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«ESTE LUGAR ES MI VIDA»

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Omelio Caballero Pérez lleva más de 43 años en la Universidad de La Habana. Actualmente dirige el Departamento Docente Metodológico (DDM) de la casa de altos estudios.

DALIA GONZÁLEZ DELGADO,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La Universidad de La Habana llega a sus 280 años. Son muchos los hombres y mujeres que han vivido para servirle, a veces, de manera casi anónima.

Tal es el caso de Omelio Rodolfo Caballero Pérez. Desde que se graduó de Licenciado en Ciencias Biológicas en 1969 ha dedicado toda su energía a fortalecer esta institución, que ya le debe tanto.

«He trabajado de forma continua durante 43 años en la Universidad de La Habana, primero en la Escuela de Biología, después en la Facultad de Biología y ahora en la Dirección Docente Metodológica», explica.

Muchos son los reconocimientos obtenidos por este profesor. Entre ellos,  el Diploma de Trabajador Internacionalista, la Medalla Rafael María de Mendive, la Medalla por la Educación Cubana, el Sello 270 Aniversario de la Universidad de La Habana, y más recientemente, en diciembre de 2007, la Orden Frank País de segundo grado. Confiesa con orgullo que «he echado mi vida en la Universidad».

-¿Cuál es su trabajo al frente de la Dirección Docente Metodológica (DDM)?

La principal función de la DDM es velar por la calidad de la formación de los profesionales, o sea, todos los estudiantes que están en pregrado. Para ello, nos encargamos en primer lugar del diseño y perfeccionamiento de los planes de estudio. Además, proyectamos todas las actividades del curso, desde le fecha de inicio hasta la planificación docente.

También nos ocupamos de algo importantísimo: el proceso de encuestas de satisfacción de los estudiantes. Además, aquí se discuten y aprueban los planes bibliográficos, luego de ser elaborados por las comisiones de carreras.

Otro aspecto que también atendemos y cuesta bastante trabajo es la ubicación del graduado. Nosotros seguimos el proceso de evaluación integral de los estudiantes, desde primer año a quinto. Damos las explicaciones previas en cuarto año sobre el servicio social. Al final, interactuamos con la asamblea de ubicación en cada facultad y repartimos las boletas.

Un elemento importantísimo tiene que ver con la práctica laboral. Atendemos también el movimiento de alumnos ayudantes, en estrecha coordinación por supuesto con todas las facultades. Lo que hacemos en este caso es dar orientaciones metodológicas y revisar el trabajo de las áreas.

Por supuesto, no solo nos preocupamos por las cuestiones académicas, sino también por los valores del estudiante y su formación política e ideológica. Esa es nuestra principal tarea, la más importante de todas.

-Usted me decía que la DDM se encarga de diseñar y perfeccionar los planes de estudio. ¿En qué consiste el Plan D?

Es un plan de estudios que recoge las experiencias del anterior, el  Plan C perfeccionado. Introduce un grupo de conceptos para incrementar la participación del estudiante en su propio proceso formativo.

Visto en la práctica, se disminuirán en alguna medida las horas en el aula. Por ejemplo, hay carreras que tienen más de 30 horas semanales en primer año, y se reducirán a 26. A medida que el alumno pase de año, la carga docente semanal bajará aún más.

Así, los estudiantes tendrán más tiempo para autoprepararse. Esto pretende buscar una mayor efectividad en los contenidos, evitar repeticiones innecesarias, y lograr más relación entre las distintas asignaturas de una disciplina.

Claro, para permitir a los alumnos un mayor trabajo independiente nos faltan recursos materiales, como laboratorios con computadoras para acceder a Internet, pero la aspiración es esa.

Con este plan habrá carreras que se podrán cursar en cuatro años en vez de cinco. Además, se reducen considerablemente los exámenes finales. En los planes actuales a veces hay hasta cinco o seis pruebas finales en un semestre. Ahora solo serán dos o tres. Será  un reto para los profesores aprender a evaluar sistemáticamente durante todo el curso, solo por el trabajo independiente.

-Son ideas renovadoras… 

Sí, y lo más novedoso del plan es su estructura. Tiene un grupo de materias que forman el currículum base: todas las que obligatoriamente lleva la carrera, aunque se estudie en cualquier zona del país, o en la municipalización. Este representa alrededor del 70 o el 80 por ciento del espacio.

Hay otro fondo de tiempo, menor, que se llama currículum propio. Son las asignaturas orientadas según las necesidades de la región donde se estudie la carrera. Esto le da la libertad a cada universidad de poner materias de interés del territorio.

Por último, queda un tiempo pequeño donde estarían las asignaturas optativas y electivas. Las optativas se distribuyen a lo largo de la carrera y el estudiante selecciona según sus intereses. Esas materias van a calzar determinados contenidos que no se incluyen ni en el currículum propio ni en el base, pero también son importantes para el profesional.

Mientras, las electivas se escogen libremente. El estudiante puede cursar una asignatura de otra facultad si lo desea. Esto nos costará más trabajo por el problema de los horarios, ya que todavía nosotros tenemos la asistencia obligatoria a clases. No sé si lo lograremos en la práctica, pero en términos teóricos es así.

