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ANGERONA PUEDE MORIR EN SILENCIO

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Las únicas huellas del cafetal más fastuoso de la Isla resisten la lluvia, los ciclones y la indolencia de los hombres.

Texto y fotos:
LIANET HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El amor inmenso que levantó las paredes e hizo producir las tierras permanece sumergido en el moho de cada piedra. El hombre y el tiempo aprovechan la ausencia de la diosa que en silencio custodió los rincones cerca de 200 años, para hundir las ruinas del cafetal  Angerona en el más profundo deterioro arquitectónico.

Descrita en Excursión a Vueltabajo por Cirilo Villaverde durante su visita de 1839, como un templo griego amenizado con la melodía del arpa eólica en una de sus ventanas, la mansión principal es hoy un esqueleto de columnas.

La majestuosa hilera de palmas que brindó la bienvenida al paraíso al alemán Don Cornelio, fue sustituida por cocoteros dispersos, y de la floresta seductora solo queda la tierra nostálgica. Mientras, la casa ocupada por la haitiana Úrsula Lambert casi no aguanta en sus cimientos arcaicos el peso del tejado. Los muros del poblado de los esclavos, los aljibes para almacenar el agua y los restos de las avanzadas instalaciones fabriles, perviven internados en el monte  y resignados a olvidar el esplendor del siglo XIX.

Las únicas huellas de una época de gloria en el antiguo cafetal más fastuoso de la Isla resisten, no se sabe por cuanto tiempo más, la lluvia, los ciclones y la indolencia de los hombres.

Las ruinas silenciosas

A partir de ser declarado Monumento Nacional, el 31 de agosto de 1981, hubo intentos por salvaguardar el cafetal y rescatar sus valores patrimoniales.

Martha Zayli Troncoso, directora de Patrimonio en Artemisa –municipio habanero donde se encuentra enclavado-, recuerda una iniciativa de la década de los años 80, cuando en coordinación con la Empresa de Comercio del territorio, se abrió al público un restaurante especializado en comida criolla, con variadas ofertas gastronómicas y una propuesta cultural que incluía recorridos al interior de las ruinas.

Razones provocadas por el Período Especial y dificultades con la transportación de la comida y los accesorios para decorar el lugar, catalizaron la desaparición de esta opción, preciada de ser la más relevante hasta el momento, pues permitía la limpieza del inmueble y le garantizaba protección, además, resultaba una atrayente excursión para los visitantes, aseguró Rolando García, historiador de la Villa Roja.

Según consta en la cronología documentada del lugar, en 1999 se inició la ejecución del proyecto “Arqueología de rescate en cafetales franceses”, bajo la dirección del Centro de Antropología del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, el Centro Provincial de Patrimonio de La Habana y el Museo Municipal.

Tareas de levantamiento topográfico y arquitectónico, recogida de utensilios de la época dispersos en la zona, clasificación de evidencias para el museo del territorio: parecía resurgir la esperanza. Como parte de la investigación se encontraron, además, restos del hospital de esclavos y se pudo comprobar la hipótesis sobre la calidad de vida superior de los negros en Angerona.

¿Presupuesto o voluntad?

Después del impasse de casi una década, en el 2002 la dirección de patrimonio solicitó la realización de un análisis-diagnóstico en las ruinas debido a su estado crítico.

Como muestra el documento “Ruinas del Antiguo Cafetal Angerona”, de Patrimonio Provincial, se hizo un reconocimiento de la zona, dividiéndola en partes por su extensión. En una primera etapa se procedería con la casa-vivienda y posteriormente con el resto de las instalaciones sobrevivientes.

Cada una de las partes fue examinada atendiendo a las características de su sistema arquitectónico y constructivo, los materiales usados,  estado de conservación, grado de deterioro y patologías presentadas.

La supresión de dinteles de madera, la abertura de huecos en muros, la excesiva humedad ocasionada por las lluvias y los agentes del intemperismo, asomaron en el documento como causantes del detrimento de la edificación. El estudio reveló un primer nivel de daños que exigía intervenciones complejas.

Por tanto, la única propuesta posible consistía en la restauración del Monumento. Se utilizarían métodos elaborados por prestigiosos especialistas, materiales semejantes a los originales, ladrillos de la época y piezas de madera resistentes a las inclemencias del tiempo.

