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“SI EXISTIESE OTRA VIDA VOLVERÍA A SER MAESTRA”

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La doctora Sonia Lilian Almazán del Olmo encontró en los estudiantes la fuente de la juventud eterna y no puede vivir sin beber de ella.

NADIA HERRADA HIDALGO,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

¡De Biología a Filología! ¡Gran trecho del dicho al hecho! Sonia Lilian Almazán del Olmo, doctora en Filología y profesora Titular  de La Universidad  de La Habana, no comenzó precisamente sus estudios dentro de las ciencias humanísticas. Apasionante es la historia de esta mujer que hace más de 42 años se encuentra vinculada a la casa de altos estudios y para quien la institución es más que su hogar.

Nuestra conversación fluyó como nunca lo hubiese imaginado, pasamos más de tres horas juntas, hasta que la oscuridad de la noche nos sorprendió y su preocupación  maternal impidió que me quedara más tiempo.

Me recibió como a una amiga  y permitió que irrumpiera, cual curiosa novata, hasta en los recuerdos de su infancia.

-¿Cómo fue su niñez allá en Cienfuegos?

Yo tuve una infancia muy feliz. Me crié con mi abuela, a quien adoraba, hasta los doce años que ella murió; luego viví con mis padres, una pareja de 50 años de matrimonio. O sea, crecí en un hogar feliz y tranquilo, la que no era tranquila era yo.

-¿Y qué inquietaba a Sonia a tan temprana edad?

Yo era una niña muy traviesa. Me eduqué en Las Dominicas Americanas, un colegio de monjas norteamericano y era muy indisciplinada. Constantemente me regañaban, e incluso, de espaldas, si hacían algún ruido me culpaban. Aunque no supieran realmente quien lo había hecho, ellas suponían que cualquier indisciplina era responsabilidad mía.

Sus ojos reflejan picardía de niña cuando recuerda que fue campeona de yaquis en la escuela: "Me expulsaban a menudo del aula, como estaba gran parte del tiempo en el pasillo tenía muy buena práctica; siempre los traía en el bolsillo, así podía entretenerme cuando cumplía mis sanciones.

"Al terminar la escuela a la hija de mi primo la quisieron matricular en el mismo colegio, pero las monjas no se lo permitieron. La directora había dicho: "Con Sonia nos bastó, nadie más después de ella", así que te puedes imaginar cómo fue mi infancia".

La intranquilidad de pequeña no solo le sirvió para ser campeona de yaquis, sus estudios comenzaron muy temprano "cuando terminé la primaria mi mamá decidió que debía hacer séptimo y octavo grados, que en aquel tiempo no eran obligatorios. A mi no me gustaba la idea, pero llegamos a un acuerdo: estudiaba bachillerato por la mañana y  séptimo y octavo por la tarde, después haría la Escuela Normal de Maestros".

-¿Y desde esa edad quería ser maestra?

Tenía la influencia de mi madre, pero siempre fue algo que me apasionó. Para mí esa es la profesión más noble que existe.

-¿Le alcanzaba el tiempo para practicar deportes y estudiar a la vez enseñanzas diferentes?

Me levantaba a las cinco de la mañana, entrenaba campo y pista hasta las 8 y luego iba para el Instituto. Por la tarde volvía a mi casa, almorzaba, me cambiaba el uniforme y seguía para la Normal, después jugaba básquet hasta las 8:30 de la noche. Llegaba a casa y me ponía a estudiar todo lo que tenía del bachillerato y de la Normal y fui el primer expediente en ambos. No lo veía como un sacrificio, sino como un placer, me gustaba ser así.

-¿Cuándo se enfrentó por primera vez a un aula?

A los 16 años ya era maestra de una escuela rural de grado múltiple en Cienfuegos; atendía sola a niños desde primero hasta sexto grados al mismo tiempo; a unos los enseñaba a leer y a otros las tablas de multiplicación. Fue una experiencia maravillosa.

-Era todavía una adolescente...

Mi familia pensó que me había vuelto loca. Nunca imaginaron que me iría a trabajar al campo por 60 pesos.  En realidad, yo no tenía necesidad de hacer eso, pero  me gusta enseñar. Si existiese otra vida volvería a ser maestra.

Allá comencé como sustituta, pero me presenté a las pruebas de oposición y obtuve el primer expediente en la provincia. Decidí entonces ser profesora de primaria superior, ahora secundaria básica, en la especialidad de Biología.

-¿Biología?

