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MIGUEL BONASSO Y LAS SOMBRAS FUGITIVAS

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Entrevista Premio Nacional de Periodismo Cultural Monchy Font que entrega la UNEAC a periodistas menores de 30 años. También obtuvo el máximo galardón en el Forum Estudiantil de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

ELIZABETH MIRABAL LLORENS Y CARLOS VELAZCO FERNÁNDEZ,

estudiantes de tercer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

Miguel Bonasso es un excelente conversador que te recibe como si te conociera de siempre. Le gusta recordar e ir reflexionado a la vez, mas no divaga; y aunque por mucho tiempo vivió como un clandestino, no se torna escurridizo cuando se le entrevista.

No quiere leer absolutamente nada bajo su nombre en un diccionario literario porque "eso significaría que estoy muerto", explica entre risas.

Ciudadano de todas partes, está orgulloso de haber nacido en la ciudad de Buenos Aires y de tener nietas mexicanas. Amante de la poesía de Quevedo, se ha apropiado de algunos de sus versos para titular libros propios.

De elevada estatura, ojos clarísimos y barba desordenada, parece no temerle a dejar de ser. Aprendió, desde hace ya mucho, cuáles son las causas que merecen cobrarse una vida. Sin embargo, no le exige a nadie hoy que ponga en juego la suya sin razones suficientes para ello.

Fiel a su generación, la mayoría asesinada o torturada, fue un periodista consecuente y afortunado en medio de tanta desdicha, que supo cómo sacrificar su identidad para sobrevivir junto a su familia y contar, para nosotros, el drama mil veces descrito, jamás agotado, que durante horas, meses y años, infinitos y tristes, se apoderó del cono sur americano.

¿Qué influencia tuvieron sus padres en su temperamento, en su vocación?

Desgraciadamente, mucha. Mi papá solía decir que me había hecho periodista por culpa de él, que era como una transmisión, porque él también era periodista. Y yo decía: "Sí, efectivamente, es como la sífilis". Cuando se habla de heredosifilítico, yo soy heredoperiodista. Mi papá trabajó muchos años  en agencias, por ejemplo, en la France Press, y yo de chiquito iba allí, a los siete u ocho años, y miraba lo que es hoy una máquina prehistórica para la generación de ustedes. Había una máquina misteriosa, que me fascinaba, frente a la cual me paraba. Era el teletipo. Y entonces, muy lentamente... tic, tic, tic, tic, tic... venían las palabras ¡desde Europa! Yo no podía creerlo. Mi papá me explicaba "¿Ves esto? En este momento lo están mandando desde París".  "¿En serio?"-le decía yo- "¿y cruza el océano?" No podía creer que ocurriera ese prodigio. Pero ocurría. Debe haber sido la fascinación por el teletipo lo que me metió en la profesión.

Mi mamá también. Aunque no ejerció el periodismo de manera profesional, permanente como mi padre, sí lo ejerció durante la Guerra Civil española. De hecho, fue secretaria de redacción del Frente Rojo, el órgano de las Juventudes Socialistas Unificadas. Pero era más bien un periodismo de combate. Fue miembro del Comité de Defensa de Bilbao. Perseguida por el fascismo, volvió a entrar a España por Cataluña y estuvo hasta el final de la guerra. Mi madre era muy buena lectora e influyó mucho en mis lecturas. Leí Los Miserables, de Víctor Hugo. Me entusiasmó con Alejandro Dumas, no solo con Los tres mosqueteros, Veinte años después o El Vizconde de Bragelonne, sino, además, con novelas mucho menos conocidas como El collar de la reina...

Entonces, usted heredó un poco de su madre el ser un perseguido, ¿no?

Sin duda, la pasión..., aunque mi papá también tenía militancia política. Pero ella tenía el prestigio ante todos nosotros de que había sido combatiente de la guerra. Sin duda, el nivel de pasión política es probable que venga de ahí. 

¿Qué le debe al periodismo alguien que desde los 18 años ve el mundo desde la óptica de quien busca la noticia, la interpretación?

La verdad es que le debo al periodismo muchísimo. He tenido el privilegio de asistir como testigo impensado a hechos históricos. En octubre de 1970, cuando Salvador Allende fue elegido presidente por el Congreso pleno de su país, tenía una exclusiva con él y estaba en su casa, en el despacho, mientras toda la prensa, las cámaras, las grandes cadenas norteamericanas, esperaban afuera. En el momento mismo que lo eligieron, entró una de sus hijas, lo abrazó, lo besó y le dijo: "Papá, acaba de elegirlo el Congreso pleno". Me sentía casi como intruso. También recuerdo la primera vez que conseguí una exclusiva con Fidel. Lo entrevisté junto con mi compañera para el diario Página 12... No sé, muchísimos acontecimientos me han llevado a  conocer personajes históricos trascendentes de todos los campos, que quizás de otra manera no hubiera podido conocer.