Lamentablemente, las palabras no produjeron acciones: nada ha sido materializado por la escasez de presupuesto y apoyo de organizaciones, fundamentalmente de Artemisa.

Luis Carmona Ymas, intelectual de la localidad, considera: “La principal afectación sufrida por las ruinas de Angerona y, con ellas, las raíces del pueblo artemiseño, es la falta de rigor de los implicados en su conservación. Es necesario una mayor atención, y persistir en la búsqueda de los recursos, no acomodarse a la idea de que no hay material, y nunca lo habrá”.

En cuanto a no disponer del presupuesto requerido, Juan Manuel González Rondón, inversionista de Patrimonio, lo explica como un problema de prioridad: “Angerona ya no existe y no podemos dedicarle un gran capital, cuando varios museos de importancia para la provincia o para la comunidad donde se ubican, los tenemos cerrados”.

El lugar necesita proyectos de gestión que acometan leves restauraciones de algunas paredes y mantengan su aspecto ruinoso, así como realizar excavaciones arqueológicas, pues “aunque se han hecho algunas, es casi segura la permanencia de piezas de valor dispersas en el subsuelo”, destaca.

Aunque afirma que cuentan con las condiciones objetivas, las personas permanecen al margen y los planes se extienden a muy largo plazo. “Lo que se cayó, se cayó. El problema está en conservar lo restante”, expresó.

Vicente Rodríguez, un artemiseño de setenta años, lamenta la degradación paulatina del cafetal. “A mis nietos siempre les cuento algo sobre Angerona, ningún artemiseño que se precie de serlo debe estar ajeno a su historia. Artemisa se fundó con las bases de Angerona, nuestras raíces están en esas tierras, y si las perdemos, estamos negando lo que somos.

La nueva flor del café

Una de las aspiraciones de la dirección de Patrimonio en la provincia, era lograr la participación activa de los habitantes de la zona en la conservación, protección y divulgación  del patrimonio local. En ese sentido, María Teresa Rangel, promotora cultural del monumento, lleva a cabo desde el 2006, el proyecto comunitario “La nueva flor del café”, en conjunto con el museo y la Casa de Cultura en Artemisa.

Su línea fundamental es la reanimación cultural de las ruinas. Para ello, de forma esporádica desarrolla actividades con imitaciones de vestuarios, peinados y costumbres de la época. En el futuro prevé la siembra de plantas aromáticas como reproducción del ambiente del siglo XIX. Un grupo de organismos locales como la delegación de la Agricultura, las empresas eléctrica y la azucarera están implicados en el empeño.

Raúl Reyes, jefe del departamento de museos en la provincia, recalcó: “La nueva flor del café” va más allá de la propia dimensión de reedificación o reutilización  del espacio, tiene un impacto en la comunidad. Un inmueble no solo se debe mirar por sus códigos arquitectónicos, sino también por la relación con su entrono”.

A pesar de las buenas intenciones y planes ambiciosos para beneficio del cafetal, el proyecto no goza de los resultados esperados. De acuerdo con Teresa, el gobierno municipal brinda un apoyo deficiente, por las dificultades económicas del país.

Y, según Reyes, las autoridades del territorio deben trazar estrategias con sus diferentes organismos y buscar alternativas para Angerona. La Dirección Provincial de Patrimonio espera las propuestas para brindar la orientación metodológica sobre cómo ponerlas en marcha.

Entre el robo y la indisciplina

El suceso que perturbó la quietud campestre del antiguo “Jardín de Cuba”, corroboró una vez más el desacato humano: la exquisita estatuilla a tamaño natural, esculpida en fino mármol de Carrara, cómplice del silencio sugerido con el índice en los labios, fue “movida” de su aposento centenario.

“Después de unos meses de investigación policial -cuenta Martha Zaily-, la reliquia fue encontrada bajo tierra en un lugar de San Antonio de los Baños”.

Debido a la pérdida de su blancura original se puso en práctica un estudio de factibilidad para la aplicación de la técnica láser en la limpieza de la escultura de la diosa, a fin de controlar el crecimiento microbiano sobre el mármol y garantizar el buen estado de conservación de la pieza, según consta en el informe “Las ruinas del cafetal Angerona”.

La identidad del culpable aún es un misterio, pero se especula que sea el mismo ladrón de un dibujo original hecho por el pintor cubano Carlos Enríquez para la primera edición de La pupila insomne, de Rubén Martínez Villena, robado dos meses después de la diosa en la casa natal del mártir, en Alquízar.

