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TEORÍA CRÍTICA: ¿UNA APUESTA FILOSÓFICA DE LA DESESPERANZA?

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“Esperanzas y lujos son humo, y no es malo, cuando no tienen base, que desaparezcan; pero los pueblos de obreros son seres reales, que al caer a la tierra fría y sin pan, del seno de esa pompa de jabón, se levantan rugiendo y con los puños cerrados de la lastimadura”. (José Martí)

GRETEL RAFULS TRUJILLO,
estudiante de tercer año de
Comunicación Social,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El reto para la realización de esta investigación tuvo su génesis en el examen final de la asignatura Teoría de la Comunicación I, proceso de construcción del conocimiento que dio como resultado el descubrimiento de brechas en cuanto a la no concreción de los objetivos estratégicos de la Teoría Crítica.

De forma significativa, se ha sumado a ese arsenal de valiosas razones, la maravillosa experiencia intelectual y humana, que he compartido junto a mis compañeros y profesor Humberto Sáinz durante el actual semestre a través de la asignatura Historia General.

Este modesto proyecto halla también en su raíz el profundo compromiso con los profesores de varias materias clave cursadas durante la carrera: Teoría de la Comunicación, Pensamiento Filosófico y Social Contemporáneo e Historia General, y pretende también sistematizar y transversalizar contenidos de otras disciplinas académicas como Comunicación y Sociedad, Semiótica y, como es obvio, Teoría de la Comunicación, Filosofía, Historia, etc.

Ante todo, el objetivo ha sido intentar saldar una deuda con aquellos autores críticos que, aunque no pudieron trascender las fronteras de su condición de élite, hicieron aportes extraordinarios a la epistemología y la producción del pensamiento científico en Ciencias Sociales hasta nuestros días.

Estamos ante una teoría antecedente de las actuales tendencias de la complejidad, que impactó transversalmente todos los campos del saber. Sus artífices fundamentales fueron filósofos que interactuaron en diferentes campos a partir de su compromiso con la transformación social.

Para comprender este fenómeno, es necesario conocer a fondo los filósofos antecesores de estos, así como los principales aportes de la Escuela de Frankfurt, sus limitaciones y la adversa coyuntura histórica en que se dio todo el proceso.

Vale la pena decir que el trabajo investigativo, que apenas comienza con este ensayo, se realiza desde el compromiso con los sueños, con las esperanzas, con esa utopía, a la que quizás se vieron tentados a renunciar los filósofos críticos, y que sirve para caminar.

II- Breves apuntes metodológicos

Problema de investigación: ¿Cuáles fueron las causas que limitaron la aplicabilidad práctica de la Teoría Crítica desde la propia concepción filosófica de sus autores?

Hipótesis: El escepticismo y la identidad cultural elitista de los filósofos de la teoría crítica fueron las causas-raíces desde su subjetividad, de la no concreción de sus ideas.

Esta premisa no intenta desconocer la trascendencia castrense que tuvo para los autores de la Escuela de Frankfurt, la persecución de que fueron objeto por el nacionalsocialismo. Tales circunstancias históricas, que atentaban en la práctica contra su existencia, objetivaron las amenazas potenciales también, desde el punto de vista psicológico y subjetivo.

Ahora bien, la intención que se persigue es centrarse en las limitantes a las aplicaciones que dependían más directamente de su pensamiento, no del impacto de los restantes factores objetivos circunstanciales.

III- Desarrollo

1- Condiciones histórico-filosóficas del parto de Frankfurt.

Los jóvenes intelectuales del Institut für Sozialfoschung, formaron parte de una generación de pensadores europeos que vivenciaron la derrota alemana durante la Primera Guerra Mundial y el desplazamiento hacia el Este de Europa del Centro Socialista de Gravedad. Con una profunda vocación de transformación del statu quo imperante en la sociedad y avanzadas ideas influidas por el pensamiento marxista y freudiano, experimentaron la alternativa de tratar de someter a examen nuevamente los fundamentos mismos de las teorías de Marx, con la doble esperanza de explicar los errores pasados y prepararse para la acción futura.

El aliento de sus investigaciones dimanaba de su necesidad de repensar la “ideología del progreso” (sistema capitalista de producción) en bancarrota tras la primera contienda bélica mundial. Cuarenta millones de muertos y una arraigada crisis de valores a partir de la aplicación irracional de la ciencia y la técnica en aquel período, sumían a la intelectualidad europea en una profunda decepción histórica.

