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MI VOCACIÓN ES ENSEÑAR

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“Cuando  haces un recuento de todo lo vivido, llegas a la conclusión de que no se puede encerrar la historia en una medalla”, opina Humbelino Espino Rodríguez.

ANTUÁN GUTIÉRREZ NODARSE,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El olor del betún y la tinta se impregna en la piel. Humbelino Espino Rodríguez mira sus dedos y sacude el paño. Extiende la mano para recibir el pago, son las monedas que llevará a su hogar. Tiene nueve años. La muerte del padre lo llevó a la calle, hacia el taller donde aprende el oficio de reparar zapatos. Años después trabajará como viajante de calzado y conocerá de cerca la insostenible situación de su país.

El nuevo siglo lo sorprende con el índice apuntando al horizonte. Sus tertulias acaloradas con Kant o los debates dialécticos hegelianos lo distinguen ante los ojos de sus alumnos. En la actualidad ejerce como profesor de Filosofía y Sociedad en el Curso a Distancia de la Universidad de La Habana y es, además, gerente nocturno el Hotel Habana Riviera.

-¿Qué edad tenía cuando se inició en  la lucha insurreccional?

Tenía unos 16 años. En 1957 formo parte del Movimiento 26 de Julio y realizo acciones clandestinas. En 1958 me incorporo al Ejército Rebelde.

-¿En qué misiones participó durante ese período? 

Realizábamos acciones, propaganda, traslado y entrega de armas, medicinas y comida a las columnas de Camilo y Che. Por ejemplo, el 5 de febrero de 1957, vísperas del Día de los Reyes, nos ordenaron crear una situación para que las personas no fueran a las tiendas a comprar juguetes. En eso me detuvieron los del Servicio de Inteligencia Militar.

¡Imagínate!, estaba ahí en plena calle. Por suerte, logré avisar  a los demás compañeros y evitar que los pudieran apresar. Recuerdo que me dieron muy fuerte con un black jack, que es un garrote de plomo cubierto con un corcho negro para que no se vea exteriormente. El efecto resulta demoledor porque destroza interiormente todo lo que toca. Cuando me soltaron al día siguiente, aún soltaba sangre. Estaba en muy malas condiciones. En realidad debo mi liberación al jefe de la guardia, un masón que me identificó como el líder de la Juventud Masónica. Él dijo: “Piérdete, que estos animales te van a matar”.

Fui sometido a una operación quirúrgica en la que me extirparon la mitad del pulmón. Una vez recuperado me incorporé a la columna del Che y formé parte de las tropas que viajaron hacia a La Habana.

-Con el triunfo de la Revolución comienza una nueva etapa para el pueblo cubano. ¿Qué repercusión tuvo en su vida?

Uno se pone hacer un recuento ahora y parece imposible lo que tuvimos que enfrentar. Debido a las secuelas del black jack no pude continuar en el ejército, pero me empezaron a dar tareas políticas con el propósito de  contrarrestar ciertas influencias de poder que aún se observaban en elementos proclives a la derecha.

Fungí como tesorero del Ayuntamiento de Remedios. Posteriormente, se creó una comisión a nivel provincial para resolver los problemas de los expedientes por despido que tuvieron lugar durante toda la tiranía. Estuve al frente de esa misión como jefe de inspección del Ministerio de Trabajo en la provincia de Las Villas y ahí comencé la actividad por regiones. Ello  posibilitó hacer que la patronal pagara el  tiempo de despido a los perjudicados.

-Usted ocupó la responsabilidad como presidente de la Campaña de Alfabetización en Remedios. ¿Cómo recuerda aquella encomienda?

Primero realizamos un censo. En las zonas urbanas resultaba más fácil, pero en las rurales había que convencer a las familias de la necesidad de aprender a leer y escribir, y también persuadirlos de que albergaran a los brigadistas. Sobre todo, porque radicábamos en una región donde había muchos alzados.

En ese momento el país estaba inmerso en una lucha de clases tremenda. A las 5 de la mañana tirábamos el cerco para combatir a los contrarrevolucionarios. Yo tenía un equipo de personas muy capacitadas para proveer a los brigadistas de todo lo que necesitaran, aquello era fuerte.

-Después que Cuba declara al mundo su condición de Territorio Libre de Analfabetismo, ¿continúa vinculado al ámbito educacional?  

Terminada esa tarea me enviaron a la Escuela del Partido Provincial, donde pude adquirir mayores conocimientos. Tuve la oportunidad de conocer de cerca lo que ocurría en la zona conocida por Realengo 18, en Guantánamo. Cuando regresé a mi pueblo me situaron como secretario ideológico de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI). También ejercí como instructor de los presos contrarrevolucionarios, que trasladaron desde Isla de Pinos, como parte de un programa de rehabilitación en la cárcel de Remedios.

