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EL LIENZO SABE DE MÍ…

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“Las creaciones de Frida son  individuales y colectivas. Su realismo es tan monumental que todo tiene x dimensiones. Ella pinta al mismo tiempo el exterior y el interior de ella misma y del mundo”, así dijo de la pintora mexicana el muralista Diego Rivera.

LAZARO JORGE CARRASCO PILOTO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Por la calle corre ahora una brisa templada. Pero no se puede confiar. A veces, de súbito, viene la tormenta e invade la paz del trigo sereno, el rumor sepulcral de las tumbas más solitarias, la vida de gente como Frida Kalho, a quien la borrasca traicionó aquel 17 de septiembre de 1925.

El camión en que viaja se confunde ya en trozos de metal y polvo del pavimento. La sangre de Frida también moja el accidente. Su vientre no será jamás cuna para niño alguno: un pasamanos le atraviesa por el lado izquierdo el sueño de ser madre, y hombros, costillas, pelvis, se dejan deshacer, sin voluntad, por la furia de una  tempestad asoladora.

Luego llegan la postración, las ganas de vivir y crear, las 32 operaciones quirúrgicas a que la sometió la medicina de su tiempo, la recuperación a medias. Y así, un año después del día en que la vorágine del destino volcó sobre Frida su cólera, comienza la artista mexicana, nacida en Coyoacán, a procrear con el pincel  las obras que nunca pudo engendrar con el vientre.

Entramos ahora en la Casa Azul, hogar de Frida. Sobre los mosaicos resuena el toc-toc de muletas que  atraviesan la habitación. Ella ha emergido un rato de sus cuadros para sentarse a conversar con la esperanza sobre el pecho y el cuerpo adornado por los símbolos del calvario cristiano.  

-¿Cómo recuerda Frida su infancia?

“Con dolor. Mi infancia fue una escuela en la que aprendí a acostumbrarme al sufrimiento, prematuramente. Pero también recuerdo, sobre todo, que nací con la Revolución, en 1910 y no el 6 de julio de 1907 como apuntan los archivos. Fue ese mi gran fuego infantil. Llevada por el impulso de la revuelta hasta el momento de ver la luz, ella me abrazó por el resto de la vida. Desde niña yo era toda llama. Ahora, adulta, tengo la certeza de ser hija de la Revolución”.

Conversamos mientras ella va de un lado al otro, muletas en mano, inspeccionando los óleos diseminados alrededor nuestro. No hay vacilación en sus palabras. La sensualidad envuelve el espacio de la habitación. El corsé que oprime su espalda para inmovilizar la columna lacerada no la limita. Y allí, mirando apenas su imagen semidifusa, presente ya, ausente ahora, silueta de extraña transparencia, Frida habla de los inicios en la pintura y  de sus eternas angustias: “Luego del accidente comencé a pintar por puro aburrimiento de estar encamada. Sin darme cuenta, sentí  las energías necesarias para hacer cualquier cosa.

“Desde pequeña viene el infortunio tocando a mi puerta: con solo 6 años contraje la poliomielitis y guardo de ella muy malos recuerdos: mi pierna derecha quedó mucho más delgada que la izquierda. Al principio pensé que la parálisis no haría mella en mi vida, pero estaba equivocada. Mis compañeros de la infancia me atormentaron constantemente. «¡Pata de palo! ¡Pata de palo!»: gritaban al verme con las botitas que usé durante mi enfermedad.

“En la Escuela Nacional Preparatoria entro con 15 años. Allí conozco a Diego Rivera y nos casamos en 1929.

“Luego del accidente y a pesar de él, tuve fuerzas y las energías me permitieron una importante recuperación: pude volver a caminar”.

Una lágrima nace de los ojos de Frida. El dorso de su mano la reprime rápidamente. Su mirada viaja por unos segundos a los óleos cercanos queriendo olvidar lo imposible, porque allí  están La columna rota, Hospital Henry Ford, Sin esperanza, Soy un pobre venadito.

Las pinturas se ahogan en las mismas aguas amargas en que se ahoga Frida. Ya se observan aparatos ortopédicos de metal, ya se atisba el dolor ante la imposibilidad de tener hijos, que aún no acepta, ya se intuye una cama de hospital y el sufrimiento de un aborto.

