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RECTOR EN LA CONVERSACIÓN

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Tema: Según Alfredo de la Cruz, el entrevistador es responsable de la dirección que toma la entrevista; por lo tanto, debe categorizar y evaluar constantemente lo que responde el entrevistado.

DAVID VÁZQUEZ ABELLA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“La entrevista es como un diálogo donde un interlocutor interroga, formula pocas o muchas preguntas, sobre uno o varios temas, en busca de información, para conocer opiniones o revelar una personalidad a través de respuestas, mientras el otro interlocutor las responde o las elude, parcialmente. Y como forma literaria, es la reseña de esa conversación, o más exactamente, de ese interrogatorio”, así define la entrevista periodística Eleazar Díaz Rancel, Profesor Titular de Periodismo en la Universidad Central de Venezuela, en su libro Miraflores fuera de juego.

Existen muchas definiciones de entrevista periodística dadas por teóricos y periodistas. Como todo en el periodismo, las definiciones tienen una gran carga de subjetividad, dependen del medio para el que se trabaje, la sociedad, incluso de la formación profesional que se haya tenido. Veamos algunos conceptos ofrecidos en libros o declaraciones por varios especialistas nacionales y extranjeros.

Juan Cantavella, profesor de Redacción Periodística en la Universidad de San Pablo-CEU de Madrid, en su Manual de la entrevista periodística expone que es “un diálogo que se mantiene con una persona con el fin de publicar sus palabras más o menos literalmente”.

Algunos periodistas definen la entrevista utilizando metáforas. Alina Perera, periodista del diario Juventud Rebelde, opina que “una entrevista es una aventura comunicativa que puede llevarnos a desenlaces no previstos, ni siquiera imaginados. Comparo su inicio con el acto de golpear con una fusta a un potro salvaje. Lo que suceda en los minutos siguientes —que podamos controlar o no la situación— dependerá en mucho de nuestra fuerza, capacidad, y experiencia acumulada.”

Otro teórico español, el fallecido Martín Vivaldi, en su muy reconocido libro Curso de redacción, plantea que “además de sus características propias, la entrevista es también información y reportaje. Su misión: decir al lector «quién» y «cómo» es tal o cual persona: lo que dice, piensa o hace con respecto a un problema determinado; o, simplemente, lo que hace en su vida como persona. En este caso, una entrevista es una retrato –con algo de narración- de un hombre, pero con el molde vivo, puesto ante el lector.”

Para algunos, la entrevista es en función de una tercera persona. Los psicólogos Van Dyke y Moore, de la Universidad The Pennsylvania State College, EE.UU, se explican quién es esa nueva persona: “La entrevista periodística se conduce fundamentalmente, no en interés del entrevistador ni el entrevistado, sino del lector. El énfasis se centra en los «hechos interesantes», es decir, en hechos que interesen de una u otra forma a un auditorio completamente ajeno a la situación actual.”

El periodista argentino Jorge Halperín, define la entrevista como “la más pública de las conversaciones privadas. No es un diálogo libre entre dos sujetos. Es una conversación centrada en uno de los interlocutores.”

Casi todos los autores consultados coinciden en que la entrevista periodística es una plática entre dos personas (el entrevistado y el entrevistador) la cual será publicada después. El trato del periodista con el entrevistado debe ser sobre la base del respeto, por lo tanto, el periodista debe comportarse con educación.

Jorge Halperín, quien además dirige las secciones Opinión y Cultura y Nación del diario Clarín en Argentina, considera que no es una relación entre pares “ni mucho menos entre conocidos de toda la vida. Es la voz del entrevistado la que debe predominar. El periodista debe mantenerse al margen, pero no por eso ser un fantasma; debe marcar su presencia cada vez que observe la existencia de contradicciones y otras mañas del entrevistado.”

Para refutar esta idea de Halperín, la profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Iraida Calzadilla, declara que “el periodista es algo más que un simple corrector de desaciertos del entrevistado. Él es el responsable de la conducción del diálogo, cuyo dial siempre está en un interés y en una intención, en un propósito. La rienda de la entrevista siempre la tendrá el periodista con preguntas inteligentes, con precisiones oportunas, con acotaciones que faciliten la comprensión del tema; es ahí donde brilla su protagonismo; un protagonismo en otro nivel.”

