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JOAQUÍN SABINA: UN MOTIVO MÁS PARA NO CORTARSE DE UN TAJO LAS VENAS

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Este trabajo mereció premio en el Forum Científico de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana en el 2006 y se republica en Isla al Sur con el propósito de mostrar a los estudiantes de Periodismo un excelente reportaje a personalidad, no frecuente en nuestros medios.

KALOIAN SANTOS CABRERA,
estudiante de quinto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Degenerado y mujeriego/

con cierto aire de faquir, /

anda arrastrando su esqueleto/

por las entrañas de Madrid.

Después de algunos años de silencio Joaquín Sabina publicó en el 2005 el álbum Alivio de Luto. Algunos creyeron, y hasta especularon tras el mutismo público del cantautor español, que quedaban atrás los tiempos en que se dejaban leer en muchas de las tapas de los principales diarios del mundo cintillos como “se agotan en 6 horas las entradas para los cuatro conciertos de Sabina en Buenos Aires”, “Sabina colapsó la FNAC de Barcelona en su firma de discos” o “el CD más reciente de Joaquín Sabina lleva ya más de 230.000 copias vendidas en solo cuatro meses”.

Lo cierto es que los medios vuelven a hacerse eco del apoteósico regreso de Sabina a los escenarios. Tras haber transitado -desde que salió su primer CD titulado Inventario- por 17 discos en 28 años, el autor de temas antológicos como Medias negras o Calle melancolía sigue sorprendiendo.

Precisamente Joaquín Sabina hizo un alto en las fechas de su presente gira ultramarina para asistir a la XV Feria Internacional del Libro en Cuba. En esta ocasión vino en calidad de poeta para presentar su cuaderno de sonetos. Ciento volando de catorce, que es como se titula el libro, ha sido publicado en la colección Lira de Arte y Literatura gracias a que la editorial Visor de España y su autor han donado los derechos a este sello cubano. Aunque Sabina acota que en este caso ha “donado los izquierdos”.

Esos sonetos se pasean en estos precisos instantes por cada región de la Isla a donde llega la fiesta mayor de la lectura cubana. Ciento volando de catorce es sin dudas uno de los títulos más perseguidos de esta Feria. Por ello no podía dejar de compartir el sui géneris diálogo de Joaquín Sabina con los asistentes a la presentación de su libro en La Habana, como parte del espacio Encuentro con…, conducido por la periodista Magda Resik.

Pongamos que hablo de Joaquín (1)

Aunque andaluz de fin de siglo, /

universal, quiero decir, /

no sé qué tiene de rabino/

cuando lo miro de perfil.

Dentro de la Sala Nicolás Guillén en la Fortaleza La Cabaña los asistentes sobrepasaban los miles. Tenía unas cuantas interrogantes que hacerle pero… una entrevista resultaba ser muy difícil, así que empecé por buscar buenos ángulos para tomarle fotos a Joaquinito, como lo llama Chavela Vargas. 

Luego de una larga espera apareció un personaje con chaqueta de cuero, pantalón de mezclilla, bufanda y pulóver negro…era Joaquín Martínez Sabina.

El público coreó feliz cumpleaños y llegó un gran cake acompañado de un trío. Era 12 de febrero y el flaco nacido en Ubeda, Ciudad Patrimonio de la Humanidad y ubicada en la provincia española de Jaén, cumplía 57 años. Más adelante el homenajeado retribuyó las atenciones declarando estar conciente de que el mundo está “lleno de gente que canta mejor que yo, escribe mejor que yo, e incluso, que es más guapa que yo. Sin embargo, nadie ha elegido mejor que yo con quién celebrar mi cumpleaños.”

Este personaje cuando muchacho cursó la escuela primaria en el colegio de las monjas Carmelitas y el bachillerato en el de los Salesianos. Más tarde tuvo que exiliarse en Londres en los años 60 y allá fue mozo y cantó por los bares (y hasta se encontró en uno de ellos al ex Beatles George Harrison y le cantó ‘happy birthday to you’, y éste lo premió con un billete de 5 libras que Sabina guarda como amuleto).