He hecho toda clase de géneros dentro del periodismo: televisión, radio, agencia, diario, revista. Fui desde lo más frívolo hasta lo más trascendente. Todo eso lo pude hacer gracias a esta profesión y, además, recorrer el mundo. Es decir, viajar de un lado a otro, estar en las zonas de combate en Nicaragua. No fui corresponsal de guerra, sería un poco presuntuoso decir eso, pero me tocó estar muchas veces, aunque no por tiempo prolongado, en sitios peligrosos o donde había conflictos bélicos. En realidad, el sitio más peligroso fue mi país, donde trataban de matarme, eso sí era cotidiano, de todos los días.

Fui, incluso, periodista deportivo, más bien de automovilismo, aunque no por mucho tiempo. De fútbol nunca, me gusta mucho, pero no tenía los conocimientos técnicos. En fin, un amplio abanico, un abanico enorme de posibilidades y de vivencias que no creo que se hubieran dado si hubiera sido... -es difícil que hubiera sido gerente de banco-, pero bueno, si hubiera sido, por ejemplo, gerente de un banco. 

Muerte, dictadura, clandestinidad, recuerdos. Sus novelas están hechas de tristezas, nostalgias y vivencias. ¿Cree que de no rodearlo esta aureola gris Bonasso sería escritor?

Probablemente sí. Sería un escritor más lúdico que escribiría novelas de amor. Lo que pasa es que esa es la historia que me tocó vivir. Justamente cuando le comentaba a mi papá que quería escribir, recuerdo que me decía: "Tenés que tratar de ser siempre fiel a tu tiempo". Los escritores que trascienden son aquellos que son fieles a su tiempo, que saben transmitir el tiempo en el que vivieron. Y eso me colocó en una escuela que tuvo fruto en América Latina: la de los escritores de no ficción, la de los escritores testimoniales. Tengo algunas cosas de ficción, pero lo central de mi producción es no ficción.

¿Qué opina de la Feria Internacional del Libro de La Habana?

Es un evento magnífico y probablemente único en su género porque después se traslada al interior, es decir, que no es un hecho puntual de La Habana. Nosotros tenemos una feria muy popular, por la que pasa mucha gente, la de Buenos Aires, pero bueno, es la Feria de Buenos Aires solamente. Pero he disfrutado de la Feria cubana cuando he presentado mis libros y  la pasé muy bien, me encantó el escenario, el fervor popular, la voluntad de leer, la avidez. El lector cubano es curioso, es insaciable, la relación con los lectores es estupenda. Es como si estuvieran realmente en mi país. Espero que este año se den cita importantes escritores, porque el pueblo cubano se lo merece. Es uno de los hechos culturales más importantes de América Latina.

¿Qué podría adelantarnos del volumen que presentará en esta ocasión?

Es una novela, ficción, pero muy basada en elementos de la realidad y cuenta la historia de un personaje que regresa del exilio para averiguar qué ocurrió con su mujer, que está desparecida. Se llama La memoria en donde ardía, porque está tomado de ese poema de Quevedo, del Siglo de Oro español, que dice: "mas no, de esotra parte, en la rivera, / dejará la memoria, en donde ardía: / nadar sabe mi llama la agua fría, / y perder el respeto a ley severa. Es un soneto muy lindo de Quevedo. Precisamente, he utilizado a Quevedo para fusilarle varios de sus versos para título de mis libros. Recuerdo de la muerte también es de Quevedo. "Y no hallé cosa en que poner los ojos/ que no fuese recuerdo de la muerte". Tengo dos libros con versos plagiados a Quevedo.

Pero este año para mí tiene un significado muy especial porque viene mi hijo Federico Bonasso, que hizo la música de Iluminados por el fuego, la película que ganó el gran Coral y que, además, tiene un conjunto de rock llamado El juguete rabioso, título de un libro del gran escritor argentino Roberto Arlt. Hacía varios años que El juguete... no se reunía. Vamos, entonces, a hacer la presentación del libro de manera totalmente atípica porque compartiremos el escenario: ellos van a tocar rock y yo presentaré mi libro.

