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PINTAR CON BACTERIAS

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La microbiología cautivó a Carlos Valmaña desde pequeño, pero el arte nunca estuvo entre sus planes; sin embargo, hoy incursiona en la plástica con la forma de vida más antigua que se conoce: los microorganismos. A propósito hoy, 3 de diciembre, Día de la Medicina Latinoamericana.

Texto y fotos:
GABRIELA MENÉNDEZ FORMELL,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Llegué cerca de las tres de la tarde. En este verano de 32 grados Centígrados como promedio diario, subir los cinco pisos fue una verdadera tortura. Casi sin aliento, toqué la puerta blanca con el número 44, e inmediatamente me abrió.

Parecía que esperaba desde hacía rato. Dos sillones de madera aguardaban en medio de la sala, separados por una mesita pequeña. Las paredes, pintadas de una combinación inusual de naranja y malva, estaban llenas de fotografías de formato mediano. Todas representaban un círculo, y dentro de él, había distintas figuras abstractas. Miré a mi entrevistado y afirmé: “Estas son sus obras”.

“Así es”, respondió con una sonrisa el doctor Carlos Ernesto Valmaña Sánchez, máster en Bacteriología-Micología del Hospital Pediátrico de Centro Habana. Con un gesto me invitó a sentar y yo, todavía mirando de reojo las imágenes exóticas, comencé la entrevista con el médico que pinta con bacterias.

-¿Cómo descubrió que podía pintar con bacterias?

Fue de forma espontánea. Una tarde de 2002 se me ocurrió que estos organismos podían servir para expresar ideas y conceptos artísticos que hasta el momento eran desconocidos para mí. Así surgió la idea, pero no estaba seguro de que funcionara en la práctica. Al día siguiente, llegué bien temprano al laboratorio –por ese entonces trabajaba en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR) –, y empecé a experimentar con unos medios de cultivo que ya no servían para diagnóstico microbiológico.

Según el doctor Valmaña, el hecho de conocer la coloración que se obtiene de cada medio de cultivo y perfeccionar la técnica para pintar sobre él, le llevó mucho tiempo: “Es complicado, pues por ejemplo, las tonalidades se logran a partir de la combinación de colorantes básicos y distintos tipos de medios de cultivo, unos suplementados con sangre de cobayo, carnero o caballo, y los que tienen indicadores de óxido-reducción y cambian de color al modificarles el PH.


“También utilizo bacterias de pigmentos propios como el estafilococos áureos (amarillo), otros tipos de Estafilococos que dan matices blancos, etcétera.

“Después de seleccionar el medio y la bacteria a usar, comienzo a hacer los dibujos con instrumentos tradicionales como el asa de nycrom o platino y la aguja –ambos usados para inocular las bacterias–, la espátula de Drigalski, y otros confeccionados por mi mismo.

“Para pintar en la placa de Petri debo ser muy cuidadoso, ya que se trata de una superficie blanda, parecida a una gelatina, y si me equivoco, no puedo solucionarlo.

“En dependencia del microbio que emplee, el proceso puede demorar unas cuatro horas como mínimo. Luego, ya con el dibujo terminado, debo incubar la placa y controlar los parámetros en función del crecimiento bacteriano y, en 24 ó 48 horas, está el resultado.

“Por supuesto, el original es un dibujo biológico efímero, y no se puede conservar por más de 72 horas en vitrinas refrigeradas. Con el paso del tiempo, los microorganismos continúan creciendo y se pierde claridad en la imagen. Por eso, es la fotografía la que permite perpetuar mi obra”.

Al preguntarle sobre el peligro que representa trabajar con organismos infecciosos, comentó con naturalidad: “El riesgo es el mismo que para el trabajo convencional con este tipo de microbios. Se deben respetar las medidas de bioseguridad, sobre todo si se tiene en cuenta que los agentes patógenos que utilizo, son cepas aisladas de pacientes con infecciones tan simples como sepsis urinaria, o más graves como heridas, quemaduras, entre otras”.

Y añade con un ademán: “De hecho, son los médicos los que se llevan una mejor impresión de mi obra, porque saben que con una manipulación adecuada, no tengo por qué enfermarme. Sin embargo, las personas normales se asustan con facilidad y temen tocar hasta las fotos”.

Las temáticas que aborda el doctor Valmaña en sus obras están divididas en cuatro series principales: la Serie África, vinculada con la religión; la Serie Ancestros, se ocupa de las raíces españolas, negras y chinas de nuestra cultura; la Serie Clonación, tema polémico de positivas y negativas consecuencias, y la Serie Universo, que abarca el misterio de la creación del mundo humano.

Usualmente en sus exposiciones, Carlos Valmaña, especialista de primer grado en Microbiología, destina un libro de memorias y, según cuenta, no conoce a nadie en Cuba ni en el resto del mundo que haga un trabajo similar.

Gracias al apoyo de instituciones y amigos, la obra artística de este médico ha sido mostrada en el Museo Nacional de Historia Natural, en el Teatro Nacional de Cuba, en el Hotel Nacional de Cuba, en la Casa Humboldt y en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, donde fue finalista en el Coloquio Internacional del VI Salón de Arte Digital en la categoría de obra impresa. Además, el doctor Valmaña ha comercializado sus pinturas impresas en una decena de países.

-¿Piensa que esto de hacer arte con las

bacterias es una prueba de que no son

siempre las malas de las películas?

Por supuesto que sí. En la vida nada es negro o blanco, hay matices. Estos microorganismos producen perjuicios, pero también muchos beneficios en la industria láctea, en la producción de pan y cerveza, en la agricultura como controladores biológicos y en procesos vitales de nuestro planeta. El asunto de hacer arte con ellos pienso que es otro motivo más para estudiarlos y acercarnos a su mundo.

-¿Cambiaría sus bacterias por el óleo tradicional?

No lo creo, pero debo confesar que después de hacer el trabajo con ellas me motivé a incursionar en otras técnicas habituales de la pintura, como es el óleo, la monotipia y técnicas mixtas, en función de imágenes abstractas.

Una sonrisa se dibujó en su rostro. “¿Quieres un vaso de refresco?” Yo asentí, y volví a observar las pinturas. Una me llamó especialmente la atención. La figura encorvada, en tonos rosa, fucsia y rojo, con especie de ala, ocupaba el centro de la placa de Petri.

“Esa se llama Ángel; es una de mis favoritas. Verás, por un lado están las bacterias, que producen daño, temor, pero también nos benefician; y del otro el ángel, un mensajero mitológico que puede traer noticias buenas o malas. Todo depende del cristal con que se mire”, dijo entregándome la bebida.

Pie de fotos: El doctor Carlos Valmaña, un microbiólogo que pinta con bacterias. Serie Universo, Ángel (2003). Serie Ancestros, Pluma de Águila (2003). Serie África, Elegguá (2002).

Ficha Técnica:

Objetivo central: Dar a conocer la vocación artística del entrevistado.

Objetivos colaterales: Explicar el proceso de realización de las pinturas. Dar a conocer las temáticas de la obra de Carlos Valmaña, así como los lugares donde ha expuesto. Presentar a las bacterias como organismos que no solo reportan perjuicios, sino que benefician al hombre en la industria y otras esferas de la vida.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual
Por su forma: mixta
Por su contenido: de personalidad
Por el canal que se obtuvo: encuentro directo

Tipo de título: llamativo
Tipo de entrada: descriptiva
Tipo de cuerpo: mixto
Tipo de conclusión: de opinión del entrevistado

Fuentes consultadas: entrevistado



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