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LA PRENSA COMO TRIBUNA DE IDEAS

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Tema I: Período de Periodismo de Opinión. Características y funciones. Evolución.

LUIS ALEJANDRO YERO,
LAUREN CLETO,
CARLOS M. ÁLVAREZ Y
MIRTHA GUERRA,
estudiantes de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La Ilustración, el triunfo de la burguesía francesa en 1789 y los movimientos independentistas en América, significaron el comienzo de una etapa superior de la historia humana. Estos hechos determinaron nuevos rumbos para la cultura, la política, la filosofía y demás esferas de la sociedad. Fue el período de los antagonismos entre un mundo decadente y otro nuevo que se alzaba gracias al empuje de la burguesía. El periodismo no escapó a esa vorágine de sucesos.

A finales del siglo XVIII, la Revolución Francesa fue escenario candente de los enfrentamientos entre burgueses y monarquistas. Por un lado, Marat agitaba a las masas parisinas desde su El Amigo del pueblo, proclamando artículos incendiarios contra la monarquía, mientras La Gaceta de Francia legitimaba el “poder divino” de Luis XVI. Este es el referente de dos publicaciones pioneras.

En nuestro continente, el auge de las luchas independentistas suscitó de igual forma conflictos en el campo de las ideas. Independentistas, anexionistas, reformistas y demás corrientes políticas encontraron en los periódicos el espacio de pugna para validar sus posiciones.

La Ilustración hizo del ensayo el género por excelencia del siglo XVIII, por ello, el XIX estuvo imbuido de una profunda tradición retórica que se vería reflejada en las páginas de los diarios.

Mientras la ausencia de “censura” lo permitiese, las disputas entre los sectores liberales y conservadores hallaron en la prensa el medio idóneo para expresar sus intereses políticos. Surgió así el periodismo ideológico –conocido también como de opinión, político, doctrinal, partidista– enmarcado desde las postrimerías del siglo XVIII hasta finales de la I Guerra Mundial.

La prensa se desarrolló atada a partidos políticos que determinaron, de manera puntual, su estilo creativo y la convirtieron en un instrumento efectivo para influir y moldear a sus intereses la sociedad. Por tales razones, podría definirse como moralizadora, doctrinaria y proselitista. La religión también se sirvió de este medio para lanzar sus discursos dogmáticos.

Fue el período de los periódicos como órganos de acción política o como tribunas de doctrinas, porque todos sus escritos respondían a los intereses de los líderes políticos. Sirvió como instrumento de apología, combate, lucha y propaganda.

La ausencia del telégrafo, el teléfono y otros adelantos científicos que aparecerían posteriormente en el transcurso del siglo XIX, propiciaron la hegemonía del comentario, el artículo, el ensayo, el editorial y la columna, pues no existía un gran cúmulo de noticias. La carencia de un flujo constante de información por la falta de medios tecnológicos que conectasen al mundo, permitió la supremacía de la opinión sobre el relato objetivo de los hechos.

Durante esta etapa, los encargados de elaborar los diarios eran los escritores y los políticos, ya que el oficio del periodismo no estaba perfilado en la época. En muchos casos, el proceso productivo descansaba en manos de una sola persona encargada de dirigir, escribir, editar e incluso diseñar los periódicos. El mundo era mostrado como un producto sujeto a la percepción personal del único redactor, quien definía la línea a seguir e intentaba crear una opinión fija sin dar margen a que los lectores sacaran sus conclusiones.

Antes del surgimiento de la prensa barata, el alto valor de los periódicos hacía restrictiva su lectura a las grandes masas. Sólo una élite letrada y pudiente podía acceder a ella. Con una u otra variante, los periódicos presentaban cuatro contenidos básicos: doctrina religiosa, asuntos comerciales, persuasión política y  educación popular.

Los adelantos científicos que sobrevinieron con la Revolución Industrial -el surgimiento del ferrocarril impulsado por una locomotora a vapor (1825), el telégrafo (1837), la fotografía (1839), el teléfono (1876), la linotipia (1884)-, y la conversión de la información en un negocio, entre otros factores,   cambiaron gradualmente el panorama de la prensa.

Con las nuevas concepciones surgidas a partir de 1870 en Estados Unidos e Inglaterra, nació el periodismo informativo que conviviría con el ideológico hasta fines de la I Guerra Mundial. A partir de ahí, la noticia “objetiva” prevaleció sobre las opiniones personales. El aspecto ideológico quedó relegado a un segundo plano. Lo que se publicaba dejó de responder a la pregunta ¿cómo debió ser?, para dar paso a las clásicas seis W del periodismo norteamericano: what, who, when, where, why y how (qué, quién, cuándo, dónde, por qué o para qué y cómo).

A pesar de la sed de noticias, la opinión no murió, sino que evolucionó a la par de las formas de hacer periodismo. Se dejó a un lado el proselitismo para permitir al lector un espacio de reflexión. Las ideas ya no fueron tan absoluta y explícitamente impuestas y pasaron a convertirse en propuestas flexibles al juicio propio, con un uso más sutil de la intención adoctrinatoria del periodista. El grito pareció convertirse en “susurro” al oído.

Bibliografía:

Dubón, María: El nuevo periodismo. En: http://cierzo.blogia.com/2003/122901-el-nuevo-periodismo.php. Consultado: 8-3-2009.

Enciclopedia digital Encarta.

Enciclopedia digital Wikipedia.

Gargurevich, Juan: Géneros periodísticos. Editorial Félix Varela. La Habana, 2006. Pp. 141-148.

Teoría e historia del periodismo. En: http://html.rincondelvago.com/teoria-e-historia-del-periodismo_1.html Consultado: 8-3-2009.



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