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EL PRECIO DE ELEGIR DISTINTO

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Las relaciones entre personas de un mismo sexo constituyen hoy, en el seno de la sociedad cubana, un escenario constante de reflexión y debate.

 

CARLOS MANUEL ÁLVAREZ RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Eric* tiene 45 años, “la edad en que se es demasiado viejo para ponerse a andar y muy joven para echarse a morir”. La soledad lo obliga a caminar de vez en cuando por el Malecón. Siempre de madrugada. Duerme alrededor de cuatro horas todas las mañanas. El resto del día transcurre en espera de la noche, para desandar una vez más las calles de La Habana en el afán de olvidar los fantasmas del pensamiento.

Vive alquilado temporalmente en un apartamento de la calle Neptuno, en Centro Habana, rodeado de libros empolvados, viejos. En medio de la sala, una mesa y tres sillas sin barnizar. Detrás de la puerta, un sillón recostado a la pared con un balancín más largo que el otro. La meseta sin limpiar. La casa quizás sea el retrato de sus últimos años.

Desde que terminó con Carlos Alberto*, su pareja de dos décadas, la vida no le ha ido como esperaba. Eric decidió marcharse un día a los Estados Unidos. Ahora vuelve a Cuba muy a menudo, sin encontrar en  sus aventuras fugaces el calor del hombre que una vez amó.

Ofrey* es un poco más joven. Hace un buen tiempo conoció a la persona que posiblemente lo acompañe durante la vejez. Ocurrió un 31 de diciembre. Cuando menos pensaba enamorarse, después de tantas relaciones infructuosas, el azar decidió recompensarlo. Pedro* es, desde aquel brindis a medianoche por la salud y el amor, el centro de su vida.

Diversidad es igualdad

¿Por qué se juzgan diferentes las relaciones entre personas de un mismo sexo? ¿Somos desprejuiciados por aceptar relaciones de este tipo? ¿Dónde radica el verdadero problema?

“Buscarle causas a la homosexualidad es convertirla desde el primer momento en una complicación. Nadie se pregunta por qué una persona es heterosexual o por qué los dientes salen antes del año,” explicó la psiquiatra, Doctora en Ciencias, Teresita Calvo Oliva.

“Cuando desprendemos el análisis de la orientación sexual de otros factores como la responsabilidad, las motivaciones, el autodominio, y la capacidad para darse a entender, lo simplificamos. Le damos un protagonismo absurdo, sin percatarnos de la sencillez que constituye la integración de lo sexual en el desarrollo pleno y sano de la personalidad.”

Para ella, la sociedad actual pretende entender la homosexualidad desde los conceptos patriarcales heredados. No se trata de cambiar la visión respecto a los gays, sino de reestructurar los afectos y las opiniones que conforman a la persona.

“Nos hemos formado en un contexto social donde prevalecen patrones excluyentes, por lo cual intentamos explicar un fenómeno carente de conflicto. Cuando vivamos sin la sombra de la diferencia, la homosexualidad será comprendida como algo completamente normal,” afirmó.

En entrevista concedida a la periodista Alina Pérez Martínez, la directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), Mariela Castro Espín, declaró: “La orientación sexual se refiere a las parejas eróticas/amorosas/afectivas que la persona prefiere. Los términos heterosexual, homosexual y bisexual se emplean mejor como adjetivos, y no como sustantivos y se aplican más bien a los comportamientos, no a las personas.

“Sin embargo, en el uso común, frecuentemente se refieren a la persona como homosexual o heterosexual y, además, existe la tendencia a referirse a sí mismas de igual forma.”

Mayra Rodríguez, psicóloga y Máster en Sexualidad del Centro Nacional de Educación Sexual, expresó a un equipo de investigación de la revista Alma Mater, que “no existe una implicación sociológica para pensar que quienes difieren por sus preferencias sexuales, son iguales por su condición de individuos.”

