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DEJA QUE NELSON TE CUENTE

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Nelson Gudín, popular por sus personajes del Bacán de la Vida, Flor de Anís y Urbinito, se encuentra hoy entre los humoristas cubanos más exitosos. En diálogo con esta reportera hace declaraciones sobre su vida y profesión.

YENNY VANESSA ALFONSO ALMEIDA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando llegué a casa del popular humorista Nelson Gudín, fui recibida con mucha cortesía por parte de su esposa, quien me invitó a subir a la terraza. Un delicioso aroma a pollo asado venia de la planta alta y allí me encontré al comediante, en medio de una parrillada familiar, y a un perro medio loco que corría de un lado  para otro. Mientras el actor cocinaba, dialogamos.

-Usted nació en Durán, localidad del municipio oriental de Pilón, donde se relacionó con tres o cuatro familias del lugar y vio televisión por primera vez a los quince años. ¿Cómo descubrió que podía hacer reír?

Fue por casualidad, desde la etapa escolar tenía cierto don para hacer reír. En la escuela hacía muchas maldades y todos me decían que era muy ocurrente. Desde ese entonces supe que podía hacer reír.

-¿Cuándo comienza su carrera como humorista?

Lo primero que hice fue escribir poesías y cuentos, me vinculaba mucho al movimiento literario. Trabajaba en un cayo, en el central de Pilón, y los instructores de arte pasaban por las empresas integrando grupos de aficionados: de danza, música y teatro. Por mediación de un amigo que pertenecía a ellos me embullé a asistir a los ensayos hasta que un día faltó uno de los actores y subí al escenario para experimentar en la obra. Cuando el instructor  del colectivo se fue me quedé por él y como tenía cierta experiencia escribiendo, comencé a hacerlo para el colectivo.

-Usted interpreta diferentes personajes, ¿a partir de qué referentes han nacido?

Al estar en un grupo de teatro concibo diferentes actuaciones y como  escribo también, a veces creo algunos que no interpreto, es el caso de Mentepollo. Mis personajes son propios de las obras que  escribo, del mundo que me rodea. Flor de Anís, por ejemplo, surgió cuando ya estaba en un grupo de teatro en el que uno de los actores tenía una interpretación femenina llamada Mariíta. En él me inspiré porque tenía elementos que me ayudaron a crearlo sobre su  base.

El Bacán y el borracho que hago son cosas de mis tíos y de mi padre, a quienes les gusta beber, solo pensé en cómo eran ellos y así los interpreté. Urbinito, el más reciente, es la representación de la vida campesina que vi, de cómo la gente habla allí y cuál es su mundo.

-Realiza actuaciones masculinas y femeninas, ¿con cuáles se siente más a gusto?

Me siento a gusto en ambas porque creo mis personajes para decir cosas que pienso. Todo está en dependencia de lo que yo quiera plantear y del contexto o actividad en que me encuentre. Realmente me siento muy cómodo interpretando cualquiera de mis personajes, ellos son el resultado de todo el esfuerzo para  construirlos. Los televidentes ven solo los dos o tres minutos que están en pantalla, no saben que detrás hay muchas noches sin dormir, pensando, interpretándolos y buscando la voz adecuada para cada uno. Llega el momento en que se les quiere mucho.

-En el humorismo cubano hay cierta tendencia hoy a que los hombres interpreten personajes femeninos, esto es un punto controversial psicológicamente, pues algunos apuntan a que es travestismo y otros a que es representación o interpretación. ¿Qué opina usted?

Cuando surge el teatro las mujeres no actuaban, no les estaba permitido. Los hombres interpretaban ambos géneros. Yo, en particular, lo veo como interpretación y así lo enfrento. Pienso que es un aporte muy importante a mi carrera porque tengo que desdoblarme, cuestión que nos gusta a los actores. Realizo con la misma pasión un personaje de mujer, que el de un anciano o un niño. No tengo complejos, pienso que le imprime maestría al actor y demuestra su talento

-¿Cuánto hay en sus personajes de Nelson Gudín?

Casi todo, aunque parten con independencia. Los personajes llega un momento que logran su identidad, su forma de decir y hasta de pensar. Mis personajes tienen mi manera de ver el mundo, la vida, de proyectarme; parten de vivencias, siempre que sean textos que  yo escriba.

-¿Se considera un hombre simpático?

Mis personajes sí son simpáticos, pero yo no. Encuentro muy graciosos a Flor de Anís y a Urbinito, pero más bien soy un hombre introvertido. Sin embargo, a la hora de escribir  soy capaz de armar una situación o pensar en un argumento donde se me ocurran cosas muy graciosas. Lo que no lo proyecto como Nelson, no voy por la calle haciendo chistes, de hecho, me da pena.

