Facebook Twitter Google +1     Admin

LA BIBLIOTECA

20080528000956-biblioteca.jpg

La tecnología revitaliza su imagen, pero su esencia no desaparecerá, afirma Bárbara Susana Sánchez Vignau, directora de la Biblioteca Central Rubén Martínez Villena, de la Universidad de La Habana.

RAMÓN CRESPO HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
         
“Una Universidad sin biblioteca es como un cuerpo sin alma”, palabras predestinadas de Manuel Gómez Morañón, rector de la casa de altos estudios entre 1844-1846, y que como un eco permanente proclama la pertinencia y esencialidad de estos emporios de la memoria activa del saber.

Así, detrás de anaqueles de acero y caoba del país, la Biblioteca Central esconde sus historias…, y no solo en libros. Inaugurado en noviembre de 1937, el edificio semiclásico de “atrevidas líneas modernas” ha visto a hombres insignes de nuestra historia recorrer sus salones de lectura. Tu salutia praebes, tu cura requies… (Tú solamente calmas, tú lo curas todo) es la máxima ovidiana que pareciera contener el espíritu de esta “reliquia y orgullo del patrimonio universitario”, al decir del doctor Delio Carreras, Historiador de la UH.

Bárbara Susana Sánchez Vignau es su directora desde 1998 y una de las principales artífices de la transformación que hoy vive ese centro. Entre cajas de computadoras, monitores y una agitación inimaginable para tal institución, esta bella mujer, quien además es profesora de la Facultad de Comunicación, confiesa lo que sueña para “su biblioteca”.

-Cuando la presentan como directora de la Biblioteca Central, ¿cómo cree que la imaginan?

Normalmente los graduados de la especialidad sienten un poco de aversión hacia la biblioteca (¿qué contradictorio, no?) y la imagen del profesional que se desempeña en este campo es la de una persona muy culta, de gran sabiduría; pero muy recta, silenciosa, reservada, exigente.

Yo he tenido la satisfacción de ser la primera directora graduada de Bibliotecología y, desde el inicio, todo el mundo me aceptó. No solo porque haya sido joven en aquel momento, sino porque lo vieron como una transformación.

Se pudiera decir que he roto un poco con ese esquema de persona fría, reservada, y he tratado que el resto de mis compañeros quiebren también con el  modelo, porque le hace mucho bien a nuestro trabajo.

-¿Y cómo es Bárbara Susana?

Soy una persona comunicativa, alegre, cariñosa y afable; pero puedo ponerme muy brava si las cosas no salen bien, aun cuando perdone rápido.

En materia de dirección, he aprendido que hay momentos donde se debe imponer disciplina. Cuando no se cumple, me molesto, aunque después logre comprender, negociar y llegar a acuerdos. Yo digo que Bárbara Susana no es directora, sino coordinadora de los servicios de la biblioteca, porque mi misión es aunar el hacer de todos los especialistas principales, a quienes respeto mucho. No tomo decisiones arbitrariamente, colegio hasta el menor detalle. Eso hace sentir a todos partícipes de la vida de la institución.

-¿Y en la casa? ¿Se habla de libros?

Soy casada, tengo una hija de 20 años, y claro que en mi casa se habla de libros. Tengo la dicha que tanto mi hija como mi esposo respetan mucho mi trabajo. Gran parte de lo que tengo se lo debo a ellos por su comprensión y apoyo. En la casa soy muy quisquillosa, amiga del orden…

-¿Tiene que ver en eso la profesión?

Quizás, a lo mejor fue la profesión quien me modificó, pero no me gusta tener nada desorganizado. Siento que no puedo trabajar, me agobio. Ahora mismo, tengo la oficina llena de equipos, pero es por un buen fin. Me encanta el orden y la limpieza.

Por otra parte, soy una excelente anfitriona. Disfruto que me visiten y la cocina me deleita. Las labores de la casa me relajan mucho, sobre todo en los momentos de mayor estrés. Ahí es cuando entro en la cocina y hago de todo. Me gusta halagar a las personas con platos, con inventos. Reunir a los amigos, escuchar música, ver una película, comentar un libro.

-Graduada, Máster y Doctora en Ciencias de la Información, ¿por qué este saber?

