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OBESIDAD NO ES SALUD

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Prevenir la obesidad es ahuyentar una de las amenazas de salud de la actual civilización. Hoy se conoce que la obesidad es una enfermedad crónica tratable que tiene su génesis enmarcada en inadecuados estilos de vida y en elementos individuales como la constitución genética y la historia familiar. Cómo y por qué enfrentar las libras que sobran es el camino para una vida con calidad.

VIVIAN SÁNCHEZ,
periodista de Radio Habana Cuba,
cortesía para Isla al Sur.

La obesidad es un término que ha recorrido las páginas de la historia de la humanidad con diversas interpretaciones. Ha viajado como figura representativa, en ocasiones como símbolo de salud y prosperidad, como deidad, y también como pecado.

Ha vivido en el arte, en los bocetos y en las obras de la pintura universal, imágenes rollizas y corpulentas figuran como notables personajes de la literatura, de la moda y de la caricatura. Su presencia estuvo vinculada con la belleza en la mujer. La Venus de Willendorf, escultura realizada en piedra caliza y reconocida como modelo femenino del Paleolítico, exhibe un cuerpo con gran desarrollo en sus pechos y exceso de grasa corporal en el vientre. Ella, junto a otras efigies de la antigüedad, perduran hasta nuestros días como símbolo de maternidad y culto a la fertilidad.

La abundancia y los deslices pecaminosos tuvieron como perfil a la obesidad, en contraposición con el ayuno como salvoconducto a la santidad en la Iglesia católica. Dante en la Divina Comedia escribió que la gula era argumento suficiente para castigar de forma ejemplar.

También nuestros abuelos se hacen eco de algunos de estos mitos cuando insisten en afirmar que los bebés gorditos son símbolo de hermosura y salud. Así lo han repetido de siglo en siglo hasta nuestros días.

Sin embargo hoy se reafirma que la obesidad es un factor evitable y capaz de convertirse en un arma suicida para la vida, pues constituye uno de los principales factores de riesgo de un grupo de enfermedades crónicas tales como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, por citar algunas.

Su  alta incidencia la ha convertido en una enfermedad pandémica a nivel mundial. Su escalada ha alcanzado cifras alarmantes en países industrializados; en los subdesarrollados es un problema de salud que se alterna con la ddesnutrición.

Pero ¿qué es la obesidad?

Es un trastorno de la composición corporal que se caracteriza por el aumento excesivo (hipertrofia) del tejido adiposo, que se acompaña con alteraciones del metabolismo que predisponen al organismo a trastornos que deterioran su estado de salud.

La obesidad no constituye solo un problema estético, cada día se reafirma que es capaz de acortar las expectativas de vida.

Es una enfermedad multifactorial porque combina factores metabólicos, nutricionales, genéticos, psicológicos y ambientales. No distingue color de la piel, edad, nivel socioeconómico, sexo o situación geográfica.

El término obesidad proviene del latín “obesitas”, que significa corpulencia excesiva o a causa de lo que como. El primero en identificarla como un riesgo para la salud fue Hipócrates. En sus escritos responsabilizó a la obesidad como la causa de la infertilidad en mujeres.

¿Por qué engordamos?

Afirmar que se aumenta de peso sin comer es un mito.

El incremento de peso siempre está dado por una desproporción entre lo que se ingiere y lo que se gasta, tal y como ocurre en una balanza cuando no está en equilibrio, pero en un lenguaje metabólico.

Si el platillo de lo que se consume -ingesta energética en calorías- es similar a lo que se gasta -reservas del organismo- existirá un balance energético, y por tanto un adecuado control del peso corporal.

Sin embargo, cuando el platillo de la ingesta es el que hace descender la balanza, entonces se incrementarán las libras y existirá un desequilibrio energético, es decir, que en el obeso el balance calórico será siempre positivo, lo que significa que la persona come más de lo que necesita para mantener su peso ideal.

Las necesidades energéticas se definen como la cantidad de energía necesaria para mantener la salud, el crecimiento y un nivel adecuado de actividad física. Es por ello que el metabolismo energético sigue esta fórmula:

Cambios en reservas energéticas = Ingesta energética – gasto energético.