-En espacios estelares de la televisión cubana el espectador cuenta hoy con programas humorísticos como Punto G, Jura Decir la Verdad, Los Amigos de Pepito. ¿A qué cree usted que se deba el éxito de su programa?

Pienso que es porque está sobre otros resortes del humor. Nuestro espacio es de situaciones, más criollo en el plano de tratamientos de ciertos temas, variado. Tiene que ver con la interpretación y la actuación. Además, está la inteligencia con que se tratan asuntos que hasta ahora estaban vedados, como la sátira y la crítica social. Creo que lo esencial es que la gente se ve reflejada, lo mismo un trabajador en el taller por problemas laborales, que una persona del público le ha ocurrido algo similar a lo que pasa allí. Además, los temas de Mentepollo y los de la Estampa  tienen que ver más con la convivencia que quieren mantener nuestros padres y abuelos, y que ya no es.

-La entrega del Caracol a los invitados de su programa es un punto de controversia y motivo de humor. ¿Realmente lo regalan?

Al principio sí, Deja que yo te Cuente fue un proyecto que presenté solo para ocho programas de verano. Ocho caracoles se consiguen fácilmente, de la misma grabación de la presentación del programa en Playa Girón trajimos algunos. El espacio gustó y la televisión nos propuso seguir con el proyecto. En este momento tenemos más de cien programas, esa cantidad de caracoles no es posible  conseguirla. Otra razón es que los cobos están vedados y nosotros no los sabíamos. La cortesía con los invitados quedó como una especie de broma.

-Conductor, actor y uno de los principales guionistas del programa. ¿Magia en la planificación del tiempo?

Siempre que terminamos una semana entera de grabación tengo que ponerme a escribir enseguida. Paso noches enteras sin dormir, sentado frente a la computadora, pensando y redactando. En estos momentos Miguel Moreno (LA LLAVE), me está ayudando con el taller; Mentepollo y la Estampa sí las escribo solo. Realmente la televisión es una industria que absorbe el intelecto de las personas. Es complicado, no hay tiempo para muchas cosas. Tengo la ventaja también de llevar muchos años escribiendo,  poseo oficio, siempre que se me ocurre un argumento lo escribo.

-En un momento en que los espacios para las manifestaciones del humor se amplían en el país, también crecen las opiniones a favor y en contra sobre cómo los actores asumen la interpretación artística. ¿Cuál es su posición?

Considero que la carrera de toda persona es una pasión. Todo humorista trata de gustar a su público, pero aunque no lo logre, es su oficio, su profesión, y tiene que ejercerla. Sobre todas las cosas está lo que uno quiere decir, plantear y ese es nuestro medio. Estoy convencido hoy de que tengo mucha popularidad, que mis personajes gustan, pero si algún día no es así, voy a seguir siendo humorista. Lo más importante es que haya movimientos, criterios diferentes, que la gente opine y, que siempre existan humoristas con diferentes formas de hacer reír.

-Gelliset Valdés, muy popular por el personaje de Tonita, es su compañera en la vida. ¿Cuánto puede aportar una pareja en el ejercicio de la profesión?

En el plano profesional puede aportar mucho porque, aunque somos un matrimonio, tenemos diversidad de opinión y eso es muy importante. Es bonito como pareja vivir esta experiencia, proyectarnos profesionalmente el uno con el otro y de ser nuestros propios críticos. En ocasiones esto es incómodo porque uno se apasiona con sus ideas y una discusión profesional termina en un disgusto matrimonial.

-Comediante, ¿buen oficio para los hijos?

Depende de lo que ellos deseen, porque no quisiera que decidan una profesión  así y luego sufran alguna frustración. En toda carrera artística hay que luchar mucho para llegar a planos estelares,  y que reconozcan tu obra. El arte es un oficio bonito, pero difícil: es apreciación. Esta es una profesión que hay que amar porque lleva trabajo y dedicación. Lo importante es  que lo que decidan ellos les haga feliz.

Ficha Técnica:
 
Objetivo central: Dar a conocer aspectos de la vida y obra de Nelson Gudín.
Objetivos Colaterales: Conocer acerca del proyecto que desarrolla actualmente en la televisión y su opinión sobre este.
Tipo de entrevista
Por su tipo: Clásica de preguntas y respuestas
Por su contenido: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Vía directa

Tipo de Título: De juego de palabras
Tipo de entrada: Llamativa
Tipo de Cuerpo: Clásico de preguntas y respuestas
Tipo de cierre: De opinión o comentario del entrevistado

Fuentes consultadas: Documentales y no documentales
Nombre: Nelson Gudín
Localización: Internet-Google



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