El reportero es responsable de todo lo que se publique, sea o no en voz del entrevistado. Por tanto, es responsable también del camino que toma la conversación. El periodista debe guiar la plática y no al revés. Para lograrlo debe prepararse muy bien. Los objetivos que se persiguen con la entrevista tienen que estar definidos y de esta forma llevar la conversación de manera que se cumplan.

Según Mercedes Rodríguez García, Profesora Titular Adjunta de la Facultad de Comunicación en la Universidad Central de las Villas, definir la meta que se persigue es muy importante: “Tener bien claros los objetivos, conocer de antemano y lo más posible sobre nuestro entrevistado, nos adelantará poco menos que la mitad del camino”, así declaró en su artículo titulado La entrevista periodística: seis respuestas y una anécdota.

Todos coinciden en la importancia de tener claro los objetivos antes de comenzar la conversación. La periodista del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, Irma Cáceres, considera que “para hacer una buena entrevista hay que conocer qué es lo que quiero buscar, no hacer preguntas al azar, se pierde tiempo y los entrevistados se pueden agotar y no obtienes lo que querías, por lo tanto, hay que pensar en eso previamente.

“Hay que saber quién es la persona, todos sus antecedentes para poder llegar a conclusiones y saber por qué reacciona de determinada manera. Saber quién es, cuál es su origen, dónde estudió, cuál es su especialidad. Además hay que conocer del asunto que se va a tratar: puede ser un científico, un arqueólogo o un carpintero y hay que informarse sobre el tema. No se puede hacer una buena entrevista sin previa preparación. Para la TV es muy importante. El tiempo es corto y, por tanto, las preguntas tienen que ser más pensadas”, concluye Cáceres.

Alina Perera concuerda en la importancia de conocer las características del entrevistado para poder guiar la conversación: “Si importante es la información que debe acopiarse preliminarmente, y también el cuestionario, resulta cardinal tener claridad sobre las características más prominentes del entrevistado, pues a partir de esa definición, podrá construirse la dramaturgia de un diálogo, la cual debe estar en función de llevar al otro por los caminos donde muestre sus pasiones, donde defienda sus verdades con todo el arsenal posible.”

No para todas las entrevistas existe una oportunidad de realizar una preparación. En ocasiones no hay tiempo, de ahí la importancia de la formación general del reportero. Sahily Tabares, periodista de Bohemia, opina sobre la necesidad de un periodista instruido culturalmente: “La entrevista periodística requiere de cultura sedimentada, o sea, de que tú realmente conozcas de todo un poco. En este siglo es muy complejo saber de todo, pero tienes que tener mucha información.”

Conocer las características sicológicas del entrevistado es necesario para lograr el éxito. Muchos teóricos y periodistas activos han expresado sus ideas al respecto. Roger Ricardo Luis, periodista y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, cree que “la entrevista periodística es un diálogo con un nivel de intencionalidad muy alto, por lo tanto, debes tener objetivos específicos y conocimiento de las características sicológicas de quien vas a entrevistar.”

Por su parte, el profesor Juan Cantavella considera unas condiciones mínimas y comunes en todas las entrevistas para el éxito, “que el entrevistador conozca bien el tema sobre el que debe preguntar; que esté informado sobre la persona con la que dialogará y que considere la conversación como medio para obtener información u opiniones, pero no para el lucimiento único.”

Otros autores concuerdan con Cantavella. Para el periodista Jorge Halperín, la clave del éxito está en tener un gran conocimiento de la persona a interrogar: “Este se obtiene a través de un trabajo riguroso de archivo o mediante la conversación de personas que conocen al entrevistado.”

Sin duda alguna, la preparación es fundamental para guiar la entrevista. Un objetivo bien definido posibilita tomar la dirección en la conversación que se desee. Cada respuesta debe ser analizada por el periodista para determinar el cumplimiento de los objetivos previamente planteados en la preparación. Además, obtener la confianza, o al menos la empatía del entrevistado permitirá también tutelar la plática.

Respecto al clima que se debe crear en la entrevista, Halperín considera “que se debe crear un clima de distensión propicio para que la conversación fluya sin problema.”

Por su parte, la profesora Mercedes Rodríguez García vincula el clima de la entrevista con la preparación de la misma: “Lograr que nuestro entrevistado se sienta cómodo, identificado hasta olvidarse de que tiene enfrente a alguien deseoso de conocerle desde los pies a la cabeza, dependerá en mucho de la preparación. Es más, estará en relación directa con las capacidades y habilidades del buen comunicador.” Agrega que para conseguir la entrevista “es preciso lograr la empatía, con honestidad, revelándonos también nosotros un poco.”

El escenario de la entrevista juega un rol fundamental. Debe ser un espacio que no sea hostil ni al periodista ni al entrevistado. “Para lograr un escenario propicio en la entrevista, uno tiene primero que conocer al entrevistado, pasar tiempo con él, compartir, y luego, reflejar ese ambiente en el trabajo escrito”, así opina Roger Ricardo Luis, Director de Investigaciones del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

En resumen, el periodista es el responsable de toda la entrevista. Para llevar a cabo un buen trabajo periodístico la preparación es fundamental. Una buena investigación y documentación sobre el entrevistado y el tema a tratar y a partir de ahí definir un objetivo claro, son las claves del éxito. Con un fin definido, el periodista conoce la meta y lleva la conversación en esa dirección. También son importantes las cualidades personales del reportero que le permitan crear un ambiente agradable para la plática.

Recuadro 1:

Entrevista a Roger Ricardo Luis,
periodista, profesor y Director de Investigaciones del
Instituto Internacional de Periodismo José Martí

El cuestionario es la columna vertebral de la entrevista periodística y como tal, requiere de una preparación previa. Insisto en ello  porque se trata del punto de partida, la base sobre la cual se establece la estrategia de la entrevista a partir de los objetivos que nos proponemos alcanzar con ella.

La entrevista no es un golpe de suerte y mucho menos un acto de inspiración, de ahí el por qué de ese preámbulo que nos permite saber cuánto se ha dicho del tema escogido, quién debe ser la persona indicada para que nos brinde la información que necesitamos y cómo es.

La preparación previa, en suma, es el antídoto contra la improvisación y, por tanto, de la  falta de profesionalidad.  En ese sentido también desempeña un papel importante la cultura general e integral del periodista.

En resumen, la preparación previa como base de la entrevista, debe recoger la mayor cantidad de información posible del tema y del entrevistado. Con ello estaremos en condiciones para la elaboración  del cuestionario, la guía temática, la pauta, según la  estrategia que nos propongamos emplear.

Otro aspecto importante es no perder nunca de vista que el periodista encarna el interés del lector. Si bien este es un  principio clave del periodismo, en el caso de la entrevista se hace mucho más relevante a partir de esa relación psicológica que se establece entre  el entrevistador y el receptor-lector.

La entrevista, para mí, es el género más complejo por todas estas complicidades que requiere. Hay que jugar mucho con la psicología.  Si toda la comunicación es intencionalidad, en el caso de la entrevista periodística, lo es más.

No creo que haya una pregunta más importante, sino varias, en dependencia de las cosas que se van a buscar y su ubicación  estará siempre en función de la oportunidad, del momento óptimo del diálogo según la situación, el momento, para que surja el efecto y sea bien respondida y cumplir el objetivo.

La entrevista, como construcción dramatúrgica al fin, hay cuestiones que vas a utilizar para la entrada, como gancho, o para el final, o en el cuerpo de la entrevista de manera que no se caiga, y mantener la atención del lector todo el tiempo. Hay veces también que las respuestas son muy extensas, se hacen muy tediosas y uno puede introducir otras preguntas. Asimismo, necesitas describir la atmósfera, el ambiente, que permitan situar al lector en ese escenario.

Lo otro a tener en cuenta es el local donde vas a realizarla, un lugar que sea cómodo para los dos. Si tú quieres un escenario propicio para la entrevista, uno tiene primero que conocer al entrevistado, pasar tiempo con él, compartir, y luego reflejar ese ambiente en el trabajo escrito.

Las entrevistas previamente pactadas son las más que uno hace en su vida. Para las entrevistas rápidas que también forman parte de la dinámica periodística está la cultura del periodista que lo salva de los lugares comunes y las preguntas manidas; más bien lo que buscamos son declaraciones.

En suma, siempre debemos pensar que estamos ante la mejor entrevista de nuestra vida profesional.

Recuadro 2:
Entrevista a Alina Perera,
periodista de Juventud Rebelde

Sobre que el periodista sea el responsable de la dirección que toma la entrevista, y por tanto debe categorizar y analizar cada respuesta del entrevistado, estoy de acuerdo. Porque el periodista tiene en sus manos —diría que casi en un ochenta por ciento— el éxito de la entrevista. Si importante es la información que debe acopiarse preliminarmente, y también el cuestionario, resulta cardinal tener claridad sobre las características más prominentes del entrevistado, pues a partir de esa definición, podrá construirse la dramaturgia de un diálogo, la cual debe estar en función de llevar al otro por los caminos donde muestre sus pasiones, donde defienda sus verdades con todo el arsenal posible.

A veces, como parte de las sorpresas que nos da el oficio, constatamos que una pregunta pretenciosa no provoca la repuesta que esperábamos, como mismo una simple acotación, incluso una palabra, puede tocar resortes insospechados y desatar confesiones emotivas, sustanciosas, por parte del entrevistado. Son estas vivencias las que nos llevan a poner mucho cuidado en lo que vamos preguntando.

Ningún cuestionario, por bueno que parezca, debe ser una camisa de fuerza. Hay un umbral de improvisación, cuyo éxito depende de la habilidad y preparación general del periodista. Hay interrogantes que van naciendo en el camino, y que caen por el propio peso de la lógica.

Finalmente, en el momento de llevar el diálogo al papel, a veces es preciso cambiar el orden de las preguntas con sus respuestas, para acentuar determinadas características del entrevistado, o para darle mayor fuerza a un cierre. Lo más importante, a fin de cuentas, es contar con una buena materia prima que podamos moldear a tenor con nuestras intenciones, sin que eso signifique falsear la realidad.    

Sobre que la entrevista es el desarrollo de un cuestionario planificado, organizado, coherente y dirigido a satisfacer incógnitas y descubrir soluciones, pienso que la entrevista, como la veo, es mucho más que eso: un buen cuestionario es un buen punto de apoyo. Sin él, casi siempre nos quedaremos a mitad de camino, o por debajo en el momento del diálogo. Pero no basta con tener una lista de preguntas «profundas» e «ingeniosas».

Una entrevista es la interacción de dos mundos espirituales, a veces divergentes en muchos puntos. El periodista debe estar armado de cultura, de información fresca, y hasta de intuición, para llegar con éxito al final de su empeño. Muchas cosas que van más allá de un cuestionario entran en juego, hasta la «química» que pueda darse, o no, entre las dos partes de la entrevista.

A veces muchas incógnitas quedan sin ser despejadas, y eso no es malo. En ocasiones no se atisban soluciones, y eso forma parte de la realidad. Puede que una interrogante genere otras por parte del entrevistado, y que esa también sea una manera efectiva de hacernos pensar.    

De modo que, en mi humilde juicio, una entrevista es una aventura comunicativa que puede llevarnos a desenlaces no previstos, ni siquiera imaginados. Comparo su inicio con el acto de golpear con una fusta a un potro salvaje. Lo que suceda en los minutos siguientes —que podamos controlar o no la situación— dependerá en mucho de nuestra fuerza, capacidad, y experiencia acumulada.

BIBLIOGRAFÍA:

DOCUMENTAL:

Cantavella, Juan. Manual de la entrevista periodística. Editorial Ariel, S,A, Barcelona, 1996 (versión digital en INTERNET).

Díaz Rangel, Eleazar. Miraflores fuera de juego en Gargurevich, Juan. Géneros Periodísticos, La Habana, 2006, pág 37.

Halperín, Jorge. La entrevista periodística. Intimidades de la conversación pública. Aguilar, 2007 (versión digital. INTERNET).

Martín Vivaldi, Gonzalo. Curso de Redacción en Gargurevich, Juan. Géneros Periodísticos, La Habana, 2006, pág 36.
 
Rodríguez García, Mercedes. La entrevista periodística: seis respuestas y una anécdota. En:
http://www.latecla.cu/bd/entrevista/seisrespuestas_mercedes.htm

Van Dyke, Walter y Moore, Victor. Cómo entrevistar  en Gargurevich, Juan. Géneros Periodísticos, La Habana, 2006, pág 36.

NO DOCUMENTAL:

Alina Perera, periodista del diario Juventud Rebelde.

Iraida Calzadilla, profesora de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Roger Ricardo Luis, profesor, periodista y Director de Investigaciones del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

Sahily Tabares, periodista de la revista Bohemia.




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