-¿Cuándo comenzará a aplicarse este plan?

Ya tenemos 11 carreras en la Universidad de La Habana que comenzaron a aplicar el Plan D: Contabilidad y Finanzas, Química, Física, Bioquímica, Microbiología, Biología, Matemática, Ingeniería Física; y dos carreras nuevas que iniciarán el próximo año: Lengua Española para no Hispanohablantes y Preservación y Gestión del Patrimonio Histórico-Cultural. 

En el caso de Contabilidad y Finanzas, también se está aplicando este plan en las sedes municipales. 

-A propósito, ¿qué opinión le merece el proceso de universalización de la enseñanza?

Ofrecerle a todos la posibilidad de acceder a los estudios superiores, es el desarrollo máximo de nuestro proceso educacional.

Esta idea se manejaba desde antes del triunfo revolucionario. Muchos luchadores sociales pensaron en abrir la Universidad para pintarla de blanco, mulato, negro, mestizo. Mella lo planteó en su momento, y también el Che. Pero esto solo se logró a partir del Primero de Enero de 1959.

Yo puedo decirte que la universalización se concibió desde los primeros meses de la Revolución. Ya en años 60 del siglo pasado Fidel hablaba del tema. Estaba convencido de que el único camino para lograr el verdadero desarrollo del país era el acceso de todos a la educación superior. Y lo logramos; hoy en día hay una sede universitaria en cada municipio.

Este proceso es un reto. Para obtener el éxito y la calidad que nosotros queremos de la universalización, todavía debemos consolidar muchos aspectos. No se pueden negar las dificultades materiales en muchas Sedes Universitarias Municipales (SUM) en cuanto a la matrícula, la falta de aulas o de lugares donde guardar toda la documentación. Pero eso se va a resolver a corto o mediano plazo.

El reto mayor está en nosotros mismos. Esas personas no van a clases todos los días y reciben la información de una manera muy condensada. Nuestra tarea es, entonces, introducir nuevos métodos para formar en las SUM a profesionales de igual calidad a los del curso regular diurno.

Es muy estimulante haber podido graduar el curso pasado a los primeros por la vía de la municipalización, y son más de 400 graduados. Casi todos hicieron trabajos de diploma y muchos de estos de tremendísima calidad. Es una muestra de que sí se puede. Las limitaciones  son más subjetivas que materiales. Claro, si dentro de algunos años tenemos las SUM con todas las condiciones garantizadas, será mucho mejor.

Lo bueno de estudiar en el municipio es que estás vinculado directamente a la problemática del territorio. Ahí es donde está el secreto: esas personas estudian y trabajan con los problemas de su localidad.

-Además del proceso de universalización, ¿qué diferencia la Universidad actual de la que usted conoció como estudiante?

Esa es una pregunta importante y difícil de contestar, porque yo llevo más de 43 años en la Universidad.

Lo primero que he experimentado es el desarrollo constante y sistemático de la formación de las nuevas generaciones. Los estudiantes que ingresamos aquí al principio de la Revolución éramos inexpertos en  muchos sentidos, y fue la propia Universidad quien nos enseñó. Hoy en día los jóvenes son más maduros y saben lo que quieren. Están interesados en ser buenos profesionales para servir y ayudar a la sociedad. Los estudiantes se están formando con más integridad.

Yo creo que ese es el principal cambio. No se puede quizás medir con una escala de valores, pero se detecta. Por ejemplo, en nuestra época hablábamos a los profesores con mucho respeto; ahora la comunicación es más directa y el estudiante puede acercarse al profesor e incluso al Rector, sin ningún problema.

El desarrollo de la educación superior cubana ha transitado por muchas etapas. Hemos estructurado la enseñanza de una manera adecuada para organizar las licenciaturas más necesarias en el país. Yo fui, y es un orgullo decirlo, del grupo que inauguró las prácticas laborales. Cuando ingresé en la Universidad eso no existía aún. Hoy en día es un proceso normal que se ha perfeccionado durante todos estos años.

Tenemos una Universidad de más de 280 años donde hay mucha experiencia acumulada, y mucho valor revolucionario y humano. Nuestra educación superior está perfeccionándose todavía, claro, pero en un nivel bastante alto. Hay limitantes económicas que debemos mejorar, pero es un eslabón superior abrirle las puertas a todo el que quiera y pueda estudiar.

-En el plano más personal, ¿qué significa para usted la Universidad de La Habana?

Mi apreciación del mundo y de la verdadera esencia de la Revolución la adquirí aquí con mis profesores, en quienes vi un ejemplo. Yo venía de una familia obrera donde no había mucho desarrollo político, ni yo lo tenía.

Aprendí Marxismo, me vinculé con la realidad de Cuba: los trabajos voluntarios, las distintas tareas, la Milicia. Desde entonces lo único que he hecho ha sido trabajar para la Universidad. Por eso, además de mi familia, este lugar es todo, mi vida completa.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

 

09/11/2008 19:31 islalsur #. Nosotros, los del 280


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