Breve recuento

A través de las épocas, la percepción  sobre el homosexualismo ha variado infinidad de veces, en dependencia de las circunstancias históricas. Diversos libros que abordan el tema, como Vivir, Creer, Vivir, de la doctora Teresita Oliva, así lo plantean.

En la Grecia antigua se consideraba normal que un muchacho fuera el amante de un hombre mayor, pero este debía ocuparse de la educación política, social, científica y moral del adolescente.

Existen numerosos ejemplos de literatura lírica cantándole a las relaciones homoeróticas. Cátulo, Virgilio y Horacio, famosos poetas latinos, daban por hecho que todos los hombres sienten inclinación hacia el mismo sexo en algún momento de sus vidas.

En Roma, autores como Tácito y Suetonio veían en la homosexualidad un símbolo de degeneración moral. Sin embargo, que un hombre penetrara a un esclavo era relativamente normal.

El emperador más ilustre del imperio romano llevaba entre sus adversarios políticos el sobrenombre de “Reina de Bitinia”. Hacia el año 80 a.n.e., el joven Julio César  fue enviado como embajador a la corte de Nicomedes. Cuentan que el rey asiático, deslumbrado con la belleza del mensajero, lo invitó a descansar una noche en sus aposentos y a participar en un festín. Estos sucesos en Bitinia generaron fuertes rumores sobre una posible relación amorosa.

Pero Julio César no fue el único. Otros emperadores como Marco Antonio, Octavio, Nerón y Adriano tampoco escaparon a los comentarios lascivos sobre sus amoríos masculinos.

Según la enciclopedia virtual Wikipedia, a lo largo de la Edad Media, la Iglesia Católica persiguió implacablemente el homosexualismo. La tortura y la pena capital, casi siempre en la hoguera, eran los suplicios de las personas que cometían el llamado pecado nefando.

Uno de los padres de la psiquiatría moderna, Richard von Kraff-Ebing, lo consideró, en 1886, una enfermedad degenerativa. Durante todo el siglo XIX, la ciencia incluyó la homosexualidad entre los trastornos que podían y debían ser tratados.

Al observar el panorama de la última centuria destaca la inclusión, hasta 1990, en la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades, de la Organización Mundial de Salud (OMS).

En el transcurso de la historia, por disímiles razones, diversas culturas han ideologizado la sexualidad en función de los intereses de las clases de poder. Así han trascendido criterios legitimados por la ciencia y la religión, los cuales siempre se toman como “normales”. 

En el trabajo titulado Género, Cuerpo, Sexualidades, la Doctora Lourdes Fernández Rius, profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, señala: “Instituciones como la familia, la escuela y la religión han controlado, controlan y reproducen las atribuciones a los cuerpos para que se cumplan los deberes corporales genéricos, coartando la sexualidad y la autodeterminación de mujeres y hombres.”

¿Basta con informarse?

Durante los últimos años en Cuba, entidades especializadas redoblan esfuerzos para informar todo lo posible en cuanto al tema. El Cenesex constituye en la actualidad el principal promotor de la lucha contra la homofobia.

La función del centro estriba, según declaró Mariela Castro a la revista La Calle del Medio, “en coordinar y gestar el programa nacional de educación sexual. Desde su fundación esta institución desarrolla una estrategia multidisciplinaria e intersectorial, sustentada en el criterio de que la sexualidad debe ser abordada por diferentes disciplinas científicas, y que no es una responsabilidad exclusiva de la familia y la escuela sino de toda la sociedad.”

La información que los cubanos han adquirido en los últimos tiempos desempeña, sin dudas, un papel esencial, pero, ¿basta solamente con el desarrollo intelectual de nuestra población?

Una vez más, la directora del Cenesex trae la respuesta: “… es insuficiente recibir una educación sexual, (…) basada en argumentos científicos, también es oportuno crear diferentes espacios educativos, en los que las personas puedan elaborar sus propias vivencias, sus inquietudes, analizar sus errores, (…), sentimientos y emociones.”

Para la doctora Oliva, es innegable la evolución social respecto a la aceptación de los homosexuales, mas, a su juicio, el conocimiento es insuficiente.

