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PERIODISMO Y DIPLOMACIA

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Esta es la última entrevista que se le hiciera a Carlos Lechuga, fallecido ayer. La reproducimos tal y como fue concebida.

Merecedor del Premio de la Dignidad de la UPEC y la Distinción por la Cultura Nacional, Carlos Lechuga asegura: “La verdad rige mi vida y mi trabajo”. Con más de medio siglo de compromiso, la idea de abandonar la profesión no ha cruzado por la mente de este Premio Nacional de Periodismo José Martí.

JULIO BATISTA RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Tal parece que entrara en un museo: fotos junto a Ho Chi Minh y Fidel Castro, diplomas que muestran su amplia trayectoria y, en un lugar muy especial, el que lo acredita como Patrón Deportivo de Primera Clase, o lo que es lo mismo, Capitán de Barco, permitiéndole realizar su más antiguo sueño, navegar. Varios estantes de libros permanecen en su despacho; según él, son lo único que no podría faltar para quien ha convertido la lectura en su “deporte preferido”.

Premio Nacional de Periodismo José Martí en el 2007 y Doctor Honoris Causa en Relaciones Internacionales de la Universidad de La Habana 2008, es autor de libros como Itinerario de una Farsa, En el ojo de la Tormenta y Barco de Papel. De espaldas a la amplia ventana que ilumina la habitación y sentado en la butaca de trabajo se encuentra este pedazo de historia viva, y frente a él, yo, que todavía no creo estar en presencia de Carlos Lechuga Hevia, un hombre que a los 90 años  de edad no se arrepiente de nada.

-¿Cómo se inicia en el periodismo? 

En realidad, lo que quería ser era marinero. En eso influyeron mucho las lecturas que realizaba de niño, uno de mis héroes predilectos era Sandokán. Había estado preparándome con el novio de una vecina, que era teniente de la Marina, y me presenté a las pruebas que se hicieron en La Punta, para ingresar a la Academia Naval del Mariel, pero sólo dieron 35 plazas y no alcancé ninguna.

A raíz de eso, mi padre, a quien no le hacía ninguna gracia que yo fuera marinero, me vinculó con el periódico El Mundo, por medio de un amigo, y comencé a trabajar en 1937. Estuve alrededor de un año sin ganar sueldo; allí hice prácticamente de todo: fui redactor de mesa, traductor de cables, cronista parlamentario y de las Sociedades Españolas. Colaboré con varias publicaciones en los años siguientes, incluso con algunas que no eran cubanas, como la revista mexicana Siempre y el diario La Prensa, de New York.

En la revista Bohemia fundé, junto a Enrique de la Osa, la sección En Cuba, que se publicó desde 1943. Elaboraba el resumen gráfico anual, que consistía en escoger las fotos de los acontecimientos más relevantes del año y ponerles el pie de grabado. Allí hice una mesa redonda, algo sin precedentes, y la primera vez que salió tratamos el tema del gangsterismo en la Universidad de La Habana, con la participación de un grupo de alumnos y profesores de la institución.

Permanecí en Bohemia alrededor de cinco años. Luego fui el jefe de la página política de El Mundo y comencé en la televisión, en el Canal 2. Simultáneamente mantuve el contacto con la sección En Cuba, a la que enviaba noticias e informaciones.

-¿En qué circunstancias surge la sección En Cuba?  

En la revista se publicaba La Marcha del Tiempo, que no era más que la traducción de una sección de la revista norteamericana Times. A Miguel Ángel Quevedo, el director de Bohemia en aquel momento, se le ocurrió poner junto a esa sección otra con cuestiones cubanas solamente y nos llamó a Enrique de la Osa y a mí para que la redactáramos.    

En sus inicios, En Cuba era anónima; se conoció nuestra identidad cuando publicamos una nota titulada Esta es de la casa. En ella se trató el tema de la fiesta de cumpleaños del Presidente de la República, Carlos Prío Socarrás. Parece que no fue bien recibida por Prío, porque envió a sus agentes a investigar, y se supo quiénes escribíamos la sección.

Al final nos favoreció, pues, al identificar el espacio con alguien y a medida que este fue ganando respeto, los mismos políticos nos contaban sobre entrevistas que habían tenido u otros sucesos. Sin lugar a dudas, la sección tuvo un carácter político muy progresista en la etapa, denunció todos los robos y los crímenes de la época. Gozó del valor de llamar las cosas por su nombre.

-¿Qué caracterizaba al periodismo que se hacía antes de 1959? 

