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LA HABANA VIEJA: CIUDAD EN MOVIMIENTO

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La urbe capitalina enfrenta significativos retos sociales, entre ellos, la tercera edad amplía sus horizontes mediante un programa que la enaltece y los niños comparten sus cuadernos con el patrimonio cultural. El Centro Hispanoamericano de Cultura: síntesis del arte y el acervo literario en función de la comunidad.

IGRIM LUCÍA CASTILLO MORENO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El recorrido por plazas y calles de La Habana Vieja aviva añoranzas en los transeúntes, quienes advierten en las fachadas de suntuosas basílicas y palacios medievales y renacentistas de ensueño, la coincidencia de épocas diversas importadas desde Europa. Casi cinco siglos han menoscabado la infraestructura de este añejo territorio amurallado, y más allá de instituciones culturales y del trasiego de coches y visitantes, los pobladores del entorno enfrentan una compleja situación social.

La limitada capacidad de respuesta al déficit habitacional debido a la insuficiencia constructiva del municipio, la carencia de áreas deportivas e insatisfacción en la demanda cultural y recreativa de sus moradores, fueron identificados como algunos de los principales problemas de la zona por la Dirección de Planificación Estratégica Municipal de La Habana Vieja, orientada por el Grupo de Desarrollo Integral de la Ciudad (GDIC), para involucrar expertos de la localidad  en la concepción de su futuro desarrollo.

Miembro del grupo, la doctora Nancy Milián sostiene que los consejos populares de Jesús María y Tallapiedra, distantes de la geografía del Centro Histórico, no se han beneficiado de igual manera con la obra restauradora de la Oficina del Historiador. Tallapiedra, señala, tiene barrios insalubres como San Felipe y un asentamiento en la Loma de Ataré.

La especialista explica, además, que el territorio, en general, concentra una considerable cifra de casos de VIH Sida, aunque se prioriza el desarrollo de un programa de prevención y control de esa enfermedad. También refiere que han devenido conductas inadecuadas y violación de disposiciones legales el crecimiento de indisciplinas sociales.

Para contrarrestar esta realidad, la Oficina del Historiador de la Ciudad auspicia la rehabilitación del Centro Histórico y un conjunto de programas los cuales, según investigaciones realizadas por sociólogos, psicólogos y otros especialistas del área de Salud del municipio capitalino de Habana Vieja, elevan la calidad de vida de sus habitantes mediante la participación de los diferentes grupos etáreos en las propuestas socioculturales.

Entre esos proyectos, los programas de atención al adulto mayor y a los niños han generado ventajas como la solución de las dificultades surgidas en el contexto social, y la satisfacción de necesidades tributando, por tanto, al crecimiento personal de los grupos generacionales.

ABUELOS,  PERO SIN FRONTERAS

El pronóstico del tiempo, que anunciaba lluvia para la mañana, no impidió el encuentro en la sala del oratorio San Felipe Neri. Más de treinta viejecitos traspasan el pórtico de la gran estructura, y ocupan los primeros asientos mientras charlan sobre la familia, desatan un comentario al azar,  y convocan a una tarde de música mexicana en la Casa del Benemérito de las Américas.

El Grupo Vocal Nexus inicia la audición. Estos artistas realizan, en coordinación con la Oficina del Historiador de la Ciudad, un plan cultural comunitario que incluye ciclos de conciertos con un repertorio heterogéneo de música clásica, latinoamericana y cubana.

“Mediante estos conciertos pretendemos acercar a los niños de las aulas-museos, a las personas de la tercera edad, y a los centros de trabajo cercanos a la comunidad.  Aspiramos a llegar a sus corazones y sensibilizarlas, para que sean un público más culto”, comenta Yanet Valdés, directora del conjunto.

Complejos e inseguridades han sido apartados después de la inserción de los abuelos en las actividades del Programa del Adulto Mayor, que comenzó a aplicarse oficialmente en la Habana Vieja desde 1994, para propiciar cambios en los estilos de vida de los ancianos a través de acciones educativas y culturales.