Eso será el 10 de febrero a las 6: 30 p.m. de la tarde, en la plaza de los cañonazos de La Cabaña. Daniel Chavarría va a estar en la presentación, porque eso ya es casi un vicio. Chavarría presenta algún libro mío o yo presento algún libro de Chavarría, y como él escribe y publica mucho más que yo, yo he presentado muchos más libros de Chavarría que Chavarría míos. Pero esta vez le va a tocar presentar por segunda vez uno mío, el primero fue uno de grandes entrevistas -a Fidel, a Chávez-, grandes por los entrevistados, no por el entrevistador, titulado El instante fugitivo, otra vez un verso de Quevedo. Espero que vayan muchos jóvenes a los que les guste la literatura y el rock.

Mi hijo se inspiró en el libro y compuso un tema de rock homónimo, precioso, que trata de una abuela de la Plaza de Mayo que recupera a su nieto. Y esa es La memoria en donde ardía, una memoria que va más allá del agua fría de la muerte. Las abuelas hicieron un banco genético, donde depositaron muestras de su sangre, previendo su muerte y que algún muchacho de esta época sospechara que era hijo de desaparecidos y nietos de las abuelas y deseara hacerse una prueba de ADN y comprobar su creencia. Esto ha ocurrido con varias decenas de casos. Esas pruebas marcan una cosa impresionante establecida por los genetistas que es el índice de abuelidad. La novela tiene mucho que ver con el índice de abuelidad y el tema de rock también. 

¿Qué le pide al lector cubano que va a leer su novela?

No le pido nada, más bien le ayudo a entender las circunstancias históricas en que ocurrió todo, con una nota especial que hice para la edición cubana. Le doy las claves y después hay notas, glosarios, porque utilizo un lenguaje coloquial, tanto argentino como mexicano, y son palabras que no se conocen. Desgraciadamente, nuestras formas de hablar son distintas. Pana en Venezuela, asere en Cuba, cuate en México, gomia en Argentina, expresan todas lo mismo, pero son palabras distintas.

¿Y la novela histórico-ensayística que iba a hacer de los Montoneros?

Pendiente. La actividad política me está exigiendo mucho. Soy diputado del Parlamento argentino por el Partido de la Revolución Democrática y estamos tratando de construir una gran alternativa de izquierda, un gran frente, que es difícil. Una de las grandes pasiones de mi vida, que es la política, me está privando de otra de mis grandes pasiones que es la literatura. Y de los Montoneros, más que una novela, pensaba hacer un ambicioso libro de historia general. Ahí está. Es una tarea ciclópea. Veré si, en algún momento de mi vida, dispongo del tiempo existencial para hacerlo.

Iluminados por el fuego retoma el conflicto de las Islas Malvinas.

De la parte que me toca y de todo el trabajo colectivo que implicó Iluminados por el fuego -que no es un mérito exclusivo ni mucho menos- estoy contento porque creo que es la primera película que toma el drama de las Malvinas en serio y se asoma de verdad con un sentido crítico y explica por qué esa guerra no se podía ganar. No se podía ganar porque la llevaba a cabo un ejército formado por el propio imperio y, entonces, mal podía llevar a cabo una guerra antimperialista y anticolonialista, un ejército sirviente de los colonialistas y los imperialistas que había torturado, asesinado, violado, robado, que había hecho todas las barbaridades que hicieron las Fuerzas Armadas argentinas.

Tenían que perder ante los ingleses, era así, era casi una fatalidad. Y tenían que perder porque maltrataron a sus propias tropas, porque consideraban a los soldados inferiores. La guerra de las Malvinas no fue lo que fueron otras guerras antimperialistas como las que libró el pueblo cubano en Playa Girón. El ejército creyó que los EE.UU. lo iba a ayudar en una confrontación con Gran Bretaña, ignorando algo que debían saber desde la Academia Militar, que Gran Bretaña es el principal aliado de los EE.UU. a nivel mundial.

Les pasó lo que les tenía que pasar. EE.UU. apoyó a Gran Bretaña y, cuando ellos se dieron cuenta de eso, se aterraron y perdieron ignominiosamente la guerra, pero llevaron al sacrificio a cientos de muchachos, a miles, murieron más de 300 en las islas y otros 300 en el hundimiento del Belgrano, que fue un acto cobarde y ruin por parte de Margaret Thatcher. Pero también expresa un sentido crítico de cosas que están muy mal en la sociedad argentina, como el hecho de que después de la guerra se suicidaran casi tantos veteranos como los que cayeron combatiendo en las Islas. El número es casi equivalente. Es monstruoso y dice mucho sobre cómo la sociedad negó el trauma de las Malvinas y lo quiso tapar, y tapó a sus protagonistas, a sus víctimas, muchachitos jóvenes de 18 años llevados a una guerra sin medios, sin convicción, frente a un ejército profesional temible.