En esa etapa había algunos periódicos de oposición como La Calle, de Luis Orlando Rodríguez. Se hacía un periodismo de calidad, independientemente de la posición política de quienes escribieran. Las empresas periodísticas defendían sus intereses, y los de sus directivos. La censura era tan fuerte por parte del gobierno como por la dirección de la misma publicación.

A modo de ejemplo, el periódico El Mundo lo compró un italiano de apellido Barletta, quien era representante de la General Motors en Cuba y cuyo hijo había peleado en el ejército norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial. Conclusión: era más fácil agredir a Batista, que criticar a Einsenhower. En ese momento, todos los diarios atacaban al comunismo, excepto Hoy, del Partido Socialista Popular.

Te podían retar a duelo, como me sucedió cuando hice un artículo acusando a un representante a la Cámara de desfalcar los fondos de esa  institución. Por suerte, el duelo no se efectuó, pero comencé a ir al campo de tiro de la playa de Miramar, para practicar.
 
Con Batista la censura se agudizó para los artículos de crítica. Mi alternativa en ese momento fue publicar una receta de espaguetis del padre Spiralli, párroco de la iglesia Jesús, de Miramar. Imagínate, yo, que escribía sobre política. El pueblo comprendió que hablaba de aquello porque no permitían hacer otra cosa.

-¿Cómo recuerda su paso por El Mundo en TV?  

El Mundo en TV me llenó como profesional. Me dio la posibilidad de compartir con personas de las que guardo gratísimos recuerdos como Eva Rodríguez. Hacía también los programas Claridades y Telemundo pregunta. La televisión me ofreció la oportunidad de ser el primero en anunciar la huida de Batista y de entrevistar a Fidel cuando bajó de la Sierra Maestra.

-¿En qué medida influyó en usted el golpe de estado del 10 de marzo?

Ese golpe de Estado se dio meses antes de una elección presidencial. Constituyó una ruptura con la vida institucional del país por parte de Batista, un aventurero entregado completamente a los Estados Unidos, aún más que otros presidentes. Desde el primer momento critiqué al régimen cuando me daban la oportunidad de pasar algo por el periódico.

Aparte del robo, que era algo común en los gobiernos de la época, comenzaron los asesinatos y las torturas. En esa etapa luché en la clandestinidad e ingresé a la Resistencia Cívica del 26 de Julio. Allí colaboré con la entrega del piloto argentino de automovilismo, Juan Manuel Fangio, a los miembros de su embajada, después de su secuestro por miembros del Movimiento en 1958.

-¿En qué momento y cómo llega la diplomacia a su vida? 

En febrero de 1959 entré a la diplomacia por la vía del periodismo. Me inicié como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario para poder entrar a los Estados Unidos con la garantía de la inmunidad diplomática.

Eso fue hasta agosto de 1959, cuando me nombraron embajador en Chile, porque se iba a realizar allí una conferencia de Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos (OEA). En nuestra embajada en ese país el personal que estaba era  de la época de Batista y no defendía los intereses revolucionarios.

-En 1962 usted era el representante cubano en la ONU. ¿Qué impresiones guarda de  los días de la Crisis de Octubre?  

Fueron momentos de  extrema tensión. El mundo entero tenía los ojos puestos en las discusiones que se llevaban a cabo en la Asamblea General. Fue el período más desagradable de mi carrera. Hay que pensar que estuvimos al borde de una guerra termonuclear. Además, la posición asumida por la URSS, al dejar a nuestro país fuera de las negociaciones, fue un choque para nosotros.

-Declaró que la política de acercamiento del presidente Kennedy con Cuba había influido en su asesinato. ¿En qué se basa para afirmarlo?

En 1963, William Atwood, asesor de la delegación norteamericana en la ONU, quiso hablar conmigo, porque Kennedy quería negociar con Cuba, para eliminar el bloqueo. La conexión con él fue mediante una periodista norteamericana que había viajado a Cuba y entrevistado a Fidel. Ella hizo un cóctel en su casa y, entre los invitados, estábamos nosotros dos. Allí conversamos por primera vez.

Me explicó que estaba autorizado a hablar conmigo, pues el Presidente deseaba un acercamiento con nuestro país, aunque dentro del gobierno existían sectores contrarios a un acuerdo con Cuba. Kennedy había apoyado la invasión de Playa Girón y respaldado a los terroristas, pero llegó un momento en que decidió cambiar de política.

Me pareció muy extraño, pues nos atacaba muy seguido. Por aquellos días, hizo un discurso bastante neutral en la American University, pero después fue a Berlín y pronunció uno muy agresivo mencionando a nuestro país.