Mabel  Rodríguez, especialista que atiende el Programa de Atención al Adulto Mayor, así lo asegura para luego explicar que este método de trabajo sostiene un estrecho vínculo con la esfera de la Salud, por lo que apunta hacia dos direcciones: del Centro Geriátrico Santiago Ramón y Cajal hacia los barrios, y de los Consejos Populares hacia el Centro Histórico. Señala que el quehacer sistemático y las experiencias de estos 13 años, pueden extenderse a cualquier lugar del país, e incluso a otras naciones.

“La variedad de temáticas y técnicas utilizadas verifican el nivel de especialización del programa. En su dinámica son fundamentales las visitas a las Casas-Museos, la asistencia a exposiciones transitorias, ejercicios de reactivación de la memoria, debates, audiciones y encuentros intergeneracionales y con adultos mayores de otras provincias”, argumenta la socióloga de la Oficina de Rehabilitación del Plan Malecón, Marta Moreno.

Nancy Milián, coordinadora del Programa por la Dirección de Salud del municipio, añade que este plan ha demandado la asistencia de individuos de otros lugares como Centro Habana, Cotorro, Plaza, Vedado. La doctora valora al municipio como uno de los más envejecidos de la zona, donde un promedio del 18,8% de su población cuenta con más de 60 años.

Hace algunos años —rememora—, los ancianos de Jesús María y Tallapiedra, los dos consejos populares más alejados del Centro Histórico, eran, en comparación con los de la Habana Vieja, vulnerables. Tenían menos opciones y dificultades a la hora de trasladarse, por lo que casi no asistían a las actividades del programa sociocultural.

Sin embargo, precisa que hoy, para llevar el patrimonio a los sitios más intrincados, se desarrolla el proyecto de Museo Interactivo en la Comunidad, por medio del cual las Casas Museo se mueven hacia los barrios y clubes de abuelos.

“Mediante estas acciones disfrutamos de un desayuno, y aunque no estamos en la Casa de Asia, el especialista acude llevándonos una actividad referida al museo, y si es preciso, piezas de sus colecciones. Estas acciones brindan a la tercera edad comprensión, amor, excelentes relaciones humanas, y sobre todo, una oportunidad para no sentirnos relegados por la sociedad”, expresa Rebeca Tamayo, vecina de 70 años del Consejo Popular de Tallapiedra.

La especialista Mabel Rodríguez apunta que la puesta en práctica del Programa de Atención al Adulto Mayor suscitó desde sus orígenes cambios en el estado de ánimo y en la proyección física y mental de los ancianos. Ahora, asegura, no solo centran el interés en dolencias y enfermedades, sino que se convierten en público permanente y activo de todo el quehacer de las más de 40 instituciones adscritas a la Oficina del Historiador de la Ciudad.

De esta manera, las Casas Museos, junto al gobierno, forjan el compromiso de proveer conocimientos histórico-patrimoniales que favorecen la actuación de los abuelitos como agentes de cambio en la comprensión y divulgación de la labor social.

La geriatra Nancy Milián también considera dentro de este contexto el éxito de la intersectorialidad, y la interrelación que se ha logrado establecer, así como la metamorfosis experimentada por la comunidad.

Varias etapas y una constante revitalización dan vigencia a esta iniciativa que incrementa nuevas propuestas de acciones acordes a la dinámica del Centro Histórico. Este no solo se revela como reliquia, sino también como un importante laboratorio social, donde comunidad y patrimonio se integran para convivir y preservar.

MÁS ALLÁ DE LA FANTASIA…

UNA EXPERIENCIA CUBANA

Con apenas 10 años, en 1995, Henry Gómez cursaba el quinto grado en la escuela primaria Ángela Landa de la calle Teniente Rey, en la Habana Vieja. En esa etapa vio interrumpidas sus clases por el incesante martilleo en el pavimento, ocasionado por los trabajos de rescate de la Plaza Vieja. Ni la fantasía más extraordinaria del infante le hizo sospechar que junto a otros 280 niños, formaría parte de una experiencia sin precedentes en Cuba y el mundo, patrocinada por la Dirección de Patrimonio de la Oficina del Historiador.