Después del rapto, los trabajadores del museo, liderados por Martha Zayli, decidieron no regresar la escultura a su sitio original. Las puertas de hierro del poblado de los esclavos también fueron trasladas al museo, y hoy hacen compañía a la diosa.

La exhibición de las piezas ha creado polémicas. Bertha Martínez, historiadora del cafetal, no entiende que se prive a las ruinas de dos de sus elementos insignes llegados a nuestros días.

Martha Zayli explica: “En ningún lugar del mundo se muestran los originales, sino las copias. Queremos lograr, al menos, una reproducción de la diosa, pero no hay nada resuelto de inmediato”.

El gran problema de mantener los originales en su sitio radica en la seguridad. Angerona es un vasto territorio, del cual una gran porción se encuentra en pleno monte debido al abandono. Solo un custodio vela por ello, y no resulta asombroso que la muy recurrente indisciplina social aproveche la situación.

Otro caso relevante es el de la señalización. Al forastero que recorre la carretera de Cayajabos le resulta imposible percibir la riqueza hallada justo en el kilómetro cinco de Artemisa. Solo en época de zafra, al cortar la caña que cubre la entrada, se divisan las ruinas desafiantes a 800 metros de la carretera.

Alguna vez hubo un lumínico al pie del camino, avisando la presencia del monumento nacional, pero las insolencias de la población y el implacable tiempo se ocuparon de desaparecerlo.

La historia olvidada

Hoy día pululan en la población las leyendas sobre la vida interna del cafetal, muchas de ellas carentes de pruebas escritas. Sufrimos la ignorancia y vemos cómo se multiplican los errores.

Aspectos sobre la magnificencia del lugar son olvidados. El buen trato de Úrsula y Cornelio a los negros, la preeminencia de la arquitectura, las maravillas de ingeniería hidráulica también enigmáticas y extraordinarias para la época.

Una encuesta realizada a 35 alumnos de noveno grado de la secundaria Eduardo García Lavandero, en Artemisa, reveló el grado de desconocimiento acerca de la historia de Angerona.

Todos los muchachos estuvieron de acuerdo con la preservación y cuidado de las ruinas; sin embargo, 15 de ellos por considerarlas famosas, al verlas en televisión en el serial de aventuras La Atenea está en San Miguel y formar la trama de una película. Incluso, confunden los nombres de las personas vinculadas al cafetal con los ficticios creados para la pantalla chica.

El resultado pudiera parecer una paradoja, si se tiene en cuenta que los alumnos de sexto grado en el municipio tienen la obligación de investigar y presentar un informe sobre el cafetal. La memoria histórica de un sitio insigne para la identidad de la localidad es tratada con ligereza en las escuelas y las consecuencias se presentan por sí solas. Los disparates también dañan las ruinas de Angerona, las condenan al olvido.

Lázaro Núñez, profesor de los alumnos encuestados, confiesa: “En el nivel secundario, sería bueno reforzar lo aprendido con viajes al monumento y encuentros de conocimientos acerca de él. Cualquier opción es buena si trata de fomentar el amor por lo que es nuestro y estamos en peligro de perder, sobre todo, si se trata de un Monumento Nacional que no solo es importante para un municipio, sino para una nación.

Mirada de futuro

“Sería genial crear un museo de la esclavitud. Tenemos uno en Trinidad, de inigualable valor, pero a los de la zona occidental nos queda lejos y, en esta parte del país, Angerona es el mejor lugar para lograrlo”, sugiere la profesora Bertha Martínez.

No obstante, debemos ser realistas: primero urge una reparación capital para tratar de enmendar el destrozo de los años y prevenir la desaparición de cuanto queda en pie.

La Dirección de Patrimonio en La Habana tiene como propósito resaltar los valores arquitectónicos, patrimoniales y naturales del sitio, así como ubicar un Museo Etnográfico del café donde se refleje el desarrollo de este cultivo en la zona occidental, y la inserción en el sitio de una red de turismo nacional e internacional.

Reyes comenta: “Mediante el Consejo Nacional de Patrimonio se va a realizar un catálogo parecido al de hace dos años. Incluirá los lugares con importancia para el desarrollo del turismo y la propuesta de Angerona va a ser retomada”.

