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PREPÁRENSE A VIVIR

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Palabras de presentación en la Feria del Libro de las crónicas de Cuito Cuanavale, del periodista Roger Ricardo Luis.

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Foto: LAURA PRADA ARIAS

Solo hace dos días, escribí a Roger, y cito: “Acabo de llegar de Verde Olivo con la inmensa emoción de tocar y oler tu libro. Te confieso que, ante los dos alumnos que me acompañaron para cargar los ejemplares que te reservaron, sentí quebrarse mi voz, pues de golpe reviví esa etapa indeleble de nuestras vidas, y aquella anécdota del militar que me traía tus cartas, pero, recuerda la época, eran tiempos en que cuando un oficial tocaba a la puerta de la casa, era porque traía la chapilla de un héroe. Hoy nos puede causar risa, pero yo, entonces llorando, solo le decía: Dígame todo, dígamelo ya.

“Ahora estoy sola y lloro desconsoladamente recordando a Cuito y a Nicaragua, recordando también el desastre de Vargas. Nada podrá hacerme olvidar esas experiencias traumáticas en mi vida, pues si bien de los protagonistas es la gloria, la valentía, el coraje de estar en lo más bravo de los acontecimientos y sobreponerse a cualquier humano miedo, no es menos cierto que quienes quedamos en la retaguardia sufrimos con creces y solo la convicción de los ideales nos hizo ser fuertes”. Fin de la cita.

Amigos, desde mi personal experiencia de Penélope repetida, estoy convencida de que un corresponsal cubano cuando va a la guerra no piensa en escribir libros; piensa, sí, en la enorme responsabilidad de reportar sucesos irrepetibles de los cuales no será testigo aséptico, sino partícipe del fuego que puede a él mismo darle pasaporte sin regreso. He ahí la enorme grandeza del corresponsal cubano: desinterés, bravura, ideales que defiende a riesgo de su vida, pero pensando en ella para vivirla plenamente. Un corresponsal de guerra cubano lleva siempre en su mochila el compromiso con lo que le es más sagrado.

Hoy, veo una y otra vez Prepárense a vivir, una hermosa segunda edición de la Editorial Verde Olivo, en cuyas páginas Roger adicionó trabajos inéditos y sus evocaciones de 20 años después de la gesta cubana en Angola. Fueron crónicas escritas con la premura por revelar hechos recientes, hablar sobre el coraje de los compatriotas, gente sencilla que no pidió nada a cambio, como signo meritorio de su humana solidaridad.

Con alma y corazón puestos en cada línea enmarañada de letra hirsuta -que hacía que desde el periódico Granma las enviaran a nuestra casa para descifrarlas-, Roger escribió aquellas crónicas, muchas de ellas al pie de una trinchera. Así, el periódico expandía por la Isla la autenticidad de cuanto ocurría en la difícil etapa en que Sudáfrica y la UNITA intentaron socavar la seguridad del proceso revolucionario angolano.

En esas crónicas está la visión de un hombre con profunda sensibilidad humana, capaz de asumir riesgos sin jamás jactarse de protagonismos ni esperar elogios, sino con el único interés de que su pueblo conociera la grandeza de sus hombres defendiendo paradigmas universales.

Roger hoy hubiera querido estar aquí, entre ustedes, pero ahora cumple nuevas tareas. Está donde el deber le necesita, como antes en Nicaragua y Angola y muchos años después en Venezuela y sus cerros en apoteosis. Siempre que se le ha convocado, su mochila sempiterna está presta a cargar las armas amadas del periodista revolucionario: bolígrafo y agenda. Quizás ese sea su mejor legado a quienes hoy forma desde las entrañables aulas de la carrera de Periodismo, su otro espacio infinito.

Muchas gracias.

 

19/02/2009 21:46 islalsur #. Entre colegas


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