Así surgió el proyecto de las Casas Museos, que contemplaba la permanencia de los niños en horario docente y extradocente en los museos o centros culturales de la vieja ciudad. La experiencia promovía la formación ambientalista, el desarrollo de valores estéticos y conductas adecuadas, así como hábitos y estilos de vida más sanos.

Después de casi 13 años, el pequeño Henry, convertido en un joven, expresa que “el vínculo entre niños e instituciones museísticas contribuyó a minimizar los efectos negativos que acarreaba el flujo de extranjeros en el territorio, considerado como el mayor polo turístico de la ciudad”. Los casos de asedio de niños (algunos amigos suyos del barrio) a turistas, tan comunes en 1995, fueron controlados con la aplicación de la experiencia.

“Estas acciones disminuyen, en gran medida, los factores de desventaja social que inciden negativamente en la conducta de los pequeños, y crean un vínculo entre las colecciones del museo y el contenido de los programas escolares”, recalca también Marta Moreno.

Lourdes Olivera, quien atiende el Programa para niños, revela que la práctica constituye el pilar del programa social infantil de la Oficina del Historiador de la Ciudad. Su validez ha permitido que se extienda a otras zonas del país como Boyeros, Santiago de las Vegas, Regla, Bejucal, Baracoa, Trinidad, Bayamo, Santiago de Cuba, Cienfuegos, Santa Clara y Las Tunas, e incluso también a la enseñanza secundaria.

Este ejercicio pedagógico mereció un reconocimiento en el Tercer Concurso Internacional Somos Patrimonio, del Convenio Andrés Bello 2001, y el Premio Internacional Pilar por la Paz 2002, por la implementación de programas didácticos y dialécticos de aprendizaje informal, agrega la especialista.

Silvia García Frías, metodóloga integral de educación primaria de la Habana Vieja, afirma que es, además, “una idea interesante que provoca una situación emocional afectiva, a la par que fomenta los intereses cognoscitivos y hace énfasis en el conocimiento y cuidado del patrimonio”.   

Actualmente, la parte más nueva y sensible de la población se nutre de ofertas culturales de las Casas Museos con las que antes no contaba, y eventos contenidos en el programa para niños, tales como el Festival El Cochero Azul, la temporada Mayo Teatral y conciertos didácticos con relevantes agrupaciones y trovadores cubanos, como la cantautora Teresita Fernández, el Coro Diminuto y la Camerata Romeu.

EN  MANOS DE LAS CARIÁTIDES

El Centro Hispanoamericano de Cultura, como institución adscrita a la Oficina del Historiador de la Ciudad desde mayo del 2004, no permanece apacible y ajeno. Constituye un ejemplo de los cambios que experimenta la comunidad con las actividades que ejecutan las restantes Casas Museos.

El Palacio de las Cariátides, como también se conoce la edificación en honor a los pétreos rostros de mujer que se yerguen en su fachada, atrae por sus interesantes propuestas a un público cada vez mayor, que involucra sobre todo adultos mayores y niños.

La socióloga Moreno, manifiesta que esta es otra manera para que la comunidad tenga la participación activa de niños y grupos de abuelos, especialmente de los parques Maceo, Los Enamorados y la Real Cárcel de La Habana, en sugerentes programaciones culturales.

“Tanto la directora como el colectivo de trabajadores del Centro Hispanoamericano de Cultura son muy gentiles al brindar este recinto para que efectuemos cine-debates, graduaciones de nuestra Cátedra del Adulto Mayor, talleres sobre energía piramidal terapéutica y encuentros de arte culinario”, afirma Lisset Moré, quien con 75 años participa en la programación del centro.
 