Estudié en el Preuniversitario Vocacional Lenin, y en mi último año no pedía nada relacionado con la información. Sí me gustaba mucho leer, pero esta carrera ni la conocía. Al final, no pude solicitar lo que deseaba, y ya me veía siendo una gran abogada (creo que en definitiva lo he tenido que ser), pero nunca en medio de una biblioteca.

Una colega de mi residencia, hija de la profesora y doctora Blanca Petallo, jefa del Centro de Información de la UNESCO, estudiaba la carrera y me explicó algunas cosas. Aquello me ilusionó y terminé matriculándola como un “pasaje a lo desconocido”, pues no sabía lo que iba a ocurrir. Sin embargo, cuando comencé, vi en ella más que la posibilidad de hacer promoción de la lectura o de estar en contacto con los libros. Pude percibir un espacio de desarrollo por los múltiples usos de la información y el privilegio que constituía el dominio de sus herramientas para cualquier profesional.

Después, la vida me llevó a dedicarme a la Gestión, lo que en otras palabras es la administración. Escogí esa maestría porque estaba fuera del ámbito de mi carrera y articulaba en una misma esencia diversas temáticas: aspectos económicos, tecnológicos, de gestión de contenido. Fue durante ese tiempo que vengo para la Biblioteca.

El doctorado lo realizo también en Gestión, porque tenía un dominio sobre ese tema y era a lo que más podía aportar. He investigado algunas cosas, quizás no lo suficiente, pero trato de mantener un equilibrio entre mis estudios y el trabajo, de modo que puedan ir unidas la teoría y la práctica.

-¿Cómo es la labor de investigación desde la Biblioteca?

Llegué en 1998 y desde entonces he tratado de colegiar la docencia (que no la he dejado), la dirección y la investigación. Realmente, todavía me siento en compromiso con muchos campos en los que pudiera estudiar. He publicado algunos artículos, satisfactoriamente en revistas de impacto, y me he ido enmarcando en áreas de la especialidad relacionadas con la enseñanza y aplicables en la biblioteca.

No obstante, esas contribuciones, nada extraordinarias, me han reportado mucho placer, pues las personas las han leído y han sido agradecidas en la medida que las han podido emplear en sus trabajos. El haber dado más en la parte docente que en la investigación es una deuda como profesional, y en algún momento tendré que saldarla.

-La docencia, ¿cómo la enfrenta? ¿Qué cree de la teoría en un campo como el suyo?

Más que profesora me gusta decir que soy comunicadora. La docencia es un medio, la investigación es otro; pero enseñar es algo que no hago por compromiso. Estar rodeada de personas de cualquier edad y poder llevarles un conocimiento y compartirlo, para mí es muy importante.

Nunca me he preparado de forma ortodoxa para dar una clase. Puede ser que lleve una idea inconclusa al aula y termine de construirla con el estudiante, eso me gusta. Les inculco un método deductivo, porque no me gusta el aprendizaje de memoria. Soy enemiga de los conceptos y definiciones, pero no rechazo la teoría.

En nuestra especialidad, se va haciendo casi con el día a día, debido a cómo la información varía con las transformaciones sociales, económicas y tecnológicas. Cuando yo estudiaba, los conceptos de biblioteca virtual, repositorios o gerencia de información no existían, y a lo mejor dentro de diez años serán otros los términos.

El docente debe ser entonces un coordinador eficiente para poder transmitir una teoría que en muchos casos no está asentada, porque la disciplina nuestra como estudio no es de las más antiguas. Aunque la labor del bibliotecario viene desde antaño, la carrera se ha venido a consolidar hace muy poco. Por tanto, aún le queda toda la rigidez capaz de afectar una ciencia recién iniciada. Nos corresponde a nosotros dignificarla.

-¿Cómo transcurre un día normal en la Biblioteca? ¿Y uno extraordinario?

Llego, saludo a mis colegas, y reviso lo que dejé pendiente el día anterior. Después, recorro las áreas para ver cómo empezamos la jornada. Aquí todo funciona de manera independiente. Tenemos planes de trabajo y hay una estructura facilitadora. Voy entonces para mi oficina a realizar mis labores…, o a tratar de hacerlas.

