hijo, y fue Garibaldi...". 

El 6 de diciembre de 1987 en un trabajo publicado en Resumen Semanal (hoy Granma Internacional), se afirmaba: "De igual modo existen datos concretos sobre la presencia clandestina (no podía ser de otra manera) de Garibaldi en La Habana. El patriota Juan Arnao, en su obra histórica, menciona el hecho de que en 1850 el héroe trató de organizar un núcleo de conspiradores en una botica situada en la esquina habanera de San Ignacio y Obrapía, propiedad del español liberal Salvador Zapata, quien más tarde donó dicha casa a la Sociedad Económica de Amigos del País. Estuvo varios meses en Cuba siempre tratando de escapar a la vigilancia de los agentes coloniales". 

Años antes, el 1 de junio de 1982, y a propósito de la presencia de Giuseppe Garibaldi por estos lares, en el Palacio de los Capitanes Generales se develaba una tarja conmemorativa de mármol blanco, con letras caladas, enviada por la municipalidad de la capital italiana.  

Estudiosos del tema se han debatido en el tiempo entre la afirmación y la negación, y la más reciente entrega de esa búsqueda cíclica la propicia el investigador y miembro de la Asociación Nacional de Historiadores de Cuba, Enrique Pertierra Serra (Mantua, Pinar del Río, 1957) con el libro Italianos por la libertad de Cuba, publicado en el 2000 por la Editorial José Martí.  

"La historia hay que probarla con documentos y no hay uno que lo diga, pues cuando la intervención norteamericana los españoles evacuaron los Archivos de la Marinería, los cuales darían el testimonio conclusivo de que Garibaldi estuvo en La Habana. Sin embargo, sí existen evidencias como, por ejemplo, a través de Antonio Meuci conoció a Gaspar Betancourt Cisneros, Cirilo Villaverde y John Anderson, este último negociante de tabaco y simpatizante de la unificación de Italia, quien había estado en La Habana en varias oportunidades y dominaba a fondo la situación política de Cuba. 

"Otra es que el etnólogo Fernando Ortiz, basándose en datos de la revista italiana Minerva, dice que Garibaldi viajó a La Habana en 1851, en un vapor llamado Saint George, acompañado de su amigo Francesco Carpanetto, con la intención aparente de un viaje comercial a Centroamérica, e hizo escala aquí con documentación falsa. De La Habana continuaron rumbo a Panamá y de ahí a Perú.  

"A su vez, Justo Zaragoza, historiador español nada partidario de la independencia de la Mayor de las Antillas, en su libro Insurrecciones en Cuba dijo que Garibaldi había arribado a La Habana en 1850 en un vapor llamado Georgia. Y la otra es de Juan Arnao, emigrado en Tampa, quien aseguraba el viaje del italiano en 1850.  

"Podemos tener en cuenta, además, que debió permanecer aquí con otro nombre, quizás Giuseppe Pane. Los españoles no iban a permitir su estancia si se presentaba con su verdadera identidad." 

Preciso: ¿sí o no? Y Pertierra toma las bridas del asunto con una rotunda afirmación, para luego analizar el contexto histórico en que se une Garibaldi a la historia de la Isla, después de su llegada a Nueva York el 30 de julio de 1850, y su relación con la Junta Cubana, liderada por el anexionista Narciso López, quien probablemente no contactara de manera personal con el gran paladín. También, extiende la posible fecha de visita a La Habana entre 1850-1851. 

¿Y qué hizo en La Habana? ¿Es cierto que conspiró?: "No lo creo, pienso que vino a palpar el sentimiento de los cubanos y observó que el momento no era el propicio, pues no estaban las condiciones para la independencia".  

No debe haber permanecido solo un día, como afirman algunos investigadores, pero tampoco meses como indican otros: "Garibaldi era una persona muy experimentada, no un aventurero; tenía un ideal y se mantenía fiel a él. Conocer la situación de la colonia requería de cierto tiempo. En aquellos momentos no se gestaba una revolución genuina, independentista, y el italiano no comulgaba con las ideas del anexionismo, eso fue lo que hizo que no estuviera involucrado en los movimientos separatistas cubanos de la época, recuerde que era anticolonialista". 

El 3 de enero de 1869, ya iniciada nuestra guerra libertaria, Emilia Casanova, esposa de Villaverde y en ese entonces secretaria de la sociedad Liga de las Hijas de Cuba, le escribe para que la espada garibaldina se uniera al machete mambí y la causa cubana ganara numerosos adeptos en el mundo. El italiano está inserto en la unificación de su patria y demora un año en contestarle, pero le confiesa:  

"Con toda mi alma he estado con Uds. desde el principio de su gloriosa revolución.  

"No es solo la España quien pelea por la libertad en casa y quiere esclavizar a los demás pueblos fuera. Pero yo estaré toda la vida con los oprimidos, sean reyes o naciones los opresores." 

Y el 22 de febrero de 1870, en una segunda carta, le dice: 

"En otra mía yo manifesté a Ud. el interés que tenía por la libertad de Cuba. 

"Yo soy por los republicanos de España, pero, no, por ese gobierno reaccionario y deseo a su bella patria la total independencia por la cual tan heroicamente pelea."  

En suma, Pertierra mantiene que el Caballero de la Libertad sí estuvo en La Habana porque las pistas están en lo que en su momento escribieron o investigaron Cirilo Villaverde, Juan Arnao, Justo Zaragoza y Fernando Ortiz.  

Quizás en algún archivo español pudiera hallarse la definitiva respuesta.  

30/10/2006 14:01 islalsur #. Gentes


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