Facebook Twitter Google +1     Admin

MÁS ALLÁ DE LA PALABRA

20100121170532-jonah.jpg

Elio Constantín: periodista, jefe, apasionado del deporte, sabio del lenguaje y luchador revolucionario.

JHONAH DÍAZ GONZÁLEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Elio Enrique Constantín Alfonso es uno de los máximos exponentes del periodismo cubano, un ejemplo a seguir por su abnegación y, al decir de los que tuvieron el placer de trabajar junto a él, en ocasiones resultaba insólito porque parecía un ser de otra galaxia.

El 4 de febrero de 1919 nació en Hatuey, Camagüey, quien con una larga trayectoria profesional fuera condecorado con el Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de toda la vida, en 1996. Fue una distinción otorgada post-mortem, un año después de su fallecimiento el 12 de septiembre de 1995. 

Entre los méritos que avalan tal distinción sobresalen el haber sido subdirector del periódico Granma, jefe de la redacción deportiva de este órgano de prensa, vicesecretario general de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en 1980 y presidente del Círculo de Periodistas Deportivos.

Su trayectoria en el gremio comenzó en 1939 como corrector de pruebas y auxiliar de deportes en el periódico El Pueblo. Laboró antes del triunfo de la Revolución, además, en Carteles, Prensa Libre, Luz y Diario Nacional.

En 1957 fue premiado por la Academia de la Lengua, dado el gran conocimiento de las reglas de la gramática, ortografía y la sintaxis. Varias personas que lo conocieron deducen que esa cultura tuvo su base en su juventud, en los años que anduvo de monaguillo de una iglesia, en los cuales la lectura de textos religiosos lo condujo a leer mucho y aprender latín.

Participó en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista siendo miembro del Movimiento 26 de Julio y tuvo una importante colaboración en el secuestro en La Habana del automovilista argentino Juan Manuel Fangio.

Tanta era su modestia que evadía en todo lo posible el tema de su colaboración en tareas revolucionarias. En su intento de luchar por la plena independencia de su pueblo, demostró haber ido mucho más allá de la palabra.

“Si se quería un modelo de hombre bien educado, había que conocer a Elio. Era un perfecto caballero. Siempre fue extremadamente delicado con sus compañeros de trabajo, incapaz de dejar de saludar con afecto a cualquier persona. Jamás oí salir de sus labios una palabra grosera. En el trabajo llamaba la atención sobre descuidos, negligencias o faltas cometidas, pero siempre con suma delicadeza y tacto, por ello se le respetaba, como también debido a su cultura, inteligencia y espíritu de consagración”, recuerda Juan Marrero, vicepresidente de la UPEC.

-¿Dónde conoció a Elio?


En 1965, al producirse la fundación de Granma. Yo venía del periódico Hoy, y él de Revolución. Ya en esos tiempos era un periodista de fama, principalmente por sus años como cronista deportivo.

-¿Cuáles eran sus pasiones?

Sin duda, el deporte, el lenguaje, el periodismo y la Revolución. Pero el fútbol era su gran pasatiempo, nada lo hacía más feliz que presenciar, narrar  o escribir sobre un partido en una cancha de Campo Armada o en el estadio Pedro Marrero. Tanta fue su dedicación que todos los domingos reportaba o narraba algún juego, y si por complicaciones en su trabajo no podía asistir, siempre buscaba la información localizando a los directores de equipos, árbitros o fanáticos. Extraño era que no conociese todos los resultados.

Marrero, al definir su personalidad, manifiesta: “Fue de esos hombres que se conocen pocos en la vida y para encontrarlos hay que salir a buscarlos. Un ejemplo de modestia, respeto, alegría también, y siempre dispuesto a ayudar a los demás con una cortesía inmensa. Cuando intervenía en discusiones hacia gala de ecuanimidad, serenidad, razonamientos y argumentaciones”.