En términos generales estoy contento de mi participación y muy contento de que haya ganado el Gran Coral, que le dediqué en su momento, junto con Tristán Bauer, a mi compañera, en este momento enferma, Ana Deskalon. Ana fue la directora de producción y gracias a ella se hizo la película.

¿Cómo le explicaría a un niño por qué es un hombre de izquierda?

Estar con los pobres y contra los ricos. Así se lo explicaba a mis hijos cuando estaba en la clandestinidad. Nosotros somos buenos porque estamos con los pobres y ellos son malos porque están con los ricos.

¿Cómo recuerda aquellos días cuando fue condenado a muerte por los grupos de la dictadura militar en Argentina?

Traté de evitar por todos los medios que eso no ocurriera, es decir, que la sentencia no pudiera cumplirse, y lo logré, logré sobrevivir. No sé si hubo ingenio o más bien suerte. Algo de ingenio hubo, pero supongo que más suerte, porque estuve dentro del país durante el tiempo más duro, antes de que se diera el golpe. Había estado en el exterior entre noviembre de 1974 y octubre de 1975. Regresé clandestinamente en octubre del 75, lo cuento en el Diario de un clandestino. El golpe es en marzo del 76 y todo ese año lo pasé clandestino en mi país. Antes del golpe ya la situación estaba muy mala y salí recién de Argentina. Mi partido, que era en ese momento el de los Montoneros, me sacó al exterior para una conferencia de prensa en abril del 77. Me tocó vivir adentro.

Por eso cuando algún argentino dice: "Pero yo no sabía lo que pasaba, no se sabía nada", yo digo que viví esos momentos y sí se sabía lo que pasaba. No lo sabía el que no lo quería saber, pero el que lo quería saber, veía los autos Falcon, con las escopetas por las ventanas, el tipo siniestro con los anteojos oscuros, la gente secuestrada, los allanamientos brutales en la madrugada y sí, sí se sabía lo que pasaba.

¿Cómo reconoce a una dictadura?

Cuando un gobierno viola derechos humanos esenciales. Es decir, cuando se tortura, se secuestra. Esta es una acusación injusta que se le ha hecho a Cuba donde no ha habido jamás un torturado en toda la historia de Revolución. En nuestros países sí han existido verdaderas dictaduras tenebrosas, que han practicado, como en el caso de Argentina, la desaparición forzada de personas, término que  ya se incorporó en el lenguaje jurídico internacional.

¿Qué piensa de los que ven a la política como una gran mentira?

Que van a ser derrotados por la generación de ustedes. Confío muchísimo en los muchachos muy jóvenes de todas partes. Creo que son muchachos sin vicios, con el mismo idealismo de mi generación, cuando éramos jóvenes, aunque todavía sigo siendo idealista, pero algunos se han vuelto más realistas, algunos de mi generación que sobrevivieron.

¿Por qué se rodea de gente joven alguien que mira con tanta frecuencia al pasado?

Porque lo que me interesa es transmitirles a los muchachos nuestra experiencia, incluso nuestra carga de errores para que no nos idealicen, para que sepan exactamente cómo fue nuestra lucha, para que sepan qué elementos de culpa tenemos nosotros mismos también en la derrota que sufrimos. Para que sepan que hubo compañeros nuestros excepcionales, extraordinarios, que tuvieron una inmensa generosidad de sí mismos, que dieron todo lo que alguien puede dar, que es su propia vida, por los demás, realmente por los demás, sin voluntad de ocupar ningún cargo ni de diputado ni de senador ni de congresista ni de nada. Luchaban por la justicia social, luchaban por un país más justo, más libre, más fraterno, más solidario, por una sociedad distinta. Por eso vivieron y murieron.

Lo más difícil del exilio.

Lo más difícil del exilio para un porteño es dejar la ciudad de Buenos Aires. Buenos Aires fue durante muchos años una ciudad fascinante. Ahora no lo es tanto, al menos me parece a mí. Pero fue una ciudad muy hermosa, sobre todo en los 60. Era un gran emporio cultural. Basta darles un solo dato, para no parecer un chovinista. Fue la ciudad que consagró a García Márquez. Se publica en Buenos Aires Cien años de soledad en 1967 y se agota en una semana. El libro lo saca la editorial Sudamericana y a partir de ahí comienza el famoso boom latinoamericano. La ciudad era un hervidero cultural, musical, cinematográfico, literario; y encerraba un poco el germen de lo que iban a ser los movimientos revolucionarios. Era como un revoltijo en ebullición. El exilio me dio mucho también. Me dio una visión latinoamericana en serio. Como consecuencia del exilio, por ejemplo, mis hijos se quedaron en México, y entonces no solo tengo a mis hijos viviendo en México, sino que también tengo nietas mexicanas. Hay dos nietas y viene un nieto. Para mí es un honor tener nietos mexicanos, porque quiero mucho a México, entrañablemente. Esa circunstancia de estar en este país, me vinculó con todos los movimientos revolucionarios de América Latina. Conocí a dirigentes de El Salvador, de Nicaragua, todos pasaban por allí. México fue la gran capital del exilio latinoamericano, así como pudo haber sido París la capital de los exilios europeos.