Los autores de la Teoría Crítica destronaron a la tradición administrativa de la Mass Communication Research, centrándose en una visión transversal, compleja y crítica de los fenómenos sociales, desde las propias mediaciones filosóficas y culturales.

Radicada como Escuela de Pensamiento en el seno del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Frankfurt, en Alemania, desde el 23 de febrero de 1923, cobra mayor protagonismo científico a partir del nombramiento de Max Horkheimer como director. Este filósofo aglutinó en torno a su proyecto a otros pensadores de la talla de Leo Lowenthal, Herbert Marcuse, Erich Fromm, Theodor W. Adorno, Walter Benjamin, entre otros ilustres de la época.

Como denominador común, los frankfurtianos de la primera generación hallaban en su filosofía una herramienta para estudiar el mundo de la vida por encima de toda especulación filosófica.

Resulta interesante cómo estos pensadores de sólida formación filosófica marxista, influidos notablemente por el psicoanálisis y el enfoque culturalista en sus reflexiones, no pudieron trascender su origen burgués, y no establecieron compromisos políticos con organización alguna de la izquierda.

La Teoría Crítica puede verse ubicada en tres períodos de evolución de su pensamiento, que a su vez estuvieron marcados por la persecución del fascismo. El primero gira en torno a la década del ´20 en que se enfocaron hacia el perfeccionamiento de las teorías marxistas con el aliento de la Revolución Rusa. El lapso entre guerras constituyó para ellos una etapa de maduración importante, en que con la toma del poder de Hitler, en Alemania, se ven obligados al desmembramiento como equipo en huída a la atroz persecución fascista, en 1934 y a emigrar por Europa, fundamentalmente a  París, hasta reinstalarse en Estados Unidos, en el seno del Instituto de Investigaciones Sociales de Nueva York, adscrito a la Universidad de Columbia.

El retorno de los sobrevivientes, a Alemania, no se produce hasta 1950, ya derrotado el fascismo en que el movimiento se nutre con la incorporación de otros importantes filósofos como Jürgen Habermas, que encarnan la segunda generación. Estos momentos significan la continuidad del pensamiento de aquellos autores pioneros y la alianza con los movimientos sociales protagonistas del Mayo del 68 Francés.

2- Teoría tradicional vs. Teoría Crítica

¿Qué hace particularmente diferente este enfoque de pensamiento de sus múltiples predecesores?

“…el intento de acompañar la actitud crítica respecto a la ciencia y a la cultura con la propuesta política de una reorganización racional de la sociedad, capaz de superar la crisis de la razón”.

Los elementos más importantes de su identidad están compuestos por la siguiente tríada: la construcción analítica de los fenómenos que investiga, la capacidad de referir dichos fenómenos a las fuerzas sociales que los determinan y su propuesta de constituir la teoría de una sociedad entendida como un todo.

La teoría crítica está poniendo luces sobre el modo capitalista de producción y la sociedad que este genera, de modo que se orienta hacia la crítica dialéctica de la economía de intercambio.

Pero su propuesta es original y renovadora porque intenta escudriñar en las nuevas temáticas que describen las dinámicas de la sociedad de la época, como el autoritarismo, la industria cultural, el sentido de los fenómenos estructurales primarios de las sociedades industrializadas, el capitalismo y el totalitarismo.

La teoría crítica deslegitima el paradigma positivista acuñado por Auguste Comte y experimentado por toda la creación intermedia, cuyos criterios de verificación científica se basaban en la objetividad y replicabilidad de los fenómenos, solo posible en condiciones de laboratorio, desconociendo la multiplicidad de mediaciones sociales que interactúan en la cristalización de la realidad. Ellos no se limitan a describir y clasificar los datos, sino que pretenden realizar una valoración crítica de la propia elaboración científica.

Desde este enfoque nos alertan Horkheimer y Adorno: “La sociología se convierte en crítica de la sociedad desde el momento en que no se limita a describir y ponderar las instituciones y los procesos sociales, sino que los compara, con este sustrato, a las vidas de los individuos sobre los que se levantan las instituciones y que, a través de distintas formas, las constituyen…”

Marcuse,  lo dice de esta manera: “…los fines específicos de la teoría crítica son la organización de la vida en la que el destino de los individuos dependa no del azar y de la ciega necesidad de incontroladas relaciones económicas, sino de la programada realización de las posibilidades humanas.”

