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EL KREMLIN, CORAZÓN DE MOSCÚ

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Una rápida mirada a la construcción de la emblemática mole rusa.

JUSTO PLANAS CABREJA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El corazón de Moscú tiene por sangre al río Moscova, que corre al sur; la Plaza Roja al este; y al oeste el Jardín de Alexander, uno de los más hermosos del mundo. Todo el placer de los sentidos humanos está contenido en las murallas del Kremlin de Moscú, el corazón de Rusia.

El más conocido de los “Kremlin” rusos reserva una muralla que espanta al que la ataca, y lo conquista. Su perfección estética bien podría desarmar al enemigo más fiero. Como una serpiente que se mordiera la cola, la muralla se extiende por más de dos mil 235 metros. Su altura irregular se debe a los desniveles del terreno. Así, podría medir cinco metros, ora 19. Su grosor también varía de los 3,5 a los 6,5 metros. Y bien podría deberse el oxímoron que lleva dentro la esencia del alma rusa.

Pero la belleza de esta muralla se debe sobre todo a sus torres, construidas por maestros italianos entre 1485 y 1495. Todos estos elementos se conjugan en un triángulo irregular que guarda en su seno más de 275 mil metros cuadrados.

Al principio el Kremlin solo contaba con 18 torres. Pero el siglo XVII, además de la prosperidad que trajo para Moscú, también coronó la fuerte muralla con nuevas atalayas hasta llegar a una veintena.

Excepto tres, que poseen una planta circular, el resto de la torres cuenta con plantas cuadradas. Y Spasskaya, la más alta de todas, alcanzó su tamaño actual de 71 metros en 1625.

Además, el Kremlin cuenta con cuatro palacios y cuatro catedrales. No en vano el presidente de la Federación Rusa tiene en él su residencia.



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