Imagínese que se compone un diccionario de autores argentinos, ¿qué le gustaría leer bajo su nombre?

Nada, porque significaría que estoy muerto. Prefiero las inquietudes de la existencia, a la dudosa gloria de la posteridad.

¿Qué les exige o les exigió Bonasso a sus compañeras de lucha?

Tuve dos compañeras de lucha. Silvia, desgraciadamente falleció y tengo ahora a Ana, que está pasando por un mal momento, luchando contra una enfermedad con el apoyo solidario y fraterno de Cuba. No tuve que exigirles nada, diría que en algunos momentos ellas me exigieron a mí. Fueron verdaderamente compañeras de lucha, ninguna de ellas estuvo al margen. Y no podía ser de otro modo. Creo que las parejas se construyen no solo por la relación amorosa, que es el componente original y fundamental, sino también por un proyecto de vida en común. Si no hay un proyecto de vida en común, vos podés tener un romance, una aventura pasajera, pero no una pareja. Una pareja es... ambos en lo mismo. Mis dos compañeras de vida compartieron mi proyecto y mi lucha.

Dicen que en situaciones extremas uno reconoce con certeza lo valioso. Usted atravesó algunas, ¿qué es lo más importante, lo que no debe perderse bajo ningún concepto?

La solidaridad, la fraternidad humana. La existencia es muy dura, muy difícil, no solo por las injusticias de la historia, sino también por los agravios de la biología, que tiene sus límites pesados, como son el envejecimiento, la enfermedad, la muerte. Está cargada de dolor y también de placer, pero bueno, eso es justamente la vida. Me parece que lo más terrible es que el hombre no ha salido todavía de un nivel muy animal, todavía está muy presente el criterio de la horda, el criterio de que estos vienen de afuera, son de otro lado y hay que matarlos. Estos son rasgos primitivos. Lo lógico sería que nos apoyáramos los unos a los otros, que hubiera cierta fraternidad y afecto. En ese sentido, no por demagogia y no porque esté en Cuba, creo que esta es una sociedad muy humanista. Enviar médicos a un lugar tan distante como Pakistán, en momentos de tanto dolor y sufrimiento en un sitio tan distante, o enviar 20 mil médicos a Venezuela, es ser muy humanista. No ignoro que esta sociedad pueda tener sus contradicciones, sus limitaciones, sus errores y, probablemente, sus miserias. No es la sociedad angélica, pero debe ser la más humana de las que conozco, sin duda.

Ser un clandestino es...

Un dolor, la clandestinidad es un dolor, no es un juego, no es un  hecho lúdico. Solo alguien que sea un imbécil o un aventurero puede considerar a la clandestinidad una experiencia grata. Uno tiene que cambiar muchas cosas, en primer lugar su identidad, uno deja de ser uno, hasta por el disfraz, el maquillaje que utilizas para exponerte en la calle, cuando te miras al espejo no te reconoces. Mi barba tuve que adaptarla, andar con el pelo corto, el bigote también muy castrense, para que pensaran que yo era un fascista, igual que muchos otros, para caminar tranquilo, ¡bah, tranquilo!,  ¡nunca pude circular tranquilo!, para pasar desapercibido, para que no me recocieran, para que los tipos de la policía que mirasen mi foto no dijeran "mira, ahí va Bonasso", sino que pensaran "se parece a él, pero no es Bonasso", y dudaran.

La clandestinidad es una profunda alteración de la vida cotidiana. La lucha es mucho más difícil: tardas en comunicarte con todos los compañeros, no puedes acceder a los compañeros que quieres y discutir con ellos, tienes que verlos puntualmente para tales tareas que manan de la propia condición de ser un clandestino. Por ejemplo, yo pensaba una serie de cosas sobre la lucha misma que librábamos los Montoneros en Argentina, sobre los errores que estábamos cometiendo en el año 1976, 1977 incluso, y me hubiera gustado hablarlas con Rodolfo Walsh, a quien admiro profundamente, compartir ciertas dudas, inquietudes que tenía, y no lo pude ver, no pude llegar a él porque los dos estábamos clandestinos.

