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LA MATEMÁTICA ME CORRE POR LAS VENAS

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Para la doctora Herminia Hernández, investigadora del Centro de Estudios para la Educación Superior, el aula es su escenario natural.

SUSANA ALFONSO TAMAYO,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

La oficina se encontraba al final del pasillo. Después de tocar la puerta una suave voz del otro lado me invitó a pasar. Al verla supe que era justo como la imaginaba: sencilla al expresarse, elegante en el vestir y el andar. Con una sonrisa me invitó a pasar. Abandonó la computadora que hasta ese instante ocupaba su tiempo. La mesa llena de papeles y proyectos indicaba su ocupación. Se sentó junto a mí, se colocó los espejuelos y estuvo dispuesta a atenderme.

Su mirada hizo que los temores desaparecieran y me dio el valor para hacer de esta, más que una fría entrevista de preguntas y respuestas, una amena conversación.

Herminia Hernández Fernández, así se llama esta profesora de Matemática, quien asegura que el aula es su escenario natural. Actualmente radica en el Centro de Estudios para la Educación Superior (CEPES), dedicada a la investigación didáctica y curricular en general, y particularmente a la Matemática Educativa. Ella fue merecedora del Premio Nacional de Pedagogía 2003, y este galardón que otorga la Asociación de Pedagogos de Cuba la ha hecho una mujer feliz por su trabajo.

Tras casi 50 años de docencia, investigación y aportes al  proceso educacional del país, se sienta a contar su historia y experiencias, de modo tal que puedo apreciar el avance de la enseñanza cubana desde antes del triunfo revolucionario, tomando como punto de referencia su vida.

La doctora Hernández asegura amar su profesión, a tal punto, que considera la Matemática como parte inseparable de sí.

"Siempre tuve el interés de ser maestra. Desde pequeña daba clases a mis muñecas y a mi abuelita. Ella decía, con razón, que yo me proyectaba del mismo modo en que lo hacían mis maestras de la Escuela Normal de Kindergarten y de primaria en el Colegio La Luz, apenas a unas cuadras de la Universidad de La Habana. Por cierto, quisiera aclarar que la palabra Kindergarten proviene de la unión de dos vocablos de origen francés - muy similares al inglés -. Estos son kinder, de niño y garten, de jardín. De este modo, el Kindergarten consistía en algo parecido a lo que es hoy el Círculo Infantil". 

La primera vocación de la doctora Herminia fue la de impartir clases a los niños más pequeños; siempre ha encontrado en ello algo especial. Considera que se debe ser muy cuidadoso, pues ellos captan fácilmente todas las cosas, tanto buenas como malas.

Ese deseo en ella se vio tronchado al no tener edad suficiente en aquel momento y, aconsejada por el padre, cursó el bachillerato, decisión de la cual no se arrepiente, pues hizo de ella lo que es hoy: "Para entonces papá tuvo que ir a trabajar al Central Chaparra y yo estaba interna en el Colegio Los Amigos, de Holguín."

Al concluir, por ser mejor expediente, alumna sobresaliente, le fue otorgada una beca para estudiar en Guilford College, Carolina del Norte. Tal proposición la rechazó al sentirse identificada con la huelga del estudiantado cubano ante la férrea dictadura batistiana, a la cual estaba sometido el país: "Esa era la situación universitaria en aquella época. La realidad era muy diferente a la que hoy vivimos".

En el año 1957 la Universidad de La Habana tenía cerradas las puertas, según recuerda la doctora Hernández. Por ese motivo le ofrecieron quedarse en el colegio como profesora, aceptó y comenzó a impartir clases de manera empírica. Esa sería la primera de tantas experiencias que forjarían su carácter.

Un alto en la conversación y sus ojos se humedecen. Por un momento pensé que era tristeza, pero después rememoró cuando en  una ocasión educó gratuitamente a niños pobres, en momentos en los que en Cuba existían escuelas privadas y los desposeídos eran marginados a la ignorancia. Ella no tenía necesidad económica, pero comprendía que otros sí, por eso le agradaba dar de lo que poseía: sus conocimientos.

"Existía un fuerte contraste entre los estudiantes de escuelas privadas, públicas y aquellos que ni siquiera tenían la posibilidad de estudiar. Trabajé en un aula múltiple con aproximadamente 60 niños y en condiciones paupérrimas en la escuela de la parroquia San José. Mi madre se horrorizaba ante la posibilidad de que yo cogiera piojos, pero esa fue una de mis mejores experiencias, una de las más hermosas".

Luego del triunfo de la Revolución, ya estudiando la licenciatura de Matemática, participó como alfabetizadora en la capital durante la campaña de 1961. A la vez, se preparó en el llamado Plan Fidel, dispuesta a  fungir como profesora en el plan de becas que se inició con el regreso de los integrantes de las brigadas Conrado Benítez.

Ya graduada de la Universidad de La Habana, decidió formar a profesores, por lo que comenzó a ejercer como docente de Matemática en el Pedagógico Superior y, en lo adelante, continuadamente ha dejado su huella docente en la Universidad de La Habana.

Desde su puesto como educadora ha visto pasar a decenas de generaciones y a muchos jóvenes que después se convertirían en  profesionales prestigiosos. Ella ha sido partícipe del progreso en el pensamiento universitario, forma parte de la batalla que se libra día a día en el terreno cultural, ayuda en el esfuerzo de hacer de la educación una potencia y  vive los programas echados a andar con vistas a un futuro mejor: "En estas cosas se denota la belleza de la profesión, en la intensidad con que se viven".

