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LA VIDA ES UN IMPREDECIBLE GUIÓN

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El proyecto que dirige la Doctora María Victoria Chirino pretende una educación más avanzada a partir de la ciencia y la experimentación en las aulas.

Texto y foto:
LUIS ALEJANDRO YERO MONTEAGUDO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“De estudiante siempre fui inquieta. No tomaba muchas notas, ni pertenecía al grupito de las alumnas aplicadas. Era maldita y muy juguetona”, confiesa María Victoria Chirino, hoy Doctora en Ciencias Pedagógicas y Profesora Titular del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona.

En su pueblo natal, Remedios, transcurrieron los primeros años entre retozos y libros: “Me encantaba jugar a las escuelitas. Menos ciencia ficción, de pequeña leía todo lo que caía en mis manos. Edgar Allan Poe me daba terror, pero lo amaba.”

El asma bronquial y unos escasos diez años le impidieron participar en la Campaña de Alfabetización en 1961. Ya en secundaria, su padre la autorizó a dar clases como maestra de Español y Matemática en una tabaquería perteneciente a la familia. Todas las tardes, al salir de la escuela, cambiaba los lápices por tizas e instruía sobre verbos, sustantivos y fracciones numéricas a quienes estudiaban para alcanzar el sexto grado.

Cuatro décadas después, aún conserva el entusiasmo adolescente por la pedagogía. Ahora, no sólo desde el aula, también en la labor investigativa. En la actualidad dirige un ambicioso proyecto que pretende hacer de Ciudad Escolar Libertad (CEL) un complejo científico-pedagógico, donde se realicen experimentos en función de lograr mejoras en la educación cubana. Probar allí los cambios, para luego difundirlos al resto del país: “Las mejoras no pueden ser inmediatas, pero sí mantengo la esperanza en ellas.”

Sentados en uno de los parques de Ciudad Libertad y con el bullicio lejano de las escuelas, iniciamos nuestro diálogo. El punto de partida resultó el proyecto al que se dedica actualmente.

“Su objetivo consiste en potenciar la calidad del proceso educativo en todas las instituciones de Ciudad Escolar Libertad, en función de convertirla en verdadero centro de referencia nacional. Aquí se probarían nuevas fórmulas en la educación, cuyos resultados servirían de experiencia para difundirlos al resto del país. 

“Utilizamos métodos científicos para lograr cambios paulatinos que resuelvan muchos de los problemas presentes en la educación. Quizás no sean todos los resultados necesarios, pero ya son pasos sólidos.

“El CEL constituye hoy un complejo científico-pedagógico. No solo el Varona incide con sus investigaciones en este lugar, también lo hace el Centro Latinoamericano de la Educación Especial (CELAEE) y el Centro Latinoamericano de la Educación Preescolar (CELEP). Todos ellos ubicados aquí y colaboradores nuestros.”

-¿Cuándo surge la idea de

convertir a Ciudad Escolar Libertad

en polo científico-pedagógico?

Este propósito no es novedoso. El 14 de septiembre de 1959, Fidel al entregarle Ciudad Libertad a Armando Hart, ministro de Educación en aquel tiempo, propone convertir este lugar en un centro donde se probasen experimentos en la enseñanza para luego difundirlos a todo el país.

De entonces para acá, han existido muchos intentos de realizar tal objetivo. Con avances, estancamientos e incluso retrocesos, la idea se ha retomado una y otra vez. En el 2005, a instancias del Rector del Varona, vuelve a retomarse el proyecto.

-¿Qué han hecho en estos cuatro cursos?

Como ejemplo tenemos el plan de educación ambiental, llevado a todos los niveles educacionales, el cual pretende educar a alumnos y profesores en el cuidado y enriquecimiento del medio ambiente. Todo ello mediante círculos de interés, proyectos técnicos y sociales, diplomados, eventos, capacitación a los profesores, incluso a través de cursos a distancia en colaboración con una universidad española.

También, hemos integrado otros proyectos independientes que se prueban fuera de aquí. Hoy estamos incorporando uno de neurociencias, el cual investiga los problemas en el aprendizaje desde esa perspectiva, pero con la inclusión de concepciones pedagógicas. Recién acaba de iniciarse en una escuela primaria. Tenemos planeado que para el próximo año se pruebe en el CEL, y así, difundir la investigación a otros niveles de enseñanza.

-Grandes ideas siempre conllevan

grandes obstáculos, ¿los han enfrentado?

Muchas de estas investigaciones han surgido del Varona. Sin embargo, estaba Educación Municipal con sus estructuras y sus métodos particulares de trabajo. También existía el problema de la coordinación con otros proyectos independientes pertenecientes a diversas instituciones científicas.

Obstáculos más bien lógicos que los hemos convertidos en nuestra mayor fortaleza. Mediante el diálogo y el trabajo mancomunado, logramos la coordinación de las acciones entre los dirigentes de la educación y quienes vienen desde el plano científico.

-Trasladémonos al pasado,

a sus años iniciales en la

Universidad, ¿qué recuerda?

En 1968 llegué a La Habana sin tener definido un horizonte. Pensaba estudiar Lengua y Literatura Inglesa y Norteamericana. Ni siquiera sabía cuál era el perfil de la carrera. Sólo tenía la idea romántica de aprender a leer a Shakespeare, Dickens, Hemingway, en su idioma original. Sin embargo, también sentía interés por la Biología. Me encantaba saber de fósiles. En la secundaria fui monitora y hasta participé en un concurso. Al final, me decidí por las ciencias naturales.

Los problemas con la Física le hicieron abandonar la carrera en segundo año e ingresó al Varona sin una clara convicción profesional. Los recuerdos de la niñez y el interés por mantener el mismo perfil de estudio, la inclinaron a decidirse por el magisterio.

-¿Los profesores influyeron

en su baja de Biología?

Nunca los culparé, no les impugno a los demás mis derrotas. Quizás fui yo la del problema. Sin embargo, el proceso educativo era muy despersonalizado. Teníamos un maestro que llenaba la pizarra de fórmulas y se iba sin decir palabra alguna. Ni siquiera sabía nuestros nombres. En sus clases, al más mínimo ruido, botaba a las dos últimas hileras. También, la Física, mientras más la veía, menos podía entenderla, y tampoco era de las estudiosas. ¡Pero aprobé Cálculo!, dice y se ríe a carcajadas.

“Mi baja de la Universidad de la Habana no la considero un fracaso. Gracias a ella entré al Varona y desde entonces he sido feliz dando clases.”

Sus resultados en primer año no fueron muy satisfactorios: “Cuando ingresé al Pedagógico dudaba de mi interés por la profesión. Por suerte, tuve profesores excelentes. Ellos despertaron en mí el amor hacia la carrera.”

En 1975 recibió el título de Profesoral de Media Superior en Ciencias Biológicas y en un preuniversitario de Jagüey Grande, Matanzas, cumplió parte de su servicio social: “Tuve que albergarme en la escuela a pesar de vivir con mi esposo en la capital. A 13mo. grado, existente en aquel tiempo, lo atendí con el objetivo de prepararlo para los exámenes de ingreso a la Universidad. Era muy exigente, pero jugaba muchísimo con mis estudiantes. Siempre tenía la cátedra llena.”

En 1977 nació su hijo cuando aún no había concluido el servicio social. Luego de la licencia materna, se trasladó a un pre de Güira de Melena, para poder sobrellevar vida profesional y responsabilidades maternas.

-¿Por qué decide entrar al Varona?

No tenía estabilidad profesional. El cuidado de mi niño me impedía seguir trabajando en escuelas en el campo y, por tanto, debí buscar trabajo en la ciudad. Sin embargo, era muy difícil conseguir plaza para mi nivel de enseñanza. En el último lugar donde trabajaba, la escuela de deportes Manuel Permuy, estaba casi clandestina. Al Pedagógico logré ingresar en 1985 como profesora de Anatomía y Fisiología del Desarrollo e Higiene Escolar. Nunca había visto esa materia, ni siquiera en mis tiempos de estudiante.

-¿Cómo afrontó el cambio?

Aquí las clases duraban hora y media, muy diferente a los 45 minutos del preuniversitario. Siempre me gustaba hacer cosas diferentes, compartir con los alumnos, intercambiar experiencias. Fue un proceso lento, de acostumbrarme a las nuevas rutinas, pero al año, ya era Profesora Principal.

-¿Cuál es la cualidad que más

aprecia en un estudiante?

La honestidad. Me dicen: “Profesora, no hice la tarea por equis motivo” y yo le respondo: “Bien, pero mañana la entregas”. Si soy comprensiva, no merezco la mentira.

-¿En qué medida ha evolucionado

la educación cubana con

respecto a décadas anteriores?

Antes había una cobertura total de profesores graduados; sin embargo, las aulas eran de 60 estudiantes por maestro. Hoy, la proporción es mucho menor. Se ha ganado en la atención individualizada, pero tenemos un problema de calidad, motivo de la propia masificación.

A mi juicio, en Ciudad de La Habana no estamos en condiciones de tener 15 alumnos por docente, el modelo debería ser progresivo. Desde primer año no todos pueden comenzar a dar clases, si no tienen un mínimo de condiciones. La sociedad le exige al pedagogo en formación el rendimiento de un graduado.

-¿Cree injustas las críticas a la educación?

Ciertos son nuestros tropiezos, pero han sido desmedidas. La figura del Profesor General Integral (PGI) no debía ser la víctima. Fíjate, creo que todos no deberían dar clases, porque si no sabes ni hablar y además con errores ortográficos, no puedes enseñar en una secundaria. La Educación está en un momento de reflexión, de cambios, y no ayudan los reproches que hacen sentir mal a todos los involucrados en el proceso.

-¿Cuánto difiere la Vicky de la

Universidad de La Habana a la

Doctora María Victoria Chirino?

Sigo siendo la misma: alegre, amistosa, solidaria. Mi esposo me dice Bartolomé de las Casas, porque nunca le niego un favor a alguien. Ya no voy al ballet, ni al cine, ni veo una obra de teatro. Me absorbe mucho el trabajo.

-¿Cuánto ha dejado de sí

misma en el Pedagógico?

Aquí está gran parte de mi vida. Amo este lugar como nadie se lo imagina. He desarrollado un sentido de pertenencia tan grande, que ni los momentos de disgusto, ni las ofertas de trabajo en otros lugares han logrado desprenderme del Varona. El corazón no me lo permite.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

Ficha técnica:

Objetivo central: Mostrar la vida profesional de la profesora María Victoria Chirino, destacando su vinculación con el Varona y el proyecto de Ciudad Escolar Libertad, el cual dirige.

Objetivos colaterales: Conocer su opinión sobre la educación cubana actual. Dar algunos matices de su personalidad. Indagar en sus años de estudiante. Exponer algunas vivencias que le ha deparado el magisterio.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal por el que se obtuvo: Directa.

Tipo de título: De alusión a frase conocida.
Tipo de entrada: Retrospectiva.
Tipo de cuerpo: Mixta.
Tipo de conclusiones: Frase de impacto que evidencia el final.

Fuentes consultadas: Currículum de la entrevistada (fuente directa).

Tipo de preguntas: 1. Directa; 2. Directa; 3. Cerrada; 4. Directa; 5. Cerrada; 6. Directa; 7. Directa; 8. Directa; 9. Directa; 10. Cerrada; 11. Directa; 12. Directa.

13/04/2010 21:51 islalsur #. Rostros del Varona


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