-Usted es fundador de la Enseñanza Dirigida en la Universidad de La Habana. ¿Considera que este sistema educacional mantiene la esencia de la universidad martiana que fundara Julio Antonio Mella?

Considero que sí, incluso, tengo mis propios criterios en relación con ese tema porque soy profesor. El alumno de la enseñanza dirigida no estudia por notas, tiene que leer los textos y releerlos. En mi opinión, muchas veces, esos estudiantes egresan mejor preparados que los estudiantes de cursos regulares.

-En el transcurso de su vida laboral ocupó disímiles responsabilidades como dirigente, destacándose como una actividad casi permanente la vinculación con la pedagogía. ¿Responde a una inclinación vocacional o a la necesidad del país de una constante superación intelectual?

Mi vocación es enseñar. Será así toda la vida. La superación si bien ha sido un estímulo, debido a la necesidad del proceso revolucionario, también es responsabilidad propia, la asumo como tal porque me siento comprometido como profesor a contribuir con el pensamiento que ilustra, es decir, enseñar a emplear la razón, para de esta manera ofrecer una visión más real del mundo a nuestra sociedad.

-Es merecedor de numerosos reconocimientos y condecoraciones por la actitud asumida en momentos trascendentes de nuestra nación. ¿Cuál recuerda con mayor emoción?

Hay cosas en el corazón que se valoran mucho; por ejemplo, la Medalla de la Campaña de Alfabetización. Cuando haces un recuento de todo lo vivido, llegas a la conclusión de que no se puede encerrar la historia en una medalla. Son hechos que quedan sembrados en la vida, que te marcan.

Cuando recuerdas haber participado en el traslado de 10 000 brigadistas desde las provincias orientales hasta La Habana, en carros de caña, y recibes una medalla, piensas en esos momentos.

La Medalla de la Guerra de Liberación es algo que uno aprecia,  porque significa un reconocimiento por tu participación en episodios patrióticos condicionados por circunstancias especiales. Opté por incorporarme a la lucha armada como lo hicieron miles de personas.

-¿Qué sintió la primera vez que tuvo contacto con Fidel?

De las múltiples ocasiones que compartí con el Comandante, siempre me provocó la misma impresión: en todo momento parece que Fidel sabe lo que uno está pensando.

-No todo cubano ha tenido la oportunidad de intercambiar ideas con Fidel. ¿Qué connotación tiene en su vida ese hecho?

Conversar una noche entera con un ser tan extraordinario y de asombrosa sencillez, te marca, porque Fidel, además de ser un digno ejemplo, te confiesa que quisiera ir por las calles, sentarse en un parque y hablar con las personas.

-¿Actualmente desempeña el cargo de director nocturno del Hotel Habana Riviera y es profesor de Filosofía y Sociedad en el Curso a Distancia de la Universidad de La Habana. ¿Si tuviera que decidir entre la docencia y el turismo, cuál elegiría?

La docencia, porque me retroalimenta. Al impartir clases se está aprendiendo más de lo que se enseña. Eso te hace vivir, sentir un ser social pleno. Ahora experimento la satisfacción de ser útil, de poder devolver un poquito de lo que otros me han ofrecido de la fuente inagotable del saber de la humanidad.

-Algunos vecinos opinan que usted es una persona sencilla,  esto se contradice con el estereotipo que se tiene de un gerente en Cuba. ¿Qué opina?

Sobre el trabajo de los gerentes de hoteles puede haber opiniones a favor y en contra, yo le puedo hablar sobre mi experiencia. Por ejemplo, cuando salgo de mi casa para el hotel voy de cuello y corbata. La gente te ve vestido elegante, diferente, y a veces no entiende que es una obligación porque el trabajo lo exige. Al llegar al hogar, como acostumbro a decir, me cambio el “traje de pelotero”, descanso un poco y preparo las clases que debo impartir en la Universidad. Es así de sencillo. No hay más.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Presentar el ejemplo de Humbelino Espino Rodríguez, como un cubano que fue partícipe de momentos importantes de la historia del país

Objetivos colaterales: Demostrar cómo una persona con tantas responsabilidades, preserva su vocación de maestro; Exponer, mediante las experiencias del entrevistado, las disímiles situaciones que afrontaron los revolucionarios antes y después del Triunfo de la Revolución.

Tipo de entrevista:

Por su forma: Clásica
Por su contenido: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Directa

Tipo de título: De cita textual
Tipo de entrada: Retrospectiva o evocativa
Tipo de cuerpo: Clásico, de preguntas y respuestas 
Tipo de cierre: De opinión del entrevistado

Fuentes consultadas:
Síntesis biográfica del entrevistado
Hilda Elisa Pérez Guerra, esposa del  entrevistado



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