Los autores de Frankfurt son críticos, además, porque se niegan a reducir los fenómenos culturales a un reflejo ideológico de los intereses de clases, por lo que la reflexión se extiende al examen de la dinámica económica del capitalismo.

3- Recorrido por los aportes filosóficos

de la Escuela de Frankfurt

La hibridación y recombinación de disciplinas científicas que caracteriza a la Escuela de Frankfurt muestra la particular concepción metodológica transdisciplinar que los inspiró. Casi todas las grandes figuras de esta corriente han retomado varias disciplinas formales: Max Horkheimer (filosofía, sociología y psicología social), Theodor Adorno (filosofía, sociología, psicología, crítica cultural y musicología), Erich Fromm (psicoanálisis y psicología social), y Franz Neumann y Otto Kirchheimer (ciencia política y derecho); y lo mismo puede decirse de la segunda generación de la escuela de Frankfurt, que incluye, entre otros, a Arkadij Gurland (economía y sociología), Jürgen Habermas (filosofía, sociología, filosofía lingüística y filosofía de la ciencia) y Claus Offe (ciencia política y sociología).

La oposición al concepto de razón como razón ilustrada y a la idea de progreso que surge en el siglo XVIII con el Movimiento Filosófico de la Ilustración, así como la Industria Cultural, son los aportes más trascendentes de su teoría.

“El término industria cultural es empleado por Horkheimer y Adorno por primera vez en la Dialéctica de la Ilustración…, en este libro se ilustra la transformación del progreso cultural en su contrario”.

En Dialéctica del Iluminismo, los autores exponen lo que será el nudo central de esta obra: la crítica a la Ilustración, el proyecto cultural que inauguró la época moderna, es decir, el capitalismo. La crítica al Iluminismo incorpora la crítica epistemológica a la ciencia moderna, especialmente al paradigma positivista de la ciencia. La expresión Teoría Crítica proviene, precisamente, de la oposición de esta postura epistemológica frente a la llamada Teoría Tradicional, propia de una cultura afirmativa, de dominación.

Manifiestan que este movimiento se ha convertido en su contrario, en su más intransigente rival, con la demostración de su incapacidad de trascender axiológicamente, sus propias críticas. Desmienten la promesa del progreso a través de la denuncia enérgica a la crisis de la civilización burguesa.

Para el profesor e investigador Jorge Luis Acanda, la Ilustración aparece como expresión histórica de la ideología burguesa de la emancipación y su objetivo esencial es despojar a los hombres de la oscuridad medieval, llevándoles la luz de la razón, una nueva apreciación sobre lo bueno, lo bello y lo verdadero, como criterio de legitimidad.

Sin embargo, se trata de la pura inoculación del pensamiento científico ilustrado de unos individuos a otros. La educación que entiende el Iluminismo, tiende a objetualizar a los otros, a los no poseedores del conocimiento, a quienes se les victimiza con la imposición de una razón que ellos no contribuyeron a elaborar. Es entonces, cuando  la Ilustración se traiciona: proclama buscar la emancipación de los individuos a través de la conquista del conocimiento, y los esclaviza a través de nuevas maneras cosificadotas que desarman cualquier intento de aporte creativo.

La Ilustración esconde tras su carga estetizante, su propia daga traidora, la capacidad de encarnar su mitología y blandir reproductivamente su única verdad totalitaria.

“El iluminismo recae en la mitología de la que nunca ha sabido liberarse. Pues la mitología había reproducido como verdad, en sus configuraciones, la esencia de lo existente (ciclo, destino, dominio del mundo), y había renunciado a la esperanza.”

La expresión Industrias Culturales, por su parte,  fue empleada para sustituir el término precedente de “cultura de masas”, a fin de evitar que se confundiera con una cultura que surge espontáneamente de las propias masas.

Para los teóricos críticos, la cultura de masas está articulada como una potente industria que se metamorfosea con el propio desarrollo tecnológico e industrialización del capitalismo. Su objetivo no es otro que el de reproducir la lógica del sistema al interior de las instituciones sociales y los propios hogares de la gente, a través de los procesos de masificación y estandarización de la producción de bienes simbólicos. “…este círculo de manipulación y de necesidad que se deriva de él, la unidad del sistema se estrecha cada vez más. La racionalidad técnica, hoy, es la racionalidad del propio dominio”.

Los pensadores críticos descubrieron que detrás de la supuesta construcción heterogénea de la radio, el cine y la prensa plana, medios de comunicación de masas de la época, existía un complejo entramado de relaciones sociales hegemónicas que se querían perpetuar, anclados en un más de lo mismo indetenible.

