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POR EL CAMINO DEL PROGRESO

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La psicóloga española Cristina Garaizabal conversa acerca de la evolución en su país de las leyes referentes a la homosexualidad y transexualidad, que presentara el Partido Socialista en el 2005 y 2007, respectivamente.  

 

MÓNICA BARÓ SÁNCHEZ Y CAROLINA GARCÍA SALAS,
estudiantes de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
 
Posibilitar el matrimonio entre personas del mismo sexo y el ejercicio de cuantos derechos conlleva, era una iniciativa que promovía en su programa electoral el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), dirigido por José Luis Rodríguez Zapatero. Luego de que éste alcanzara el triunfo, dejó de ser un propósito para convertirse en hecho.

El tres de julio del 2005, en España quedó implementada la Ley 13/2005, que oficializa el matrimonio entre parejas homosexuales. De esta forma se convertía en la tercera nación del mundo en aprobar tal legislación; luego de Países Bajos en el 2001 y Bélgica en el 2003. Canadá lo haría después.

En marzo del 2007, otro cambio legal impulsaría un giro de 180 grados a la comunidad transexual, con la entrada en vigor de la Ley de Identidad de Género, que les autorizaba a modificar la referencia del nombre y sexo en sus documentos de identidad, sin necesidad de someterse a la reasignación sexual y sin procedimiento judicial.

Sobre cuál ha sido la reacción y aptitud de la sociedad española, el poder político, mediático, eclesiástico y monárquico, ante estas dos normativas jurídicas, estuvimos dialogando con la psicóloga clínica Cristina Garaizabal Elizalde, profesora invitada al IV Congreso Cubano de Educación Orientación y Terapia Sexual, realizado en el Palacio de Convenciones de La Habana.

Garaizabal es pionera en el tratamiento de la transexualidad –también Síndrome de Harry Benjamín o Disforia de Género- en su país, y brinda tratamiento psicológico a estas personas en una consulta en el centro Ariadna, de Madrid.         
 
-La homosexualidad y la transexualidad son temas complejos y polémicos, ¿cómo el gobierno español los ha afrontado y cuál ha sido su posición?
 
«Creo que en estos últimos años de gobierno, el Partido Socialista -un partido de izquierda- ha mantenido una posición muy abierta ante el tema de la homosexualidad. La validación del matrimonio entre homosexuales ha significado un paso muy importante en cuanto a la defensa de sus derechos. De todas formas, eso no quiere decir que toda la sociedad considere la homosexualidad una variable más del desarrollo de la sexualidad, pues todavía existe homofobia en sectores considerables. De hecho, esta iniciativa fue duramente criticada por la derecha, que presentó un recurso contra la ley en el Tribunal Constitucional.

«Por otro lado, todos los representantes de la jerarquía eclesiástica estiman que esa acción del gobierno ataca los fundamentos de la familia cristiana y se han movilizado en contra. Por primera vez en la historia pudimos ver en la calle una manifestación encabezada por obispos y cardenales.

«En el tema de la transexualidad, la situación es diferente. La reforma en relación a los transexuales se hizo hace poco, al ser aprobada una ley de cambio de sexo que permite a las personas transexuales, capaces de certificar que llevan dos años en tratamiento psicológico y hormonal, cambiar su sexo en el registro sin necesidad de pasar por la intervención para cambios genitales; lo que normalmente es una de las condiciones figurantes en casi todas las leyes existentes en Europa referentes a esto. 

«Sin embargo, no se ha logrado la inclusión del tratamiento hormonal, quirúrgico y psicológico a estas personas en la red sanitaria estatal, solamente en algunas comunidades autónomas».
 
-¿Y cuál es la aptitud y opinión predominante de la sociedad española sobre estas cuestiones?
 
«Bueno, en España, hasta hace 32 años, teníamos un gobierno dictatorial de derecha, aliado completamente con la iglesia católica en hacer todo tipo de desmanes de corte fascista. En esa época, esos temas eran intocables y había una discriminación muy fuerte que implicaba, incluso, penas de cárcel para las personas homosexuales o transexuales. El giro que ha dado nuestro país desde que murió Franco en 1975, ha sido espectacular.

«Hoy la homosexualidad y la transexualidad se ven cada vez mejor dentro de la sociedad. De hecho, cuando se aprobó la ley de matrimonio homosexual, el 66 por ciento de la población estuvo de acuerdo en conceder esos derechos.

«La transexualidad es un tema mucho menos conocido a nivel popular. Creo que se conoce principalmente desde el punto de vista del show y del espectáculo, y por un tratamiento mediático algo morboso y sensacionalista. Pero se va avanzando en la normalización de todo esto».
 
