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OMAR, HABANA

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Un Descamisado de la Sierra Maestra reafirma su posición de seguir al Comandante en Jefe Fidel Castro como lo hizo en los días de la guerra revolucionaria

Texto y foto:
INDIRA IGLESIAS ALARCÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Omar Muñoz Jiménez es un plomero del reparto donde vivo. Lo conoce mucha gente de la cola del periódico donde, en el tiempo de espera, escoba en mano barre la suciedad para dejar todo limpio. Sin embargo, hay páginas de su vida que permanecen en el silencio.

Él es Habana, el atrevido y desenfadado guerrillero a quien el General de Brigada Enrique Acevedo menciona en el libro Descamisados. Lo conozco desde pequeña y nunca ha sido difícil desentrañar su anecdotario sin límites. No tiene miedo de traer de vuelta el pasado, todo lo contrario, está orgulloso de haber vivido momentos irrepetibles en la historia de la Revolución cubana.

-¿Cómo llegó a la Sierra Maestra para

combatir con el Ejército Rebelde?

Mi familia era comunista y con la juventud del Partido Socialista Popular pintaba paredes y repartía propagandas contra Batista. Al ver que no había una forma más efectiva y de acción en la lucha, fui para el central Francisco, en Camagüey, hoy  municipio tunero de Amancio Rodríguez y allí conocí a una prostituta que trabajaba también en la cosecha de café en la Sierra Maestra.

Le dije: “Yo quiero subir a la Sierra, ¿de qué forma puedo ir?” Ella contestó: “Ven con nosotras. Deja tus uñas crecer para que parezcas el chulo de alguna de mis hijas y cuando se gane ‘esto’, me pagas 250 pesos”.

De ese modo subí y contacté con un rebelde, quien se preocupó muchísimo, pues el ejército de Batista infiltraba gente en la Sierra,  sobre todo mulatos y negros como yo. Le planteé el deseo de ingresar al Ejército Rebelde y unirme a las tropas. Él tenía cierta desconfianza conmigo, como era lógico. Eso ocurrió en junio de 1957.

-Ya en las montañas formó parte del

escuadrón de los Descamisados

creado por el Che.

¿Cómo fue la vida entonces?

Con el grupo de los Descamisados, ya lo dice la palabra, tuve un solo  pantalón: el que llevé. Me duró casi cinco meses. Una camisa de caqui como la de los campesinos y dos zapatos del mismo pie. A uno le corté un pedazo para acomodar el dedo gordo y evitar la molestia. El hambre era horrible. Cocinábamos en laticas, a veces tres cucharadas de arroz y frijoles medio crudos, algún pedacito de bacalao o chorizo, pero el hambre no tuvo paz con nadie.

A ese escuadrón mandaban a los personajes regados. Estuve con Enriquito y Rogelio Acevedo, Juan Pesca’o, William Gálvez y otro medio religioso que no lo era tanto porque después cogió un fusil y vino en la invasión con el Che. Con ellos participé en mi primer combate, en el Hombrito, donde quedé impresionado, pues mataron a un muchacho de 15 ó16 años, no pudimos rescatar el cadáver y el enemigo lo quemó.

-¿Qué definió su partida

de los Descamisados?

El primer combate de Pino del Agua. Esperamos siete días a los batistianos y lo único que comimos fue harina de Castilla con agua. Los soldados llegaron bajo un aguacero que se caía el mundo y así mismo combatimos. Luego del enfrentamiento, estuve perdido y después me recogieron unos campesinos.

Con los Descamisados estuve bastante tiempo, luego pasé a la Columna 1 José Martí. Cuando llegué, hablé con Fidel y me llamó la atención ver a ese hombre tan alto, sentado en el suelo con aquellas rodillas casi de mi tamaño y dije: “¡Coñó!, que tipo más grande”. Ese es de los recuerdos más gratos de la Sierra.

Junto a la Columna1 fue mucha el hambre, pero nada comparado con el sufrimiento del pueblo. Recuerdo que un compañero se encontró un pedazo de costilla de res descompuesta y Celia Sánchez,  la pobre, le sacó los gusanos con espinas de naranja, la cocinó y los muchachos se la comieron como tasajo. Otro compañero y yo en la finca del guajiro Crespo, que había sido expedicionario del Granma, hicimos la maldad de empujar por un barranco el mulo de Roberto Rodríguez Fernández, el Vaquerito, y a los 15 ó 20 días nos lo comimos. ¡Qué clase de banquete nos dimos gracias a la diabluría!

-¿Alguna vez temió morir?