Este gasto energético incluye varios componentes:

•La Tasa Metabólica Basal que no es más que el gasto de energía necesario para realizar funciones vitales como la respiración, la excreción, el mantenimiento de la temperatura corporal y el tono muscular. Es decir, que la energía involucrada con la Tasa Metabólica Basal se utiliza para sintetizar moléculas (alrededor de 40%), para el metabolismo celular (aproximadamente 50%) y para el movimiento de los músculos asociados a la respiración y a la contracción del corazón (10 %).

•El efecto térmico de los alimentos es el consumo de energía utilizado para digerir, absorber, distribuir, excretar y almacenar los nutrientes. Se describe que como promedio el gasto energético por este concepto oscila entre 8 y 10% del contenido energético del alimento ingerido.

•La termorregulación es el gasto energético que se produce para mantener la temperatura corporal del organismo (36º C).

•La actividad física.  Es la parte más variable del gasto energético diario y además incluye la actividad física espontánea y la voluntaria. Sus niveles se clasifican en dependencia de la actividad cardiaca o respiratoria (consumo de oxígeno), que es lo que permite diferenciar los tipos de actividades en sedentarias, leves, moderadas e intensas.

Otros factores que inciden en el gasto energético son:

•Crecimiento: La formación de células y tejidos nuevos requiere de energía obtenida de la dieta, factor que se relaciona, además, con la edad y etapas de la vida como el embarazo y la lactancia.

•Sexo: Las mujeres necesitan menos calorías que los hombres.

•Clima: Los climas fríos y las alturas requieren de un mayor consumo energético.

•Enfermedades graves: Aumentan las necesidades energéticas.

Es decir que en términos energéticos:

Mantener un peso corporal adecuado significa lograr un equilibrio entre la energía que se ingiere y la que se utiliza tanto para mantener la Tasa Metabólica Basal como para realizar las actividades de la vida diaria. Se disminuirá de peso cuando el aporte energético de nuestra comida es menor que lo requerido por nuestro cuerpo, lo que conlleva a utilizar los depósitos grasos para obtener la gasolina necesaria para el correcto funcionamiento del organismo.

Aumentamos de peso cuando comemos alimentos por encima de nuestras necesidades y, por tanto, el exceso de acumulará en forma de tejido graso.

Causas de la obesidad

Al definirse como enfermedad multifactorial, diversos factores que influyen en su aparición y evolución. Entre ellos se encuentran:

•Inadecuados hábitos de alimentación: Ingestión excesiva de alimentos con una alta densidad energética o desequilibrio en el consumo de nutrimentos energéticos como las grasas, los hidratos de carbono y las proteínas.

•Sedentarismo: Una escasa actividad física impide el consumo del exceso de calorías ingeridas en la alimentación. La actividad física reducida es probablemente una de las razones principales para el incremento de la obesidad entre las personas de las sociedades opulentas. Las personas sedentarias necesitan menos calorías.

Estos dos elementos son modificables. Para perder peso, los especialistas recomiendan una dieta baja en calorías combinada con un aumento de la actividad física, pero no con “dietas milagrosas” que limitan de forma drástica la ingesta de calorías y la variedad de alimentos a consumir con una consiguiente falta de nutrientes. Esos regímenes dietéticos son difíciles de mantener durante períodos prolongados y no llevan consigo hábitos correctos de alimentación.

•Genéticos: La tendencia al sobrepeso se hereda, ya se describen genes asociados con la obesidad, perfil que se hereda de padres y abuelos. investigaciones recientes sugieren que la influencia genética puede contribuir hasta 33 por ciento en el peso corporal.

•Factores socio-culturales: El entorno tiene una gran influencia para el desarrollo de la obesidad. En ocasiones las celebraciones, los éxitos, los negocios, giran alrededor de opulenta cena. Asimismo, existen sociedades que se caracterizan por patrones culturales que identifican obesidad con vitalidad. Los estilos de la vida moderna y los malos hábitos nutricionales inciden en el consumo de alimentos chatarra que incrementan la ingesta de calorías a expensas de un pobre consumo de micronutrientes y elementos protectores para la salud.

•Edad, sexo, y condiciones fisiológicas: Es más frecuente el sobrepeso y la obesidad en mujeres que en hombres. Las mujeres en el periodo climatérico tienen una mayor tendencia al incremento de peso.

