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UN QUIJOTE CON NUEVOS MOLINOS

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La vida de Carlos Marchante está llena de victorias singulares y aún le quedan metas que alcanzar. La Fragua Martiana, un referente obligado. "Enseñar Historia es mi pequeño aporte", resume este cubano estudioso del Héroe Nacional.

DIANA VALIDO CERNUDA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

La sencillez se le nota no más cruzar con él un breve saludo, pero sobre todo, en la mirada de quien todavía tiene carretera de sueños por cumplir. Es todo un Quijote desempolvando los recuerdos de sus batallas pasadas con el afán de emprender nuevas aventuras. Carlos Marchante Castellanos, a punto de cumplir 60 años, es un hombre lleno de vida.

Licenciado en Historia y Ciencias Sociales, desde hace muchos años imparte la primera en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Pero antes de llegar a la casa de altos estudios, puede escribir sobre un pasado intenso que se inició a los 15 años cuando ingresó en el ejército después de la Crisis de Octubre, para aprender a manejar la técnica antiaérea. Cuatro años después comenzó a trabajar en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), llegando a ser director de propaganda.

Luego laboró durante una década en el Comité Central del Partido, hasta que finalmente el nuevo siglo lo acogió como director de la Fragua Martiana, una institución en la que desarrolló innumerables proyectos hasta finalmente quedar convertido en una suerte de referente obligado; es decir, Marchante es parte inseparable de la Fragua. Para él ya es tiempo de jubilarse y dar oportunidades a la nueva generación. Pero como muestra su sonrisa, el retiro no significará dejar de ganar batallas y cumplir sueños.

-Estudiar a José Martí ha sido una parte fundamental de su vida, ¿cuál es el origen del interés por la obra del Apóstol?

Yo empecé a interesarme en el tema de Martí por mi padre. Él trabajaba como linotipista en un periódico, y por su propia labor adquirió un alto nivel cultural y empezó a buscar sobre la obra del Apóstol, a tal punto, que se propuso construir un rincón martiano cerca de la casa donde vivíamos. A esa tarea nos incorporamos todos en la familia. Mis hermanos y yo formamos la Patrulla Martiana, y salíamos a la calle con un bono que decía: "Coopere con el Rincón Martiano". Así fue, con un poco de recursos materiales y mucho de corazón, que construimos ese lugar en el que todos los días mis hermanos y yo izábamos la bandera y cantábamos el Himno Nacional.  Era un niño, sin embargo, ese acto de custodiar el rincón, más las lecturas de su obra que ya había comenzado, hicieron que se formara en mí un interés profundo en torno a su vida.

-Si le digo ahora este título: José Martí, valor de una doctrina, ¿qué es lo primero que piensa?

Lo primero es lo feliz que me hace escuchar ese título. José Martí, valor de una doctrina es el resultado de ocho años de trabajo. Consiste en una obra dividida en nueve tomos con todas las frases y pensamientos del Apóstol agrupados por temas. Por ejemplo, en el tema del amor se encuentra lo que escribió el Maestro acerca de ese sentimiento, y su respectiva ficha bibliográfica. La verdad es que fue una investigación que disfruté mucho y todavía lo hago. Cuando comencé, mi esposa e hijos se unieron en equipo para apoyarme. Uno de mis hijos es programador, el otro diseñador, y mi esposa es la piedra angular que pone el toque de elegancia en todo. Así que, ¡imagínate!, trabajando juntos con un mismo propósito: José Martí, valor de una doctrina. El fruto se ve ahora, en la utilidad y el enorme conocimiento que brinda, de una forma sencilla, a cualquier persona interesada en la obra del Héroe Nacional de Cuba. El libro fue Premio del Rector; incluso, se lo obsequié al Comandante en Jefe Fidel Castro en su 65 cumpleaños.

-Usted trabajó mucho tiempo en el ICRT. ¿Cómo valora ese período?

La televisión es un medio muy complejo, una locura. Por un simple detalle todo se para y la presión es constante. Yo comencé de cargador de muebles y fui hasta subdirector de producción del Canal 6 y director de propaganda. Entré al ICRT en 1967, después de cuatro años en el ejército. Tenía en ese momento 19 años y estuve hasta 1974. Fue una época muy buena. Había más recursos y más deseos de trabajar en las personas.

