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CAMBIO CLIMÁTICO: UN RETO PARA LA HUMANIDAD

El calentamiento global es una realidad perceptible e irreversible que implica la adaptación a nuevas condiciones de vida. La activa posición de Cuba ante este fenómeno representa un ejemplo en la conducta ecológica mundial.

En el Forum Estudiantil de la FCOM este trabajo obtuvo Premio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y Mención en la categoría de Reportaje. 

CRISTINA ESCOBAR DOMÍNGUEZ Y CLAUDIA FONSECA SOSA,

estudiantes de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

En las vacaciones, ir a la costa o a la playa es la actividad preferida por todos. Aquellos que viven lejos recorren largas distancias con tal de disfrutar del sol y del mar. Pero, si no se actúa a tiempo, dentro de unos pocos años ya la costa no estará donde solían encontrarla, ni el sol será tan soportable.

Se suele escuchar la expresión “calentamiento global” como algo lejano que no nos tocará vivir, sin embargo, este fenómeno es ya una realidad que la humanidad debe enfrentar.

“El clima de la tierra siempre ha cambiado, históricamente se han producido variaciones que han conllevado a la desaparición de algunas especies que no han sido capaces de adaptarse; pero en la actualidad hablamos sobre un cambio climático inducido por la actividad humana, es decir, que no ocurre por causas naturales”, aclaró el doctor Luis R. Paz Castro, del Instituto de Meteorología (INSMET).

Ahora bien, ¿cuál es la diferencia, a los efectos de las consecuencias, entre el cambio climático natural y el inducido por el hombre?

La atmósfera es un coctel de gases entre los que se encuentran el dióxido de carbono, el óxido nitroso y el metano, que integran, entre otros, el grupo de gases del denominado efecto invernadero.

En la naturaleza estos gases se encuentran en pequeñas concentraciones, y su efecto, a diferencia de lo que muchos piensan, no es del todo negativo. De hecho, sin él no podríamos vivir en el planeta.

“La Tierra —explica el doctor Paz— recibe del Sol radiaciones que atraviesan la atmósfera. Estas calientan la superficie terrestre y la convierten en un emisor de calor, ya que todo cuerpo caliente lo emite, pero a una temperatura mucho más baja. Cuando esa radiación regresa hacia arriba, entonces la atmósfera, debido a la presencia de los gases, no permite que se escapen al espacio exterior”.

Añade el especialista que el efecto invernadero es la capacidad que tiene la atmósfera de convertirse en una especie de colcha que protege al globo terráqueo para que no pierda su calor; sin ella, la Tierra sería demasiado fría.

Desde la primera Revolución Industrial, el hombre ha emitido grandes cantidades de gases, y sus concentraciones en la atmósfera han aumentado considerablemente, lo que ha incrementado la capacidad de esta de retener más calor.

Tales gases permanecen en la atmósfera por extensos períodos, por ejemplo, el dióxido de carbono se mantiene más de 100 años, por lo cual su efecto es acumulativo. Ello provoca que el equilibrio atmosférico se rompa y que el sistema busque un balance, que se traduce en un aumento de las temperaturas, en trastornos climáticos como las variaciones en las precipitaciones, y en el incremento de los fenómenos extremos.

En tal sentido, el dióxido de carbono resultante de la quema de combustible fósil (petróleo, gas) es una lamentable y considerable contribución de la actividad humana al efecto invernadero.

¿Existe acaso alguna «trampa» para capturar a este enemigo? La hay: los bosques son sumideros naturales gracias a los cuales disminuye la concentración de dióxido en la atmósfera, debido a su capacidad de absorber este gas y emitir oxígeno.

Desafortunadamente, el área boscosa del planeta es cada vez menor. Al deforestarla, el ser humano elimina una vía para reducir la contaminación. Al mismo tiempo, si los bosques se queman, aumentan las emisiones del gas y éste se reintegra a la atmósfera.

¿Qué cambiará?

