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ALGO SOBRE LA CHICA ALMODÓVAR

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JUSTO PLANAS CABREJA,

estudiante de cuarto año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

El cine de Almodóvar podría resumirlo con una secuencia de Todo sobre mi madre: Lola, un travesti de pelo negro y mandíbula gruesa, de uñas rojas y voz de galán, observando desde lejos el entierro de una monja a la que contagió el SIDA.

Siempre me sorprende que el público guarde silencio en ese momento. Siempre me sorprende en silencio cuánto odio a Lola, así, sin que me quede nada por dentro; de cuántos deseos de llorar me da ese dolor sin género de su rostro; ese dolor profundo de hombre vencido y de mujer sufrida. Cuando llega ese momento, el espectador ya vio morir al hijo de Manuela (Cecilia Ruth) en un accidente de carro. Supo que era hijo también de Lola, y que Lola embarazó a una monja (Penélope Cruz) y desapareció. Lola y la monja tienen SIDA. Manuela trabaja para la culpable de la muerte de su hijo y cuida a la monja durante el embarazo después de conocerla casualmente.

El espectador y Manuela miran a Lola. Uno, por primera vez; la otra, después de mucho tiempo. Y todos los ojos coinciden por un momento en que Lola era demasiado hermosa para ser hombre, y demasiado hermoso para ser mujer. En ese instante, Almodóvar, Lola y el filme alcanzan la perfección precisamente a través de su condición de híbridos.

Todo sobre mi madre es una película travesti. Los hombres que guarda dentro padecen la luz de sus mujeres. Hay pocos. Un chico obsesionado con su madre (Manuela), que solo tiene el mérito de dar título a la película, y el de morir, justo a tiempo para que la mujer de su vida se muestre en toda su magnitud. Agrado, un travesti que se descubre como hombre solo en sus descomunales esfuerzos por no serlo. Un actor que  masculinamente solicita los servicios sexuales de Agrado. Un viejo, padre de Rosa, que ha perdido la memoria. Un bebé, hijo de Rosa. Y Lola. El filme reniega de su condición masculina.

Las mujeres, en cambio, están llenas de vida. Las hay lesbianas, recatadas, intolerantes, médicos, prostitutas, monjas. Pero de tanto maquillarse de virtudes, de conflictos, estas mujeres tampoco son mujeres reales. Todo sobre mi madre reproduce el sueño de mujer sufrida, de mujer resistente, mujer ingenua, esperanzada, elegante. Todas: Huma Rojo, Nina, Rosa, Manuela y hasta las mujeres que hay en Lola y Agrado, cumplen con estos parámetros. Cuentan con la perfección de una mirada, el perdón de una palabra. Y la espera. Entre ellas conversan de una manera diferente, en un lenguaje que apenas entiende el público, que no entienden incluso las espectadoras, porque es el lenguaje de un hombre que sueña a ser mujer en un mundo de ensueños.

¡Y qué género hay mejor que el melodrama para ese sueño perfecto! El melodrama es una película con labios pintados. Todo sobre mi madre, no hay duda, es un melodrama que define a la chica Almodóvar. Pero muchos han salido a buscar el origen de estos labios en las calles de España, porque es una película bien nacional; o en las calles del mundo, porque es sobradamente humana.

Muchos han buscado fuera unos labios pintados que le deben mucho a la mujer que esconde Almodóvar. Porque Todo sobre mi madre es una película de mujeres, sí, pero contada por un hombre. Un hombre que no olvida entre risas y lágrimas -tantas lágrimas-, el ojo de la cámara, la voz de los actores. Que se reserva un trago de frialdad para asumir el lenguaje del teatro con Un tranvías llamado deseo sin olvidar que es un teatro adulterado para el cine. Un hombre que sabe cuándo el absurdo parece demasiado absurdo, y al cine le falta sabor a cine.

Cada gesto de Lola está pensado para ser elegante, y espontáneo. El maquillaje resalta, irónicamente, su masculinidad. Almodóvar y Lola son culpables del destino de cada personaje. Han disfrutado de la fatalidad femenina. Pero la culpa es menor que el éxtasis de su presencia. En aquel instante, ambos se funden, mientras la cámara observa a Lola desde abajo. Y el silencio despierta, de golpe, a la chica Almodóvar que guardan, sin distinción de género, cada uno de los espectadores.

 



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