-Entonces, ¿los medios masivos de comunicación de su país no informan adecuada y suficientemente sobre este particular?
 
«En los medios de comunicación de mi país manda la ley de la oferta y la demanda, de lo que vende. Se suele informar, pero hay pocos medios serios. Por ejemplo, está la televisión estatal y las privadas, pero estas a veces hacen más una labor de desinformación que de información, porque lo que vende son aquellas cosas escandalizadoras, morbosas…

«Y en la televisión pública a veces hay buenos programas. Recientemente transmitieron un documental -El Camino de Moisés- realizado por la televisión española (que es estatal), que trataba sobre la vida de una persona transexual masculina, con todo su proceso de cambio y entrevistas a los profesionales que le atendieron. Él se llama Moisés, por eso se llama El Camino…

«Pero junto con este tipo de programas hay también mucha información “de la que vende”; entonces, como las televisoras se dejan llevar por las audiencias, y  estas a veces lo que quieren es espectáculo, pues les dan espectáculo. O sea, que es una realidad contradictoria y con muchas aristas. No es nada simple».
 
-¿De qué centros dispone España  para prestar ayuda y servicios a esas personas?
 
«La mayoría de los centros con los que contamos son dependientes de las propias organizaciones gays y subvencionados parcialmente por el estado. Tenemos el Centro de Atención a Homosexuales, Lesbianas y Transexuales, el cual es  dependiente del Colectivo Gay de Madrid (COGAM); y el Grupo Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (GLGTB); y muchos más.

«También en Cataluña y en Gijón están promoviendo algunas iniciativas muy interesantes desde algunos ayuntamientos. En esta última provincia, la mayoría son  del propio movimiento homosexual, pues allí tiene mucha fuerza».
 
-¿Esos centros también se encargan de difundir estudios e información sobre el tema en las distintas instituciones estudiantiles, laborales y  la población en general?

«Sí, pero ¡ojo ahí!, porque si vamos a ver, ustedes tienen un sistema sanitario que es una ‘gozada’, donde todo está interrelacionado. Cuba también tendrá sus problemas, pero hay  una coordinación entre los diferentes sectores y un  trabajo conjunto que es envidiable. Porque he visto como el CENESEX cuando va a hacer algo convoca a la Universidad, al Ministerio de Salud, y consigue que una determinada actividad llegue a todos lados.

«Nuestro país en eso es mucho más anárquico, las organizaciones sociales -estatales y privadas- funcionan en sí mismas, pero sus iniciativas no llegan a otras estructuras. El estudio que hacen en una, si tienen suerte, lo publican en algún periódico o revista científica; sin embargo, eso no quiere decir que haga eco en las universidades o en otros centros. Así  que predomina el famoso tema del individualismo, propio de esa sociedad, y  funciona  muy fuerte para todo.

«También  los gobiernos democráticos están  muy pendientes de las elecciones,  de lo que da voto y lo que no. Entonces, puede haber cosas muy justas, pero si se está en período electoral y se considera que no asegurará el voto de la gran mayoría, se quita del medio y se posterga».
 
-¿Cómo se manejan estos asuntos en la Universidad por parte del estudiantado y el claustro de profesores?
 
«Los sectores universitarios jóvenes suelen ser más progresistas que la media de la población, pero igual hay algunos muy defensores de los valores tradicionales y militantes en la discriminación hacia todo lo que suena diferente. No obstante, cada vez son más las asignaturas, seminarios, charlas y espacios donde se habla abiertamente de estos temas; y también los estudios sobre sexualidad, aunque todavía hay pocos.

«Pero la sexualidad dentro de nuestra Universidad es como la hermana pobre, en las asignaturas no hay tanta fuerza. Por ejemplo, en Psicología no existe ninguna cátedra de transexualidad ni asignatura alguna en la que se vea esta temática en particular, sino que es lo que hace cada profesor de manera más o menos informal. Pero desde el punto de vista curricular, no hay nada. Yo veo que en ese sentido ustedes están más avanzados, aquí hay un movimiento superior, los temas están mucho más trabajados y estudiados».
 
-En su opinión, ¿a qué se debe ese desinterés en abordar temas tan actuales y frecuentes; por qué no someterlos al estudio universitario y añadirlo al conocimiento de futuros profesionales?
 
«Pues la verdad, no lo tengo muy claro. Intuyo que en parte, nuestro sistema de enseñanza es aún muy deudor de esa época franquista en la cual la iglesia católica tenía un peso muy importante en todo lo que se estudiaba y en las ideas que se promovían. Es como que nadie se ha atrevido a revisar a fondo todo ese tipo de cuestiones para proponer nuevas asignaturas, que hace algunos años serían impensables, pero que hoy en día, como bien dicen, son muy necesarias.