Entre los panelistas en la mesa de presentación estuvo también el poeta José Luis Serrano, quien declaró sentirse como un intruso pues “compartir con Sabina es estar al lado de Francisco de Quevedo. Sabina maneja en sus sonetos la sátira y la ironía con tal agudeza que perfectamente sus versos se pueden emparentar, con los de este corte, hechos por el escritor y poeta español del siglo XVII. No hay dudas de que Sabina es un Quevedo de estos tiempos”. El cantor se ruborizó con semejante comparación mientras tapaba su cara con la bufanda.


 
Medio profeta, medio quinqui, /

el lumpen es su pedigrí. /

Un tinto y una buena titile/

bastan para resistir.

 

Antes de contar sobre el libro, Sabina saluda: “¡Buenas noches… Tardes! Yo siempre digo buenas noches a la hora que sea”. De seguro la nostalgia por sus días al revés todavía lo acechan: “(…) me tiraba la noche en los bares –rememora en una entrevista- solo para poder contarlo, como dice García Márquez. Los poetas y los cantantes que yo admiraba eran de la vieja bohemia de Baudelaire, Rimbaud, César Vallejo, el "Polaco" Goyeneche y Enrique Santos Discépolo, entre tantos otros. Vivieron y escribieron en los bares. El niño romántico de provincias que yo fui quería ser ese tipo de artista: bohemio, noctámbulo, canalla. Lo conseguí, pero ahora estoy retirado.”

Al parecer tiene razón. Se le ve bien, “más hueso que carne” como comenta él mismo; pero excelente físicamente. Aunque en honor a la verdad siempre fue delgado, “con una mala salud de hierro”. Ha sido magnífico el restablecimiento de aquella recaída de hace unos años cuando los diarios conmocionaron a muchos con la noticia del ingreso del cantautor en una clínica madrileña a consecuencia de una isquemia cerebral sencilla por sus muchos excesos. 

Solo fue, afortunadamente, el “ay, mi madre”. No cabe dudas: “pero sin prisas, que a las misas/ de réquiem nunca fui aficionado, / que el traje de madera que estrenaré/ no está siquiera plantado/ que el cura que ha de darme la extremaunción/ no es todavía monaguillo.... “. Y además, por si fuera poco, dice con vanidad que “a mis 40 y 17 me veo más joven y ya me he quita’o de todo. Ahora paso un examen y no doy positivo ni con viagra”.

No creo que Sabina sea alguna de esas personalidades que se lanzan a ser “músicos, poetas y locos” y experimentan en múltiples esferas artísticas pensando que son auténticas vedette. Entonces caen en el más siniestro de los ridículos. La parte que lo atañe como escritor se la ha tomado bien en serio y según voces autorizadas en el tema, sus poemas gozan de valía intelectual.

Sobre sus dotes de poeta comenta que “jamás soñé con cantar porque conocía mi voz en la ducha...siempre soñé con escribir, pero luego las cosas vinieron de otro modo. Opino que los poetas españoles de mi juventud estaban incumpliendo el reto de su tiempo que era llegar a la “inmensa” minoría, a la gente. Y ser poetas cantables, recitables. Ser poetas que sirvieran para enamorar a alguien y que brindaran el hombro donde poder llorar.

“En ese momento este terreno lo ocupaban desmesuradamente la música pop. Así que yo, que he sido siempre un impostor y me ha gustado meterme en lugares donde no me han invitado, decidí que el modo para que mis palabras cumplieran esa función era secuestrando y seduciendo a dos músicos: Pancho Varona y Antonio García de Diego (presentes en la sala) para juntos hacer el truco de volver a los orígenes de la poesía que surgió para ser cantada.”

 

Amigo de causas perdidas/

desde aquel mayo de París, /

no tiene más filosofía/

que el "vive a tope hasta morir”.
 