Está también el sufrimiento de los hijos, que tratábamos de atenuar en la medida de lo posible, para que no se sintieran segregados o marginados de sus amiguitos.  Pero los amiguitos tenían que venir a casa, sin saber adónde iban, los padres nos los tenían que prestar sin saber adónde iban sus hijos. Hubo algunos de ellos que lo hicieron, lo cual es altamente meritorio. Hubo un médico que aceptó ir mirando al piso en el auto, sin saber la dirección, para curar a mis hijos. Y ese médico ni era de izquierda ni militante, era un pediatra, pero quería a los chicos y nosotros le teníamos la suficiente confianza como para meterlo a la casa en esas circunstancias.  Es duro... es duro.

Si usted tuviera la hipotética posibilidad de devolverle la vida a alguien, ¿a quién traería de vuelta?

Tendría una demanda muy amplia. Por lo pronto, y quedándome solo en territorio argentino, a los 30 mil  desaparecidos y a varios de los asesinados, como mi gran amigo Dardo Cabo, a quien se le inventó la fuga de la cárcel y se le fusiló junto con otros compañeros, por la espalda, vilmente. A Paco Urondo, el poeta gran amigo de Cuba que escribió la novela Los pasos previos. Lo más doloroso que cuento en la novela que voy a presentar en la Feria es un poco los fantasmas que me rodearon cuando fui a Buenos Aires después del exilio, tras 11 años de ausencia. Lo primero que la ciudad me mostró dolorosamente eran todas las esquinas de mi vida, donde había estado con los que no estaban. Siendo todavía muy joven en aquel momento, era ya como un ancianito de 80 años que tiene a sus cariños, sus amigos, sus afectos, mucho más en el cementerio y en la memoria que en su vida cotidiana. Ese agujero, esa ausencia fue terrible cuando la sentí al volver. No es simplemente alegría al volver. La vuelta del exilio es tan dura como el exilio mismo.

Usted ha dicho que a los jóvenes de su generación les parecía poder cambiar el mundo.

Pertenezco a una generación que creyó e intentó seriamente cambiar el mundo. Teníamos la convicción de que podíamos hacerlo bien y, curiosamente, algunos sobrevivientes hemos visto que no, no tal vez de la manera que pensábamos. Este mundo que parecía pétreo y de un solo poder, donde imperaba el neoliberalismo, cuando se produce la implosión de la Unión Soviética, cuando parecía que los EE.UU. reinaban sobre todo, ahora ha comenzado a agrietarse.

En América Latina ha surgido el proceso de la Revolución Bolivariana en Venezuela, la elección por primera vez en la historia de un compañero que procede de los pueblos originarios y  reivindica esa cultura, como es el caso de Evo Morales. Es una revancha de 500 años, incluso contra la colonia, la conquista y el dominio europeos. Está habiendo ya no una necesidad en los pueblos, sino también una comprensión en los gobiernos, unos más radicales, otros menos radicales, pero empieza a percibirse como una generalización del concepto de que si no nos unimos, estamos perdidos, de que necesitamos la integración, de que la Patria Grande no es solo el gran sueño bolivariano, no es una utopía, sino que es una necesidad perentoria.

Sin una Patria Grande estamos perdidos, no hay ninguna posibilidad de que ninguno de nuestros países se salve por sí mismo, solo. Hoy en día ya vemos que Cuba sí lo ha hecho, pero a un costo terrible, es muy duro lo que le ha impuesto a Cuba el imperialismo. Nosotros creemos que el precio tan alto y heroico que pagó Cuba podemos atenuarlo si las naciones sudamericanas en primer lugar se unen y después, en un futuro, que ojalá sea lo más cercano posible, América Latina y el Caribe.

En sus palabras: "Lo que no debe hacer nunca un revolucionario es dar los elementos para que el otro lo destruya". ¿Hasta qué punto?

Es casi una concepción vital. Uno no debe darle al enemigo información y la posibilidad de que tenga armas para destruirte, lo cual no significa maquiavelismo ni ocultar la verdad, sino conducirse con la cautela y la astucia que un revolucionario debe tener. Creo que en Cuba han tenido la inmensa suerte de tener un liderazgo tan inteligente, que se corresponde con el valor del pueblo cubano,  como para poder resistir la presión del monstruo a 90 millas náuticas. Y eso requirió una dosis de un enorme coraje, pero también de inteligencia, para saber cómo moverse frente al monstruo y no darle los elementos para que este los aniquile. Eso es muy importante y sigue siendo válido para los países y los individuos.

¿Quiénes son sus héroes literarios?