-Ser culto para ser libre es una frase de José Martí y representa el estandarte de los nuevos procesos que se llevan a cabo en nuestro país para elevar el nivel cultural del pueblo. ¿Partiendo de la frase, cuál es su opinión al respecto?

La palabra cultura tiene un significado muy amplio. Cuba es un país muy culto en política, pero hay que rellenar los demás baches que se quedaron vacíos. En eso se trabaja desde hace algunos años. El cine, el teatro, la pintura, siempre han estado presentes, de lo que se trata ahora es de incorporar al pueblo en general para que disfrute de esa parte de la cultura. Nunca podremos saberlo todo, pero se debe vivir intentando alcanzar lo bueno que nos llene el espíritu. También forma parte de nuestra cultura la educación formal y eso es algo que se ha perdido a gran escala. Con educación se llega a cualquier lugar; y si libertad consiste en poder abrir todas las puertas, entonces, ¿a dónde se podrá llegar sin los buenos modales?

Por otra parte, es muy importante que se logre invertir la pirámide ocupacional, es decir, el profesional debe obtener el sueldo de acuerdo con su nivel. La solución y el cambio de esa pirámide ocupacional es lo que espera la población, y se ajusta perfectamente a la frase: ser culto para ser libre. Esa libertad  la tiene que ver el profesional reflejada en su independencia económica, en la seguridad y estabilidad que le brinden sus conocimientos y profesión, porque no solo de pan vive el hombre, ¿cierto?

-Dicen que cada sortija tiene una historia, ¿cuál es la de la que lleva puesta?

Esta sortija es especial, y como todo lo especial lleva un manojo de buenas acciones y buenas personas encerradas en su historia. En el año 1994 yo comencé el proyecto de los Clubes Patrióticos Amigos de Martí, encaminado a tratar de perfeccionar la enseñanza en las escuelas primarias. Intenté mostrar a los niños la persona maravillosa que fue el Maestro, porque como dijo Cintio Vitier: "Martí no es una asignatura", por tanto, no se puede dar de esa manera.

Entonces yo dividí el proyecto en varias partes. La primera era Apuntes de Martí. En esa primera etapa analizábamos algunas frases, poemas y lo contextualizábamos con el presente, con lo que se vivía. Por ejemplo, yo le explicaba el significado de Abdala, Espirta, y los niños se interesaban. Una segunda parte llamada Reflexiones de José Martí se empleaba para profundizar. Leíamos los cuentos, relacionábamos los personajes según sus valores y cualidades: Meñique, el Gigante, Pilar, la Muñeca Negra..., cuando los pequeños ven que los adultos escuchan sus argumentos y opiniones, entonces desarrollan más el protagonismo, porque quieren demostrar que sí saben, y de verdad es hermoso escucharlos. Cuando te digo esto recuerdo a Fina García Marruz y aquella frase suya: "En la educación de los niños hay que explotar el mundo de la fantasía", y es verdad. Nada hay más satisfactorio que explorar su mundo interior y nutrirse de él.

Esas dos etapas se hacían en cuarto grado. Casi al finalizar el curso, el 19 de junio, celebrábamos una actividad donde cada madre ponía a su niño una sortija con el nombre de Cuba, como mismo Leonor le llevó a Martí la sortija hecha del grillete que usó en la cárcel. Era un símbolo que los muchachos llevaban orgullosos.

Cuando comenzaba el quinto grado se reorganizaban los clubes con una tercera etapa: Nuestra América. Los alumnos traían al final de la semana lo que habían investigado sobre un país determinado, y realizábamos un coloquio para intercambiar todo el conocimiento. Cuando terminaba  el curso realizábamos el Festival Latinoamericano de Clubes Patrióticos, donde participaban también los estudiantes universitarios. Era fantástico... había una comisión llamada Juegos de Nuestros Pueblos, en la cual los jóvenes latinoamericanos enseñaban juegos de sus culturas. Era eso, jugar, divertirse y aprender de nuestra América.

Ya en sexto grado finalizaban la cuarta y última etapa con el nombre La revolución del decoro. En ella estudiaban la historia de la Revolución Cubana vista por Martí, y al terminar hacían el evento científico El Martí que yo conocí. Es decir, después de haber tenido todas esas experiencias, ya los niños en sexto grado poseían un caudal de conocimientos increíble.

