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UN URUGUAYO EN LA HABANA

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Texto y fotos:
DAVID VÁZQUEZ ABELLLA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Alfredo López Viqueira tiene 81 años y dedica el tiempo libre a sus grandes pasiones: la nieta, el ajedrez y el tango. En busca de un sueño abandonó su país natal, Uruguay, con su familia y con las ganas de contribuir a la construcción de una sociedad nueva. Conoció a grandes personalidades como el Comandante Ernesto Che Guevara y el escritor Mario Benedetti. Es feliz y encuentra en cada rincón de la vida, una fascinación.

-¿Cuándo llegó a Cuba?

Desde los últimos días del año 1961. Vine invitado por el gobierno revolucionario a trabajar en el Ministerio de Industria. Tenía antecedentes de lo que pasaba aquí, de la lucha en la Sierra Maestra. El triunfo de la Revolución significó un motivo de esperanza para mí. Nosotros allá, en el Uruguay, formamos un grupo de solidaridad con Cuba y conocimos a muchas personas que nos informaron de la situación en la isla.

Inmediatamente nos identificamos con las ideas de la revolución y de la nueva sociedad. Mi primera esposa y yo éramos ingenieros y decidimos aceptar la propuesta de trabajo que nos hacía la dirección del país y venirnos con nuestras dos hijas. Pensábamos que era una obligación de todo el que pudiera colaborar con la revolución.

Alfredo proviene de padres emigrantes gallegos asentados en Montevideo. Aunque no eran ricos, pudieron costearle la universidad: “De cualquier manera, hice parte de la carrera dando clases particulares de Matemática”.

Nunca militó en ningún partido político, pero se formó una conciencia revolucionaria, nacionalista y antiimperialistas desde muy joven: “Mi padre reunía en su casa a un grupo de españoles, amigos de él desde sus años mozos. Entonces ellos se dividían en dos corrientes, como era lógico, había republicanos y franquistas. Mi casa era un forum de ideas y debates bastantes violentos. Eso va formando.

“Después estalló la Segunda Guerra Mundial y la derrota de Francia por los nazis nos golpeó a todos. Yo recuerdo que por esos días salíamos a las calles a pedir ayuda para el pueblo francés. Ese tipo de acciones da una formación no definida desde el punto de vista ideológico, pero sí progresista, de lucha contra el fascismo.

“En nuestro país, hasta 1945 el predominio imperial fue inglés. Cuando finalizó la guerra, Inglaterra fue desplazada de Uruguay por Estados Unidos. Nosotros teníamos contra los yanquis una situación de abierto enfrentamiento por todo lo que habían hecho anteriormente en Centroamérica y otras regiones del continente. No éramos marxistas, pero sí teníamos un nacionalismo muy fuerte, además de antiimperialistas”.

Desde su arribo a Cuba lo contrataron en el Ministerio de Industria, donde desempeñó varias funciones. En 1974 fue nombrado director de un taller encargado del soporte mecánico para la minería del cobre, de los no metálicos y la industria de la sal.

“En esa empresa hicimos una serie de actividades. La más importante fue la mecanización de la producción de sal, una manufactura que era muy rudimentaria, con un gran desgaste de los hombres.

“Hasta los años 70, aproximadamente, toda la extracción de sal se hacía a mano, con la horquilla se rompía la capa de sal, formada por la evaporación del agua, y después se trasladaba en carretillas. Eso provocaba en el trabajador un daño físico tremendo, porque eran labores muy duras.

“Para la mecanización se instaló una maquinaria soviética, pero con adaptaciones realizadas por ingenieros cubanos. El nuevo equipo se encargaba de arrancar la capa de sal, la levantaba y la descargaba en una carreta o en la banda transportadora. Entonces el esfuerzo se simplificó mucho. La productividad aumentó, aunque el objetivo fundamental fue mejorar las condiciones de trabajo”.

-¿Cómo conoció al Che?

Tengo el privilegio, la fortuna, de haber conocido al compañero Orlando Borrego, que era en ese momento el hombre de confianza del Che. Trabajamos juntos durante muchos meses y por su vinculación directa con el Comandante, coincidimos varias veces.

El argentino era una persona muy abierta a todas las cosas nuevas y le llegaron una serie de folletos, libros, que trataban sobre el uso de las matemáticas en la dirección de la economía. Eso exigía algunos conocimientos de matemática avanzada, fuertes, que él no tenía.

