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SOS POR EL ARTE

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Las Casas de Cultura constituyen instituciones muy importantes para la sociedad, pero ¿están en condiciones de desarrollar su labor?

 

 

Texto y fotos:
MARÍA DEL CARMEN COMPANIONI MONTERO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“En 1976 nació el Ministerio de Cultura (MINCULT), y se realizó la división político-administrativa del país. El Sistema Nacional de Casas de Cultura se fundó en ese año para propiciar la preparación artística de la población, elevar su nivel de vida y fortalecer la identidad de la nación desde cada municipio. La primera fundada en la Isla fue la de Holguín, y en la capital, la del municipio Plaza de la Revolución”, afirma Noemí Acosta, subdirectora en funciones del Centro Provincial de Casas de Cultura en Ciudad de La Habana.

En la actualidad, estas instituciones distan mucho de ser como al principio. Carmen Rodríguez, quien actualmente está jubilada, fue trabajadora durante 15 años de la Dirección Municipal de Cultura en Centro Habana, y expone sus experiencias al respecto: “En un inicio, poseían excelentes condiciones, estaban cuidadas y bonitas, había materiales de trabajo, pero ahora están desbaratadas y hay gran escasez de instrumentos, lo cual dificulta el desarrollo de las actividades”. 

La historia de las Casas

El primero de enero de 1959, con la victoria revolucionaria, en Cuba comenzó una etapa de transformaciones en esferas importantes para la sociedad como la salud, la educación y la economía.

Cinco años después, en el país ya se habían realizado numerosas acciones relevantes en el ámbito cultural, entre las que se destacaron la fundación de instituciones emblemáticas como la Escuela Nacional de Arte, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, la Casa de las Américas y el Consejo Nacional de Cultura, organismo rector y organizador del trabajo en este campo, hasta que en 1976 se fundó el MINCULT.

Muchas de las Casas de Cultura se fundaron en antiguas residencias construidas antes del triunfo de la Revolución, ejemplo las de Diez de Octubre, Cerro y Centro Habana.

El paso de los años, las personas que no cuidan la propiedad social, el impacto acústico de los grupos musicales durante ensayos y conciertos que afectan las paredes de los locales y la ausencia de mantenimiento, son las principales causas del deterioro constructivo de dichos sitios, productores de conocimientos artísticos.

¿Problema general?

En Ciudad de La Habana existen 36 Casas de Cultura, 15 son municipales y otras 21 ubicadas en diferentes zonas de la capital, pues en algunos municipios existen más de dos centros. Actualmente se encuentran cerradas por las malas condiciones de sus instalaciones las de Asunción, en Guanabacoa; la central, de San Miguel del Padrón; las de Santa Fe, Regla y Casablanca.

“Existen casos como el de Altahabana y el Wajay, que desarrollan su labor directamente en la comunidad, pues sus sedes están en una situación tan inadecuada, que imposibilita el trabajo. Otras, como Jaimanitas y Los Pinos, se han trasladado a cines y realizan sus actividades allí”, señala Noemí Acosta.

Algunas edificaciones donde radican las instituciones culturales del Cerro, Centro Habana y Arroyo Naranjo se encuentran hace más de dos años en “proyectos fantasmas” de recuperación. La actual situación económica que enfrenta el país, después de los ciclones Ike y Gustav, hace que se reelaboren los planes de reparación de obras públicas como escuelas, parques o las mismas instalaciones culturales.

“Esos proyectos de mantenimiento tuvieron que detenerse, pues el presupuesto nacional está destinado, fundamentalmente, a la construcción de viviendas para la población afectada por los ciclones del año 2008”, afirma la subdirectora del Centro Provincial.

Agrega que es muy difícil para el Gobierno arreglar las sedes culturales de municipios donde existen miles de albergados y muchísimos solares: “Las edificaciones en las que radican las Casas de Cultura se repararán poco a poco, cuando el país pueda dar respuesta a las necesidades, también las reconstrucciones que requieren estas instalaciones son capitales, por lo que resultan más costosas.

