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LA EDUCACIÓN NO ES MODA EFÍMERA

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MÓNICA BARÓ SÁNCHEZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

En la actualidad afrontamos un fenómeno digno de ser evaluado en  la escala de Richter, con una capacidad destructiva no tan evidente y perceptible como la de un terremoto, pero sí igual de influyente en una sociedad.

Este fenómeno es la ausencia de educación formal y valores que afecta a una parte de nuestra generación. A la chabacanería la han convertido en moda, a los buenos modales los han tildado de caducos, y a los "buenos días" y al "permiso", junto con otras expresiones de urbanidad, los han exiliado en  el "Nuncajamás".

Cuando se vive en comunidad es imprescindible acatar determinadas normas de conducta para que reine la armonía. No estoy proponiendo un actuar robótico enemigo de la espontaneidad y la originalidad, pues se puede ser original y espontáneo y a la vez educado. La originalidad no está en rebelarse contra los patrones sociales establecidos ni en ser egocéntricos al punto de devenir ridículo, está en el esfuerzo por ser auténticos y no imitar a los demás.

Cada vez son más personas, principalmente jóvenes, las que muestran aversión hacia el comportamiento reglado; quizás por considerar que subordinarse a ciertas normas es una actitud arcaica que nos limita en la vida. Es poco probable que nuestra vida sea menos intensa por ser circunspectos y expresarnos apropiadamente. Tampoco seremos puritanos por ser pudorosos y prudentes; en cambio, sí seremos más sensibles con un trato cortés hacia los otros a la hora de relacionarnos.

Proceder con mesura al dirigirnos a terceros, incluso hasta cuando elegimos nuestra vestimenta, no es más que mostrar respeto al prójimo, al evitar la posibilidad de agraviarlo con una actitud o conducta improcedente.

Vestirse adecuadamente es hacerlo con buen gusto, es saber qué atuendo corresponde en cada ocasión o a cada quien. La ropa es el espejo del carácter, pudiéramos decir. Un vestuario decoroso y pulcro realzará nuestra imagen; sin embargo, uno impropio o vulgar, no podrá decir nada positivo de quienes somos. Y las posibilidades económicas no constituyen justificación, ¿quién dijo que por ser humilde no se puede ser distinguido?

La educación formal es el molde donde se forma el carácter, y éste es la plataforma de los valores, principios e ideologías que adoptamos en la vida, los cuales nos darán el impulso necesario para luchar persistentemente por lo que creemos y soñamos.

Porque fueron esos valores los mismos que impidieron que Carlos Manuel de Céspedes se rindiera en Yara, los que motivaron a José Martí desde su infancia a declararse defensor de los oprimidos y amante de la libertad, los que hicieron a Antonio Maceo volverse un Titán y a cientos de estudiantes tornarse héroes y heroínas. Y ninguno fue menos hombre, o ninguna fue menos mujer, por ser correcto en su actuar cada momento.

 



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