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YO AMO MI PROFESIÓN

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Si usted va a ser maestro, enseñe toda la vida. No considere otras opciones, que sea esa y nada más, asevera Lilia María Pino, Doctora en Ciencias del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona.

 

HALIA RAMOS HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Las teclas del piano fueron las primeras letras de Lilia María Pino García, pues cuando aún no sabía leer ni escribir, su madre la orientaba por los caminos de la música: “Ella me enseñaba la teoría y el solfeo, creo que ese dinamismo y altivez de estar siempre adelantada fueron la causa de mi orientación hacia el magisterio.”

Lilia María es fundadora del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona (ISPEJV). A 45 años de formar parte del centro rector de ese tipo de educación en el país, confiesa haber  vivido grandes momentos, como el merecer, a seis décadas de vida, el grado de Doctora en Ciencias Químicas. Hoy se desempeña como profesora del segundo año en la Facultad de Media Superior, al tiempo que imparte clases al décimo semestre del curso para trabajadores.

Como una semilla germinó en su alma la vocación por el magisterio. En la academia privada Victoria de Las Tunas radicaron sus primeros estudios, hasta que la hostilidad del régimen batistiano la obligó a salir de las aulas.

No fue entonces hasta el triunfo revolucionario que los continuó en una escuela en Mayarí, dirigida por su tía María Pino, a quien considera un paradigma de lo que debe ser un maestro. Pero también aclara que tuvo profesores magníficos y que todos ellos motivaron su apego por la docencia.

-¿Siempre quiso ser maestra?

Tenía mi vocación bien definida, que no era precisamente la de ser educadora, sino química, especialista en perfumería. Realmente me gustaba el asunto de la investigación, pero hice las pruebas de nivel y  pasé el curso para el instituto de segunda enseñanza. Insistieron entonces en que había que cubrir el déficit de profesores en el país,  y accedí, pues la emergencia  en el magisterio ha existido siempre.

También valoré la posibilidad de estudiar Derecho, era un compromiso moral que tenía con mi padre, pues él representaba la ley en Victoria de Las Tunas, donde vivíamos. Pero no vacilé ni un instante. Si uno decide ser maestro, no debe considerar otras opciones, es esa y nada más.

Los primeros pasos en el arte de educar los encontró Lilia en el laboratorio del Varona, donde ejercía como auxiliar técnica de la docencia (ATD). Simultáneamente se presentó en diferentes eventos con ponencias sobre la obra del Apóstol, y siendo aún auxiliar, enrumbó su quehacer a lograr  la licenciatura. Lo logró.

-¿Cuánto agradece al Pedagógico?

El Varona significa toda una vida de  trabajo, pues me preparó no solo como profesional de la educación, sino como ser humano.

Un importante papel como rector en la educación cubana desarrolla el Instituto, partiendo de tener docentes de muchísimo nivel. Constituye una fragua donde se  forman profesores de notable calidad. Existen muchos pedagogos con de altas responsabilidades en el país que son fruto de esta escuela.       
        
-¿Cuál cree que sea la causa de que las nuevas generaciones no sientan vocación por el magisterio?

Entre las condicionantes, si vamos a ser honestos, una es que el maestro no posee el lugar que realmente merece en la sociedad. El reconocimiento social no se hace en la realidad palpable como debería corresponder a un profesional. Por demás, pienso que quien desee ser maestro que lo sea,  pero que ame bien su oficio.

-¿Cumplen todos los jóvenes que optan por la carrera los requisitos imprescindibles para ejercer la profesión?

No todos cumplen los requerimientos necesarios, pero sí han puesto perseverancia y eso me consta. La sociedad impone retos muy difíciles. Debemos apoyar y ayudar a los más inexpertos. Ellos son la consecuencia de la falta de profesores. Hay que ser más considerados con esos jóvenes. La comunidad los critica mucho, pero dentro de esta existen personas con la suficiente preparación para impartir clases y no asumen la responsabilidad.

Los maestros emergentes son el resultado de una situación que generó el éxodo de profesionales, pero no son ellos mismos los causantes del problema. Cuba es una fuente completa de educación, por lo tanto, todos debemos interactuar y mejorarla.

-Su tesis de maestría versa sobre el enfoque axiológico del programa de la asignatura Tecnología de los Procesos Químicos. ¿Qué razones la motivaron a seleccionar el tema?

Sencillamente, porque las clases que impartía eran de tecnología química y sus procesos. Frecuenté distintas industrias donde observaba producciones, en específico en las fábricas de helado, cerveza, pomos y distintos medicamentos. Eso fue motivante, creí que podía aportar en este campo de estudio.

-Con 60 años usted se aventuró a realizar el doctorado. ¿Fue un reto?

A los 55 comencé la labor como Profesora General Integral (PGI). Cuando vi que podía impartir clases de Geografía, Biología, Química y Preparación para la Defensa, solicité mis exámenes para el doctorado y abordé el tema La cultura científica en el desarrollo profesional de los docentes de ciencias naturales del ISPEJV.

De manera que parte de mi trabajo de maestría, relacionado con la cultura científica, y el tema lo llevé hasta el doctorado. Esto me dio la posibilidad de ver un espectro más amplio en la preparación de los profesores.

