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AL RESCATE DEL ADULTO MAYOR

VIVIAN SÁNCHEZ,

estudiante de Diplomado de Periodismo,

Instituto Internacional de Periodismo José Martí

 

Círculos de abuelos, Cátedras del Adulto Mayor, Club de los 120 años... términos que alzan el vuelo a programas que cumplen el noble propósito de hacer retoñar y florecer a los menos jóvenes, pero su divulgación cotidiana y obligada, en muchos casos no hace latir toda su magia, ni la imperiosa necesidad dentro de la sociedad cubana de hoy.

Todos los planes con la tercera edad retoman sabias concepciones milenarias insertadas en la historia de la humanidad. Las civilizaciones del Oriente siempre otorgaron un valioso papel a sus adultos mayores. Los más antiguos textos religiosos describieron veneración y respeto a los patriarcas, a quienes consideraron ilustrados por su larga vida. En la Cuba precolombina, los ancianos behiques fungían como médicos y principales continuadores de las costumbres de las tribus.

Es decir, que la historia del hombre incorporó la sabiduría de la tercera edad a la sociedad y también a la familia. Y es que para entrar a conocer la vida social es necesario cruzar el umbral de las familias, su núcleo esencial.

Comportamientos, tendencias, orientaciones, patrones morales están matizados por la historia familiar, pero además riqueza espiritual y bienestar son sus frutos más relevantes. Los adultos mayores juegan un rol en todos ellos. Enriquecen con experiencias y tradiciones el patrimonio que se hereda de generación en generación.

Sin embargo, hoy se incorpora un elemento trascendental: el envejecimiento de la población, paradoja de nuestros días. ¿Por qué?

Buscando sus causas encontraremos una relación con indicadores de desarrollo: reducción de la mortalidad infantil, disminución de la incidencia de enfermedades infecciosas, incremento de la esperanza de vida. Cifras expuestas por estudios a nivel mundial indican que en el 2025 la humanidad contará con 1200 millones de ancianos.

Cuba no es una excepción a este fenómeno y ello es el resultado de sus políticas sociales encaminadas a lograr una calidad de vida superior. Datos que reflejan esta realidad: en 1950 en la Isla vivían 400 000 personas de la tercera edad, en 1980 la cifra superaba el millón y se espera que en el 2025, uno de cada cuatro cubanos sea mayor de 60 años.

No puede ignorarse dentro del análisis un indicador fundamental de toda esta problemática: la baja natalidad infantil con sus notables repercusiones en el crecimiento demográfico, pero además como consecuencia y no como causa.

Incrementos de familias multigeneracionales, limitaciones económicas, mayor demanda de servicios de salud y seguridad social, necesidad de personas encargadas del cuidado y la atención del adulto mayor en el seno de la familia, lo que puede repercutir a largo plazo sobre la fuerza laboral del país, son algunos elementos que indican que el cuidado y bienestar del adulto mayor tiene que convertirse en una piedra angular de la sociedad cubana de hoy.

Para ello es necesario conocer con profundidad todos los fenómenos biológicos, psíquicos y sociales que giran en torno a la tercera edad, sin dejar de pensar que es una etapa por la que transitaremos todos.

Primer peldaño: la familia                                                                       

La familia es la responsable de garantizar un entorno que compense las pérdidas de esa etapa de la vida, pero sin sobreprotección, ni marginación.

Reconocer la importancia del abuelo en la familia  es reafirmar su autoestima y ofrecerle un nuevo significado a su existencia para prolongar sueños y esperanzas. Ese medio familiar es el que favorece un adulto mayor para sí y para la sociedad, y garantizará una larga vida con calidad física y mental.

Los especialistas registran una reversión de roles entre abuelos y nietos. Cuando el niño es pequeño recibe ayuda, protección y compañía de los abuelos. Al crecer, los nietos en su papel de adultos ayudan con ternura y amor al anciano que los vio crecer.

Sin embargo, no siempre ocurre así y en ocasiones los abuelos son despreciados, maltratados con términos peyorativos y colocados en un rincón del hogar. Es la familia la máxima responsable de lograr el disfrute del adulto mayor por sus años vividos y bajo el  principio que solo florece lo que se siembra con amor.

Segundo peldaño: Planes sociales en curso

Las instituciones estatales cubanas han dado pasos importantes en áreas imprescindibles para el adulto mayor. Con ellos se respeta el espacio del anciano, su descanso, su capacidad para cooperar con deberes en el buen funcionamiento del hogar pero con el derecho bien ganado de tener sus propios proyectos de vida, de ser parte activa del entorno familiar.

Compartir con un grupo de la tercera edad en una Cátedra del Adulto Mayor es valorar en toda su magnitud una obra que permite comprobar que el envejecimiento no es una enfermedad, sino una nueva etapa del calendario cuando se enseña a transitar por ella. Es aprovechar la experiencia de los menos audaces, pero más curtidos. Es demostrar  que los años no tienen que llevarse con dolor, sino con la enseñanza de conocerlos para convertirlos en un tiempo útil y feliz. Es cultivar respeto, admirar voluntad, y mostrar la vigencia de la frase del ilustre músico cubano cuando afirmó que "Joven ha de ser quien lo quiera ser".

Pero, ¿con todo lo trazado se compensa el nuevo reto poblacional?

Peldaños del futuro

Todos los proyectos en ejecución con la tercera edad, con sus excelentes resultados son el punto de partida para continuar. Los planes actuales satisfacen la atención primaria y especializada de salud, promueven estilos de vida más sanos, incentivan la creatividad, estimulan la recreación y actividad psíquico motora, favorecen la integración social para compensar las inevitables pérdidas familiares o sociales y además desarrollan potencialidades acordes a sus gustos y preferencias. Todos se encaminan a lograr vida con calidad.

Sin embargo, el ascenso no puede detenerse. Ese reto tiene que lograr una contrapartida complementaria de apoyo a la familia y a mantener la reconquista del adulto mayor. Los centros con adultos institucionalizados necesitan de nuevas inyecciones y opciones en los que se abonen los logros de los planes vigentes, pero que a su vez permitan el desarrollo social de la familia. No se trata de alejar al adulto mayor del entorno familiar sino de ofrecer nuevas expectativas para su atención y cuidado que no frenen el progreso social.

El filósofo romano Séneca afirmó desde su tiempo que "La fábula como la vida no se valora por la longitud sino por el contenido" y "La vida, si se sabe utilizar, es bastante larga". Para lograr esos sabios principios, los nuevos desafíos sociales deben ofrecer esa proyección y garantizar la estabilidad requerida para transitar el camino de una sociedad longeva con plenas capacidades para ascender.

  

 



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