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LUISA CAMPUZANO: ¿POR QUÉ NO LOS ESTUDIOS SOBRE LAS MUJERES?

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RAMÓN CRESPO HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Miembro de la Academia Cubana de la Lengua, doctora en Letras Clásicas y Premio de la Crítica en varias ocasiones, Luisa Campuzano es conocida entre sus colegas como “la decana de los estudios sobre género en la Isla”.

Directora del Programa de Estudios de la Mujer de Casa de las Américas y de la revista Revolución y Cultura, ha abordado la temática desde 1984, fecha en que presentara La mujer en la narrativa de la Revolución: ponencia sobre una carencia, en un congreso sobre literatura del período. A partir de ese momento, se conviertió en una incansable investigadora de la producción literaria y la historia de la subalternidad femeninas.

Basta decir género, y algo en ella se enciende contagiando a quien la escucha... ¿Por qué los estudios sobre la mujer?

“Plantear el porqué de los estudios sobre las mujeres implica una duda sobre su pertinencia. Podría hacerte la pregunta a la inversa: ¿por qué no los estudios sobre las mujeres? Pues porque ya era tiempo de empezar a develar cuál ha sido y es la condición femenina; cuáles son sus realizaciones y sus potencialidades; cuán vil ha sido el comportamiento de la sociedad al invisibilizarlas, relegarlas, desconocerlas, equipararlas a los niños y a los seres que la soberbia patriarcal consideraba inferiores.

“Uno de los más connotados teóricos de la Conquista, adversario en famosa polémica de fray Bartolomé de las Casas, Ginés de Sepúlveda (1490-1573), perito en Aristóteles y su Política, expresaba así: ‘Con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como niños a los adultos y las mujeres a los varones’.

“Gusto de recordar lo que Fray Luis de León, el extraordinario poeta, escribiera como regalo de bodas para su sobrina María, La perfecta casada, donde dice: ‘porque así como la naturaleza [...] hizo a las mujeres para que, encerradas, guardasen la casa, así las obligó a que cerrasen la boca. [...] no las hizo para el estudio de las ciencias ni para los negocios de dificultades sino para un solo oficio simple y doméstico, así les limitó el entender y, por consiguiente, les tasó las palabras y las razones’.

“Sólo en fecha muy reciente los hombres de algunos países y continentes dejaron de tener derecho de vida y muerte sobre esposas e hijas. En no pocas naciones lo conservan, escudados en la religión… La mujer vivió, y en muchos lugares aún vive, en una aberrante situación de ‘minusvalía’, construida y mantenida desde hace milenios, y legitimada por tabúes, prejuicios y toda suerte sinrazones.

“Hasta hace unas décadas, en un mundo desde siempre marcado por la propiedad, no podían tener posesiones ni decidir sobre ellas; y pese a su papel en la reproducción de la especie, en la producción de alimentos, de ropa, en el servicio y cuidado de los hombres, niños y ancianos de la casa, en la atención a cultivos y animales, no recibían ninguna remuneración, porque supuestamente no trabajaban, sino cumplían con las tareas a las que estaban ‘naturalmente’ destinadas.

“La Revolución Francesa no les concedió los derechos civiles que otorgó a los hombres. Tampoco tuvieron acceso a la educación superior. ¿Cómo surgen entonces? Las causas de la subordinación femenina comienzan a ser puestas en tela de juicio por las propias mujeres: por Sor Juana Inés de la Cruz, por Olympia de Gourges, por nuestra Gertrudis Gómez de Avellaneda.

“Distintos pensadores del siglo XIX, como Federico Engels y John Stuart Mill, comienzan a analizar esta flagrante violación de todos los derechos y a ocuparse de sus causas. En el XIX, y al calor de otros movimientos sociales, como el abolicionista en los Estados Unidos e Inglaterra, las mujeres plantean sus propias reivindicaciones. Durante años su objetivo es el derecho al voto. Paralelamente, abren nuevos espacios y las reivindicaciones aumentan hasta alcanzar los derechos laborales y civiles en plenitud: que el marido no tuviera que autorizarla para hacer movimientos con su dinero, o si era una mujer mayor de edad que el padre no siguiera siendo quien autorizara sus gastos. En fin, que la mujer dejara de ser un niño, pues la ley la consideraba como tal.

“Una vez que accede a los espacios jurídicos, académicos y del saber, deberá mantener y ampliar las capacidades logradas. Si ha conseguido el reconocimiento de la igualdad ante el hombre, el trabajo y la ley, tiene que luchar para que esto se cumpla”.

-Los estudios sobre las mujeres siempre comienzan por asumir esa función de búsqueda e investigación de las desigualdades. En los textos jurídicos se hace referencia al concepto de igualdad de sexo, ¿cree usted que sea suficiente? ¿Qué considera del término equidad de género?

Nacemos con un sexo biológico, pero el género se construye socialmente. Esa es la razón por la cual solo hay sexo masculino y femenino, pero puede haber varios géneros, pues están las personas con preferencias sexuales diferentes.

Cuando hablamos de equidad de género se tiene en cuenta esto, y sobre todo, su carácter e implicación social. Hablar de equidad de género implica una responsabilidad con la sociedad. Ha sido y es ella la que crea los géneros y los ha conformado a través de modelos y roles.

El hombre, el sexo masculino, no tiene por qué ser machista. Se es machista en determinadas sociedades patriarcales debido a una construcción cultural. Hay hombres que golpean a sus esposas porque el modelo masculino conformado en su entorno exige que si la mujer lo engaña debe “entrarle a palos”, que no hay otra opción para resolverlo.

-¿El hombre es así porque está en su naturaleza ser violento y en la de la mujer ser dulce?

No, esa es la forma en que han sido formados, son los modelos preestablecidos, los roles que les han sido asignados. La “igualdad” es formal en muchas ocasiones, siempre existirán diferencias, pero ¿las mujeres tenemos que aspirar a ser iguales que los hombres? ¿Tenemos que ser competitivas como los hombres? ¿Tenemos que devorarnos a nosotras mismas, como lo hacen los hombres en las sociedades marcadas por la competitividad? ¿El igualitarismo significa ser tan salvajes como puede serlo un hombre en la defensa de un puesto de trabajo, o en la defensa de su capital, o en la defensa de cualquier cosa? Es ahí donde se plantea la cuestión de que más allá de alcanzar la igualdad, se trata de salvar las diferencias de la condición femenina y modificar a la sociedad. Por eso equidad de género es el concepto que funciona y no el de igualdad de sexo.

-¿Qué es feminidad y qué feminismo?

La feminidad es el conjunto de características que se supone sean propias de una mujer. Esta deberá ser dulce, tierna, suave, maternal; en fin, toda una serie de elementos, de comportamientos tradicionalmente asignados al sexo femenino. Todo ello es una construcción. Cuando una mujer es brutal, violenta, osada, no es considerada como tal, sino se dice que es “mucho hombre”, como llamó a Gertrudis Gómez de Avellaneda el poeta español Bretón de los Herreros.

Una mujer deja de ser femenina simplemente porque tiene características y actuaciones propias de cualquier ser humano en circunstancias que requieren o producen esas reacciones, pues se considera que ha transgredido lo que la sociedad ha codificado como propio para su género.

Si un hombre tira la puerta al salir, tal vez sea maleducado, pero no deja de ser masculino. Al contrario, reafirma su condición cuando da un portazo. Si una mujer hace lo mismo, entonces es violenta, poco femenina.

-Eso es la feminidad. Ahora, ¿qué es el feminismo?

Es una corriente política, una forma de pensamiento que tiene como objetivo la reivindicación de todos los derechos de la mujer. En primer lugar, del derecho a pensar, a actuar y a luchar en defensa y para el progreso femenino; y a cambiar la sociedad en el sentido de anular la bipolaridad de géneros, la superioridad de lo masculino sobre lo femenino y acabar con los principios del falogocentrismo.

Es una corriente política y ha de asumirse como tal. Todas esas versiones ignorantes que existen sobre el feminismo, según las cuales es lo contrario del machismo, son incorrectas. Es muy común se diga que alguien es feminista del mismo modo en que se pudiera calificar como machista. El machismo no es una virtud, ni una forma de pensamiento, ni una elaboración política destinada a un fin social. Es un vicio, una aberración, una vulgaridad.

El feminismo, por su parte, es un movimiento políticamente activo, que implica gran responsabilidad y compromiso personal. Tiene la voluntad de transformar el mundo de una sociedad falogocéntrica a una para hombres, mujeres y cualesquiera de los géneros y preferencias sexuales existentes.

-En un mundo donde todas las personas, siendo diferentes, sean idénticas en derechos y en deberes. Dentro de este paisaje feminista, ¿cómo se inserta el programa de Estudios de la Mujer de Casa de las Américas?

El PEM se ocupa fundamentalmente de la cultura y la historia de las mujeres latinoamericanas y caribeñas; y ha tratado, desde su fundación en 1994, tanto de recuperar y rescatar su pasado -bien desconocido, por cierto-, como de promover el trabajo de las artistas y escritoras contemporáneas de la región, así como de discutir los temas teóricos y las estrategias políticas correspondientes. Con ese fin, todos los años se realiza un coloquio internacional en Casa, que en sus quince ediciones ha abordado muchas temáticas, siempre diferentes.

-¿Cómo ve el tratamiento a la mujer en la música contemporánea?

Realmente no conozco mucho la música de hoy, pero creo que siempre, en la tradición cubana, la referencia a la sexualidad, que me imagino que es por donde vienes, ocupó un espacio importante, aunque no mayor que la alabanza, la celebración, el canto a la mujer en toda su plenitud de sentidos, desde Sindo y Corona, hasta Pablo y Santiaguito.

La capacidad imaginativa de los compositores, la ambigüedad de sus textos, el doble sentido real o imaginario de lo que oíamos, eran, en Ñico Saquito, Juan Formel o Eusebio Delfín mucho más estimulantes que lo meramente grosero. Siempre hubo, y las hay, canciones con referentes sexuales, pero codificados de modo tal que necesitan ser interpretados, lo que implica una complicidad intelectual con su autor que hace mucho más atractivos y disfrutables los textos.

En más ocasiones de las que me gustaría reconocerlo, percibo en la música bailable un lenguaje desprovisto de sutileza, de ingenio, que no se vale de recursos imaginativos ni de procedimientos artísticos para su creación. Se trata simplemente de enunciados vulgares, que traducen apetencias y deseos muy elementales, nada elaborados, y se expresan de manera muy primitiva; son textos poco trabajados, que evidencian una gran pobreza imaginativa.

En su mayoría –y no hablo solo de autores cubanos, por supuesto- son expresiones de un machismo agresivo, formas verbales de violencia de género. El léxico y las metáforas que incorporan estas canciones colocan a las mujeres en una condición de víctimas, las cosifican. ¡Y pensar que a veces son cantadas por voces femeninas! Afortunadamente hay importantes autores e intérpretes preocupados por esta indigencia mental, que de eso es de lo que se trata.

-¿Qué significa ser mujer para Luisa Campuzano?

Para mí tiene muchos, infinitos significados, casi uno para cada mujer, y siempre de acuerdo con los contextos y las épocas. Recordemos que no existe “la mujer”, sino mujeres. Intentar una definición que vaya más allá de la anatomía, sería caer en esencialismos. Te pongo solo un ejemplo: desde el punto de vista laboral, antes, ahora y en buena parte del mundo, en sentido general ser mujer quiere decir hacer más y recibir menos. Y así podríamos seguir devanando la madeja. ¿Qué vamos a hacer?

Recuadro:

Cuba fue el primer país en firmar la Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la mujer (CEDAW).

En la IV Conferencia de Naciones Unidas sobre la Mujer, celebrada en Beijing en septiembre de 1995, el gobierno cubano asumió el compromiso de llevar adelante la implementación de la Plataforma de Acción allí adoptada.

El Grupo Nacional para la Prevención y Atención de la violencia familiar se constituyó en septiembre de 1997.




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