“Hay que hacer cultura con los recursos humanos y los pocos materiales que tenemos. Una vía es utilizar las potencialidades de la comunidad y de los instructores de arte de las brigadas José Martí”.

La destrucción de un patrimonio

Alfredo Hornedo Suárez, en un principio fue chofer de una familia adinerada, luego, de forma inesperada, se convirtió en Senador de la República, millonario y dueño de propiedades como el periódico El País, el teatro Blanquita, hoy Karl Marx, el hotel Sierra Maestra, antes llamado Rosita, entre otras. En 1941 ordenó la construcción de una residencia para vivir con su primera esposa, la señorita de la familia para quien trabajó.

Ubicada en la capitalina Avenida Salvador y Costillejo, en 1959 su dueño abandonó el país y la edificación pasó, junto a las demás posesiones, a manos del Gobierno Revolucionario. Al principio, fue sede de la Asociación de Jóvenes Rebeldes y luego un círculo infantil. En 1982 se convirtió en la Casa de Cultura, donde también radica la Galería Kalho, escenario de exposiciones colectivas de artistas aficionados y profesionales del municipio Centro Habana.

Rasiel Alfonso, integrante del conjunto de baile folclórico Raíces Profundas, comentó: “La instalación lleva un tiempo en reparación y todavía está en malas condiciones, pero aún así realiza actividades y presta servicios a grupos como el nuestro, que no tiene local para ensayar. Aunque la situación a veces nos perjudica, pues no hay agua, es un favor que agradecemos”.

El director de la Compañía de Baile Havana Dance Star, Eddy Fines, recuerda que él empezó a trabajar en conjunto con la Casa de Cultura en el 2002: “Por aquí han pasado varios directores dispuestos a arreglarla, y aunque han propuesto muchas ideas, todo depende de las autoridades, Es cierto que en la capital se arreglaron otras como la de Plaza o la de la Víbora, pero esta también necesita ser reparada”.

Teresa Suárez, vecina de la zona, manifiesta: “Mi nieta baila en un grupito que pertenece aquí hace más de dos años y tiene muy buena relación con su profesora y con los demás trabajadores del centro. Aunque la edificación es muy vieja, si se pintara un poco cambiaría su imagen.

“Según Mirta Fresneda, la trabajadora de más años en la institución, la destrucción de nuestra instalación se desarrolló paulatinamente, como todos los edificios en el país en espera de una adecuada reparación.

“También estamos conscientes de que no hemos sabido conservar el local. El deterioro llega hasta el punto de cerrar muchas veces la segunda planta, porque cuando llueve se acumula el agua en el techo y caen los pedazos de yeso; eso es un peligro, pues aquí ensayan niños”, afirma.

Al centro, Patrimonio de la ciudad, le asignaron en dos ocasiones los fondos para la restauración. En una oportunidad fue cerrado porque era segura la reconstrucción, pero el dinero se utilizó para la reparación de viviendas y después, “el Ministerio de Cultura entendió  que no existía el presupuesto nacional suficiente para realizar la reparación, y que la obra seguía pendiente”, expresó su directora, María del Carmen Mato.

“No ha quedado más remedio que continuar trabajando así, los principales daños están en el techo. Otros de los problemas que enfrentamos es que no tenemos agua, ni sillas suficientes para poder impartir los cursos de estudio, los planes metodológicos y las peñas.

“Seguiremos en esta situación hasta ver si el año entrante nos asignan el presupuesto; mientras, iremos arreglando lo que podamos con los recursos que contamos”, agrega.

Imponiéndose a las condiciones constructivas y materiales con las que cuenta, esta Casa de Cultura continúa desarrollando su labor comunitaria con el empeño de su personal, así como de los instructores de arte, artistas aficionados y profesionales vinculados, o los mismos vecinos, quienes, de una forma u otra, se relacionan con el lugar.

