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LA UNIVERSIDAD ES UNA ESCUELA POLÍTICA

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En ocasión del aniversario 280 de la casa de altos estudios cubana, Mayra Heydrich Pérez reflexiona a la luz de 30 años de ininterrumpida labor.

 

 

MARÍA CARIDAD GUINDO GUTIÉRREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Para algunos veinte años, son nada. Para Mayra Heydrich Pérez significan una parte importante de la vida dedicada a la formación de las nuevas generaciones de científicos cubanos desde la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana.

-Su vida laboral comenzó en la propia Universidad.

¿No ha sentido el deseo de un cambio?

La Universidad de La Habana ha sido el único centro de trabajo que he tenido durante toda mi vida. Desde que era estudiante fui alumna ayudante y estuve vinculada a las labores científicas y docentes en la  Facultad de Biología, porque la docencia ha sido uno de los aspectos que más me han gustado: la enseñanza de pregrado, de postgrado, y esto hizo que resultara una motivación para mí haber sido seleccionada entre los graduados de ese año que se quedaron en la Universidad.

Una vez como trabajadora desempeñé diversas responsabilidades de dirección, las cuales han enriquecido mi labor, porque indudablemente tener la posibilidad de dirigir en diferentes organizaciones y en la institución proporciona una dimensión mayor de  diferentes aspectos, de las tareas, de las personas y conocimiento de su área y de las áreas externas a la Universidad.

Pienso que mi tránsito profesional en la Universidad ha estado lleno de cosas muy bonitas. Estas etapas de mi vida me permitieron comprender que el trabajo que se realiza no se resume en la docencia y la investigación, sino que va mucho más allá.
 
La Universidad es para mí una escuela política, es un centro de debate, de desarrollo, y yo realmente no siento que pudiera haber estado nunca en otro sitio que no fuera en ella, ni siento que pudiera ir ahora a otro sitio.

Es parte de mi vida, y por tanto, algo muy importante, tanto como mi familia y otros valores que uno siempre lleva intrínsecos. Siempre he sentido mucho orgullo de pertenecer al claustro universitario, e incluso después que fui liberada de mi cargo como decana, decidí continuar desde mi departamento que cuenta con buenos resultados científicos. Imparto clases de Microbiología, coordino esa maestría y la mención de Microbiología Microbiana; además, soy miembro del consejo científico y vice-presidenta del Tribunal Nacional de Ciencias Biológicas.

-¿Cómo organiza el tiempo con su familia?

La labor de un profesor nunca termina, y esto requiere de una combinación muy buena para que la familia nunca se sienta descuidada. Ya no me refiero a la labor de  dirección, sino al trabajo como profesora que implica la superación profesional, la búsqueda de medios audiovisuales, de textos y  esa labor necesita tiempo, difícil de encontrar dentro de la dinámica de la Universidad.

Estas son carreras donde los jóvenes entran con un alto promedio, una motivación fuerte y muchas expectativas, las cuales los profesores debemos tratar de cumplir. Si a eso le sumas que en gran parte de mi vida laboral he realizado estas tareas a la par de las responsabilidades de dirección, pues no ha sido fácil, sin embargo, cuento con el apoyo y la comprensión de mi familia. Trato de deslindar la profesión de los deberes familiares y hago en casa aquellas cosas imposibles de hacer en la Facultad. Pero el máximo de tiempo en el hogar lo dedico a mis hijos, a mi esposo y a compartir con seres queridos y amistades. Se puede ser un magnífico trabajador y tener muchos reconocimientos científicos, pero  no contar con una vida familiar saludable y eso considero que es imprescindible para sentirse pleno como ser humano.

Creo muy importante el ejemplo que podamos ser para los jóvenes que formamos e impregnarlos del sentido de pertenencia con la Universidad y demostrarles que se pueden hacer cosas diversas. Los profesores debemos exigir y además mostrar el espíritu de sacrificio necesario para alcanzar las metas trazadas, apoyarlos mucho y demostrarles la importancia de crecer profesionalmente y como ser humano. Cuando uno es un buen ser humano, es capaz de hacerlo todo bien y eso trato de ponerlo siempre en práctica.

-¿Qué criterio le merece la Universidad

actual con respecto al año 1974,

su espacio en ella como estudiante?

Son dos momentos totalmente diferentes, aquella era una Universidad donde había muchísimo compromiso político y espíritu de sacrificio. No quiero decir que ahora no se tenga, pero era otro contexto, la forma de llevar a cabo las tareas, las condiciones. Teníamos mucho apoyo del excampo socialista, no sabíamos de dónde venían las cosas, pero sí sabíamos que contábamos con lo necesario para llevar a cabo los experimentos que realizan los birólogos, bioquímicos y microbiólogos, las tres carreras estudiadas en la Facultad. Esos vínculos con el socialismo de Europa del Este permitieron a más del 50 por ciento de los estudiantes y profesores de mi generación formarse y trabajar allá.

Aquel era el contexto de la Universidad y así se mantuvo hasta la década de los años 90, una etapa de bastante escasez de materiales en detrimento de las posibilidades que he tenido de transmitirles a los jóvenes las habilidades prácticas necesarias. Ante esta situación económica  empezamos a buscar los medios de obtener financiamiento externo, porque no se podía parar, ni en ese momento ni ahora. Así surge otro estudiante, mejor preparado en algunas herramientas de trabajo, pero sí considero que siente un poco menos de compromiso. En esas dos corrientes nos encontramos.

Los estudiantes sí quieren llevar adelante nuestro proyecto social, continuar con sus valores y logros. No obstante, considero que se debe apreciar a cada grupo humano en el contexto donde se desarrolla. Todo el mundo tiene muchos deseos de prepararse bien, de aprender al  máximo y a pesar de los cambios de época, para mí la Universidad estará siempre llena de gente con sueños, con aspiraciones, quizás diferentes, pero que llevan a prepararse mejor.

-¿Cuál es la labor que más le ha impactado?

Después que terminé el trabajo como decana en el 2002, empecé a trabajar en la Vicerrectoría de Relaciones Internacionales de la Universidad en un departamento poco desarrollado que era entonces el intercambio científico con estudiantes estadounidenses.

Esa labor me ha llenado de satisfacción porque nuestras relaciones profesionales con Estados Unidos se han visto afectadas durante la administración del presidente George W. Bush. Actualmente un grupo de ellos viene a pasar un semestre en la Universidad de La Habana cursando diferentes asignaturas. Es una tarea que requiere mucho esfuerzo porque esos muchachos provienen de universidades de élite y llegan a Cuba con grandes expectativas en el campo de los saberes.

Hasta el momento han transitado por la Universidad alrededor de 2 000 estudiantes, cifra no muy altas, pero constituye avances. Esta es una labor bonita, uno siente que ayuda a formar a las personas que en algún momento serán los líderes económicos, políticos y sociales de aquel país y, por otra parte, los jóvenes están teniendo su propia opinión sobre Cuba. La mayoría viene con mente muy abierta y se va mejor de cómo llega por la posibilidad que tiene de evaluar nuestro proyecto social. Esta labor la desempeñan diferentes compañeros y yo soy la coordinadora académica de cada currículum de estudios. Una pequeña contribución al mejoramiento de las relaciones de trabajo con los Estados Unidos.

-¿Abandona, entonces,  los proyectos científicos?

No. Me encuentro en un momento muy bueno desde el punto de vista científico porque estoy desarrollando un trabajo con la Universidad Libre de Bruselas, en Bélgica, y hasta ahora tenemos cuatro investigaciones y la más reciente es en el mejoramiento del cacao en Cuba. Tiene gran importancia para mí porque se suma la Universidad de Guantánamo.

Este proyecto cuenta con un financiamiento de casi medio millón de euros y el asesoramiento de la Estación Experimental de Café y Cacao, en Baracoa. Las investigaciones han requerido de mucho esfuerzo tanto por la parte belga como de la cubana, y han sido aprobadas para ponerse en práctica a partir de febrero de 2008. Por otra parte, trabajo con un grupo de la Universidad para presentar una propuesta para el financiamiento de los doctorados en las carreras de ciencias experimentales, o sea, Matemática, Química, Biología y Farmacia.

-¿Qué insatisfacciones quedan?

Me hubiera gustado ver la Facultad en mejores condiciones de infraestructura y que los estudiantes pudieran prepararse desde el punto de vista práctico. Pero esta es una insatisfacción entre comillas porque nosotros los cubanos siempre tenemos soluciones a las adversidades que se nos  presentan, y esas dificultades las hemos suplido con un conjunto de unidades docentes radicadas en el Polo Científico del Oeste.

Allí enviamos a los alumnos a adquirir las habilidades que podrán aplicar cuando se gradúen, porque en este momento lo más importante es prepararlos teóricamente. Aunque me hubiera gustado que ellos, en su Facultad, pudieran constatar los avances vertiginosos en la ciencia. Tengo, en cambio,  más satisfacciones: soy muy afortunada, la vida me ha dado la posibilidad de estar siempre aquí, de conocer personas maravillosas, de adquirir una visión muy amplia el tiempo que estuve en el consejo universitario y el hecho de seguir trabajando vinculada a las labores de  dirección.

Francamente, quisiera que la Universidad fuera siempre esta: la que todo el mundo sueña con subir su escalinata y después nadie quiere bajar.

-¿Cuáles son sus retos?

Estoy empeñada en que los jóvenes formados a mi lado alcancen el grado de doctor y tengan una preparación sólida. Me gustaría escribir un libro colectivo que refleje nuestro trabajo. Así, cuando decida retirarme y llevar una vida más calmada, ellos tengan un compromiso fuerte con la Universidad y lleven adelante sus proyectos científicos.

Quiero,  entonces, que me recuerden no solo como la profesora. Que me recuerden porque contribuí a preparar gente buena, dispuesta a enfrentar cualquier tarea. Quiero servirles de ejemplo para seguir adelante, para vencer los obstáculos, para que nunca se cansen. Ese es mi mayor deseo.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo  central: Conocer el criterio que merece a la entrevistada el nuevo contexto universitario y la repercusión de esta institución en su vida personal.

Objetivos colaterales: Indagar en la realización de nuevos proyectos científicos.

Tipo de entrevista:
Por su forma: De preguntas y respuestas.
Por su contenido: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo.

Tipo de titulo: De cita textual.
Tipo de entrada: Directa o de presentación.
Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas.
Tipo de conclusión: De comentario u opinión del entrevistado.

Fuentes consultadas: Activas. Annia Hernández, doctora en Ciencias Biológicas y jefa del Departamento de Microbiología. (Compañera de trabajo). Marcia Rojas, doctora en Ciencias Biológicas. (Compañera de trabajo). Yanelys Acebo (estudiante de Maestría).

16/02/2010 06:54 islalsur #. Nosotros, los del 280


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