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“MI ESENCIA ES DE EDUCADORA”

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Dirigir la Escuela de Trabajadores Sociales constituye para su directora, Norma Barrios Fernández, un reto cotidiano que la obliga a poner en máxima tensión sus capacidades intelectuales y humanas.

 

HÉCTOR GONZÁLEZ AGUIRRE,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“La Universidad de la Habana es mi vida”, dice la doctora Norma Barrios Fernández, mientras un brillo especial se refleja en sus ojos y me hace pensar en una mezcla de nostalgia, orgullo y alegría. Estoy junto a la actual directora de la Escuela de Trabajadores Sociales de Cojímar y antigua vicedecana Docente de la Facultad de Comunicación, quien rememora inicialmente su etapa de estudiante en la bicentenaria institución.

”Es un lugar al que entré muy joven y del cual no me he apartado jamás. La Universidad es algo consustancial a mi vida y me ha acompañado durante todos estos años en los procesos más importantes, tanto en el orden económico, político como social de nuestro país, en los cuales creo que he participado con dedicación y entrega.

“Cuando vine a trabajar para la Escuela de Trabajadores Sociales sentía que me iba de la Universidad de La Habana, aun cuando este centro se encuentra adscrito a ella. Por eso quizás me he empeñado, desde el momento que llegué, en que el colectivo asociado al proyecto de formación de los trabajadores sociales sintiera que esta es la Universidad.

“De hecho, muchos ocupaban plazas de instructores educativos, no eran docentes, y casi todos venían porque no querían seguir dando clases. Sin embargo, hemos logrado que se involucren en la actividad como profesores universitarios.

“Prueba de ello es que desde hace cuatro años aplicamos la variante pedagógica de escuelas municipales, y trabajan con mucho sentido de pertenencia a esa Universidad. De ahí que estemos haciendo un proceso de categorización para los instructores que imparten clases en nuestras escuelas municipales.

“De ninguna forma podría decir que ello es obra personal, aunque haya puesto mi empeño en que todos se sientan lo que son: profesores universitarios; y en lo que a mí respecta, continúe acrecentando el sentimiento de pertenencia que me acompaña desde que matriculé en la Colina en 1976.”

––Todo lo hecho, ¿lo considera un aporte a la Universidad de La Habana?

Diría mejor que es una contribución al enriquecimiento de la identidad universitaria, y, por sobre todas las cosas, para el mejoramiento de la calidad de los profesionales que se desempeñan en este programa de la Revolución, surgido en el año 2000 a partir de una idea del Comandante en Jefe Fidel Castro, para ofrecer apoyo social a los jóvenes que ni estudiaban ni trabajaban, y que, con el devenir, se ha ido convirtiendo en un programa mucho más académico y profesional.

––Tiene muchos libros. ¿Son parte del proyecto?

El curso para la formación de Trabajadores Sociales es intensivo y tiene un año de duración. La investigación inicial realizada para la creación del programa contó con la participaron de estudiantes de la Universidad de La Habana, y a nosotros, entonces desde la Facultad de Comunicación, nos correspondió hacer el plan de estudio y preparar la bibliografía básica para el desarrollo de los cursos que, por su continuo perfeccionamiento, se han ido enriqueciendo con la elaboración de muchos de los libros que nos rodean, sin contar los productos multimedia empleados en el actual modelo pedagógico.

––¿Cuánto hay de Norma Barrios en esos libros?

Creo que la pregunta es: ¿cuánto no hay de Norma en esos libros?

––¿Tuvo que impartir clases en algún momento durante este proceso?

Es una constante en mi quehacer, aunque mi labor principal es la de dirigir un equipo muy importante de profesores procedente de todas las escuelas del país e involucrarlos en un sistema pedagógico diferente.

––¿Único?

Sí, se pudiera decir. No se trata de pararse en un aula a dar una conferencia, sino reflexionar y enseñar a la gente a aprender por sí misma. Y este es un proceso que me ha tocado como parte de mis responsabilidades, en primer lugar, con los profesores, los directores y los estudiantes, no sólo de la capital sino los de todo el país. Como promedio, en los cursos de capacitación que se imparten, tengo mensualmente doce horas de conferencias. Es un hecho de excepción que no me toque hablar en algún lugar.

––¿Cómo ha sido el apoyo de su familia?

Afortunadamente vivo con un intelectual que, en primer lugar, me comprende y conoce la naturaleza y complejidades de mi trabajo, aunque ello no quiera decir, cuando se alargan y alargan mis jornadas laborales, que no existan los reclamos hogareños.  Es un hecho humano, ¿no crees?

esposo y yo mantenemos una relación intelectual muy estrecha. Muchas de las cosas que hago me gusta consultarlas con él. Me lee, me critica; yo lo leo, lo critico también. Analizamos proyectos, sueños, intercambiamos nuestras vicisitudes. Todo ello nos une más y nos ayuda en gran medida a sortear las “ausencias” de estos tiempos. Siento por él una gran admiración, y él, a pesar del espacio que dejo de dedicarle, me impulsa y  alienta en mi diaria labor. Y se enorgullece mucho más que yo de cualquier logro que pueda alcanzar.

––¿Que hace en sus ratos libres?