Sin ninguna duda, D´Artagnan, Athos, Porthos y Aramís. Es probable que Dumas haya tenido mucho que ver en que yo me haya metido en la revolución. Sigo admirando a los mosqueteros.

¿Y en la vida?

Tengo una inmensa admiración por Fidel, una gran admiración por Hugo Chávez. Me parecen líderes excepcionales, de un carisma muy grande, así como de una gran calidad humana. He tenido, además, el privilegio de conocerlos personalmente, lo cual me permite aquilatar, en el caso de Fidel, que viene siendo como el hermano mayor de toda América Latina, el papá de todos, como en el caso de Hugo más joven, ver la calidad humana que tienen. Evo me parece un tipo increíble. Es como es, con su chamarrita, absolutamente auténtico, es un hombre del pueblo, un campesino reservado, introvertido. Mas me parece que va a cumplir su palabra a rajatabla. Va a hacer lo que él dice: mandar gobernado por el pueblo. Son esos mis héroes actuales y vigentes.

Tengo otros que murieron, como el Che, que es uno de los grandes de la historia de todos los tiempos. Cuando se escriba la historia del siglo XX desde una perspectiva ya más lejana, el Che será visto como un Bolívar de esta época y algunos podrán decir que aró en el mar también, por como murió en Bolivia, pero la pregunta es si fue derrotado cuando aún sus ideas siguen. No siempre los héroes triunfan, a veces son derrotados, y esto no invalida de manera alguna ni sus ideas ni la pasión que tuvieron para defenderlas. Al contrario, a veces la forma en que se produjo su derrota y la relación que expresa como consecuencia de su vida, los honra. La derrota los honra. No hay que considerar a la derrota como un hecho ignominioso. La derrota está presente en la historia y, a veces, uno es derrotado.

Galeano piensa que la prensa en Cuba parece de otro planeta. ¿Usted qué cree?

No hago trasposiciones culturales de un país a otro fácilmente, porque puede ser un error. Creo que la producción periodística o cultural tiene mucho que ver con la circunstancia histórica. Cuba es un país que está permanentemente en una situación casi bélica, en pie de guerra, no por su culpa, sino porque es una fortaleza sitiada por un enemigo altamente poderoso. Eso da un resultado muy diferente al de nuestros países, donde hemos ejercido un periodismo crítico en relación con gobiernos que merecían una crítica implacable, y lo hicimos mientras nos lo permitieron o tuvimos los medios para hacerlo.

En algún sentido habría que preguntarse también si la prensa del resto del planeta tiene las presuntas excelencias que algunos suponen que tiene, porque es una prensa monopólica y, casualmente, los dueños de los medios de comunicación son también los dueños de los medios de producción. Hay una prensa uniforme, que actúa casi al unísono, por reflejo, que le da escasísimo espacio a todos los que tienen una voluntad de transformación social. Cuando da espacio, es para atacarnos. O nos ataca o nos ignora. A veces hacen alguna que otra travesura y no tienen más remedio que reflejarla, pero la reflejan de manera distorsionada. Es un debate intenso.

Las nuevas generaciones van a ir encontrando su camino, van a ir mejorando la prensa existente, van a ir enriqueciéndola con nuevos aportes, van a ir teniendo una visión más compleja y cada vez más rica de la realidad en la cual se vive. Es una tarea que tienen ustedes, los jóvenes periodistas cubanos. Es su porvenir. Y lo van a hacer a partir de un nivel de información muy alto, que no tienen otros colegas suyos en otras partes de América Latina, que están desinformados por una política de medios, sometidos permanentemente a un bombardeo frívolo de la televisión.

Estoy contento ahora de que empecemos, aunque todavía tenga muchos defectos y sea una criatura muy débil, con TELESUR. La posibilidad de que tengamos un canal alternativo al monopolio de la CNN es importante. Por ser nuestro, tendrá que ser más eficiente en términos profesionales e informar cada vez mejor, con investigaciones profundas de lo que ocurre, aunque a veces parezca que si uno pone tal cosa o tal otra, le puede hacer el juego al enemigo. Es bueno presentar los hechos como son. Rodolfo Walsh decía: "hay que seguir a los hechos que nunca te van a defraudar" y yo creo en esa filosofía.

En el perfeccionamiento de todas nuestras prensas, la cubana, la argentina, la venezolana, hay un largo camino por recorrer, por distintas razones históricas, pero tenemos todos que procurar tener la lealtad básica hacia el lector, el oyente o el televidente. Esta es proporcionarle los hechos desde nuestra perspectiva, que siempre será subjetiva, no creo en el periodismo objetivo, todo periodista tiene una visión del mundo y lo que informa está teñido por esa visión del mundo. Se debe ser muy riguroso en los hechos, no pueden ser tamizados ni ocultados. Hay que presentarlos tal como son y ayudar a que la comunicación sea de ida y vuelta.