“Este centro se ha podido mantener realizando las actividades, gracias a la colaboración de algunas personas que aportan instrumentos de limpieza, bombillos, o cualquier otra cosa para seguir adelante”, comenta Pedro Álvarez, coordinador general de las prácticas artísticas, dentro y fuera del local.

A esta Institución se encuentran vinculados más de 10 grupos de artistas aficionados y profesionales de danza y música; también realizan actividades culturales junto a la comunidad en el Callejón de Ahmel o en Cayo Hueso, donde trabajan con niños de escuelas especiales.

Laritza Pérez es instructora de arte. Trabaja en la escuela primaria Dalmo Reynaldo Goyre y mantiene una estrecha relación con el centro: “El vínculo es muy bueno, cuando vamos a realizar alguna actividad, la Casa nos presta el audio, o si tengo que ensayar con los niños hay un local a nuestra disposición, además, allí presento mis obras musicales”.

Amantes de su profesión

“Esta residencia fue construida hace muchos años, no sé exactamente cuántos, pues era una Casa Quinta donde una familia perteneciente a la sacarocracia, personas dueñas de cañaverales e ingenios en la etapa de la colonia, venía aquí a recrearse. La zona estaba destinada para el descanso de gente poderosa”, afirma Nirsi Fernández, instructora de los talleres de literatura hace más de 29 años en la Casa de Cultura del municipio Cerro.

Durante la etapa prerrevolucionaria, dicha instalación era una escuela de idiomas, y en 1984 se decidió ocupar como sede cultural. Actualmente, la mitad de la edificación está cerrada por peligro de derrumbe, el área donde se trabaja ha tenido que ser desalojada en varias ocasiones porque el techo se filtra.

“Este deterioro ha traído consigo la poca motivación de las personas y de los grupos a participar en las actividades; no tenemos agua y existen pocos bombillos porque las paredes están en muy mal estado y cuando llueve se humedecen. Eso representa un peligro para cualquiera, hasta para los mismos trabajadores”, manifiesta Antonio Padrón Díaz, director del centro.

“Mis compañeros y yo siempre estamos en contacto con la Casa, venimos a recibir la preparación metodológica, presentamos nuestras actividades artísticas y participamos en las que se desarrollan aquí”, comenta Leticia Navarro, instructora de arte.

Graduado hace dos años de profesor de especialidad cultural de música, Alejandro Acosta trabaja en una escuela primaria vinculada a la institución: “Si mis alumnos obtienen premios a nivel provincial en canto, en parte, es por la ayuda de la dirección de este centro que se relaciona mucho con nosotros.

“Las condiciones del lugar no son las mejores y eso afecta la labor de los profesores que tienen que trasladarse a otros lugares a impartir sus talleres, por ejemplo, el de literatura, actualmente, se ofrece en la Biblioteca Municipal”, agrega.

Mérida Brunes, coordinadora general de la sede, expresa: “Hemos tenido que limitar el trabajo del centro, pues no existen todas las condiciones necesarias para desarrollarnos; por ejemplo, aquí no puede  venir una banda de rock porque las paredes se estremecen, también la mitad del local está clausurado”.

Esta sede realiza importantes actividades dentro y fuera de la institución, como talleres de literatura, plástica y danza. También apadrina a tres grupos de teatro y a más de 20 conjuntos musicales.

“Lo cierto es que nuestros trabajadores aman realmente su profesión, pues aún en las condiciones de la instalación, desarrollan su labor y buscan alternativas para llevar el arte a las comunidades como las encuentros culturales en los barrios, las peñas en lugares representativos de los municipios”, expresa Antonio Padrón, director del lugar.

Mientras muchos artistas empeñados en su trabajo continúan elevando la cultura  popular prácticamente sin recursos, las Casas de Cultura de la capital son víctimas del tiempo, la poca conciencia social y la falta de presupuesto destinado para la reparación de  instituciones artísticas.