“Tú puedes saber que la homosexualidad es algo sano, y aceptarlo aparentemente como normal, pero si no varías la posición afectiva, el esfuerzo es en vano. En cuántas ocasiones oímos por la calle: yo no tengo prejuicios, yo tengo un amigo homosexual.

“Detrás de una afirmación así, se esconde una alta dosis de discriminación, porque das a entender que, a pesar de ser homosexual, esa persona cuenta con la dicha de tu amistad. O sea, tú no tienes ningún problema, el del problema es él.”

Todavía resta un largo surco de pensamientos rígidos por escardar, los cuales exigen tiempo para ser desterrados de la conciencia. Tal es así, que hasta en el terreno legal existen acentuadas diferencias. 

Adopción y matrimonio

Históricamente, en la idiosincrasia del cubano subyace un fuerte sentimiento machista. Algunos creen que tales concepciones son imposibles de superar, pues forman parte indisoluble de la nacionalidad.

¿Serán capaces las nuevas generaciones de suplantar herencias de este tipo? ¿Cómo influiría en los conceptos tradicionales de familia la aceptación del matrimonio gay? ¿Están capacitados los homosexuales para adoptar hijos?

Según Maday Valdés Pacheco, Máster en Psicología Clínica y especialista que atiende relaciones de pareja en el Centro de Orientación y Atención Psicológica (COAP), “sería muy aventurado hacer un análisis sobre la repercusión actual que podría tener la aceptación del matrimonio entre personas de un mismo sexo, o la adopción de hijos por parte de éstos. La sociedad cubana se encuentra  en un cambio constante, sin criterios sólidos sobre muchas cuestiones, y la homosexualidad habita en el centro de la mira.”

Sobre el tema existen diversas opiniones. Para algunos, el matrimonio debe estar determinado por los derechos civiles con los que cuenta todo ciudadano, y no por la preferencia sexual. Para otros existe un solo tipo de familia, la cual está destinada a la procreación.

Respecto a la adopción de hijos, los criterios presentan mayor homogeneidad. Aunque varios especialistas como la doctora Oliva creen que “el afecto y el cariño son los únicos ingredientes a tener en cuenta para la crianza sana de un hijo, pues la orientación sexual no influye en el aprendizaje de los roles de madre y padre”.

La mayoría de la población discrepa de dicho argumento. “Yo nunca rechazaría a los homosexuales, pero desde el punto de vista netamente biológico no es algo natural, y un niño cuya infancia transcurra sin el patrón tradicional de familia, carecerá del contexto idóneo para su formación,” alegó Orlando González, Doctor en Ciencias Económicas y trabajador de Cubatur.

Para Abelito*, los gays como él debieran exigir otros derechos más urgentes, antes de reclamar la adopción de un hijo. “Ni por asomo están creadas las condiciones para aceptar una cosa así,” sentenció.

Los hechos, por sí solos, incitan al debate. A la polémica como   método para ensanchar la mente y el alma. La mesa está servida. Siéntese usted, en la silla que prefiera.

Seres humanos

Eric, con más elegancia que cualquier mujer, desde el apartamento de la calle Neptuno. Ofrey, alegre, pero con la expresión sobria de un militar, bajo la sombra de un parque del  Vedado. Armando*, sin grandes definiciones, trepado encima de la litera de una beca universitaria. Todos, con la satisfacción que proporciona desahogarse, contaron algo de sus anécdotas, de sus temores, de sus creencias.

A los tres les preocupa terriblemente la vejez. Duele, como una carga  inmutable, la certeza de que nunca podrán dejar una familia.

“Siempre oigo una canción de Silvio nombrada Vida y otras cuestiones y me echo a llorar. Cuando canta… ‘quién se perdió, solo y sin hijos…’, de cierta manera me retrata, porque jamás escaparé al enorme abismo que entrañan esos versos,” confiesa Ofrey, quien nunca estuvo con ninguna mujer.