Entonces organizó un curso y nos inscribimos mi esposa y yo, junto a un grupo de compañeros del Ministerio. Nos reuníamos normalmente dos veces por semana y se lograron relaciones más estrechas con el Che. Incluso, tuve la oportunidad de oírle sobre sus ideas revolucionarias. Además, participábamos en trabajos voluntarios todas las semanas, los domingos. Se estableció un trato muy agradable que influyó mucho en mi vida posterior.

-¿Cómo era el Che?

Era un hombre sencillo y trabajador infatigable. Tenía una capacidad mental que le permitía enfocar problemas diferentes con mucho tino. Era abierto desde el punto de vista de escuchar opiniones de todo tipo, aún cuando no coincidieran con las de él. Como ministro, fue capaz de dirigir un ministerio como el de Industria, con el 90 por ciento de la producción del país, en circunstancias muy difíciles, con un personal técnico deficitario y sin contar en lo material con piezas de repuesto. Como dirigente era un fuera de serie.

Como persona era un hombre interesantísimo por su inmensa capacidad de enfocar distintos temas con habilidad y orientación. En ese curso de matemática se daban conceptos complicados que eran difíciles de entender, sin embargo, tenía siempre buena orientación y podía conducirse en un terreno espinoso como ese.

En 1971, Alfredo regresó a Uruguay para colaborar en las elecciones del recién creado Frente Amplio: “En ese momento mi esposa y yo concebimos la posibilidad de quedarnos. Todavía teníamos amistades y posibilidades de reinsertarnos, pero una amiga nos planteó que eso era una temeridad con nuestros antecedentes de 10 años en Cuba y con lo que podía suceder más adelante, ante una dictadura que ya se vislumbraba. Regresamos en enero del 72 y en abril se desató la represión. Muchos compañeros nuestros murieron salvajemente.

“La dictadura duró hasta 1985 y en ese entonces yo estaba completamente desvinculado de Montevideo. No tenía ninguna razón para volver a Uruguay, además, me sentía muy bien aquí”.

Alfredo trabajó toda su vida por la revolución cubana. Brindó sus conocimientos y dedicación al  desarrollo del país que adoptó como patria hasta que se retiró en el año 1991.

Ahora, me cuenta, su pasión es la nieta, Gabriela, vive para ella. Estar lejos de Uruguay no lo hizo olvidar el tango. Es un estudioso de ese género musical, lo adora: “El tango es parte elemental de mi vida, yo nací y crecí oyéndolo. Hasta el trabajo final de la Universidad del Adulto Mayor fue sobre este tema”.

Fiel a su entusiasmo de aportar a los demás, ahora imparte clases sobre el proceso de formación de las naciones latinoamericanas a los que ingresan a la universidad de la tercera edad, en el municipio Playa, donde reside.

La esposa, la nieta, el novio de la nieta, todos los de la casa se nos han reunido para disfrutar de las historias del abuelo. Le pregunto el significado para él de Cuba después de todos estos años. No le es fácil responder, se le nota en el rostro.

“Es la culminación de mis expectativas. El privilegio de contribuir con mi modesto esfuerzo al proceso revolucionario. El privilegio, además, de haber visto realizado todos mis proyectos. La posibilidad de reconstruir mi vida y hacer una familia.”

FICHA TÉCNICA:

OBJETIVO CENTRAL: Conocer sobre las razones por las que Alfredo López Viqueira abandonó Uruguay y vino a vivir a Cuba.

OBJETIVOS COLATERALES: Indagar sobre su labor en el Ministerio de Industria. Investigar cómo conoció al Che y su opinión sobre él. Conocer de su formación política en Uruguay.

TIPO DE ENTREVISTA:

Por sus participantes: Individual
Por su forma: Mixta
Por su contenido: de Personalidad
Por el canal que se obtuvo: De encuentro directo

TIPO DE ENTRADA: de Resumen o Típica
TIPO DE TÍTULO: De referencia al entrevistado
TIPO DE CUERPO: Mixto
CLASIFICACIÓN DE PREGUNTAS: 1-Informativa-abierta; 2-Informativa-abierta; 3-Informativa-abierta
TIPO DE CIERRE: de opinión del entrevistado

FUENTES CONSULTADAS:

Antonio de los Reyes, compañero de trabajo del entrevistado. Directa.

 



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