¿Ratos libres?...  Te diría que no son muchos.  Por ejemplo: cuando comenzó la revolución energética, el 31 de diciembre de 2005, se movilizaron los trabajadores sociales, y esperamos el año nuevo con ellos y no con la familia. Regularmente en los meses de julio y agosto hacemos las modificaciones del plan de estudio y, por tanto, hay que trabajar aceleradamente en la base material para que pueda estar a disposición de nuestros estudiantes.

––¿Qué cree de los cambios en la enseñanza producidos en la Universidad de La Habana?

Muy revolucionarios. El uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) le están dando un vuelco muy grande a la enseñanza, que cada vez tiende a ser menos presencial, al posibilitar que los estudiantes puedan autoprepararse en mayor medida, aunque la labor del profesor continúe siendo esencial en una forma tutorial.

––¿Tutorial?

Sí, o como decíamos antes, de mentor. La labor tutorial en la actualidad se dirige fundamentalmente a mostrar a los estudiantes la senda de su propio desarrollo y potenciar en ellos las capacidades de autoaprendizaje, para que los acompañe incluso durante toda la vida.

Las conferencias y las clases magistrales tuvieron su época, que van siendo sustituidas de forma creciente con el empleo de las TIC. Cuando hablamos de gestión del conocimiento y de la sociedad de la información en este siglo XXI, las funciones de un profesor son básicamente las de un facilitador del conocimiento a los que necesitan apropiarse de él. Ese es su papel.

Si queremos desarrollar en las personas una mentalidad creativa científica y les decimos “esto hay que hacerlo así”, no lo estamos propiciando. Todo modelo pedagógico que potencie la independencia del estudiante será el modelo del futuro. No hay profesor enciclopedista y tampoco creo que el enciclopedismo sea lo que haya que fomentar en las personas.

––¿Y qué, por ejemplo?

El afán de búsqueda insaciable del conocimiento y eso es lo que hay que enseñar y potenciar con el apoyo de las tecnologías de la información. No obstante, aún seguimos reproduciendo los esquemas tradicionales en las sedes universitarias centrales e incluso en las municipales.

––Muchos profesores y egresados, un poco conservadores, piensan que la Universidad de La Habana ha perdido la  vitalidad a causa de estos cambios. ¿Cree usted que la mantiene?

Pienso que sí. Contamos con buenos profesionales, te diría que de primera línea a nivel internacional y una cantidad de jóvenes que, como adiestrados, ya categorizados, e instructores, están en un programa acelerado de maestrías y doctorados. Son personas que hay que seguir muy de cerca, porque serán los encargados de dar los cambios que necesita la Universidad.

––Imagine que la Universidad de La Habana tomara la forma de una persona con la cual pudiera hablar. ¿Qué le diría?

¡Gracias, Universidad, por la oportunidad de crecer intelectual y humanamente!

––Le he escuchado en varias ocasiones mencionar la frase “nuestros muchachos”, con gran sentido de pertenencia, al referirse a los estudiantes. ¿Qué significan para usted?

Mucho. Debo aclarar que no quería ser maestra. Sin embargo, hoy te puedo decir que mi esencia es de educadora. Y en esa labor docente siempre les he entregado mi alma a los jóvenes. Cuando estaba en la Facultad de Comunicación eran también “mis muchachos”, lo que ahora ha crecido la familia. He descubierto que el quehacer educativo es consustancial a mi persona. Algo que me gusta y me nace hacer.

––¿Cuál es el aporte metodológico más importante que usted considera ha hecho a la Universidad de La Habana?

De existir alguno, tendría que ser muy inmodesta para contestarte esa pregunta. Pero como no hay preguntas provocadoras ni indiscretas, sino respuestas, te diré que no “mi aporte metodológico más importante”, sino mi mayor orgullo es ser parte integrante del colectivo de profesores de la Universidad de La Habana, que me ha premiado al posibilitarme trabajar en el nuevo modelo de formación de los trabajadores sociales, que incluye también la Licenciatura en Trabajo Social, los posgrados y la capacitación continua.

––¿Algún consejo para los estudiantes?

Que sean consecuentes con sus ideales y sus sentimientos. No podemos decir que somos patriotas ––y el patriotismo es uno de los valores más importantes, sobre todo para un ser humano de este país, libre y soberano––  si no somos consecuentes; no podemos decir que somos humanistas y solidarios, si no somos consecuentes con nuestra manera de actuar. Te diría más: ningún bien en la vida superará el caudal que nos lega el cultivo de la espiritualidad. Al menos a mí me sigue reconfortando aquel sabio decir de los griegos: al Hombre le bastan el fuego y la esperanza.

––¿Qué le desea a la Universidad de La Habana en este aniversario 280?

Larga vida, para que infinitas generaciones sigan sintiendo orgullo por esta institución.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Dar a conocer la labor de una de una las profesoras más destacadas de la Universidad de La Habana.

Objetivo colaterales: Indagar acerca de su opinión con respecto a la Universidad actual, en su aniversario 280.

Tipo de entrevista:
Por su forma: de preguntas y respuestas
Por su contenido: opinión
Por el canal que se obtuvo: directa, cara a cara.

Tipo de titulo: de cita textual
Tipo de entrada: directa o de presentación
Tipo de cuerpo: clásico
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado

Fuente consultada: Norma Barrios Fernández, directora de la Escuela de Trabajadores Sociales de Cojimar. Directa no documental.

22/01/2009 18:34 islalsur #. Nosotros, los del 280


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