Lo mismo le pasa a Eric. Desde niño percibió el cuerpo de los hombres como una especie de misterio. Siendo joven escondió durante un tiempo su preferencia, hasta el momento definitivo en que la verdad lo alcanzó. La familia lo apoyó siempre, mas cuenta con amistades sin la misma suerte.

Armando sí estuvo en el pre con una muchacha. Duró pocos meses, pues se convenció enseguida de la elección errada. Su pareja actual es fotógrafo. Desde que entró en la Universidad ha sentido mayor comprensión por parte de sus compañeros, y eso en alguna medida lo hace feliz.

Ofrey rememora la ocasión en que su madre le sugirió el abandono de la Isla, porque para los de su tipo no había cabida en esta tierra. Hoy muestra como bandera el haberse quedado y el estar enamorado de su fiel pareja, con más fe que nunca en su país y en los homosexuales.

A Eric, sin embargo, algunas cosas le son indiferentes. Dice que no hay hombres como los de Cuba. Que afuera todo es un engaño. Que la nostalgia le come por dentro. Pero si la vida le diera la posibilidad de vivir otra vez con Carlos Alberto, aunque fuera en la India, se iría sin pensarlo.

Este último rehízo su vida, hace cinco años ya. Trabaja en la casa de Cultura de un municipio. Habló poco, pero fue certero: “En ocasiones veo mi vida entera como una equivocación. Me arrepiento de todo. De mi elección, y de lo mucho que me ha costado. Pero solo a veces me pasa. Después pienso que si volviera a nacer sería homosexual, y todo lo haría igualito, aunque yo también extraño ciertas noches, el calor habitual de veinte años.”  

*Las historias son reales. Los nombres, a petición de los protagonistas, fueron cambiados.

Ficha Técnica:

Tema: Valoración sobre el fenómeno de la homosexualidad en Cuba.

Propósito: Demostrar mediante los hechos la normalidad de las relaciones entre personas de un mismo sexo.

Objetivos colaterales: Indagar sobre los criterios que sostiene la sociedad cubana en cuanto al tema.

Analizar los derechos legales con que cuentan los gays.

Estrategia de fuentes:

Eric*, Carlos Alberto, Ofrey y Armando: homosexuales que accedieron a contar sus historias.

Teresita Calvo Oliva: psiquiatra, Doctora en Ciencias, quien le ha dedicado años de estudio al tema.

Maday Valdés Pacheco: psicóloga que atiende relaciones de parejas en el Centro de Atención y Orientación Psicológica (COAP).

Conversaciones con la psiquiatra Vivian Rabelo y las psicólogas Rosa María González y Lourdes Fernández Rius.

Consulta de entrevistas a especialistas del Cenesex como Mariela Castro y Mayra Rodríguez.

Abelito*: homosexual del Vedado.

Orlando González: trabajador de Cubatur.

Soportes

Hecho: visión actual sobre la homosexualidad en Cuba.

Contexto: factores que influyen en la concepción de la sociedad cubana respecto a la homosexualidad.

Antecedentes: discriminación de los homosexuales de distintas maneras a lo largo de la historia, en diversas culturas.

Proyecciones: mantener la información sobre el tema y variar los conceptos patriarcales que laten en la sociedad de hoy.

Tipo de juicios:

Analíticos: Diferentes criterios de especialistas, ciudadanos y gays, valorando el tema en cuestión.

De valor: juicios de profesionales que representan a distintas instituciones del país. Homosexuales protagonistas del reportaje que sensibilizan aún más el trabajo con la narración de sus historias. Son fuentes que sufren directamente el fenómeno de la homofobia.

Antagónicos: Criterios de personas que difieren en su percepción de la homosexualidad.

Proyectivos: Se exponen declaraciones y opiniones que proponen miradas al futuro, en aras de lograr una mayor tolerancia para la aceptación total de los homosexuales.

Tipo de entrada: narrativa.
Tipo de cuerpo: de bloques temáticos.
Tipo de cierre: de caso.
Tipo de título: llamativo. 



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