Según estudios, hacia las postrimerías del siglo XXI la temperatura media en la superficie terrestre ascenderá tres grados. Pero eso no significa que tendremos que esperar hasta el 2090 para percibir este ascenso en los termómetros, sino que cada año subirá décima a décima.

La preocupación reside en que el clima no es ajeno a la actividad humana. Si cambiamos algo en él, cambiaremos también nosotros, ajustados como estamos a vivir en condiciones climatológicas determinadas.

No obstante, el principal problema al que nos enfrentamos ahora es la proximidad inmediata del tiempo en el que puede suceder este fenómeno. Puede ser tan en breve que los ecosistemas y la sociedad tendrán que adaptarse a las nuevas condiciones de vida cuanto antes.

Otra de las cuestiones que más preocupa es el aumento del nivel del mar, producido por el derretimiento de los hielos polares, que no sobrevivirán al ascenso de las temperaturas. Como consecuencia ocurrirá un proceso de pérdida paulatina de tierra cultivable y habitable. A los que vivimos en islas, el asunto nos pone los pelos de punta. Pero tampoco Nueva York o Los Ángeles tendrían motivos para festejar… 

Los regímenes de precipitaciones cambiarán, y la producción agrícola se verá afectada, pues habrá variedades de cultivos que no podrán crecer en las nuevas condiciones térmicas, lo que implica adaptarse a una agricultura que sea sustentable a esas condiciones, explicó el doctor Paz.

Del mismo modo, las especies empezarán a mutar y quedarán inadaptadas a las nuevas circunstancias climáticas.

Los principales impactos que se generan para las comunidades humanas están en términos de acceso al agua potable, no solo por el cambio del régimen de lluvia, sino por el ascenso del nivel del mar, que producen una intrusión salina, sobre todo en los países cuyos reservorios de agua son superficiales y generalmente costeros.

Con todos estos cambios, la salud humana también se resiente, toda vez que el aumento del nivel de las aguas incrementa la temperatura de estas y disminuye el nivel de acidez de los océanos. Todo esto cambia las cadenas alimenticias marinas y como eslabón final, ¿adivinan?, ¡estamos las personas!

Podrán surgir nuevas enfermedades y cobrarán fuerza otras transmitidas por insectos, cuyos hábitats se expandirán como consecuencia de esos grados de calor “plus” que se harían sentir como nunca antes.

¿Cómo enfrentarlo?

Aunque lográramos sistemas tecnológicos e industriales con emisión cero, los gases lanzados hacia la atmósfera ya están ahí y no los podemos eliminar. La única manera de “torear” el fenómeno que se nos viene encima es mitigar ese cambio climático y prepararnos con inteligencia para enfrentar las nuevas condiciones.
El hombre, como responsable del calentamiento global, debe actuar de inmediato para solventar esta situación. Consumir menos combustibles fósiles, invertir en tecnologías sanas e incursionar en prácticas agrícolas que no impliquen el uso de gases de efecto invernadero, deben ser acciones de este mismo instante. ¿Después quedará algo por lo que intentar rectificar?

La sociedad capitalista basa su crecimiento en un consumo cada vez mayor y en dilapidar los recursos del planeta. Cada día hay más automóviles, más gasto de electricidad, más contaminación. Los patrones de consumo y comportamiento de la sociedad actual no se corresponden con las circunstancias ambientales vigentes.

La mitigación no significa no desarrollarnos, pero sí hacerlo de manera sostenible y en equilibrio con el ambiente. Esto requiere recursos que los países en desarrollo no poseen.

Hallamos aquí otro rostro de la inequidad existente en el planeta: serán los países más pobres los más afectados y los menos preparados para enfrentar el fenómeno, ya que no tiene la misma responsabilidad Jamaica que EE.UU. o Gran Bretaña. Es un problema común, pero diferenciado, porque tratamos con un sistema que no tiene fronteras.

“Dentro de los retos internacionales no solo está la necesidad de entrar a tomar medidas globales como el Protocolo de Kyoto, sino también la de crear procesos de integración para poder sobrevivir a las catástrofes naturales que nos amenazan”, explicó el doctor Miguel Limia, presidente del Consejo de Ciencias Sociales del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).