-¿Quién patrocinaba el proyecto de las sortijas?

La Universidad de La Habana. Cuando hice el proyecto estábamos en el 1994, pleno período especial, ¡imagínate! Había muchas dificultades, sin embargo, la Universidad me dio el dinero para las sortijas. Cuando aquello era Juan Vela Valdés el Rector. Fue una experiencia inolvidable, aunque solo con una escuela, y desgraciadamente no se ha podido repetir. Mi sueño es poder extender algún día el proyecto a todas las escuelas primarias del país.

-Se jubila usted en enero del 2008, ¿significa el retiro dejar de cumplir sueños en la Universidad de La Habana?

Yo no pienso que jubilarse es retirase por completo del trabajo, y menos aún abandonar ese pedazo de mí que siempre estará en la Universidad de La Habana. Pero sucede que ya voy a cumplir 60 años, la fuerza y el espíritu de muchos de estos han sido dedicados a mi trabajo; y creo que ahora es tiempo de emprender nuevos proyectos.

-¿Cómo cuáles?

Quiero escribir un serial para radio sobre los sucesos del Moncada. Se llamará Los hombres del 26, con 40 capítulos, aproximadamente. Yo pienso que hay mucha necesidad de que se manejen temas históricos en los medios sin la rutina que los hace en ocasiones aburridos y tediosos. La historia es acción y entenderlo es muy importante a la hora de tratarla. También tengo pensado hacer un libro con una visión nueva sobre el discípulo predilecto de Martí, Gonzalo de Quesada y Aróstegui. ¡Ah! , y el valor de la pareja, es el tema principal de otro serial que quiero hacer. Personajes famosos que unieron su vida matrimonial a objetivos concretos, ¿no crees que la vida de parejas como Manana y Gómez, Raúl y Vilma, son dignas de hacer una historia? Sí, será un reto, pero ya me lo propuse.

-¿Cuál es su principal aporte a la Universidad de La Habana?

Enseñar Historia es mi pequeño aporte. La historia es la base fundamental para responder las preguntas de cómo ha evolucionado el proceso histórico cubano. Yo intento brindar esas respuestas con un lenguaje que los estudiantes comprendan, un lenguaje sencillo para que no vean a los héroes como seres de mármol, sino como personas simples que lucharon por algo y, al entenderlo, podrán comenzar a responder sus propias preguntas. Dicen que cada maestro tiene su librito. Yo lo único que sé hacer es enseñar Historia, así, de esa manera.

-Retos y metas de la Universidad actual.

La Universidad de La Habana tiene grandes retos. Dentro de unos años se va a producir lo que yo llamo "cambio de generación". No se trata de sustituir un viejo por otro, sino de dar oportunidad a una juventud ansiosa por hacer. Los hombres preparados son los que salen de las aulas universitarias, y son quienes tendrán la responsabilidad de saber dirigir el futuro de Cuba.

El segundo reto es que los jóvenes van a vivir en un mundo cada día más complejo. El imperio está decayendo, y una bestia a punto de morir es muy peligrosa. Cambiará su táctica respecto a Cuba, y seguro estoy, que su principal objetivo será influir en las nuevas hornadas. Por tanto, esta juventud debe ser muy fuerte.

Un tercer reto son los cambios tecnológicos frente a los cuales los jóvenes deben estar a su altura. De últimos, nunca, juventud significa vanguardia. Con tales metas la nueva generación tendrá la responsabilidad de no dejar caer la Revolución, y cuidar la independencia y soberanía de nuestra Isla. Eso nunca será negociable.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

 

Ficha Técnica

Objetivo central: Reflejar el trabajo y la perspectiva de un profesor de la Universidad de La Habana

Objetivos colaterales: Conocer su opinión acerca de la Universidad actual, acerca de la cultura en nuestro país y sus proyectos.

Tipo de entrevista

Por su forma: Clásica (introducción, pregunta y respuestas)

Por su contenido: De personalidad

Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo

Tipo de título: De alusión a frase literaria

Tipo de entrada: Biográfica

Tipo de cuerpo: Clásico

Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado

Fuentes consultadas: Entrevistado. Activa, no documental.

27/01/2008 23:08 islalsur #. Nosotros, los del 280


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