La jerarquía de cualidades en serie ofrecida a los públicos, solo persigue sostener la dominación bajo una fachada de elección de consumo. La industria cultural es una máquina que rueda sobre sí misma para determinar el consumo y aislar todo lo nuevo, contribuyendo aún más a la alienación de las masas.

Este análisis nos conduce a ver el consumo de productos culturales como una transacción mercantil de bienes simbólicos, entre el individuo y el mercado, pero bajo la negativa de la posibilidad de elegir libremente aquello que se desea, sino como resultado de la adhesión acrítica a los valores impuestos por los medios de comunicación.

De este modo, queda resuelta la contradicción fundamental entre el ámbito privado y el público: tanto en el trabajo como en el hogar, la ideología del consumo indiscriminado impuesta por el mercado, es la que impera, frente al individuo idiotizado, objeto, y no sujeto de la edificación de su destino.

La Industria Cultural es entendida como una especie de apología de la sociedad basada en la pseudoindividualidad. El carácter lúdico y vulgar del proceso de consumo cultural masivo contribuye al asentimiento, a la impotencia, a la paralización, a la fuga y al olvido del dolor, todo lo cual liquida toda posibilidad de resistencia.

“El espectador no debe utilizar su cabeza, el producto prescribe todas las reacciones: no por su contexto objetivo -que se desmorona apenas se dirige a la facultad pensante- sino a través de señales. Cualquier conexión lógica, que requiera olfato intelectual, es escrupulosamente evitada”.

También se critica con fuerza la estructura multiestratificada de los mensajes que no responde más que a una estrategia bien articulada para seducir a los espectadores de forma simultánea  a varios niveles psicológicos, dentro de los que el mensaje oculto o latente, por supuesto, tiene supremacía de efecto por sobre los evidentes.

La estereotipación a través de los géneros está inserta en esa red de manipulación, pues mientras más se materializan los estereotipos, es menos probable que las personas puedan con el progreso de su experiencia, modificar las ideas preconcebidas.

Ante sus ojos, “la estructura multiestratificada de los mensajes…refleja la estrategia de manipulación de la industria cultural. Asimismo, proponen la existencia de mensajes ocultos o latentes… que fingen ser frívolos, mientras que a nivel inconsciente ratifican el estado de sujeción del individuo”.

Se considera que “la mayoría de los espectáculos televisivos actuales apuntan a la producción, o al menos a la reproducción, de mucha mediocridad, de inercia intelectual, y de credulidad, que parecen armonizar con los credos totalitarios, aunque el explícito mensaje superficial de los espectáculos sea antitotalitario”.

No son despreciables en relación con este tema las valoraciones emitidas por Walter Benjamin en su texto: La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica.

“La humanidad, que antaño, en Homero, era un objeto de espectáculo para los dioses olímpicos, se ha convertido ahora en espectáculo de sí misma. Su autoalienación ha alcanzado un grado que le permite vivir su propia destrucción como un goce estético de primer orden”.

Esta obra tiene el extraordinario valor, no solo de lograr una crítica profunda y coherente a las maneras en que se reproduce en la actualidad la obra de arte, como objeto de consumo simbólico, sino, de vislumbrar en el arte y la cultura- como se expresa en el párrafo anterior- un arma estratégica de lucha ideológica, para el enfrentamiento al capitalismo atroz y deformado que vivía el mundo a mediados del siglo XX.

4- Deudas por saldar

Con independencia de los extraordinarios aportes hechos a las ciencias sociales por la teoría crítica, existen un conjunto de limitaciones en el campo más bien de la actuación social, que se le reconocen.

-- La teoría crítica acaba privilegiando la aproximación especulativa por sobre el método empírico, a partir de las descripciones generales que realiza del sistema.

-- En el sentido de la comunicación, vuelve a reducirla a una mirada muy hipodérmica del proceso, donde no es posible una recepción activa de la audiencia, sino, donde se produce un intento más de manipulación de los medios masivos hacia los públicos implicados.

-- Al estilo de lo ocurrido con la tradición ilustrada, la Teoría Crítica no logra hacer uso de sus propios presupuestos teóricos para la transformación social, puesto que la gran carga de escepticismo de sus autores, intelectuales de cuna burguesa y resultado de la herencia de poder de la élite capitalista, limita la aplicabilidad de su propuesta.

-- La limitación más importante de esta teoría es que, aunque difiere de las anteriores en su manera de valorar la realidad social, se alinea con ellas en el sentido de la no concreción de un resultado científico consensuado para la ejecución de la tan reconocidamente necesaria Revolución. Se implicaron en la construcción de una crítica cada vez más abstracta para desentrañar la dominación, que quedó quebrada por el pesimismo.

5- Pautas del legado que se llevó el viento

Hasta el momento hemos intentado sistematizar los encuentros y desencuentros fundamentales de la gestión frankfurtiana por la creación de un nuevo paradigma para la comprensión y la transformación de la sociedad.

Hemos resaltado en el cuerpo de texto desarrollado sus limitaciones en el campo de la concreción de un resultado factible, a la par que enunciamos sus aportes teórico-metodológicos. Este epígrafe tiene por objetivo, argumentar con ejemplos nuestra tesis de la gran influencia que tuvo en sus fronteras de éxito práctico, el pesimismo de aquella generación, al punto de lastrar los aportes de esta tendencia de pensamiento antineopositivista de la complejidad. Nos centraremos, como hasta ahora, por obvios motivos espacio-temporales, en los filósofos y textos a nuestro juicio, más importantes.

Los representantes de esta corriente de pensamiento, como hemos señalado, no militaban en organización política alguna. Hacían ciencia desde la Academia con pretensiones de inserción natural en los espacios sociales, pero no se aventuraban desde el compromiso a la actividad revolucionaria directa. Ni apoyaron a los socialistas moderados del Partido Social Demócrata (P.S.D.) alemán tras la Primera Guerra Mundial, evadiendo así la Revolución y desdeñando el experimento ruso, ni aceptaron el liderazgo de Moscú, afiliándose al nuevo Partido Comunista (K.P.D.) alemán para tratar de socavar la fórmula de transacción burguesa que significaba la República de Weimar.

Al reencuentro de la Escuela de Frankfurt en Alemania, solo asistieron, por motivos diversos, algunos representantes, entre los que se encontraban, Adorno y Horkheimer. El gran fundador y aglutinador de pensadores críticos, que creía que el verdadero objeto del marxismo no consistía en poner de manifiesto verdades inmutables, sino en promover el cambio social, se jubila en 1959; mientras Adorno, quien quedara como único director de la Escuela de Frankfurt, participó en una serie de controversias con estudiantes militantes radicales de izquierda.

“La acusación que con más frecuencia se le hizo consistía en que se había retraído a la misma postura contemplativa que la Teoría Crítica siempre había condenado”.

Sus miembros aspiraban a integrar la filosofía y el análisis social, les interesaba el método dialéctico ideado por Hegel e intentaban, al igual que sus predecesores, imprimirle una dirección materialista y en especial, explorar las posibilidades de la acción humana en cuanto a transformar el orden social. Si bien partían de la crítica a la economía política del capitalismo dilucidada por Carlos Marx, la Escuela de Frankfurt estaba separada de Kant y Hegel por pensadores como Schopenhauer, Nietzsche y Weber, así como por los cambios vitales en las condiciones sociales, económicas y políticas producidos entre los dos períodos históricos.

Los pensadores críticos solo tenían como referente de socialismo a evaluar, el éxito no totalmente consumado de la Unión Soviética. Tras su establecimiento en el Instituto de Columbia, estos intelectuales comenzaron a experimentar una creciente aversión hacia el “marxismo”, puesto en marcha en aquella gigante nación bajo el liderazgo de Stalin y “el tono de su labor sufrió un cambio sutil en una dirección pesimista”.

Por otra parte, el más joven de los discípulos de Horkheimer, Adorno y Marcuse en la segunda generación, es Jürgen Habermas. Él declara que ya no comparte la actitud pesimista y desilusionada de sus maestros frente a la posibilidad de liberación que entraña la razón para las sociedades modernas. Propone su propia versión de la crítica a la sociedad y renovadas alternativas de superación de las controversias mediante su concepto de acción comunicativa y su ética del discurso. Cree, como Marcuse, autor de “El hombre unidimensional”, que la ciencia puede ser un “instrumento de liberación”.

Si bien el conocimiento que Horkheimer tenía de Kant contribuyó a aumentar su sensibilidad con respecto a la importancia de la individualidad como un valor que nunca podía quedar totalmente sumergido bajo las exigencias de la totalidad, y todos los absolutos, todas las teorías de la identidad, eran sospechosas para él; la escuela de pensamiento filosófico que forjara, no pudo dar el salto de la crítica a la acción.

