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LA VENTAJA: QUE CUBA NO CEDE

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Un acercamiento breve al Clásico Mundial de Béisbol.

CARLOS MANUEL ÁLVAREZ RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La palabra clásico, en su acepción más generalizada, se le confiere a algún suceso que marca pautas, el cual constituye un punto de giro dentro de cualquier rama del quehacer humano. Esto explica por qué el Clásico Mundial de Béisbol lleva ese nombre. Por primera vez la Federación Internacional de Béisbol Amateur (IBAF, por sus siglas en inglés) y las Grandes Ligas aúnan esfuerzos para organizar el torneo más fuerte que la historia de la disciplina haya conocido, a nivel de naciones.

Dinero redondo para los consorcios que hacen un negocio de este deporte, intento de la IBAF para devolver la pelota al concierto olímpico: intereses diferentes que encuentran una posible solución en común, brindando todo un espectáculo de bolas y strikes.

Desde el punto de vista institucional todo ello resulta inédito, pero en el terreno de juego la novedad la aporta Cuba, cuyos triunfos resuenan diferentes al contar con un béisbol regido por conceptos distintos al profesionalismo.

El elenco antillano fue catalogado como el equipo sorpresa en el 2006, pues nadie se explicó cómo aquella nómina de amateurs casi venció, y mostró la elegancia concedida a las estrellas mediáticas de las Grandes Ligas.

La clave no radica en la superioridad de nuestra pelota, sino en la concepción que tenemos de ella. Lo que para otros conjuntos es ahora mismo un  grave problema, aquí resulta una garantía.

En los días precedentes al II Clásico, varios países observan decepcionados la ausencia de algunas figuras que rechazan vestir la camiseta nacional. Los dominicanos no contarán con los servicios de Vladimir Guerrero y Venezuela prescindirá de su astro Johan Santana, por solo citar dos ejemplos.

Como justificaciones se escuchan lesiones y demás, pero se conoce asimilan las presiones de sus dueños o prefieren cuidarse en aras de sus dólares.

Cuba no padece esos desmanes. Para todos los peloteros de la Isla resultaría glorioso representar al país en el venidero evento. Nuestra idea de cómo debe conformarse un equipo de béisbol, privilegiando el juego colectivo por encima del protagonismo individual, nos proporciona ventaja, incluso antes de hacerse el primer lanzamiento.

El ejemplo que más ilustra lo dicho sucede por estos días previos a la cita de marzo. El antesalista de los Yankees, Alex Rodríguez, jugará por República Dominicana, cuando lo hizo por Estados Unidos en la versión anterior, y posiblemente desplace de la titularidad a un estelar como Adrián Beltré, que siempre ha mostrado deseos de representar a los quisqueyanos.  

El Clásico Mundial de Béisbol apenas comienza, y puede llegar el momento en que para los peloteros profesionales sea un anhelo representar a la patria, como sucede hoy con la mayoría de los futbolistas internacionales.

El tiempo pasa y mientras las aficiones esperan por el amor de sus ídolos, ya Cuba tiene adelantado ese terreno.

 



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