FICHA TÉCNICA:

Tema: deterioro de las Casas de Cultura en Ciudad de La Habana. 

Propósito: Indagar en por qué se han deteriorado estos locales de gran importancia para la comunidad. Reconocer a algunas Casas que aún encontrándose en pésimas condiciones, realizan un excelente trabajo artístico.

Objetivos colaterales: Conocer la respuesta de la Dirección Provincial de Cultura frente a esta situación. Profundizar en de qué forma la situación de estas instituciones afecta su desempeño.

Estrategia de fuentes:

Fuentes especializadas:

Noemí Acosta, subdirectora en funciones del Centro Provincial de Casas de Cultura en Ciudad de La Habana.

María del Carmen Mato, directora de la Casa de Cultura del municipio de Centro Habana.

Antonio Padrón Díaz, director de la Casa de Cultura del municipio Cerro.

Nirsi Fernández, instructora de talleres de Literatura hace más de 29 años en la Casa de Cultura del Cerro.

Otras fuentes:

Carmen Rodríguez, antigua trabajadora de la Dirección Municipal de Cultura en Centro Habana.

Rasiel Alfonso, integrante del conjunto de baile folclórico Raíces Profunda.

Eddy Fines, director de la Compañía de Baile Havana Dance Star.

Teresa Suárez, vecina de Centro Habana.

Mirta Fresneda, trabajadora de más años en la Casa de Cultura de Centro Habana.

Pedro Álvarez, coordinador general de las prácticas artísticas, dentro y fuera del local.

Laritza Pérez, instructora de arte, que trabaja en la escuela primaria Dalmo Reynaldo Goyre Díaz.

Leticia Navarro, instructora de arte vinculada a la Casa de Cultura del Cerro.

Alejandro Acosta, instructor de arte de la especialidad de música, trabaja en una escuela primaria vinculada a la Casa de Cultura del Cerro.

Mérida Brunes, coordinadora general  de las actividades que se realizan en la institución.

Soportes a emplear:

Hecho: Deterioro de las Casas de Cultura en Ciudad de La Habana.

Contexto: La situación constructiva de las instalaciones afecta el desarrollo de sus funciones, pues muchas zonas de estas se encuentran en peligro de derrumbe lo que constituye un peligro para los artistas, además que causa poca motivación a las personas asistir a lugares tan destruidos y casi sin condiciones para realizar las actividades.

Antecedentes: Los locales son construcciones muy antiguas por lo que los años, el maltrato de algunas personas, el propio ruido que causan los grupos musicales que allí ensayan y la falta de mantenimiento ha propiciado el deterioro de estas edificaciones.

Proyecciones: En estos momentos el país está en na situación difícil en cuanto a la designación de presupuestos para obras públicas, pues se ha destinado el dinero para la construcción de viviendas afectadas por los ciclones, pero a medida que se pueda se tratará de dar algún fondo para la reparación de dichas instituciones. Están en planes las sedes de Arroyo Naranjo, Cerro y Centro Habana.

Tipos de juicios:

Analíticos: Opiniones de las fuentes especializadas, pues aportan los datos básicos y explican las causas de la situación de los locales. A lo largo de todo el trabajo los datos que aporto se derivan de la investigación realizada.

De valor: Opiniones de los artistas e instructores de arte vinculados a dichas instituciones, los trabajadores de los centros y personas cercanas que son lo que día a día se enfrentan al deterioro.

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: De cita directa.
Tipo de cuerpo: Por escenas o casos.
Tipo de transiciones: En el cuerpo del reportaje utilicé transiciones para relacionar ideas y párrafos. Por ejemplo: también, además, mientras; repetición de palabras y frases como Casas de Cultura; y el uso de subtítulos.
Tipo de cierre: De caso.

 



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