En la segunda entrevista, me dijo que Robert (hermano del Presidente) estaba de acuerdo también y quedamos en confeccionar una agenda de trabajo. Eso fue en noviembre de 1963, el mes en que asesinaron a Kennedy. Después, se publicó un libro, en el cual se asegura que había dejado  escrito en su mesa de trabajo que, cuando regresara de Dallas conversaría con Atwood sobre el desarrollo de las entrevistas conmigo.

Arthur Schlezingerun ayudante de Kennedy que ha venido a Cuba en varias ocasiones, para reuniones sobre la Crisis de Octubre dice en uno de sus libros: “… las conversaciones de Atwood con Lechuga eran vigiladas por la CIA, pues los veían hablar a los dos en Naciones Unidas y, seguramente, no hablaban de bebidas”.

-La OEA resultó ser un campo de batalla para Cuba después de 1959. ¿Cómo recuerda la expulsión de nuestro país de esa organización?

Fue terrible, en aquella etapa casi todos los gobiernos de América Latina estaban contra nosotros. Presidentes como Trujillo, Somoza, Stroessner y la presión que ejercía Estados Unidos, marcaban una pauta a seguir en la OEA. Para lograr la mayoría de votos tuvieron que comprar al representante y al gobierno de Haití: les dieron dinero para construir un aeropuerto. Así lograron expulsarnos.

La posición de México de no romper relaciones con Cuba en ese momento fue muy buena, sobre todo, si se tiene en cuenta que constituyó el único país latinoamericano que no lo hizo.

-¿Recibió propuestas para abandonar el país? 

Precisamente en la OEA me visitó el periodista cubano Carlos Castañeda, para ofrecerme dinero a nombre del gobierno americano. Incluso, me dio a entender que podía ser director del New Herald, de Miami. En otra ocasión, cuando era embajador en México, otra persona se acercó a hacerme una proposición parecida a nombre del Departamento de Estado. Lo boté y le dije que era una ofensa lo que me hacía.

-¿Qué significó para un diplomático autodidacta recibir la distinción de Doctor Honoris Causa en Relaciones Internacionales de la Universidad de La Habana?  

Fue una satisfacción inmensa. Nunca esperé que por mi labor me dieran este reconocimiento en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Medallas y reconocimientos tengo muchos, pero ese y el del Premio Nacional de Periodismo José Martí tienen un lugar especial en mi vida. Ellos me llenan de orgullo.

-60 años repartidos entre el periodismo y la diplomacia, ¿cuánto ha influido la familia en su labor? 

Siempre he contado con su respaldo en los dos trabajos, tanto en Cuba como en el extranjero. Ha sido mi refugio, el sitio donde encuentro paz y la fuerza necesaria para seguir adelante. He trabajado, realmente, con dos metas en mi vida: una, mi familia; la otra, mi país.

-¿Cómo simultaneó el trabajo diplomático con el periodismo?

Nunca he dejado de ser periodista, eso es lo que soy. Incluso, después de estar en la diplomacia, he colaborado con publicaciones, tanto nacionales como extranjeras. El sentimiento de pertenencia a esta profesión es algo que no se puede negar, se lleva en el alma y es imposible desterrarlo u olvidarlo.

Enero de 2009.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Dar a conocer la labor periodística desarrollada por Carlos Lechuga, que lo hace merecedor del Premio Nacional de Periodismo José Martí. Abordar el trabajo diplomático llevado a cabo por él en 60 años de ejercicio de la profesión.

Objetivos colaterales: Investigar sobre las características del periodismo que se hacía en nuestro país antes de 1959, la influencia de su familia en su vida profesional. Abordar el trabajo diplomático llevado a cabo por él.
 
Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual.
Por su forma: Clásica
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Directa

Tipo de título: Genérico
Tipo de entrada: De ambiente.
Tipo de cuerpo: Clásico
Tipo de preguntas: 1- Abierta-Informativa. 2- Directa. 3- Informativa-Directa. 4- Directa. 5- Abierta. 6- Informativa. 7- Análisis. 8- Polémica. 9- Informativa. 10- Informativa-Abierta. 11- Abierta. 12- Directa-Abierta. 13- Abierta.
Tipo de conclusión: De comentario del entrevistado

Fuentes consultadas:

Carlos Lechuga Hevia. 12/ 10/ 2002. En: http://www.news.bbc.co.uk . 28/ 11/ 2008

Entrevista con el Embajador Lechuga. 14/ 4/ 2004. En: http://www.cubaminrex.cu . 29/ 11/2008

Distinguen a Carlos Lechuga como Doctor Honoris Causa. 13/2/2008. En: http://www.granma.cubaweb.cu . 30/11/2008

Lima Sarmiento, Edel. En periódico: Tribuna. Ciudad de la Habana. Cuba. 9/3/2008. p.5



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