Con respecto a la utilidad de los planteamientos del psicoanálisis de Freud para la lucha de clases y sus hibridaciones con la teoría marxista, puede decirse que: “En las pocas contribuciones que hasta este momento se encuentran en la literatura acerca del tema psicoanálisis y socialismo se nota una ausencia de orientación adecuada ya sea en el psicoanálisis o en el marxismo. Por el lado del marxismo, la crítica a la aplicación de los descubrimientos psicoanalíticos a la sociología es correcta en parte. Las contadas aportaciones que los psicoanalistas han hecho a dicho tema, carecen de una orientación adecuada, respecto a los problemas fundamentales del materialismo dialéctico, y además ignoran totalmente el problema central de la sociología marxista: la lucha de clases”.

De todos los miembros de esta escuela, puede aseverarse que los menos influidos por el escepticismo fueron Marcuse (abogó por la praxis gramsciana y se incorporó a la acción popular), Benjamin (halló en la cultura una táctica de enfrentamiento y resistencia a la dominación capitalista, por encima, de una forma de entronización de la parálisis social) y Habermas, pero pudieran, incluso, revisarse las circunstancias de la muerte de algunos otros representantes, a fin de corroborar más nuestra hipótesis (no asumimos esta tarea por cuestiones éticas).

IV- Conclusiones

El curso de la investigación nos ha permitido corroborar nuestra hipótesis inicial: los autores de la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt, no pudieron superar las barreras de su tiempo, de su sistema económico de producción ni de su clase social.

La sola construcción de una propuesta alternativa al positivismo y el conductismo, fue un extraordinario servicio a la humanidad.

Renunciaron a la esperanza de un mundo mejor posible en la práctica, pero no son por ello, condenados por la historia. Representaron lo más avanzado del pensamiento filosófico de su tiempo en ciencias sociales y fueron auténticos cultivadores de la mejor herencia de la creación occidental.

A partir de la teoría crítica, la filosofía es cualitativamente superior desde el punto de vista metodológico, pues ofreció una mirada más holística y transversal acerca de los fenómenos del mundo moderno. Su espíritu revolucionador, si bien no logró poner en marcha una propuesta concreta que derrotara las maneras de dominación capitalista, ha inspirado y preparado a numerosos intelectuales y pensadores posteriores, para asumir el debate de la posmodernidad desde una perspectiva compleja.

La actual teoría de sistemas, inserta en el mundo posmoderno, nos ha dejado la paradoja de vivir en una sociedad de máximo poder y de mínima operatividad. Quizás, como toda teoría evolutiva propiamente dicha, sea inviable sin introducir la noción de azar y sin complementarse por una apelación a la irracionalidad en cualquiera de sus formas, o bien mediante el instinto o bien mediante la violenta lucha por la vida. Aquí estriba con el caos y la dialéctica. Al marcar los límites de la racionalidad y la inevitabilidad del riesgo, la teoría de sistemas más bien nos prepara para aceptar estas categorías, que para rechazarlas. Su pesimismo, nos remite a los filósofos de Frankfurt y, por tanto, nos recuerda qué circunstancias históricas, que a ellos no les fue posible, hemos de sortear, para acercarnos a la victoria definitiva.

Anexo

“Ventana sobre la utopía”

Ella está en el horizonte, dice Fernando Birri. Me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar. (Eduardo Galeano)

VII- Bibliografía

Alonso, María Margarita e Hilda Saladrigas, Teoría de la Comunicación: Una introducción a su estudio, Editorial Pablo de la Torriente Brau, 2006.

Benjamin, Walter, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, Discursos Interrumpidos I, Edit. Taurus, Buenos Aires, 1989.

Horkheimer, Max y Theodor W. Adorno, Dialéctica del Iluminismo, Eunaudi, Turín, 1947.

Horkheimer, Max y Theodor W. Adorno, Lezioni di Sociología, Eunaudi, Turín, 1966.

Marcuse, Herbert, Zum Begriff des Wesens, Zeitschrif für Socialforschung, 1936.

Ollman, Bertel, Marx, Reich y Marcuse, Editorial Paidos, Buenos Aires, 1974.

Reich, Wilhelm, Materialismo Dialéctico y Psicoanálisis, Siglo XX Editores S.A., Ciudad México, 1970.

Theodor W. Adorno, Televisión and the Patterns of Mass Culture, White D. (eds.), New York, 1954.

Wolf, Mauro, La investigación de la comunicación de masas, Edit. Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2005.



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