Por más de 20 años se mantuvo en el periódico Granma. Ahí fue, además,  articulista, formatista y reportero. De 1973 hasta finales de los años 80 asumió la subdirección de Granma y continuó escribiendo desde la mayor noticia, hasta la más pequeña, sin importarle su condición de jefe. Sus  trabajos siempre estarán  dentro de la historia del órgano oficial del Partido Comunista de Cuba. Crónicas como Una estela de simpatía, donde escribió sobre la presencia del futbolista Diego Armando Maradona en Cuba, o las incidencias de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Moscú (1980), son huellas imborrables. Sus noticias eran seguidas, leídas y esperadas cada día con gran interés por los lectores, afirman sus contemporáneos.

Durante la celebración del Mundial de Fútbol de Argentina, en 1978, cubrió las noticias del evento y visitó Rosario, provincia natal del Che, donde escribió un artículo sobre la vida del Guerrillero Heroico en su ciudad.

Juan Varela, periodista de Granma, comentó: “Es para mi el más completo, todo lo hacía bien en el periodismo. Dominaba los géneros periodísticos, y eso no es fácil en nuestra profesión. Si alguien tenía alguna duda siempre era un libro abierto, un manual de consultas. Su pérdida tuvo un gran impacto entre quienes trabajaron junto a él. Muchos grandes y buenos periodistas han pasado entre nosotros, pero no se recuerdan de la manera en que se hace con Elio Constantín”.

-¿Qué representaba el periodismo en su vida?

Realmente lo era todo. Nació para eso y él siempre lo supo, se entregaba  por completo. Creo que si lo apartaban de las noticias nunca le hubiera encontrado sentido a la vida; era su luz, su razón de existir. Nada lo llenaba de más satisfacción que el hecho de ser periodista, de informarse para informar y saber que su trabajo era leído.

-Muchas personas hablan de su sencillez.

¿Cómo usted lo definiría?

Nunca tuvo carro, ni nada que lo elevara por encima de los demás. Si había que coger la guagua, se montaba de primero. A veces no se daba el valor que debía, pero el colectivo se lo brindaba, porque realmente era extraordinario. Llegaron hasta criticarlo por su excesiva sencillez, no se concebía cómo una persona de su prestigio se comportara de esa manera. Pero Elio se sentía feliz, su amor fue el periodismo.

Entre los más sobresalientes aportes de Constantín se encuentran su estancia en Nicaragua como corresponsal de guerra durante varios meses. Desde allí trasmitió informaciones sobre los crímenes de la contrarrevolución, armada y apoyada por la administración norteamericana de Reagan, en  el intento por desestabilizar el gobierno sandinista. 

También estuvo de corresponsal en Portugal en los inicios de la Revolución de los Claveles. Dio cobertura al ascenso del General Francisco  Da Costa Gomes cuando fue ascendido a Presidente de la República, tras la renuncia del General Antonio De Spinola. Releyendo sus trabajos publicados en Granma, aparece un hombre comprometido con su profesión, con su tiempo, con el contexto histórico que le tocó vivir y reportar.

“Jamás le vi envanecerse ante premio o lisonja, en Elio siempre se encontraba un consejo para quienes lo buscaban. Era un modelo a imitar”, escribió Alfonso Nacianceno, periodista de la página deportiva de Granma.

De sus premios más importantes sobresale el haber acompañado en 1979 al Comandante en Jefe Fidel Castro en unos de sus viajes a Nueva York, cuando habló en la Organización de las Naciones Unidas como Presidente del Movimiento de Países No Alineados. Esto significó mucho en el orden profesional y político, porque no hay más orgullo que tocar el suelo de nuestro enemigo histórico junto a Fidel.

Elio entrevistó a Alicia Herrera, autora del libro Pusimos la bomba... ¿y qué?, donde la periodista venezolana desenmascara a los verdaderos terroristas que explotaron en pleno vuelo el avión de Cubana de Aviación, en un momento en el que ella se encontraba perseguida por la mafia anticubana. Él, de manera clandestina, pudo verla y publicar las impresiones de la escritora.

Su pluma reflejó el trabajo abnegado del pueblo cubano, su resistencia frente al imperio y las luchas de liberación que sostenían los países en otras partes del mundo.