-André Bretón, poeta y ensayista francés perteneciente al Surrealismo, calificó su obra de surrealista en una oportunidad. ¿Cuánto hay de cierto en esta afirmación?

“Algunos críticos han tratado de clasificarme como surrealista, pero no me considero como tal. Nunca he  pintado mis sueños, sino  mi propia realidad. Verdaderamente no sé si mis cuadros son surrealistas o no. Ellos solo representan la expresión más franca de mí misma. Odio el Surrealismo. Me parece una manifestación decadente del arte burgués, una desviación del verdadero arte que la gente espera recibir del artista.

“Mis cuadros no enfatizan el papel del inconsciente, enfatizan mi vida  toda, mi dolor todo, mi amor todo a la patria, la cultura y las tradiciones mexicanas. Esta es mi fantasía”.

-¿Qué influencia han tenido en sus creaciones la obra y el estilo su esposo, el muralista Diego?

“Yo simplemente pinto. No estudié para ello con Diego ni con nadie, pero hay cierta influencia.

“Tres años después del accidente, le llevé algunos de mis primeros cuadros para que los viera y él me animó a seguir pintando.

“Al igual que Diego, yo quería que mi obra fuera una afirmación de mi identidad mexicana. Entonces recurrí a las técnicas y los temas sacados del folklore, la flora, la fauna y el arte popular indígena de mi pueblo.

“Además, él ayudó mucho en la conformación de mi imagen identitaria, pues me sugirió que vistiera con el traje tradicional mexicano, consistente en largos vestidos de colores y joyería exótica. Diego hizo de mí  una auténtica tehuana”.  

-La pintura para Frida es un pretexto en un espejo, dijo una escritora e investigadora mexicana. ¿Por qué esa persistencia en el autorretrato?

“Al principio no tenía elección, y creo que esa es la razón fundamental de la permanencia del yo-sujeto en mi obra.

“Del modo más académico hice de mí misma mi modelo, mi tema de estudio, y me apliqué. Así puedo hacer lo que  me place detrás de la cortina de “la locura”, y arreglar las flores, pintar las penas y el amor, reírme a mis anchas de la estupidez de los otros y de mi propia estupidez, aunque todos digan: ¡pobre, está loca! Me pinto a mí misma para que el día, la hora, el minuto que viva, sea mío y de todos”.              

-¿Qué pretensiones tiene con sus cuadros?

“Solo quiero ser merecedora, junto con mi pintura, de la gente a la que pertenezco y de las ideas que me dan fuerza. Quiero que mi obra contribuya a la lucha de la gente por la paz y la libertad”.

-¿Cómo recuerda la exposición en la Galería de Arte Contemporáneo de Ciudad de México, en la primavera de 1953?

El semblante cejijunto de Frida conmueve su ánimo antes de responder.

“Esa fue una exposición conmovedora y también angustiosa. Yo había expuesto anteriormente en París, gracias a la coordinación de André Bretón, a quien Diego y yo conocimos. Pero exponer en mi ciudad de origen, la tierra que me vio nacer, es algo que no podré olvidar jamás.

“Mi salud era muy mala por entonces y los médicos me prohibieron ir. Mucho después de haber llegado los invitados y de estar dentro de la galería, comenzaron a oírse sirenas por toda la calle. La muchedumbre se dirigió al exterior y me halló en una ambulancia. Fui llevada a la exposición en una cama de hospital.

“Entonces me condujeron al centro de la galería y pasé una  tarde estupenda saludando a los invitados, cantando, bebiendo y haciendo chistes. Fue, sinceramente, un día de gozo para mi obra y para mi alma, porque comprendí que todo lo hecho hasta el momento, y lo que tuve que pagar al destino sin deberle nada, no quedaba en el olvido”.

En la habitación se aposenta un silencio sordo. La conversación fluye haciéndole surcos. Entra por las ventanas abiertas una brisa impaciente que desordena los cabellos de Frida. Su largo vestido coloreado se levanta, con suavidad, y deja advertir la ausencia de una de sus piernas. El mismo año de la exposición en México, los médicos tuvieron que amputársela, debido a una infección de gangrena.

