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ESTADIO LATINOAMERICANO

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DAINERYS MACHADO VENTO,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Año 1946. Cuba. Ramón Grau San Martín, representante del Partido Auténtico, ocupa el gobierno. La posguerra ha permitido reposicionar el azúcar en el mercado de Estados Unidos, por lo que el sector agrícola ha logrado algunos avances, como el del Diferencial Azucarero.

A la Compañía Operadora de Stadiums S.A. se le encomienda la construcción del Gran Stadium de La Habana. Eligen, por necesidad de espacio y céntrica ubicación, un terreno semicenagoso y poco poblado del área baja del popular municipio del Cerro, el más industrializado desde principios del siglo. Ejecutores de la obra: Frederick Snare Corporation, arquitecto, e ingeniero Max Borges.

Mayo de 1946. Llegan a la zona las primeras piedras que se colocarán para la construcción del estadio. Ocho torres de iluminación, con líneas de lámparas de inmensa potencia, fueron creciendo entre palcos, butacas y césped natural. Más de dos millones de pesos y apenas cinco meses después, el coliseo estaba listo para acoger a las crecientes multitudes de fanáticos de la pelota en Cuba. 

El 26 de octubre de ese mismo año quedó inaugurado oficialmente, con el primer juego del campeonato profesional. Con los aires de masividad deportiva que respira toda la Isla, queda rejuvenecido, con el recuerdo de aquel 18 de noviembre de 1998 en que le quedaron grabadas en la memoria las huellas del presidente venezolano Hugo Chávez en un juego amistoso contra un equipo cubano liderado por Fidel Castro.

El Gran Stadium de La Habana que se convirtió, por obra y gracia de la Revolución cubana, en el Estadio Latinoamericano...el Coloso del Cerro, sigue hoy su marcha por el tiempo, erigiéndose símbolo de todo un municipio y de toda una ciudad. 

 



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