Con la mirada vuelta hacia los recuerdos, hace alusión a sus vivencias: "Estoy pensando ahora en los estudiantes de la carrera de Ingeniería Nuclear, con quienes trabajaba como parte de un servicio de la Facultad de Matemática. Eran asombrosamente inteligentes. Ellos, muchas veces, me proponían problemas y soluciones que no había ni pensado. En esa época aprendí a ser humilde, a reconocer mis limitaciones, dar la razón al alumno cuando la tiene y afrontar el reto de cada día entregar lo mejor ante el aula. Todo educador debe poseer una dosis de humildad sensibilidad y sencillez para alcanzar el éxito en la comunicación con el estudiante."

Agregó que es necesario en su profesión sentir amor por ésta y gozar de una debida formación. Con el primer requisito se nace, el segundo se logra sobre la marcha con un poco de esmero, haciendo camino al andar.

"En un inicio no poseía ese sentido común que se precisa en un educador, solo me acompañaba mi vocación de maestra. Mis modelos eran los profesores que había tenido. Con empeño, práctica y tiempo alcancé lo imprescindible para convertirme en una verdadera profesora y continúo disfrutando de todo cuanto hago".

Herminia Hernández se ha dedicado, además, a la investigación en la Matemática Educativa, campo en el cual ha cosechado frutos. En 1976 recibió un reconocimiento de Fidel Castro por su contribución en la creación de libros de texto, lo que la hace sentir muy orgullosa y realizada al poder brindar su contribución al sistema educativo y saber que ello es de beneficio social.

"Después de mi viaje a Francia y el acercamiento al Instituto de Investigaciones en Enseñanza de la Matemática (IREM) de la Facultad de Ciencias de París, adquirí una formación que me permitió dirigir aquí un grupo investigativo sobre esa materia. Fue entonces cuando formé el grupo Beta, con buenos resultados".

Entre el 2000 y el 2002 estuvo vinculada a un proyecto belga que requirió el apoyo del CEPES y de la Universidad de La Habana, conjuntamente con cuatro instituciones de Salud, a fin de un entrenamiento pedagógico de profesores universitarios y médicos belgas, así como doctores cubanos: "Fue de gran importancia para mí poder ayudar, una vez más, en el desarrollo educacional".

Ante la pregunta de cómo percibe la Universidad actual, Herminia  queda meditabunda y, tras un breve silencio, comenta que en esta área, como en otras, continúa vigente una proyección al futuro en hermandad con exigencias del presente.

"La Universidad tiene hoy un color político. Se han dado grandes pasos de avance en cuanto al número de personas que pueden tener acceso al conocimiento universitario. Actualmente la enseñanza superior alcanza límites, y los supera. La universalización ha logrado integrar a numerosos jóvenes que se encontraban ociosos en las calles, mujeres que habían abandonado los estudios, personas que por motivos familiares y económicos no concluían los cursos. La municipalización generaliza y hace realidad los sueños de muchos; y rompe el mito de ver como algo difícil de alcanzar los estudios superiores.

"La idea de un proyecto como ese estaba en Fidel desde los años de la década de los 60, y ahora se materializa. Existe una inmensa diferencia entre el pasado y el presente universitario. A diferencia de algunos años atrás, hoy todos los jóvenes tienen incalculables oportunidades de estudiar y superarse Eso es realmente una victoria".

En lo que respecta a la casa de altos estudios capitalina, afirma que ésta ha aumentado su matrícula considerablemente. En cuanto a otros temas polémicos prefiere dejar la valoración a consideración de todos, dado a que cada quien tiene su punto de vista.

Si de su obra se trata, la doctora Herminia Hernández ha escrito artículos para la revista cubana de Educación Superior, entre los que se encuentran Saltar a la vista evidente, Las transacciones curriculares y el desarrollo del estudiante universitario, Diseño de planes y programas de estudio y Referencias contextuales del currículum. Además, participó este año en la Reunión Latinoamericana de Psicología, se encuentra vinculada a proyectos de tesis y continúa realizando investigaciones.

Esta destacada profesora siempre halla el modo de compartir su tiempo  entre el estudio y la familia: "Me encanta hacer helados y dulces y colaborar con todos los de mi hogar. Por supuesto, con mi mente llena de tareas y compromisos profesionales".

Al concluir la entrevista, me dice que vuelve pronto a la faena postergada, pues una de sus estudiantes discutirá en breve un trabajo y debe apresurarse y ultimar detalles. Además, en enero viaja a México para impartir una maestría.

Me despidió en la puerta con la invitación de un pronto regreso. Camino a mi Facultad, medito sobre sus palabras y anécdotas. El preciado tesoro que es la vida se resume para Herminia en una palabra de gran valor: educar.

En ella se  personifica la frase de José de la Luz y Caballero cuando afirmaba que educar solo  puede  quien sea un evangelio vivo. Hizo sus deseos realidad y sirve de genio a otros. Todavía le queda la añoranza de ser maestra de niños, pero se siente feliz del sendero tomado. Con "la Matemática en las venas" continuará esparciendo saberes entre quienes la rodean.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Destacar a la educadora más integral del Centro de Estudios para la Educación Superior (CEPES) por la labor realizada y aportes a la educación.

Objetivos colaterales: Analizar, desde la experiencia y opiniones de esta profesora, el avance y los cambios de la Universidad. Saber qué es lo que aconseja un Premio Nacional de Pedagogía para ser un buen educador

Tipo de entrevista:

Por su forma: De citas

Por su contenido: De personalidad

Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo

Tipo de título: De cita textual

Tipo de entrada: Referencial

Tipo de cuerpo: De citas

Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistador

Fuentes consultadas:

Doctora Herminia Hernández Fernández, profesora de Matemática e investigadora. Fuente directa, no documental.

25/01/2008 19:51 islalsur #. Nosotros, los del 280


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