Sí, en el bachillerato era muy buena en esa asignatura, fui alumna ayudante de Anatomía en segundo año, después de Biología Animal y Vegetal y lo que tenía en mi cabeza era eso. Nunca me  imaginé tan lejos de esta ciencia.

-Pero fue de un extremo a otro. ¿Qué la motivó a hacer tan larga travesía?

Comencé Biología cuando mi esposo estaba en primer año de Letras. Lo escuchaba hablar de literatura universal, gramática, y sentí que aquello me era más afín; entonces me presenté a los exámenes de ingreso y me aceptaron, inicié la carrera con 24 años.

En esa época Sonia estudiaba y trabajaba, además, como traductora e intérprete de ruso en la Presidencia de la Academia de Ciencias de Cuba, todavía no existía el curso para trabajadores.

Hacemos una pausa en la conversación, tiene muchas cosas por contar y está tan entusiasmada, que ha pasado por alto su experiencia, con solo 19 años, como responsable de una zona de alfabetización en El Escambray, y ahora tiene en mente otros recuerdos como cuando leyó por primera vez el gran clásico de la literatura española Don Quijote de la Mancha.

"La primera vez que lo tuve en mis manos fue una versión infantil. Quedé impresionada, imaginaba la lucha del Quijote contra los molinos de viento y el afán de  justicia de aquel hombre, pero nunca imaginé que la complejidad de la obra me llevaría a estudiarla todo un año", confiesa sonriente.

Ahora le aqueja una dolencia en un pie, pero se enorgullece de haber practicado muchos deportes cuando era pequeña: "Llegué a ser  campeona nacional de salto con obstáculo, integré el equipo de baloncesto, sabía nadar y montar a caballo, como una disciplina, sabía galopar, ir al paso y saltar".

Por más de veinte años Sonia es profesora de Cultura Cubana, pero le avergüenza hacer la anécdota de por qué su madre la sacó del colegio de monjas: "Ella repasaba a sus alumnos en casa, un día estaba hablando sobre la madre de los Maceo, la interrumpí y exclamé: "¡Ah, pero los Maceo eran varios!", me miró como si hubiese querido destruirme y respondió: "Sí, como no, y todos fueron a la guerra". En ese momento mi cultura histórica era mínima, y en el verano, como castigo, estuve estudiando Historia de Cuba todas las vacaciones porque antes de empezar el curso me examinaría. Ella  era de carácter muy fuerte, y no contenta con el resultado, me sacó del colegio y me matriculó en una escuela pública".

-Usted lleva más de 42 años vinculada de una u otra forma a la Universidad de La Habana. ¿Cómo llega a ser profesora de esta institución?

En el año 1968 el Ministerio del Interior y el de las Fuerzas Armadas convocaron a un curso para oficiales, la mayoría bachilleres, yo pertenecía al grupo de alumnos ayudantes y me seleccionaron para impartir Literatura Cubana por dos años, esos fueron  mis inicios.

Desde entonces la Universidad representa para ella más que su casa: "Es mi familia, mi todo; cualquier cosa que le suceda me duele. A pesar de haber sido rectora y vicerrectora del Instituto Superior de Arte (ISA), durante seis años, nunca me desvinculé".

Uno de sus lugares preferidos en la casa de altos estudios es la Plaza Cadenas, hoy Ignacio Agramonte. Rememora sus tiempos de estudiante aquí, pero no hace estancia, es una mujer del presente; para ella el sitio es, sin duda, el corazón de la Universidad: "Aquí late el alma joven".

A Sonia le enoja mucho escuchar que "la Universidad no es la misma de antes": "¿Te imaginas que fuera la real y pontificia Universidad de La Habana? Por supuesto que no es igual, los tiempos han cambiado igual que el país, las fuerzas políticas, todo es distinto. A nuestra generación le tocó un papel en la historia de la Universidad y a ustedes les toca otro. Quizás, cuando yo estudiaba, había más exigencia y teníamos determinado espíritu de sacrificio para ciertas cosas, porque en aquel momento la vida, el país, la revolución, las relaciones sociales, nos lo pedían. Pero, ¿por qué tienes tú que hacer lo mismo que me tocó hacer a mí?"

Cuando hablamos de este aspecto se siente molesta, no concibe que las personas aprueben una doctrina envejecida, sin embargo, reconoce que hoy en la Universidad debería haber más polémica, más espacios de discusión: "En este sentido la FEU ha retrocedido".

-Las nuevas tecnologías es uno de los factores que ha condicionado que la Universidad no sea la misma de antes...