Como parte del proyecto “La ruta del esclavo”, auspiciado por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, y al cual pertenece Angerona, se buscan alternativas de financiamiento.

Sin embargo, Diana Lay de la Hoz, directora provincial de Patrimonio, afirma: “A ningún organismo le interesa invertir un presupuesto en la conservación y futuro destino turístico de las ruinas porque están muy alejadas de los circuitos normales. Además, lo invertido no será recuperado en un año, es necesaria una consolidación del lugar para luego recoger las ganancias”.                                

Por ahora los planes parecen meras utopías. Convertir las ruinas del cafetal en destino turístico implica, inevitablemente, un estudio riguroso de sus potencialidades, pues un atiborramiento de personas, unido al peso de los automóviles, podría acelerar el deterioro del patrimonio.

En cambio, nada es imposible si se toman las medidas precisas. Angerona es un lugar excelente para el esparcimiento. “Las ideas están propuestas, falta esperar”, sostiene Reyes.

Solo confiemos en que no sea demasiado tarde.

RECUADRO:

Historia local al pie del abismo


La encuesta aplicada a alumnos de secundaria básica muestra la falta de rigor en la enseñanza de la historia local.

Cantidad de alumnos y resultados:

16- Atribuyen valores  a las ruinas por salir en cine y televisión.

15- Reconocen sus valores históricos, pero con dificultades.

5- Evidencian profunda falta de conocimientos y hasta confunden los nombres de las figuras principales del cafetal.

FICHA TÉCNICA:

Tema: La pérdida del Patrimonio cultural en el Antiguo Cafetal Angerona, Monumento Nacional.

Propósito: Llamar la atención sobre la grave situación de las ruinas y exhortar a su restauración.

Objetivos colaterales: Conocer criterios de especialistas y mostrar los planes para el lugar.

Estrategia    de fuentes: Directas:

Martha Zayli Rodríguez Troncoso, directora Municipal de Patrimonio en Artemisa.

Luis Carmona Ymaz, miembro de la UNEAC en Artemisa.

Juan Manuel González Rondón, inversionista de Patrimonio en La Habana.

María Teresa Rangel, promotora cultural del las ruinas del Cafetal  Angerona.

Raúl Reyes, jefe del departamento de museos del Centro Provincial de Patrimonio Cultural.

Bertha Martínez, historiadora del Cafetal Angerona.

Diana Lay de la Hoz Collera, Directora Provincial de Patrimonio.

Rolando García, historiador de Artemisa.

Lázaro Núñez, Profesor General Integral de la escuela Eduardo García Lavandero de Artemisa.

Vicente Rodríguez Díaz, vecino de Artemisa.

Documentales:

Centro Provincial del Patrimonio Cultural de LA Habana. Ruinas del antiguo Cafetal Angerona (Folleto). La Habana. 2002

Sitio Web del Cafetal Angerona: http://www.angerona.cult.cu

Soportes a emplear:

Hecho: Pérdida del Patrimonio cultural en Angerona.

Contexto: Deterioro de las ruinas del Cafetal Angerona. Situación financiera. Conocimiento del problema por parte de la población.

Antecedentes: En los años 80 se ubicó un restaurante de comida criolla. Además, se realizó un análisis-diagnóstico para comprobar el estado de las ruinas, lo cual incluyó diversas excavaciones, recogida de piezas para el museo y  levantamiento topográfico y arquitectónico.

Proyecciones: Planes de convertir el Cafetal en destino turístico y construir en él un museo de la esclavitud.

Fuentes: La misma estrategia de fuentes que se enunció al principio.

Tipos de juicios:

Analíticos: Están presentes durante todo el texto mediante el análisis de la situación que viven hoy las ruinas del Cafetal Angerona.

Disyuntivos: Están presentes mediante la contraposición de algunas de las personas entrevistadas con respecto al destino del cafetal.

De valor: se presentan a través de los entrevistados en el municipio y la provincia, además de destacados intelectuales de la región.

Tipo de título: Llamativo

Tipo de entrada: Descriptiva

Tipo de cuerpo: Por bloques temáticos

Tipo de transiciones: en el reportaje utilizo algunas muletillas: sin embargo, a pasar de, debido a, las cuales sirven para enlazar un párrafo con otro. También empleo subtítulos para comenzar cada bloque temático.

Tipo de cierre: Conclusión o Resumen.



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