Después, y relacionado con la investigación, dirigí un proyecto con los PGI de los municipios Playa y Marianao. Este tuvo como tema Ética y desarrollo humano para un mundo mejor, y estuvo vinculado al Programa Nacional de la Sociedad Cubana del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), y al de Ética y formación de los estudiantes, asociado al proyecto ramal número tres del Ministerio de Educación, donde estuvo enmarcada mi tesis de doctorado. En fin, creo que lo de la fuerza es una cualidad inherente a mi persona.

Lilia ha proporcionado importantes aportes en estudios y doctorados, entre los que se encuentra la definición de cultura científica, elaborada en el 2006 y asumida hoy  por el CITMA. 

También realiza intercambios en distintos eventos. El artículo “La educación de una cultura científica”, del cual es autora principal, se encuentra publicado en la revista GIGA, número tres del 2008. De igual forma, la multimedia “Cultura científica y bioética”, es resultado de años de estudio y en ella figuran sus tesis de maestría, doctorado y el  programa para la superación del postgrado de cultura científica.

Además de estas contribuciones, la doctora Pino tiene otras publicaciones en la revista Órbita Científica.

-Dada su experiencia como docente, ¿cree que con el empleo de las videoclases y  las computadoras el estudiante asimila de igual modo el contenido que con el profesor?

Precisamente mi tesis de doctorado estimula al profesor a emplear  la nueva tecnología, porque no estamos en momentos en que se pueda tener una enseñanza memorística.

Instruir es que se ponga al individuo en posición de aprendiz, y buscar todos los medios posibles para su educación. Creo que hoy explotamos de forma adecuada aquellos recursos que la Revolución ha puesto en nuestras manos, con el fin de lograr un aprendizaje más íntegro; pero el profesor es el profesor hoy, mañana y siempre.

Las videoclases son solo una fuente de información para el estudiante, que complementan la labor del maestro, pues este es insustituible.

-¿En qué punto considera que se encuentra hoy el magisterio cubano? ¿Adelanta o se deprime la enseñanza en el país?

La educación y la salud cubanas gozan de un gran prestigio a nivel internacional, ellas constituyen los pilares más importantes de la Revolución. Todos nuestros patriotas entendieron siempre que enseñar era primordial y educar mucho más. Recuerda que la libertad comienza con la educación y la información que las personas tengan. De ahí que esté siempre vigente la frase martiana “Ser cultos es el único modo de ser libres.” Por tanto, creo que todos los cambios experimentados en los últimos años se han concebido para lograr una mejoría en la enseñanza.

Lilia es miembro de la Asociación Martiana y de la de Pedagogos  de Cuba, así como de la Sociedad de Química. Como educadora ha sido partícipe de las transformaciones del sistema educacional cubano, iniciadas desde la Campaña de Alfabetización hasta la Batalla de Ideas.

Por sus logros y aportes a la educación en la Isla, ha sido seleccionada Vanguardia Nacional durante ocho años consecutivos,  y merecido la Orden Frank País de segundo grado, las distinciones Por la Educación Cubana y Rafael María de Mendive, así como  las medallas por el 40  Aniversario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y José Tey.

-Después de tanto bregar por el camino de la enseñanza cubana, ¿existe alguna anécdota que recuerde de manera especial? 

Una de las experiencias más fuertes la asumí durante la Campaña de Alfabetización, en 1961. Yo nunca había realizado labores domésticas, pero en la casa del campesino donde vivía tuve que aprender a cocinar con leña en un fogón distante del suelo que solo podía alcanzar encima de un banco.

Además, impartí clases a un compañero que medía 6,2 de estatura y yo era muy niña. Recuerdo que él trabajaba en telecomunicaciones, en una unidad militar. Se subía en los postes para que no le diera clases.

Hicimos un pacto, me dijo que si aprendía algo de telecomunicaciones, entonces él recibiría las clases,  a tal punto que conocí sobre el empleo del Código Morse para la telegrafía. Esos son algunos  de los recuerdos más agradables, porque siendo apenas una niña fui capaz de enseñar a personas mayores.

-La vida de otra manera...

Soy igual que el vino, mientras más añejado, con mucha más calidad. Yo amo mi profesión y ello me ayuda a adquirir la suficiente preparación para tratar de ser mejor cada día. Pienso que las personas cuando llegan a la plenitud de sus años no pueden ser peores, tuvo que tener algún incentivo para vivir y yo he tenido pasión por todo.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Conocer acerca de la vida y obra de la destacada profesora del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, Lilia María Pino, en más de cuatro décadas de intensa dedicación al magisterio.

Objetivos colaterales: Abordar temas de opinión referidos a la educación en Cuba. Reflejar la importancia de las teleclases y otros recursos para la enseñanza. Conocer su criterio sobre el papel desarrollado por el ISPEJV en su aniversario 50.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: individual
Por su forma: mixta
Por su contenido: de opinión autorizada y algunas características de la de personalidad
Por el canal que se sostuvo: directa

Tipo de título: de cita textual
Tipo de entrada: retrospectiva
Tipo de cuerpo: mixto
Clasificación de las preguntas: Directas: 1–5; Abiertas: 2–6–8; Polémicas: 3– 4– 7– 9
Tipo de conclusión: de opinión del entrevistado

Fuentes:

Madelín Pérez Galvés, compañera de trabajo.
Doctora Susana Morejón Martínez, directora del Museo de la Alfabetización.
Doctora Alicia Toledo Costa, profesora de la Facultad de Media Superior.
Todas son fuentes no documentales, no tradicionales, transitorias y primarias.

 

02/04/2009 20:53 islalsur #. Rostros del Varona


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