Las nuevas tecnologías separan a las personas y obstaculizan la comunicación, si usted está delante de una máquina utilizando Internet, no compartirá el conocimiento adquirido. Antes, en la Biblioteca Central estudiábamos en cubículos, lo que propiciaba el intercambio y existía más relación entre nosotros. Pero no podemos involucionar, a tiempos nuevos le corresponden universidades nuevas y si la Universidad no obedece a estos cambios no va a satisfacer el encargo que la revolución le dio.

Ya entiendo por qué no me fue difícil conversar con Sonia, para ella es necesario lo nuevo y compartir con los jóvenes ocupa un lugar importante en sus actividades diarias: "Mis interlocutores ninguno tiene 65 años como yo, y es valioso escuchar cómo esa generación interpreta una obra o cuáles son los valores que prevalecían antes y por qué ahora prevalecen otros. Yo he encontrado en los estudiantes la fuente de la juventud y no puedo vivir sin beber de ella.

"Por eso no tolero que las personas digan que esta juventud está perdida; los que dicen eso no dedican ni un segundo a oír a un joven. Mis alumnos todos los días me enseñan, en ellos tengo a ese interlocutor eternamente fresco que me llevó a la fuente de la juventud y me hace pensar en lo que estoy diciendo, si es justo exactamente así, si es válido analizarlo o no de esa manera".

Las plantas le fascinan, su gran orgullo es la de orquídeas que está a la entrada de la casa: "Ves esa de ahí -la señala como quien muestra un tesoro-, el año pasado de ella brotaron 36 flores al unísono, fue algo realmente impresionante. Tal vez sea una reminiscencia de la Biología, pero lo cierto es que me encantan, para mí son, igual que la amistad, un regalo especial".

Sonia Lilian Almazán preside la Comisión Nacional para la carrera de Estudios Socioculturales, imparte conferencias de postgrado, maestría y doctorado en Cuba y en el exterior, además ha publicado varios ensayos, artículos y reseñas en revistas especializadas.

Gran parte de  sus años de trabajo transcurrieron en la Facultad de Artes y Letras, pero desde el curso pasado no está allí: "Era muy difícil para mí seguir, no podía dedicarle todo el tiempo que quería a la investigación. Ahora soy profesora en la Facultad de Lenguas Extranjeras, pues quería que en los últimos años la investigación ocupara más peso".

Actualmente investiga en el Centro de Estudios de Migraciones Internacionales (CEMI) la producción de los cubanos fuera de su entorno, especialmente en el cine y la literatura.

"Estoy trabajando la figura de Lourdes Casal  y tengo otro proyecto sobre las tendencias migratorias dentro del sector; investigo qué ha ocurrido en la política cultural y cuáles han sido los fenómenos nacionales que han incidido en la emigración de intelectuales".

-¿Por qué investiga a Lourdes Casal?

Su figura me es absolutamente imprescindible, era una poeta y narradora excepcional, expresión del biculturalismo porque fue, como ella misma dijera, "demasiado habanera para ser neoyorkina, demasiado neoyorkina para ser, (aun volver a ser) cualquier otra cosa". Además, abordó varios temas como el de tender puentes entre Cuba y la emigración.

Tenemos que entender que hay una identidad cultural que rebasa las fronteras, una cosa es identidad nacional y otra es identidad cultural, los artistas que emigran son también parte de la cultura cubana. Martí es cubano y vivió más tiempo en el exterior que aquí, igual que Heredia, Gertrudis Gómez de Avellaneda y otros; esta es una de las razones por la que concedo tanta importancia a la investigación que realizo.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Informar sobre la vida de una de las profesoras con más de experiencia en La Universidad de La Habana, Sonia  Lilian Almazán del Olmo, retratarla, poner al desnudo facetas de su vida que no son de conocimiento público.

Objetivos colaterales: Informar sobre las investigaciones que realiza en el CEMI y dónde radica la importancia de las mismas. Brindar al público opinión especializada sobre las nuevas tecnologías, la Universidad y la juventud actual.

Tipo de entrevista:

Por su forma: Mixta

Por su contenido: De personalidad

Por el canal que se obtuvo: Directo

Tipo de título: De cita textual

Tipo de entrada: Directa

Tipo de cuerpo: Mixto

Tipo de conclusión: De opinión del entrevistado

Fuentes consultadas:

Sonia Lilian Almazán (entrevistada), www.ub.es Culturas latinas en Estados Unidos. Antonio Torres. Tipo: Directa en el caso de la entrevistada y documental en el de la página web.

08/01/2008 21:33 islalsur #. Nosotros, los del 280


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