La creación de su lira en todas sus formas es indivisible. No existe disparidad entre sus canciones y sus sonetos: “Los temas siguen siendo los mismos –cuenta-. Pero no solo los míos sino los de la poesía de siempre”. Y resume: “Mirar la vida con gafas sutiles y tratar de sacar el subsuelo para elevarlo al cielo”. En fin, que no es de extrañar encontrar por estos versos: (…) escribo en technicolor la canción de las noches perdidas/ para vengarme de tantas tardes de lluvias en blanco y negro/ de tantos hombres de trajes grises/ de tantas rubias de botes…

Para Sabina, sus sonetos requieren solo de “un poquitico más de atención”. Aspecto que no le preocupa en lo absoluto porque se siente orgulloso de tener “a un público que oye las cosas dos o tres veces en tiempos donde no hay tiempo ni para oírlas media vez.” Aunque aclara que no es igual escribir para cantar que escribir sin saber si lo vas a cantar.

“Escogí el soneto –confiesa- por un cierto afán pedagógico y eso en Cuba se entiende mejor que en cualquier parte. En los periódicos occidentales hablan de lo necesario de la educación y la sanidad pero...y siempre ponen los peros. También estamos los que pensamos en occidente que la principal revolución que nos va a salvar a todos es la de la cultura. ¡Dios salve, César! Algunos me decían que escribiera en lugar de cantar...claro, lo decían después de escucharme cantar. Así que me dije: voy a escribir pero no lo que todos esperáis. Voy a escribir sonetos, con palabras contemporáneas; pero con formas clásicas que educan al oído, la sensibilidad, la rítmica, la métrica.”

Precisamente de esa forma publicó por vez primera en el 2001 Ciento volando de catorce, ingenioso título que amalgama el nombre que se da a las series de catorce endecasílabos con un refrán popular que, a decir del propio Sabina, “vale más pájaro en mano..., pero los cubanos y yo preferimos ciento (quizás poemas) volando.”

Al parecer, en tiempos de celulares e Internet él aboga por mirar atrás. Dice que tiene “un par de libros en prensa. Uno de ellos es Cartas cruzadas en verso. No amables. Es decir, secretos a voces. Es un género epistolar caduco y trasnochado”.

A mí Cuba como dice el bolero: si me dice ven lo dejo todo

Tirando a zurdo en sus ideas/

por donde Escora Bakunín/

dice que abajo las banderas/

y arriba la lluvia de abril.

Muchos pensaron su divorcio con la Mayor de Las Antillas al publicarse –y al parecer tergiversadas- unas declaraciones de Sabina en algunos diarios y sitios web de España y Latinoamérica. Un puntillazo para la duda también pudo ser la canción Como te digo una co te digo la o que en coautoría con A. Oliver salió en el disco 19 días y 5 000 noches, en el año 1999.

Quizás tal desacierto se deba a que muchas personas interpretaron en blanco y negro algunas opiniones sobre la Isla hechas por parte del cantautor español.

Joaquín Sabina, como en sus canciones, siempre ha tratado de estar apegado a la realidad de lo que siente. Y su cariño incondicional a Cuba, su cultura y sistema social, no han sido nunca un secreto. Así, en un día de octubre de 1996, en vísperas de un concierto de Pablo Milanés en Perú, apareció un escrito en el Diario Expreso de la ciudad de Lima firmado por el mismo Joaquín donde, entre otras cosas, declaraba:

“Yo he conocido Cuba tarde y mal. Si la hubiese conocido antes mi vida hubiera cambiado. Cuba es una isla pequeñísima y una potencia en cosas que me importan muchísimo (…). Es una isla donde no hay rock and roll, puesto que no lo necesitan para nada. Ellos han colonizado a Estados Unidos y no al revés. Están colonizando al mundo entero con el son y la salsa. Entonces, cada vez que voy a Cuba procuro aprender de lo que oigo y de lo que veo”.

Ahora, en el 2006, el día de sus 40 y 17 febreros apunta: “Hay intelectuales y artistas en el mundo que fueron novios de la Revolución y ahora tienen con ella un aburrido matrimonio. Yo, por el contrario, sigo sintiéndome amante, por eso, de cuando en cuando, he tenido con ella fuertes y apasionadas discusiones.