Frida significa paz en el idioma alemán. ¡Vaya ironía de la vida!, pues esta última situación la devolvió al atascadero del que había estado luchando por salir siempre, e intentó en varias ocasiones el suicidio. De Diego dependió  su recuperación. 
    
-Si definiera a Diego pensando en el lugar que él ocupa en su vida,  ¿qué diría?

“Diego es universo, principio, constructor, mi amante, mi esposo, mi pintor, mi padre, mi madre, mi hijo, yo”.
    
-¿Qué ha puesto más Frida en el óleo?

“La sangre. La sangre entera. He dividido en dos toda la que carga mi cuerpo. La mitad, la de mis penas y mi abatimiento, para pintar la cruz que me ha tocado llevar sobre los hombros. Y la otra parte, reveladora de mis raíces, mi cultura y el amor por Diego, para exponer mis profundas convicciones comunistas, patrióticas, auténticamente mexicanas. El lienzo sabe de mí. Él me ha bebido hasta la última gota”.

-¿Algún  mensaje a la vida?

“¡La vida!…Pues sí. Le diría: puedes acabarme más, te aguanto. Yo supe arrancarte a la fuerza lo que por voluntad nunca quisiste darme.  Y ha sido tanto y tan poco.

“A pesar de todo,  probaré los lápices tajados al punto infinito que mira siempre adelante (…)”.
    
Un eco sordo truena sobre cada pared de la habitación y estremece también mis oídos: (…) “que mira siempre adelante, siempre adelante”.

Frida toma nuevamente las muletas que aguantan el peso de su cuerpo y de su triunfo, y camina hacia los cuadros en el toc-toc de piernas ajenas. Se detiene unos segundos frente a ellos, frente a su realidad, frente a su vida hecha acuarela y lienzo. Entonces dice: «Ya me voy al puerto donde se halla la barca de oro que debe conducirme», y   disuelve su imagen en el color del óleo para ir hacia el punto infinito de donde vino; hacia la posteridad que ahora la reclama.

(Las citas textuales fueron tomadas de la bibliografía que se reseña en la ficha técnica)

Ficha Técnica:

Objetivo central: Mostrar a través de Frida Kalho, la pintora mexicana más célebre, cómo las limitaciones físicas no prohíben la creación de grandes cosas, si se es perseverante en la vida.

Objetivos colaterales: Indagar en el impacto que tuvieron para Frida Kalho las enfermedades y padecimientos por los que pasó desde su niñez: Mostrar las consideraciones que ella hizo  acerca de su arte y de las circunstancias que lo condicionaron.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: individual.
Por la forma: mixta.
Por el contenido: imaginaria.
Por el canal por el que se obtuvo: vía documental.

Tipo de título: de cita textual.
Tipo de entrada: literaria.
Tipo de cuerpo: mixto.
Tipos de preguntas: #1: abierta. #2: polémica. #3: abierta. #4: directa. # 5: directa. # 6: abierta. #7: directa. #8: directa. #9: directa.
Tipo de conclusión: retomar una idea expresada en la introducción.

Clasificación de las fuentes consultadas: documentales, tradicionales, permanentes, secundarias, indirectas.

Las fuentes de información son:

Enciclopedia Encarta 2007.
Libros:
Diario de Frida Kalho.
Herrera, Hayden: Frida: una biografía de Frida Kalho. Editorial Diana. México. 1984. pp. 39- 314.
Álvarez, Griselda: Algunas mujeres en la historia de México. Editorial
Cuauhtemoc. México. 1975. pp.147- 153.
Sitios Web en Internet
Hermoso-Espinosa, Susana: Frida Kalho, diario íntimo. En: http://www.hominess.com. Consultado: 26, noviembre, 2008.
Beck, Jennifer: Mi héroe: Frida Kalho. En http://www.miheroe.org. Consultado: 26, noviembre, 2008.
Frida Kalho Fans: En http://www.fridakalhofans.com. Consultado: 27, noviembre, 2008. (Este sitio no tiene un autor específico. Es una compilación de citas pertenecientes a autores que han hecho estudios e investigaciones sobre la vida y la obra de Frida Kalho)   
       

 



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