«Es que todo esto, sobre todo la transexualidad, allá ha empezado desde hace muy poco. Resulta muy curioso que hoy siga habiendo profesionales ignorantes del tema. Y lo sé por pacientes que acuden a mi consulta diagnosticados por otros psicólogos como sicóticos o esquizofrénicos, cuando son sencillamente transexuales. El desconocimiento por un sector de la población hace que estén mal diagnosticados y se les considere unos trastornados mentales cuando no es así».
 
-¿Resulta común la discriminación hacia esas personas en el ámbito universitario?
 
«Pues creo que sí. A la única persona transexual que conozco que tenga una cátedra en la Universidad española, es alguien que hizo toda su carrera y concursó para coger la cátedra como hombre; y cuando la obtuvo fue cuando se “destapó” y dijo que era una mujer y empezó a actuar como tal. Como allí los catedráticos son funcionarios del estado y no pueden ser despedidos como si estuvieran en una empresa privada…, pero lo hizo cuando ya había conseguido la cátedra y no antes».
 
-Entonces, se les dificulta la inserción en el medio laboral y estudiantil…
 
«Pienso que sí. Porque, además, lo que sucede con los transexuales, sobre todo con las femeninas, es que sufren un nivel de acoso tal en las aulas cuando son pequeñas que terminan apartándose muy pronto de los estudios. Los niveles de marginalidad y desarraigo sobre ellas son formidables.

«Hay muchas que se dedican al trabajo sexual porque cuando se declararon transexuales la familia les rechazó y en la escuela no aguantaban. Entonces se trasladaron a las grandes ciudades para vivir en el anonimato. Luego, la prostitución se convierte en un medio más rápido para conseguir dinero y acceder a los tratamientos por lo privado, que si trabajaran haciendo otra cosa.

«Esto ha sido una realidad muy común, pero constato que la gente joven que ahora se manifiesta transexual, recibe mayor apoyo de su familia y no les discriminan tanto, pues ya se conoce más el tema. Así no tienen que irse de casa ni de la escuela, porque dentro de esta hay también más sensibilidad. Pero en general hemos visto un avance impresionante».
 
-Pero a pesar del soporte legal continúan encontrando obstáculos a la hora de conseguir trabajo.
 
«Sí, siguen las discriminaciones encubiertas. Es decir, nuestra Constitución tiene un articulo -creo que es el quinto- que dice que no se puede despedir a nadie por razón de sexo, raza, orientación sexual, religión, etcétera; pero eso lo dice la Constitución, la realidad es otra.

«Frecuentemente nos hemos encontrado con personas transexuales que cuando empiezan el cambio a lo mejor las despiden con la excusa de que realizan mal su trabajo o llegan tarde. Se inventa cualquier justificación, no les dicen que les despiden por ser transexuales, porque si no recurrirían a la ley y esta les ampararía. Es una discriminación encubierta».
 
-Nosotros tenemos la imagen de que la sociedad española ha sido históricamente conservadora…
 
«Una imagen ajustada…»
 
-Sin embargo, nos han contado que son más habituales las manifestaciones de amor en público entre parejas homosexuales, ¿es cierto? ¿Tendrá que ver con el respaldo constitucional?
 
«Es cierto que se ha visibilizado mucho más la homosexualidad, y visibilizarse significa verles en pareja; porque los homosexuales no llevan una letra en la frente que los definan. Puede haber un sector de gays más afeminados o de lesbianas más masculinizadas que a simple vista puedas sospechar que lo son, pero de lo contrario, la certeza sólo se obtiene si les ves actuando en pareja. Y ciertamente el reconocimiento del matrimonio ha sido un respaldo muy importante. Digamos que se sienten protegidos por la ley.

«Pero es una realidad contradictoria, porque del mismo modo han aumentado las agresiones hacia ellos y muchos han sido golpeados solo porque han intuido que son gays. Lo que quiero decirles es que una cosa es ir por la calle de la mano y otra bien distinta es estar besándose abiertamente; porque si eso sucediera el machismo aún imperante en la sociedad española reaccionaría mal. Aunque sí pueden verlo en bares de ambiente y en zonas particulares de Chueca, que es un barrio gay por excelencia. Pero en general, se ve poco».
 
-¿Cuánto falta para que en España exista una mayor comprensión y aceptación de transexuales y homosexuales?
 
«¿Quién lo sabe? Creo que todo dependerá de si perduran los recursos de inconstitucionalidad que presentó el Partido Popular, o se mantienen, asientan y desarrollan las leyes que ha lanzado el Partido Socialista».
 
 

 



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