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YO QUIERO LO QUE HAGO

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El ejemplo de consagración se impone ante algunas circunstancias de la vida. Para el director del preuniversitario General Bernardo O’Higgins, padecer de una enfermedad cardiovascular no significa el fin de su profesión, ni el de su amor por ella.

LISANDRA DÍAZ PADRÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
facultad de Comunicación,
universidad de La Habana.

Foto: CÉSAR A. RODRÍGUEZ

EN UNA pequeña casa de Bejucal lo encontré leyendo. Estaba tan ensimismado -algo típico en él- que ni notó mi presencia. Cuando se percató, hizo que pasara a una modesta sala. Su tranquilidad convencía. Con 51 años de edad y 34 de trabajo, Oscar Mérida, director del preuniversitario General Bernardo O’Higgins, demuestra con su quehacer la experiencia y grandes ideas con que cuenta.

“Comencé a ejercer la profesión de forma empírica, aunque siempre tuve cierta inclinación por el magisterio. A los 17 años matriculé en la Formación Media (magisterio) y terminé como técnico de nivel medio ‘en dar clases’, por llamarlo de alguna manera. Posteriormente, ingresé en la Universidad. Asistí al Curso para Trabajadores y logré la Licenciatura en Educación, especialidad de Historia y Ciencias Sociales, carrera hacia la que tuve, tengo y tendré vocación.”

-¿Cómo fue su primer día frente al aula?

Ese día, como para cualquier maestro, resultó difícil. Era mi primer acercamiento a quienes debía transmitir conocimientos. Casi siempre los  nervios te traicionan. Y ¡qué nadie me vaya a decir que le salió bien!

Reconozco que el inicio resultó pésimo. Por supuesto, también es bueno decir que me sirvió para valorar los aspectos positivos y negativos de las clases y superarme cada día más. De esta forma fui avanzando y he llegado a 34 años de trabajo.

Observa como si quisiera descubrir la interrogante que está a punto de escuchar y sonríe antes de responder: “La responsabilidad de dirigir un preuniversitario durante tanto tiempo ha sido, en mi vida profesional, una vía de enriquecimiento desde todos los puntos de vista. He aprendido, con profundidad, sobre Historia de Cuba y otras asignaturas que la propia línea de trabajo exige. Sobre todo, me ha permitido una mayor relación con los adolescentes. Digamos que he conocido a fondo al ser humano.”

-¿Cuál es su percepción acerca de la

enseñanza media superior en la actualidad?

Creo que la enseñanza media superior debe seguir trabajando por ganar en calidad. Nosotros debemos lograr un bachiller mejor preparado (instructivo-educativo) y que llegue en óptimas condiciones a la Universidad.

Existen los medios tecnológicos que el Estado ha  puesto en nuestras manos para preparar al estudiantado. Claro que eso no puede ir separado de la importancia que tiene la viva voz del maestro, y lo que él pueda poner de su mente y corazón para formar nuevas generaciones. Estamos obligados a continuar esforzándonos por ser mejores.

El Bernardo O’Higgins es un centro que en los últimos cinco años ha logrado buenos resultados en pruebas de ingreso y está entre los mejores preuniversitarios de provincia. Como Director de este centro, debo lograr que el colectivo trabaje en busca de una mejor preparación de las nuevas generaciones. Este sería el mayor premio que puedo recibir como profesional: ver los resultados de mi trabajo traducido en excelentes graduados y que a mis oídos llegue un ‘gracias, profe’.

-Usted sufrió un infarto.

¿Sintió que sería el fin?

Por un momento pensé que, más allá de ser el fin como director, era el fin de mi vida. No es tan sencillo que le digan a uno que tiene catarro a que le digan que tiene un infarto. Es un poco difícil, pero las experiencias que se adquieren en la vida preparan para recibir estas cosas, para entender que uno puede sufrir de esa u otra enfermedad, y enfrentarlo de manera más optimista. Llegué a pensar que podía perder la vida y la profesión, pero después tuve la certeza que me recuperaría y podía continuar siendo maestro, labor que realizo actualmente y seguiré mientras la salud lo permita.

Las enfermedades cardiovasculares son provocadas, la mayoría de las veces, por el propio estrés en que se vive. Se le puede presentar a un maestro, albañil o un gastronómico. Pienso que no fue el trabajo el causante de la enfermedad.

-¿Qué sugiere usted deba hacerse para

erradicar el déficit de maestros?

Nuestra sociedad debe entender la importancia del maestro. Es necesario un análisis que lleve a un escalón más alto la posición de este. Estimo que si  hay una labor que merece ser reconocida es la del magisterio. También hay que tener en cuenta que nuestro país atraviesa por situaciones económicas muy difíciles, y dado que el profesor requiere de una entrega total en el horario de trabajo y fuera de él, su condición material no es la más favorable. De esta actividad dependen las demás profesiones.

-Muchos han interpretado que las videoclases

y teleclases sustituyen al maestro.

¿Cree usted esto?

Considero que toda la tecnología implementada en el sistema educativo propone una mejor preparación de los estudiantes en cada etapa de aprendizaje. Facilita el trabajo del maestro. Sin embargo, a mi entender, constituyen medios de apoyo al impartir clases. Pero, la viva voz del maestro y el calor que expande a  sus alumnos, es insustituible.

A la juventud cubana le digo que es hermoso ser maestro y es una lástima que muchas veces, por las situaciones que se nos presentan, se rechace esta carrera. El encanto y el placer de la vida no consiste en hacer lo que uno quiera, sino en querer lo que uno hace.

Ficha Técnica:

Objetivo Central: Conocer sobre la vida profesional de Oscar Mérida, director del preuniversitario Bernardo O’Higgins.

Objetivos Colaterales: Conocer su percepción acerca de la enseñanza media superior y el magisterio actual.

Tipo de Entrevista:

Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De Personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo.

Tipo de Título: De Cita.
Tipo de Entrada: Descriptiva.
Tipo de Cuerpo: Mixto.
Tipo de conclusiones: De comentario del entrevistado.

Fuente Consultada:

Entrevistado Oscar Mérida, directa.



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