Gustavo Ulacia, periodista de Granma, recordó: “Nunca utilices la palabra recalca, trata siempre de encontrarle un sinónimo, esa a él no le gustaba”. Ejerció la docencia en la escuela Manuel Márquez Sterling y en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana.

Dentro de los reconocimientos que le fueron otorgados sobresalen las medallas 28 de Septiembre, Juan Manuel Márquez, la Alejo Carpentier, Al Mérito Deportivo y la Raúl Gómez García, además de la Orden Alfredo López.

“Siempre mantuvo una presencia intachable. Se vestía de una manera muy elegante. Su ropa estaba limpia y bien planchada en todo momento. A pesar de la edad, su pelo hacía pensar que los años habían pasado sin dejar huella. En ocasiones, en forma de broma, le preguntábamos si utilizaba algún producto en su cabello para disimular el paso del tiempo, a lo que respondía con su eterna sonrisa”, rememora Juana Carrasco, periodista de Juventud Rebelde.

En 1985 publicó junto a Ernesto Vera el libro El periodismo y la lucha ideológica, a cargo de la editorial Pablo de la Torriente Brau. Ahí analiza la prensa cubana antes del triunfo de la Revolución, todos los periódicos que existían y el número de tiradas realizadas diariamente, entre otros aspectos. En el 2006 se realizó una nueva edición.

“También fungió como intermediario para tratar el tema de la participación  de Cuba en los Juegos Olímpicos de Seúl, 1988. Finalmente Cuba no participó en ese evento”, explica su nieta Ingrid, quien lo tiene presente en todo momento.

Magali Constantín, su hija, no recuerda ningún pasaje negativo en la vida de su padre: “Nunca escuché una discusión en la casa con mi madre, Marina, en 50 años de matrimonio. No le gustaba la bebida, ni era buen bailarín, pero tenía una voz enternecedora que enamoraba a cualquier muchacha con tan solo escucharla. Si íbamos a la playa y llegábamos al mediodía, él por la noche se iba para el periódico. En muy pocas ocasiones cogía sus vacaciones.

“Me acostumbré tanto a tenerlo a mi lado, que el día en que me faltó no sabía a quién pedir consejos. Aún en sus últimos días de vida, hospitalizado, me dictaba su sección Del Lenguaje, la cual mantuvo en la páginas de Granma después de jubilarse en 1987, hasta el día de su fallecimiento a los 76 años de edad”.

Elio Constantín es un paradigma de nuestra profesión. Durante sus años de trabajo demostró por qué para hacer periodismo se necesitan aptitudes ejemplares. Todo su empeño lo brindó a la faena por la que sentía amor.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Ficha técnica:

Objetivo central: Hacer un retrato de personalidad de Elio Constantín.

Objetivos colaterales: Indagar sobre su labor periodística y  revolucionaria. Saber la opinión de sus antiguos compañeros de trabajo. 

Tipo de entrevista:

Por sus participantes: Colectiva.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: Relato de personalidad.
Por el canal en que se obtuvo: Conversaciones cara a cara, vía telefónica, documental.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: Biográfica.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de preguntas declaradas: 1-Cerrada, directa; 2-Abierta; 3-Abierta, directa; 4-Abierta.
Tipo de conclusiones: De opinión o comentario del entrevistador.

Fuentes consultadas

Juan Marrero, vicepresidente de la UPEC.
Juan Varela, periodista del periódico Granma.
Alfonso Nacianceno, periodista del periódico Granma.
Gustavo Ulacia, periodista del periódico Granma.
Juana Carrasco, periodista del periódico Juventud Rebelde.
Magali Constantín, hija de Elio Constantín.  
Ingrid, nieta de Elio Constantín.

Documentales:

“Uno de los grandes del periodismo”, por Juan Marrero.
“El maestro que conocimos”, por Alfonso Nacianceno.
“Una estela de simpatía”, por Elio Constantín.
Inauguración de los Juegos Olímpicos de Moscú, por Elio Constantín

Tipo de fuentes: Directas, no documentales y Documentales.



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris