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PRIMERO: EL LATINO

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DAINERYS MACHADO VENTO,

estudiante de cuarto año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Carraguao es un pedacito del Cerro. Es donde conviven las calles Zequeira, Consejero Arango, Patria, Unión y Ahorro, Saravia, Estévez. Todas confluyen en un mismo punto, en el corazón de Carraguao, y la vida del pedacito de ciudad, como caprichoso sistema planetario, gira alrededor del gigante de la pelota cubana...Carraguao respira a través  del estadio Latinoamericano.

La bulla de los que vienen a ver un juego anima de vida las gradas. Entonces los vecinos sacamos los banquitos y nos sentamos en la acera, y discutimos de pelota. Nos quitamos las edades, las diferencias, las divergencias. Nos quitamos los sueños, porque, cuando hay pelota, en Carraguao solo se sueña béisbol.

-¡Santiago, este martes, caballero! Y todo  el mundo sabe que antes de empezar el juego viene la conga desde Zequeira recogiendo a los que vamos para el Latino... para el Latino, ae, para el Latino.

Cuentan los más viejo, y los que saben de historia, que el espacio que hoy alumbran las inmensas torres de luz, era un terreno lleno de plantas, una pequeña selvita. Cerca pasaba una línea de ferrocarril, y una zanja. La zanja corre a un costado, un poco alejada, pero igualita, pero de la línea no queda más que el recuerdo heredado en el nombre de una calle, y el sonido ocasional de un tren imaginario. El Latino es eso, un tren fantasma y una zanja eterna.

Y por el arraigo de ese amor, y por la necesidad de que el estadio viva, nos alegramos mucho de que al graderío retornaran los pregones de los vendedores y el olor del café; porque aunque el Chino que lo vendió por años no sea ya el que recorra las gradas con las minúsculas tazas se cartón en una mano y la cafetera en la otra, los vendedores de hoy, igual que él, entre venta y venta se detienen a mirar la próxima jugada.

Creo que porque es redondo se cuela con tanta facilidad en todos los corazones; pero cuando uno lo lleva dentro no puede, ni quiere sacárselo. Identidad.

-¿Dónde vives?, no cabe ante la pregunta otra respuesta: Vivo por el Latino.

Y después vienen los nombres de las calles, los números de las casas, después viene lo demás, primero: el Latino.

Tal vez por eso no quisimos que pusieran a su alrededor las planchuelas de metal que nos arrebataron la perenne vista de su campo. Pero ahí están, hace casi diez años, en un intento fallido de formar parte del paisaje.

Tampoco queríamos el cartel nuevo sobre la entrada de la prensa, el que tiene muchos colores; porque a pesar de ser un centro de exaltaciones y pasiones, el Latino es sobrio, y su entorno se niega a cambios bruscos.

Entonces nos decimos, como para convencernos, que los cambios son necesarios, que la vida marcha rápido, y hay que seguirle el paso. El temor real es el de levantarnos un día y no conocer los parques donde corrimos de niños, las aceras anchas que rodean el coloso, donde jugábamos pelota. El temor real es que el Latino siga los pasos del tren olvidado y no los de la zanja eterna.

Por todo, que es tanto, nos hemos propuesto seguir adorándolo, como si encontráramos en el hecho de saberlo cerca otra razón para vivir. Por eso vamos a seguir respirando por él, aunque la modernidad intente colársele por un costado y cambiarle el alma. 

 



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