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EL PATRIMONIO DE IRAK EN EL OCASO

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JUSTO PLANAS CABREJA,
estudiante de quinto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El origen de los grandes libros de la humanidad, del Quijote, de Crimen y Castigo, el origen de la Iliada y la Santa Biblia, ardió junto a tantos testigos de nuestra humanidad en el Museo Nacional de Irak (MNI). No existen palabras que lloren con justicia la desaparición de la primera frase, escrita hace cinco mil años.

No corren igual los días desde que desapareció durante el saqueo al Museo Nacional de Irak una pequeña piedra que hace diez mil años grabó el primer intento humano por medir el tiempo.

“¡Los mongoles modernos lo hicieron! ¡Los norteamericanos!”, sentenciaba el profesor de secundaria Haitjem Aziz con los ojos llenos de lágrimas mientras observaba los restos del incendio que consumió al MNI entre el 11 y 12 de abril de 2003. Era el comienzo de una barbarie únicamente comparable con la destrucción causada por los mongoles durante su invasión a Bagdad en 1258.

Después de la caída del presidente iraquí Saddam Hussein, las fuerzas de ocupación solo protegieron las instituciones del petróleo. Y los museos y bibliotecas de Bagdad, la ciudad cultural más importante del mundo antiguo durante siglos, sucumbieron al hambre del tráfico ilegal de arte.

La ignorancia del presidente norteamericano George W. Bush no fue esa vez la principal causa del desastre. Dos días antes del saqueo del MNI, reconoció a ese país del Medio Oriente “heredero de una gran civilización que contribuye a la humanidad”.

El 14 de abril de 2003 devino luto universal. La historia registra quemas de libros bajo órdenes dictatoriales, temerosas, fanáticas… pero nunca como el saqueo e incendio de la Biblioteca Nacional de Irak, por pura indiferencia. Las fuerzas ocupantes conocieron el hecho a tiempo, pero no movieron un dedo, siquiera en honor a las ediciones más antiguas de Las mil y una noches, que hacen soñar desde milenios a niños y adultos de todo el mundo.

Las llamas devoraron también los originales de Omar Khayyam, padre de la Matemática; y fue como desmerecer su aporte indiscutible para que el hombre moderno pisara la Luna. Incluso el neoliberalismo le debe a los libros quemados de Avicena  y Averroes, los primeros hombres que pensaron en filosofía.

Desde la destrucción de la Biblioteca Nacional, la humanidad cuenta con un millón de libros y documentos de menos, entre ellos, el primer periódico de Irak, editado en 1869 en lengua persa.

Los saqueadores arrasaron también con la Biblioteca del Corán que contenía los ejemplares más antiguos de este libro, pilar de la moral oriental moderna.

El patrimonio cultural de la humanidad solo ha recibido daños similares con la quema de la Biblioteca de Alejandría hacia el 48 antes de nuestra era y el bombardeo de la biblioteca especializada en textos medievales de la ciudad universitaria de Coventry durante la Segunda  Guerra Mundial.

Las fuerzas de la Coalición, encabezadas por el ejército norteamericano, volvieron irreversible el daño cultural en Irak cuando bombardearon los museos de Tikrit y Mosul. Esas bombas también cayeron sobre la identidad universal.

La historia de Irak, de más de siete mil años, la “cuna de la civilización” se extingue poco a poco. “Fue allí, en los que los griegos llamaban Mesopotamia, donde comenzó la vida tal como la conocemos actualmente: allí la gente comenzó por primera vez a especular sobre filosofía y religión, desarrolló conceptos de comercio internacional, convirtió ideas de belleza en formas tangibles y, sobre todo, desarrolló la maestría de la escritura”, recuerda William R. Polk, fundador del Centro de Estudios Medio-Orientales de la Universidad de Chicago.

Los personajes de Las mil y una noches parecía que habitaban aún en los palacios y construcciones históricas de Irak, ahora destruidas.

El hombre moderno aún despertaba las historias de la Santa Biblia, el libro más leído. Muchas, sobre todo las de Génesis, ocurren en Irak. Pero los norteamericanos desalojaron el mito de Abraham de Ur, donde dicen que vivió el patriarca. Su ejército construyó allí una base militar de 32 mil 500 metros cuadrados, arruinando cualquier excavación futura.

Los soldados norteamericanos desmembraron lo que quedaba de historia en Ur al llevarse los ladrillos de los edificios milenarios para su país como un recuerdo. También se motivaron a grabar “I love Mary” y “I was here” en las mismas paredes que vieron los primeros escribanos de la humanidad.

Todas las esferas de la cultura universal han perdido un poco de su patrimonio material. La desaparición del rostro de piedra de una mujer, modelado hace cinco mil 500 años, dejó al mundo sin uno de los ejemplares más antiguos de la escultura representativa. El arte escultórico perdió también el primer vaciado de cobre, hecho a un rey akadio en dos mil 300 antes de nuestra era. La iconografía más antigua de un ritual religioso desapareció junto al jarrón de Ur, de incalculable valor histórico.

Si alguna imagen lograra resumir el choque de civilizaciones durante la invasión a Irak sería la siguiente: el muro del Templo de Nabu, y el techo del Templo de Ninmah cayendo uno tras otro antes las aspas de los helicópteros invasores.

 



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