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POR MÍ NO ESPERARÁ LA PATRIA

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Xiomara Téllez formó parte del primer destacamento de maestros primarios que abrazó la Campaña de Alfabetización.

DAYANA KINDELÁN PEÑALVER,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Se le ve siempre con una sonrisa en los labios y entregándose por entero a la profesión que escogió. Sus conocidos dicen que tiene un carácter recio, ella no lo niega, pero cree que es buena con todos: "La vida me ha enseñado a ser fuerte y a hacer muecas cuando algo no me agrada o me preocupa, no puedo cambiar a esta altura de mis años porque soy así, y los que al principio me critican, luego cambian su opinión y se disculpan".

Su sueño era ser maestra, pero tenía dos obstáculos casi invencibles antes de 1959: era pobre y negra: “Sin la Revolución del 1 de enero no se hubieran realizado mis aspiraciones. Pero lo que me fortaleció como maestra fue la participación en la Campaña de Alfabetización de 1961. Entonces tenía 20 años”.

A 45 años de esa gesta educacional, aprovecho la ocasión de la Jornada del Educador para conversar con Xiomara Téllez, experimentada profesora que formó parte del primer destacamento de maestros primarios del proceso revolucionario cubano, donde, sin integrar las Brigada Conrado Benítez, fue seleccionada para alfabetizar.

En estos momentos, es la Asesora del Audiovisual de la escuela Pedro Domingo Murillo, donde trabaja desde hace más de 20 años. El centro pertenece a Ciudad Escolar Libertad, del municipio Marianao, en la capital cubana.

-¿Dónde alfabetizó y a cuántas personas?

En San Lorenzo, Manzanillo, provincia de Oriente. Allí radicaba el primer año de maestros primarios de la Revolución, del cual yo formaba parte.

Alfabeticé a una sola persona: Luis Chacón González, tenía como 60 años. Me sentí feliz enseñándolo porque me enfrentaba a lo que no había hecho nunca, y como a mí me gustaba el magisterio, me decía: "Xiomara, por fin vas a hacer lo que siempre te ha gustado". Al principio me costó trabajo porque él era una persona que no sabía nada de nada y tenía que enseñarle todo.

-Usted no está en los registros de las

Brigadas Conrado Benítez,

¿qué tipo de alfabetizadora era?

A nosotros nos seleccionaron en la escuela, no sé en qué tipo nos pusieron. Éramos estudiantes de primer año de la carrera de maestros y escogieron a los mejores expedientes para, en sesión contraria, participar en la campaña. Yo no soy de las alfabetizadoras que se anotaron, ni que fueron a un lugar a recoger el uniforme, el manual y la cartilla. No, porque nosotros alfabetizábamos de día, al oscurecer ya teníamos que estar en el campamento y no teníamos que andar por la noche con el farol, porque éramos alumnos del Centro para Profesores Primarios, pero la alfabetización fue para mí una experiencia maravillosa.

-¿Cómo eran los brigadistas?,

¿tuvieron miedo de fracasar en la campaña?

No. Para mí los brigadistas tienen el más alto honor, tan alto que cuando asesinaron a Manuel Ascunce se quedaron firmes en sus lugares y, lo que es mejor, se multiplicaron. Una gran valentía los caracterizaba, y una inmensa convicción revolucionaria, tenían una gran certeza del deber y el fervor revolucionario. A ellos los impulsó el amor a la Revolución, el saber que iban a enseñar a leer y a escribir al que no sabía, y se llevarían eso por siempre en el corazón.

-¿Qué significó para usted haber participado

en la Campaña de Alfabetización?

A partir de ahí tuve más deseos de ser maestra, manteniéndome 42 años después de graduada. He tenido muchos resultados porque trabajo con el corazón, porque sé que la Revolución necesita maestros; por eso yo lo soy.

-¿Cómo ve el cambio de la Cartilla de 1961

a las computadoras y televisores de los años 2000?

¡No, no, no! Eso es un cambio rotundo. En aquel momento la Cartilla jugó su papel porque era lo que teníamos a mano, y dio resultado porque aprendieron a leer muchos, pero no se puede comparar con las nuevas tecnologías. Con ellas el niño visualiza las clases, las interpreta, ve mundos que no conoce, donde no está presente, pero lo está viendo en la televisión, y con las computadoras estudian en los softwares y hacen sus tareas. Eso sí que es un gran adelanto.

-¿Aprenden más los niños?

Tres veces más, que es lo que quiere el Comandante. Las clases le llegan por igual y son muy buenas.

-¿Qué piensa usted de los Profesores Emergentes?

¿Son la continuidad de las Brigadas Conrado Benítez?

Tengo mi opinión personal acerca de eso. Hay maestros emergentes que sí son la continuidad de los brigadistas, pero hay otros que no. El maestro es el ejemplo de la sociedad.

-¿Qué características debe definir a un maestro?

Te lo repito porque es muy importante: el maestro tiene que ser el ejemplo de la sociedad y de sus alumnos; ser honesto, sincero, justo, cumplir con su jornada laboral y dar las clases con la mayor calidad, contemporáneas, entretenidas e instructivas.

-¿Cómo definiría la educación cubana actual?

Para mí es la más avanzada de nuestra época desde el punto de vista metodológico y del uso de las nuevas tecnología. Tiene todos los medios en sus manos, el maestro posee todas las vías para enseñar con la calidad requerida.

-Entonces, si desde el punto de vista

de la organización está bien estructurada,

¿por qué en ocasiones el alumno que llega a la

Universidad lo hace con "lagunas de conocimiento"?

En eso puede influir la preparación de los maestros: todo maestro que no esté lo suficientemente preparado para impartir clases afecta la formación de los alumnos, interviene en eso el cumplimiento del programa de estudios por los maestros, o los problemas de aprendizaje que, en algunos casos, pueda tener el alumno. Si existen tales problemas el alumno nunca aprenderá todo lo necesario y quedarán lagunas de conocimiento; la educación es muy buena, pero no es perfecta.

-Ya usted tiene edad de jubilarse,

¿por qué continúa impartiendo clases?

Se ríe, me mira y pregunta: ¿Qué voy a hacer yo en mi casa? Ya me jubilé y me reincorporé. Continúo dando clases porque me gusta y porque sé que a la Revolución le hace falta todavía mi esfuerzo como revolucionaria, le hacen falta maestros. No hago nada sentada en mi casa sabiendo que la Revolución tiene una necesidad imperiosa de educar a las nuevas generaciones, y si tengo fuerzas para hacerlo, lo hago hasta el final.

-Con 42 años de experiencia como maestra,

¿qué aconsejaría a las nuevas

generaciones de pedagogos?

Que el magisterio es una carrera muy bonita, pero muy sacrificada por lo que tiene que gustarle al que la estudia para que la pueda desempeñar con éxito, y que la asuman porque a la Revolución le hacen falta maestros idóneos para continuar con su obra. 

-¿Qué le hubiera pasado a la educación cubana

de no haber existido la Campaña de Alfabetización?

Si no hubiese habido cambios en la político, que fue el triunfo revolucionario, no hubiese habido cambios en la educación y en estos momentos el número de analfabetos sería mayor, porque a los gobernantes de turno existentes en los años 50 no les interesaba un pueblo culto como a Fidel, por eso la importancia de la Alfabetización.

(2006)

Ficha técnica:

Tipología: Clásica de preguntas y respuestas.

Objetivo central: Conocer criterios y experiencias de una alfabetizadora en el 45 aniversario de la Campaña de Alfabetización.

Objetivos colaterales: Conocer aspectos de la entrevista como profesora en la actualidad y durante estas cuatro décadas y media.

 



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