La guerra de guerrilla es irregular y los combatientes deben aprender a buscar posiciones estratégicas. El guerrillero es valiente y más quien va a la lucha por una causa justa. No tiene miedo, no cuida su vida pensando en dinero, sino en el sentido de seguir viviendo para defender su causa. No es que sea suicida, pero la patria te da ese valor.

Uno también se fija en las mujeres, en Lidia Doce, Clodomira Acosta, Celia Sánchez, Vilma Espín, Teté Puebla, Melba Hernández. ¡Qué coraje! Frente a esos ejemplos no se puede tener ni el más mínimo síntoma de miedo.

-Con el triunfo revolucionario en

todo el pueblo reinó la alegría,

¿que pensó en aquel momento?

Voy a ser sincero, a todo se acostumbra uno y en la lucha como guerrillero me sentí bien. La batalla no había terminado con la victoria: comenzaba,  e iba a ser difícil en este país sin tierras, sin educación y sin salud, todo debía ponerse en el lugar preciso. Estaba alegre porque habíamos derrocado a Batista, pero la tarea sería muy dura.

Para apoyar a la Revolución trabajé con Camilo Cienfuegos en el Estado Mayor del Ejército Rebelde radicado en el cuartel Columbia, hoy Ciudad Escolar Libertad. Después me incorporé al Instituto Nacional de la Reforma Agraria donde participé en la creación de algunas cooperativas de desarrollo en la antigua provincia de Las Villas, y luego vino la invasión mercenaria por Playa Girón, donde aniquilamos al enemigo en solo 72 horas.

Participé en la lucha contra bandidos en el Escambray como subjefe de uno de los frentes, tuve varios combates con los alzados, peleé contra bandas como la de Manolito, El Loco y la de Juan Alberto Martínez,  bandidos infiltrados en la zona.

En 1975 cumplí misión en el sur de Angola y después fui a construir  carreteras a Etiopía. Fidel nunca dejó solos a los combatientes internacionalistas ni a su pueblo, y eso no lo admiten los yanquis, que a los hombres de Cuba no se les pueda doblegar. Otros nos traicionaron, pero la razón siempre la tiene el bueno y nuestra generación confía en que los jóvenes de hoy sean como Mella, Guiteras, el Che y Camilo a la hora de defender este pedacito de tierra.

-¿Si tuviera la necesidad de luchar por Cuba,

subiría nuevamente a la Sierra?

Sí, volvería y lo haría mejor. Si el país tomara esa decisión, me alzaría en este mismo momento, en la Sierra o en el Llano, pero siempre con Fidel a la cabeza.

-¿Qué otro recuerdo le queda del

Habana de los Descamisados?

El día que fuimos al llano a buscar a Ciro Frías. Traíamos dos latas de yuca y otra de ancas de rana, como descamisados al fin, nos comimos buena parte de aquello y me cayó mal. Estuve tres días sin ir al baño hasta que un compañero me dio como remedio un cabito de tabaco hervido.

En realidad guardo muchos recuerdos, pero sin duda, los de mi etapa como descamisado son los mejores.

-Omar, ¿Habana se siente héroe?

¡No, hija, no! Yo solo sé y siento que di lo mejor de mí por esta Revolución.

Ficha técnica:

Objetivo central: Conocer algunas anécdotas sobre la vida del guerrillero Omar Muñoz Jiménez durante la guerra de liberación en Cuba de 1956 a 1959.

Objetivos colaterales: Conducir al público por algunos pasajes de la historia mediante las anécdotas del entrevistado. Precisar brevemente su participación en momentos importantes luego del triunfo de la Revolución. Obtener algunas opiniones de la vida en la Sierra.

Tipo de entrevista:

Por sus participantes: individual.
Por su forma: clásica.
Por su contenido: de personalidad.
Por el canal que se obtuvo: directa.

Tipo de título: con el nombre del entrevistado.
Tipo de entrada: de presentación del entrevistado.
Tipo de cuerpo: clásico.
Tipos de preguntas: 1-Directa y abierta. 2-Abierta. 3-Directa. 4-Directa. 5-De opinión. 6-Abierta. 7-De opinión. 8-Abierta.

Tipo de conclusiones: de opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas y tipo:

Libro Descamisados del General de Brigada Enrique Acevedo González. Editora Política, La Habana 1993. Documental.

Libro Pasajes de la Guerra Revolucionaria. Ernesto Che Guevara. Cuba 1956-1959. Edición anotada. Editora Política, La Habana 2002.Documental.

 



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