“No se les puede permitir a las transnacionales que busquen las soluciones del asunto como ya vienen haciendo, mediante la expansión, la guerra, el arrebato de recursos cada vez más deficitarios del planeta”, agregó el especialista.

Tampoco es admisible que los ricos pretendan destinar las tierras que pudieran dar de comer a millones de hambrientos para la producción de bio-combustibles, que alimentarán sus lujosos automóviles. Por este camino se aceleraría la muerte de seres humanos y no precisamente por el cambio climático, sino por una suerte de injusticia criminal.

Estos cambios climáticos globales retan la conciencia ecológica tradicional. Ahora no solo se trata de cuidar el medio ambiente desde la perspectiva conocida, sino de plantearnos profundos retos de cambios de hábitos, de habilidades y hasta de conocimientos.

La civilización está sirviendo de sepulturera a los seres humanos. En consecuencia, nos vemos obligados a reeducar, reorientar y modificar esas paradojas para preparar a las personas con los saberes necesarios ante esta situación.

Cuba y el cambio climático

Según el Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático, Cuba tiene el compromiso de adaptarse al fenómeno, pero no de mitigar sus emisiones, responsabilidad que corresponde a los países desarrollados.

No obstante, según el doctor José Antonio Díaz Duque, viceministro del CITMA, nuestro país ha venido haciendo una significativa contribución en este tema por concepto de reforestación, pues ha incrementado su área boscosa de un 13 a un 25 por ciento desde 1959 hasta la fecha.

La Revolución Energética ha contribuido a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera gracias a la generación distribuida, que no es más que el empleo de grupos electrógenos aislados para sustituir o compensar la generación de grandes plantas termoeléctricas.

La co-generación combinada, es decir, el uso del gas natural acompañante del petróleo que antes se escapaba a la atmósfera, ahora se aprovecha, y a partir de él se produce electricidad.

En las energías renovables encontramos otra vía para reducir las emisiones. En este aspecto, Cuba tiene una gran experiencia, según el doctor Díaz Duque: “La biomasa cañera y las celdas fotovoltaicas, que se utilizan esencialmente en zonas donde no llega el tendido eléctrico, son maneras de independizarnos de los combustibles fósiles, cuya quema es la principal causa del calentamiento global”.

Vivimos en un mundo en el que un ciudadano estadounidense consume 100 veces más que uno de Bangladesh. La cuestión está en que el planeta no sobrevivirá a semejantes desigualdades.

La atmósfera es para nosotros como el agua para el pez,  y la estamos usando como vertedero. No por invisible, es menos sensible.

“Debido a la Revolución Energética y a los recursos humanos con que cuenta nuestro país, podemos decir que nos encontramos en excelentes condiciones para enfrentar el fenómeno”, afirmó Díaz Duque.

Encontrar una integración que implemente una justicia social y ecológica global, que implique modificaciones sustanciales de los estándares milenarios de vida es el principal reto al que la humanidad se enfrenta.


Ficha técnica:

Tema: El cambio climático

Tesis: El calentamiento global es una realidad perceptible e irreversible que implica la adaptación a nuevas condiciones de vida. La activa posición de Cuba ante este fenómeno representa un ejemplo en la conducta ecológica mundial.

Estrategia de fuente:

Fuentes activas:


Doctor Luis R. Paz Castro, del Instituto de Meteorología (INSMET).
Doctor Miguel Limia, presidente del Consejo de Ciencias Sociales del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).
Doctor José Antonio Díaz Duque, viceministro del CITMA

Fuentes pasivas:

“Cuidar el clima. Guía de la convención sobre el cambio climático y el protocolo de Kyoto”. Secretaría de la Convención Marco sobre Cambio Climático, Bonn (Alemania). 2004.

De Internet:

Especial fotográfico de http://www.elmundo.es/
 

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Tipo de cierre: De resumen



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