¿Qué les diría a los que lo califican como un "admirador de regímenes autoritarios"?

Les diría que están totalmente equivocados, que tienen mala leche, probablemente tienen mala leche cuando lo dicen. Admiro la obra de la Revolución Cubana, que ellos califican de régimen autoritario. Creo, como dije antes, que esta es una sociedad humanista que ha logrado el mayor nivel de solidaridad y fraternidad al interior de la sociedad misma. Cada sociedad tiene las características que su historia le impone y condiciona. La Revolución Cubana tiene las suyas. El proceso de la Bolivariana ha sido distinto, a través del vehículo electoral. Chávez probablemente, a quien acusan también de autoritario injustamente, debe haber sido el único presidente del mundo que se sometió a un referéndum revocatorio, autorrevocatorio. Ningún presidente de los EE.UU., aunque está previsto por la Constitución, jamás ha convocado a un referéndum revocatorio y mucho menos lo va a aplicar el señor Bush, que subió por fraude electoral comprobado. Así que les niego autoridad moral para decir quién es autoritario y quién no lo es. Y defiendo, eso sí, a cara de perro, la independencia y la soberanía de nuestros respectivos países.

No le doy al imperio ni a sus secuaces, que no son pocos, como decimos en Argentina, ni un tranco de pollo ni un milímetro para juzgarnos. Sigo apostando por la no intervención y la autodeterminación de los pueblos. Cada pueblo se da la forma de gobierno que ha logrado conquistar o considera valiosa. En el fondo de la democracia participativa y no puramente representativa, está si uno actúa en función de la voluntad del pueblo o no, y puede haber diferentes formas jurídicas para llegar a eso. En Cuba están las asambleas populares, hay vida electoral de otro tipo. No voy a discutir ni mucho menos permitir a los señores de afuera que vengan a decirme "no, mira, la verdad es que lo mejor es tener un Partido Demócrata y otro Republicano", cuando en realidad son la misma mierda. Es como si me dijeran usted tiene que ser blanco, anglosajón y protestante. Le concedo a la mayoría del mundo la posibilidad de ser lo que quieran ser.  No creo en esas reglas impuestas, que ojo, han impactado mucho el pensamiento de izquierda.

Hay muchos intelectuales que tienen como una especie de complejo y se cuestionan al dar un paso, si será visto como democrático o no. Pensemos en lo que es la democracia a la americana, como fue en otros tiempos la llamada pax romana. Las legiones romanas imponían la paz a palos. La paz romana era el sometimiento, la democracia norteamericana también es el sometimiento. Son formas de representación carentes de verdadero contenido popular, que sirven a los intereses de las grandes corporaciones y no para que la gente se eduque, para que la gente tenga casa, para que la gente tenga acceso gratis a los medicamentos.

La pregunta es: ¿Maestro, qué significa la democracia? Etimológicamente, significa el gobierno del demos, de la mayoría. ¿Cómo puede, entonces, usted decir que hay un gobierno de mayorías en países donde el nivel de concentración de la riqueza es tal que el 80% de la población puede ser pobre? ¿Cómo hacen para explicarme que ganó la mayoría? Mire, votaron por fulanito y había dos o tres Partidos. Sí, pero el resultado, casualmente, es siempre el mismo. Los que gobiernan poseen los medios de producción. Explíquenme esa democracia, explíquenmela porque no la entiendo bien. No me parece muy democrática esa democracia.

A su juicio, ¿cuál es la principal enseñanza que debe aprender esta generación de la suya?

Tienen que construir desde estas circunstancias, pero tal vez lo rescatable de nuestra generación es que fue íntegra, coherente, que actuó según pensaba y según decía, es decir, que no hay una contradicción entre lo que hablábamos y lo que hacíamos. Fue una generación guevarista. Pero fue lo que nos tocó vivir. Rescataría de esa generación, para las nuevas, la defensa de los principios, vivir de acuerdo a una concepción de la vida. No le exijo a las nuevas generaciones que tengan que dar la vida si no la tienen que dar, porque a nosotros nos correspondió la circunstancia de la lucha y la muerte. A lo mejor a las nuevas les toca, pero ojalá que no, no se los deseo, pero sí que tengan esa generosidad de sí mismos. Los mejores de mi generación lo fueron tanto que dieron sus propias vidas.

07/06/2007 08:05 islalsur #. Gentes


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