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SALUD: AYUDA Y VERGÜENZAS

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MERCEDES ALONSO,
desde República Dominicana,

cortesía para Isla al Sur.

Como escritas para la República Dominicana, son estas frases de Alejandro Dumas, hijo, cuando afirmaba que “La esperanza es el mejor médico que yo conozco”.

Y de igual manera, Voltaire enfatizó con inigualable sabiduría ese pensar de: “El arte de la medicina consiste en entretener al paciente mientras la Naturaleza cura la enfermedad”…

Así ha sido, durante décadas en el país. Tal y como reflejan los datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), República Dominicana se ubica en lastimero sitio en materia de programas de salud e indicadores, junto a los países más atrasados, llámense Haití, Honduras, Guatemala, entre otros.

En días pasados, la prensa publicó la aprobación por parte del Poder Ejecutivo del decreto número 706-07, que declara 2008, “Año Nacional de la Promoción de la Salud” y designa a la Secretaría de Estado de Salud Pública y Asistencia Social máxima responsable para la elaboración de programas, en los cuales estarán involucrados los sectores público y privado, en todo el territorio nacional.

La decisión del presidente Fernández asume términos constitucionales de protección al principal derecho de todo ser humano: su salud.

Para dar impulso a los principales programas nacionales, coadyuva el propósito del millonario mexicano Carlos Slim, quien destinará unos 23,4 millones de dólares a la salud de dominicanas y dominicanos, a través del Instituto Carso de la Salud (ICS), organización de ayuda sanitaria creada por el magnate para Latinoamérica.

Que el país se encuentre entre los "prioritarios", según plantea ICS, alienta, si se tiene en cuenta esa gran población que espera, en muchos casos, la solución de enfermedades resueltas desde pasados siglos.

En otro sentido, avergüenza sobremanera hablar de precariedades, en medio de tantas riquezas mal habidas y retenidas en personales cuentas de quienes debían regular, ofertar y prestar este servicio vital para todos.

¿O es que se puede erigir el poder sobre enfermos y analfabetos? Esto, lo sabemos bien, no es competitividad, ni desarrollo y, mucho menos democracia.



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