•Medicamentos: El uso de algunos antidepresivos y de corticoides favorecen el aumento de grasa corporal.

Tipos de obesidad

Existen diferentes clasificaciones de obesidad. De acuerdo con el origen se divide en:

1.Obesidad exógena: Atribuida a una alimentación excesiva.

2.Obesidad endógena: La que tiene como origen alteraciones metabólicas. Dentro de ellas las de origen endocrino por disfunción de alguna glándula, como la tiroides.

Según la distribución de la grasa corporal se clasifica en:

1.Abdominal o androide (reconocida como tipo manzana)

2.Glúteo-femoral o ginecoide (tipo pera).

La obesidad abdominal localiza la grasa a nivel central o visceral. Es menos frecuente en el sexo masculino y conlleva más riesgo a enfermedades crónica degenerativas, como la diabetes tipo 2 y las dislipidemias.

La obesidad ginecoide acumula la grasa a nivel de caderas, glúteos y muslos. Es más frecuente en el sexo femenino y conlleva menor riesgo de enfermedades crónicas degenerativas, pero produce trastornos circulatorios periféricos y en las articulaciones.

Uno de los indicadores que permiten evaluar de forma rápida el exceso de grasa corporal en poblaciones es el Índice de Masa Corporal o IMC, que se obtiene de la relación entre el peso corporal (Kg) y el cuadrado de la talla (m2).

Otros indicadores de obesidad

•La relación cintura/cadera

La distribución de la grasa corporal es un indicador importante para evaluar el sobrepeso y la obesidad, y el riesgo asociado con la enfermedad. El cociente cintura/cadera es un examen que ofrece información de cómo se distribuye de forma regional la grasa corporal. Es por ello que ha resultado muy útil en estudios epidemiológicos.

En la actualidad, existen tendencias que utilizan solo la circunferencia de la cintura para evaluar la acumulación de grasa en la región central. En estos casos se fijan valores de riesgo en 95 cm para los hombres y 82 para las mujeres, y el riesgo elevado cuando la circunferencia de la cintura es de 102 para los hombres y 90 para las mujeres.

•Medición de pliegues subcutáneos

Este procedimiento informa de forma más exacta la masa grasa corporal. Para ello se utilizan instrumentos que permiten medir el espesor de los pliegues cutáneos. La medición se realiza en puntos específicos dentro de los cuales se incluyen los pliegues subescapular, suprailíaco, tríceps, el bicipital. La sumatoria de ellos se tabula y el resultado se expresa como porcentaje de grasa corporal, resultado que de acuerdo a la talla y el peso permiten establecer la distribución de la masa grasa en individuos y poblaciones.

Algunos consejos para alejar la obesidad

•Lograr y mantener un peso normal, así como un balance energético equilibrado. Si es necesario perder peso, debe lograrse de forma gradual. Las disminuciones bruscas traen complicaciones metabólicas serias.

•Mantener una alimentación equilibrada donde estén representados todos los grupos de alimentos.

•Comer en horarios fijos y garantice su total de calorías diarias dividiéndolas en 5 ó 6 comidas. No es recomendable saltar horarios de comidas.

•Reducir la ingesta de calorías procedentes de las grasas y sustituir el consumo de grasas saturadas por el de grasas insaturadas.

•Aumentar el consumo de frutas y vegetales, leguminosas y productos integrales.

•Reducir la ingesta de azúcares, sal, grasas y aceites.

•Realizar actividad física de forma sistemática (al menos 30 minutos de actividad física regular de intensidad moderada casi todos los días). En el caso de que sea necesario reducir peso corporal se requiere de una actividad mayor.

•No utilizar dietas drásticas, ellas son cortas, intensas y se abandonan fácilmente.

•Todo cambio de estilo de vida y de hábitos nutricionales debe ser consultado con un especialista (endocrinólogo o nutricionista) para lograr una adecuada orientación.

La base del tratamiento de la obesidad está en lograr una alimentación adecuada y un ejercicio físico regular, pero es la prevención el único camino para detenerla como problema de salud epidémico del mundo contemporáneo.

Alguien afirmó que “Engordar para vivir no es gordura de reír”. Excelente afirmación porque las libras en exceso solo son capaces de apartarnos de una vida sana.

 



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