Como la dirección está abierta para todos, vienen trabajadores a solicitar ayuda, a hacer preguntas técnicas o de administración. Normalmente mi día se va más en aspectos administrativos, porque contamos con un equipo técnico de excelencia.

Ahora, un día extraordinario es aquel en el cual puedo hacer  todo lo que me haya propuesto; generalmente no es así. La mayoría de las ocasiones debo llevar trabajo para terminar en la casa. Gracias a esto tengo resultados en la docencia, la investigación, en la biblioteca,  atiendo a tutoreados y al Comité del Partido de la Universidad. Es algo así como lograr un equilibrio entre todas las partes sin que ninguna quede rezagada.

-¿Qué importancia tiene la Biblioteca en el ámbito universitario?

Muchísima, y como profesora, incluso de Bibliotecología, no podía percatarme. Ahora comprendo esa importancia por la cantidad de personas que dependen de nuestro trabajo.

Si no extendemos los servicios, los estudiantes no pueden cumplir sus tareas. Si no compramos buena información, los doctores e investigadores no pueden cubrir las exigencias de sus tesis. Si no logramos proyectos, la biblioteca no recibe el equipamiento necesario. Si las universidades son industrias del conocimiento, las bibliotecas son los motores de esa industria, porque facilitan y procesan parte de esa materia.

-Y para usted, ¿qué representa?

Nunca imaginé ser directora de biblioteca. Creí me iba a desempeñar como analista de información, de ahí mi gusto por la investigación. Llegué no sé si por casualidad o causalidad, pues no vine por un nombramiento. Tuve que organizar un equipo de trabajo para la Biblioteca con personal de la Facultad, y los resultados dieron que poseía cualidades para dirigir.

Sin embargo, la Biblioteca ha significado muchísimo para mí. En primer lugar me ha permitido ser más organizada. He aprendido a planificar mi tiempo, a preocuparme por seguir estudiando, porque dirigir exige preparación. Me ha ayudado a mejorar las relaciones interpersonales, a respetar, a escuchar, a dirigirme en público, a comunicar ideas de forma clara y precisa.

Pero de manera especial, me ha dado la posibilidad de ayudar a numerosas personas. Desde este humilde lugar he podido auxiliar a muchos a encausar sus proyectos, a defender sus tesis, y he ganado  amigos en Cuba y fuera de ella. Por lo tanto, si tengo que hablar de mi vida, la Biblioteca se lleva la mayoría de las palmas. Digo la mayoría, porque ante todo soy maestra.

-¿Hacia dónde va la Biblioteca Central Rubén Martínez Villena?

No te lo puedo decir. A lo mejor te hable de una biblioteca virtual o de otros elementos que dentro de unos años serán algo “cursi”. Prefiero pensar que la biblioteca va por buen camino.

Hemos logrado la consolidación de un grupo de objetivos propuestos en determinado momento, pero aún falta mucho por hacer. Hoy tenemos nuevas herramientas y medios tecnológicos, pero han surgido otras necesidades  y la Biblioteca está en un período de transición.

Yo también estoy en período de cambio, mi etapa aquí debe tener un final, y he tratado de hacer todo lo posible para dejar un camino abierto, organizado. Quisiera que mi sucesor pueda impulsar aún más este proyecto. Para eso he apostado por los jóvenes.

-¿Morirá el espíritu de la Biblioteca con la tecnología?

Una revolución tecnológica en una biblioteca no le resta su valor como sitio de sabiduría. La transformación vendrá en el tipo de medios que podrá consultar este usuario, ya no solo la revista o el libro, sino bases de datos, libros digitalizados, bibliotecas virtuales; todo en el mismo espacio “antiguo”.

No hay nada más atractivo que un edificio art-decó con una tecnología revolucionante en su interior. De hecho, las grandes bibliotecas del mundo han tenido que evolucionar, porque ante todo debemos cumplir con nuestra función de ser proveedores del conocimiento.

La tecnología va a revitalizar la imagen de la biblioteca, pero su esencia no desaparecerá. A lo mejor ese silencio característico es roto por los ecos del “topear” de las computadoras, por el sonido de los escáners, pero su distinción no la va a perder nunca. Va a seguir siendo biblioteca, y ese nombre no debe cambiar jamás.


Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

27/05/2008 17:09 islalsur #. Nosotros, los del 280


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris