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EL VALOR DESEADO DE LAS COSAS

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Los profesores checos Slavoj  Hascovec  y  Jaroslav  First, afirman  que la impersonalidad en la técnica de presentación  de las noticias, da al público la impresión del reporte real, sobrio e imparcial. Esto “garantiza” una imagen justa de la realidad y una adecuada reacción del público.

MAIQUEL JARAMILLO RODRÍGUEZ,
Profesora de la Universidad Bolivariana
de Venezuela, Sede Monagas.

Esta frase es un comienzo para valorar la realidad en la cual nos desenvolvemos, una por medio de las noticias, y otra es la cultural de dominación y seducción que hoy día es transmitida por los medios publicitarios para así llegar a la “transculturización”. Aunado a esta verdad, el periodista siempre escribe o informa con la   intencionalidad de que la audiencia acepte y digiera cada noticia, y así fortalecer la credibilidad que debe existir en la misma.

Es por esta razón que los autores checos Slavoj Hascovec y  Jaroslav First afirman que la impersonalidad en la técnica de presentación de las noticias, da al público la impresión del reporte real, sobrio e imparcial. Esto ”garantiza” una imagen justa de la realidad y una adecuada reacción del público.

En realidad, los autores tratan así de manera irónica el problema en cuestión, pues lo cierto es que las noticias son transmitida desde el punto de vista subjetivo, ya que permiten expresar la actitud o disposición psicológica de lo que este profesional puede ver, sentir, apreciar y calificar de las personas, cosas, situaciones y acontecimientos.

Por eso, de acuerdo a los antecedentes citados y afirmación que  deriva el centro polémico objetividad-subjetividad, es importante resaltar ciertos autores.

Esta subjetividad, de acuerdo con la definición  de Olga Dragnic en el Diccionario de Comunicación Social: ”La objetividad es el carácter de la consideración que intenta ver el objeto tal como es, prescindiendo de la preferencias e intereses del que los considera y basándose solamente en procedimientos intersubjetivo de comprobación y control.”

Lo antes mencionado permite decir que el periodista es responsable de la objetividad con que debe llevar internamente a los medios de comunicación su reporte, además de la política existente en los mismos y parte de ella es la razón y la conciencia. Es decir, objetividad asumida en su carácter de honestidad profesional.

En Ética y crisis de credibilidad en la prensa, Julio García Luis (2007), hace una cita a Ignacio Ramonet: ”información ha devenido sobre todo, una mercancía. Ella no posee valor específico ligado, por ejemplo, a la veracidad o a la eficacia cívica. En tanto mercancía, ella está mayormente sometida a la ley del mercado, de la oferta y demanda, antes que someterse a otras reglas, notoriamente cívicas y éticas, que deberían no obstante ser las suyas”.

Claudio Eizirik, en Entre la objetividad, la subjetividad y la intersubjetividad, cita  a Goldberg  (1994). Ese autor describe como analista objetivo a aquel que es capaz de colocarse fuera de una determinada situación y hacer observaciones neutrales, sin descuidar un estrecho contacto con su contratransferencia. Se posiciona contrario a tal objetividad, pues considera que la mente del analista existe en un contexto, que su actividad involucra a conceptos previos, a su propia participación y a un inevitable cambio en sí mismo. Para Goldberg es necesario reconocer la participación de los estados subjetivos del analista, que van más allá de la contratransferencia e incluyen a su propio ser. Así, nunca se puede pretender que las interpretaciones tengan una única lectura, lo que lleva a concebir el intercambio entre paciente y analista como un proceso siempre abierto y continuo.”

Y citando a Renik, en sucesivos trabajos de 1993, 1995y 1996, “ha cuestionado la validez de conceptos como la objetividad, la neutralidad, la abstinencia y hasta la contratransferencia. Parte de la idea de que la subjetividad del analista es parte inherente e irreductible del proceso analítico, ejerciendo una continua influencia sobre el mismo y sobre todo lo que el analista piensa y hace, aún cuando crea que está siendo neutral. “

En este caso,  la objetividad-subjetiva del periodista,  no es más que aquella que surge, naturalmente, de la innegable fusión que existe entre “lo subjetivo” del ser humano que ejerce la actividad periodística y “lo objetivo” del método que éste emplea para llevar a cabo dicha actividad. No obstante, debemos recordar que un periodista es, ante todo, un ser humano, y como todo ser humano es también un ser subjetivo, que se vale de su perspectiva, que es diferente a la de cualquier otro ser.

Riszard Kapuscinski plantea: "Estamos viviendo en un mundo muy contradictorio, de muchas desigualdades e injusticias y por lo tanto no se puede ser una persona con objetividad. Los que relatan sin ninguna actitud son los que trabajan con eso que se llama objetividad. Por el otro lado, estamos tratando de cambiar algo, de mejorar la situación, de estar donde tenemos que estar. Queremos tratar de mostrar el mundo y de escribir sobre el mundo para que nuestros lectores u oyentes despierten su conciencia y tengan una actitud de cambio. Creo que hay una falsa interpretación de la tradición anglosajona de la objetividad".

Víctor Ego Ducrot apunta: “La definición de Objetividad que propone Martínez de Souza es decididamente paradójica y paralizante, negadora de sí misma e incapaz de la menor síntesis. Por un lado remite al concepto de realidad "sin aditamentos de opiniones personales", excluyendo la interacción dialéctica entre los hechos y los sujetos históricos protagonistas, transmisores e intérpretes, para después afirmar que se trata de una cualidad "imposible de conseguir", es decir, desconoce la existencia de la Objetividad”

Pastora Moreno Espinosa, docente de la Universidad de Sevilla, manifiesta que ”el periodismo se constituye como un proceso subjetivo, desde el momento en que es realizado por una persona en concreto que tiene su propia visión de la realidad”.

Y finalmente Gaye Tuchmann afirma que "las citas son la protección del reportero contra la calumnia y el libelo, y la ilusión retórica de fidelidad encuentra aquí su correlato social en la veracidad de la representación".

“En efecto, todos esos recursos al servicio de la objetividad, de hecho no crean objetividad sino una ilusión de objetividad, porque es posible aparentar impersonalidad, manejar fuentes, manipular cifras y porcentajes y convertir todas esas tácticas en simples coartadas.” 

En este caso se dice que el buen informador cuenta sus historias con la intención de hacerle sentir al lector que uno está de su lado, que trabaja para él y con él y que sólo él importa. Además, el periodista actúa como un guía que, a través de la información, le permite a la sociedad identificar sus propósitos, crece en importancia el deber de ofrecer una información veraz. Sus noticias cumplen una función política, con todo lo que ello significa en términos de poder, de interacción de la sociedad, de orientación de su historia.

 



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