“Los periódicos del mundo que hablan poco y mal de Cuba deberían saber que en un día de tan mal tiempo aquí se hacen avalanchas por oír sonetos y comprar libros. (…) A mí Cuba, como dice el bolero: si me dice ven lo dejo todo.”

¿Entonces la canción Como te digo una co te digo la o? Para despejar dudas: en un aparte improvisado con la prensa antes de comenzar a firmar los libros comentó que estaba esperando que le hicieran esa pregunta porque “entendieron mal la canción. Ahí la que habla es Maruja.” Aclara que la plática es por lo que dicen algunos turistas españoles a su regreso de vacacionar por playas cubanas y “la prueba de que ese no soy yo es que estoy aquí”, afirma con voz clara como para que se le entienda de una vez y por todas.

En menos de un año estoy de vuelta

El perdedor es su universo/

aunque pretende ser feliz. /

Y aún hay quien dice que está cuerdo. /

Pongamos que hablo de Joaquín.

La sala Guillén se tornó literalmente ínfima. Joaquín Sabina luego de leer algunos sonetos y recibir regalos del público propuso salir de la sala y dijo para calmar a la muchedumbre que lo solicitaba constantemente: “Despreocúpense, que voy a firmar todos los libros.” 

Ya afuera hasta el mismísimo Abel Prieto, ministro de Cultura, habló con los congregados para que mantuvieran la calma.

Rodeado estaba el poeta de una cuerda humana para guardar distancia de sus “fans” que en masa compacta se aferraban indisciplinados sobre las escaleras para firmar sus libros. Logré filtrarme para tomar fotos. Estaba a menos de un metro, dentro del círculo de seguridad. Esta es la oportunidad de entablar una conversación, pensé. Entre foto y foto probé comentar con él algunos aspectos y… me contestó a la par que iba autografiando los libros.

Sonreía, lanzaba piropos… y se asombraba de los nombres de la cubanas con Y. Le sigue sorprendiendo esta Isla. Por diversas razones: “Ni en sueños imaginé -me dice mientras pide más libros para firmar- que el público cubano me recibiera tan afectivamente.” Y pide a Jimena (quizás la Rosa de Lima, prima lejana, / lengua de gato, bicarbonato de porcelana, /dolor de muelas, pan de centeno / hasta las suelas de mi zapatos te echan de menos) que le cuente a su amigo, al actor cubano Luis Alberto García, parado cerca de allí, lo que vieron en la televisión.

Opta por narrarlo él también: “Es sorprendente. Cuando el ciclón último vimos por la tele a una chica en el malecón y cuando le preguntaban qué hacía allí sentada respondió: “Aquí…esperando al ciclón”. Se ríen todos y me brinda una mirada -quizás para la foto- que no dejo escapar. Entonces es cuando se levanta y va hasta cerca de la multitud y les rectifica que va a firmar hasta el último libro que le traigan.

Caía la noche, cerca de las ocho cuando me fui estaba todavía sentado, firmando libros sobre la mesa de plástico. Cerca de tres horas estuvo Joaquín Sabina cumpliendo lo prometido.

Dijo estar de vuelta en menos de un año para hacer un concierto como el de sus giras. Por lo pronto, su espíritu musical y literario no se detiene. Ya está en la preparación de un nuevo disco del cual solo adelantó que no es tan melancólico como Alivio de luto. Además del libro epistolar, amenaza con escribir unas memorias “para ver si al final me quedo sin un solo amigo”, bromea.

Una amiga, luego de despertar del mundo de Sabina, me escribió diciendo que ahora solo quedan los buenos recuerdos de lo increíblemente emocionante que fue verlo tan cerca, de sentirlo tan espontáneo, tan irónico, tan de juerga, tan poeta, tan... tan Sabina.

(1) (Pongamos que hablo de Joaquín”, Luis Eduardo Aute)



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