Compartir junto a estudiantes de la escuela primaria Julio Antonio Mella, de la Habana Vieja,  es otra significativa idea de la instalación, donde un grupo de 16 alumnos de cuarto grado tienen allí la sede del taller de iniciación al lenguaje cinematográfico Luces, Cámara... ¡Acción!

Miriam García, directora del colectivo pioneril, destaca la creatividad, expresividad, desarrollo de habilidades manuales, capacidades de apreciación crítica y los principales elementos de lenguaje cinematográfico que son aprehendidos con rapidez mediante metodologías de carácter lúdico, práctico y participativo.
 
Pero en este entorno aparecen igualmente más ofertas: familias de la zona, e inclusive de otros municipios de la capital, frecuentan asiduamente la confortable sala Dulce María Loynaz. Allí, la música y la literatura se dan cita en las voces e instrumentos de cantantes como Carlos Varela, las agrupaciones Ars Longa y los Solistas de La Habana, y mediante los talleres sobre técnicas narrativas, el Quijote y la novela negra.

La comunidad atesora el Centro Hispanoamericano de Cultura. Tanto es así que Lesbia Méndez, su directora, recordó algo que bien se agradece: ante eminentes amenazas climatológicas, como huracanes, la institución ha cobijado a los vecinos del entorno. Un compromiso que va más allá de una cuestión puramente cultural.

UN PENSAMIENTO DIFERENTE

Hoy La Habana Vieja revela un nuevo esplendor. Empedrados, plazas, palomas, antiguas fortalezas y recintos paradigmáticos vierten en la vieja ciudad, como una máquina del tiempo, brisas de épocas disímiles.

Pero la realidad social es otra. El municipio que hasta hace poco era conocido por múltiples casos de conductas antisociales y poca higienización de sus barrios, actualmente es partícipe de un proceso de cambio originado a partir de la obra restauradora de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

La trabajadora social Ivón Gutiérrez comenta que “en los últimos años se ha logrado con los proyectos sociales encaminados a satisfacer las necesidades de los diferentes grupos étareos, no solo transformar la imagen del Centro Histórico, sino también elevar la cultura y espiritualidad de sus pobladores, para entregarle al legendario municipio su semblanza y condiciones más dignas de existencia”.

(2007)

FICHA TÉCNICA:

Tema: Programas sociales de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Tesis: Los programas diseñados para el adulto mayor y los niños contribuyen a  la transformación de la comunidad.

Estrategia de fuentes:

Activas:

Lourdes Olivera, especialista que atiende el programa para niños. Pertenece al  Grupo de Didáctica Cultural que atiende la Dirección de Gestión Cultural de la Oficina del Historiador.

Mabel Rodríguez, especialista que atiende el programa del adulto mayor, también pertenece al Grupo de Didáctica Cultural que atiende la Dirección de Gestión Cultural de la Oficina del Historiador.

Nancy Milián, coordinadora del Programa de Atención al Adulto Mayor por la Dirección del municipio de la Habana Vieja.

Miriam García, directora de la escuela primaria Julio Antonio Mella del municipio de la Habana Vieja.

Rebeca Tamayo y Lisset Moré, ancianas vinculadas al programa del Adulto Mayor en el municipio de Habana Vieja y Centro Habana, respectivamente.

Marta Moreno, socióloga de la Oficina de Rehabilitación del Plan Malecón.

Lesbia Méndez, directora del Centro Hispanoamericano de Cultura.

Yanet Valdés, directora del Grupo Vocal Nexus.

Henry Gómez,  joven que en 1995 inició la experiencia de las Aulas Museos.

Ivón Gutiérrez, trabajadora social.

Pasivas:

Programa Cultural de la Oficina del Historiador de La Habana (septiembre 2006).

Planeamiento Estratégico de la Habana Vieja.

Tipo de entrada: Descriptiva

Tipo de cuerpo: Bloques temáticos

Tipo de cierre: De conclusión o resumen

 



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