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UNA LECCION PERDURABLE

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A propósito de la graduación de mi madre en la Universidad del Adulto Mayor, en el municipio 10 de Octubre: "Amamos las catedrales antiguas, los muebles antiguos, las monedas antiguas, las pinturas antiguas y los viejos libros, pero nos hemos olvidado por completo del enorme valor moral y espiritual de los ancianos, que no son otra cosa que seres humanos antiguos". (Liu Yutang)

VIVIAN SÁNCHEZ,
periodista de Radio Habana Cuba,
cortesía para Isla al Sur.

Nunca sentí que acudir a esa cita era cumplir simplemente con una obligación familiar más. Me entusiasmó la idea de asistir y hacer el día diferente. Pero nunca imaginé que podía convertirse en una mañana repleta de emociones, reconfortante  y feliz.

Resultó el encuentro con un grupo desconocido y excepcional. Para ellos era culminar y vencer otra etapa de sus vidas. Sí,  ¿por qué no?, de alumnos. Para mi fue encontrar que siempre existen aristas nuevas y que la vida puede ofrecer mejores amaneceres y nuevas enseñanzas para continuar.

Repetir que la tercera edad no es una enfermedad y que es una nueva etapa del calendario es algo que oímos o leemos en nuestros días. Pero encontrar en vivo que es cierto, es la sorpresa, es la alegría. Ese fue el premio que recibí al compartir con un grupo de los que así lo merecen porque encuentran en cada detalle el aliento para seguir adelante y aprovechan cada instante a plenitud.

No importa que la piel ya no brille o se extienda firme por sus cuerpos o su rostro, no es necesario que su pelo muestre el color con el que flotaba en  los días de juventud. Por cada poro que se contrae, por cada cana que aflora de sus cabelleras surge una simpática anécdota, una emoción o una lágrima, que es la prueba de que disfrutan esta nueva etapa y todas sus oportunidades de forma elocuente y sabia.

Esa mañana comprendí perfectamente por qué siempre nos insistían en nuestras escuelas y hoy se repite de generación en generación, la importancia de los más adultos a lo largo de la historia de la humanidad desde que se agrupaban en tribus o vivían en los más apartados lugares.

Y es que decir abuelo es llevar cada vivencia a los más audaces, pero menos experimentados. Decir adulto mayor es encontrar un consejo o admirar la sensibilidad contenida en un gesto una caricia o una palabra. A veces desesperamos con una frase repetida o un reproche y no comprendemos que no es solo llevar el peso de los años, sino que con ellos va la enseñanza de la vida.

No puedo quizás decir cuánta fibra vibró conmigo cuando ellos mismos hablaron de envejecimiento, no con el dolor de lo que está ocurriendo, sino con el sabor de conocerlo para hacerlo más placentero y feliz.

No soy capaz de relatar la admiración que sentí hacia sus exposiciones sencillas como ellos mismos, pero con la sabiduría de referirse a etapas trascendentales de sus días, como la retirada de las labores sociales y las leyes que las rigen, o cómo supieron aplicar las enseñanzas de sus horas lectivas en esa escuela de la vida que llegaba a su instante final.

No puedo describir cuanta dicha me ofreció el deseo en cada uno de ellos de hacer una buena jornada y hacerlo bien por respeto a ellos mismos, a sus compañeros de clase y a sus dedicados y cariñosos profesores.

No puedo expresar cuánta emoción me ofreció ver sus maldades de niños experimentados o ver sus manos temblorosas o sus pícaros comentarios de los desvelos previos a esa jornada. Todos con el más grande de sus deseos como decía el poeta, ponerle vida a los años y no años a la vida.

Dentro de las cuatro paredes que fueron testigos de esta cita con la verdad se respiró el ardiente verano cubano, pero a él se sumó el calor que ellos supieron ponerle al ambiente familiar, acogedor, tierno y solidario que los envuelve.

Pobres de los que no valoren a los que transcurren esta etapa de la vida con la voluntad, la alegría, la frescura, el entusiasmo, el deseo de aprender y el latir a todo tren de los que me ofrecieron sin ellos mismos saberlo la mejor de las enseñanzas y la vigencia de las palabras de uno de los ilustres músicos del patio,  cuando afirmó que “Joven ha de ser quien lo quiera ser”.

La vida demostró que son jóvenes sinceros de alma y corazón. Esa es la mejor de las clases que he recibido y es lo que me ofreció el deseo de volver al reencuentro.

El recuerdo de esas horas inolvidables y felices no solo hoy, sino  por siempre, me hizo encontrar esta frase célebre de autor desconocido que dice “Esperanza es decidir triunfar en cada circunstancia que nos toca vivir”, o esta otra que afirma: “La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”, porque como dijo el Maestro: “Las verdades elementales caben en el ala de un colibrí”.

Gracias a los adultos mayores que me brindaron esta valiosa oportunidad y por patentizarme que “La felicidad es interior, no exterior, por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos”.



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