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JUAN DEL PUEBLO

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Esta es una de las profesiones más nobles que hay y cuando uno siente la vocación de verdad, no piensa nunca en el retiro, afirma Juan Sánchez, periodista laureado por la obra de toda la vida.

HALIA RAMOS HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.         

Juan Sánchez Sánchez nació en la ciudad de Cienfuegos el 16 de mayo de 1929. Graduado de la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling y de Derecho en la Universidad de La Habana, comenzó a trabajar en 1955 como reportero del periódico La Calle e integró también las redacciones de Alerta, CNC-Reloj de Cuba y Radio Mambí.

En 1960 ingresó en la Agencia Prensa Latina y posteriormente colaboró con Verde Olivo, Radio Reloj y Bohemia. Director y profesor de pintura de la Academia San Alejandro, merecedor del Premio Nacional de Periodismo José Martí en 1999, el Premio Nacional de la Crítica y de Periodismo Cultural, este hombre de extrema sensibilidad confiesa su pasión por dos amores: el periodismo y la pintura.

-¿Qué era La Calle y por qué

el seudónimo Juan del Pueblo?

La Calle fue el único periódico de oposición que hubo durante la dictadura de Batista. Lo dirigía Luis Orlando Rodríguez y era de corte ortodoxo. Le llamaban así porque ese nombre recogía su propósito de residir entre el pueblo. Otros títulos de periódicos también daban similar idea: Alerta, Pueblo; pero La Calle estaba más íntimamente ligado a las preocupaciones de la gente. El seudónimo Juan del Pueblo era la combinación de mi nombre con el pueblo. Ese era su objetivo, no hay otro trasfondo ni explicación.

En los primeros años de la Revolución continuó haciendo periodismo, y se unió a lo que ésta trajo nuevo que fue, por ejemplo, la redacción cablegráfica en Prensa Latina, agencia creada en 1959. Para esa fecha, la pirámide invertida como estructura estándar de los relatos periodísticos estaba más que asentada en el mundo.

En Cuba, como en todos los países de América Latina y muchos de Europa, el estilo informativo y la pirámide llegaron con la influencia de los cables de las agencias internacionales: “Aquí no había un medio de esa magnitud. Vino un argentino, Jorge Ricardo Masetti, y lo designaron para fundar la agencia”. Juan estuvo entre los iniciadores, como periodista de fila.

Masetti fue quien los enseñó a redactar cables, cuestión que resultó muy difícil por las características de ese estilo: “La información cablegráfica respondía a determinados elementos: el qué, quién, cómo, dónde, cuándo y por qué, o sea, el lead. Nada de eso se tenía en cuenta en el periodismo cubano. Aquí solo se hacían los trabajos en forma de versiones de noticias y reportajes”.

-Si en nuestro país no se hacía el

lead informativo, ¿fue entonces

Masetti quien lo introdujo?

Exactamente, aquí usábamos despachos de la Reuters, la AP, y otras más que eran las agencias que nutrían los periódicos. Todo era sin una raíz nacional. El Che, como coterráneo de Masetti, apoyó mucho la fundación de una agencia internacional con casa matriz en Cuba.

-Formó parte del grupo de periodistas

que acompañó a Fidel a Naciones Unidas

en 1979, ¿cómo recuerda aquel discurso?

Fidel fue una sensación en Naciones Unidas, el discurso fue impresionante. En los pasillos se comentaba la capacidad de oratoria del líder de la revolución cubana. Los periodistas estábamos en la tribuna y vimos todo. Al llegar a Cuba tuve la dicha de publicar una versión en la revista Bohemia.

-Usted fue enviado a Santiago de Chile

a una reunión de la Organización de Estados

Americanos y no lo dejaron entrar,  ¿por qué?

En Santiago se iba a desarrollar una reunión de cancilleres. A los periodistas nos apartaron ubicándonos en un hotel de la ciudad, y no pudimos ejercer nuestro trabajo. Todos imaginamos por qué… (y deja inconclusa la respuesta)

-Si evocara algún momento de su

paso por Bohemia, ¿qué diría?

Estoy muy orgulloso de la revista y de sus cien años. Tal parece que fue ayer cuando la crearon por la juventud que aún respira. Aunque hice mis estudios profesionales en la Márquez Sterling, Bohemia fue mi gran escuela.

Al mencionar a Bohemia, el inagotable Juan Sánchez no contiene tanta nostalgia y orgullo y una ligera lágrima se desliza por su mejilla. Entonces vuelven a tomar fuerza las palabras de sus amigos y compañeros de trabajo Carlos Piñeiro, Sahily Tabares, Mercedes Alonso y Pedro García: ellos coinciden en que Juan Sánchez ha sido un periodista de gran importancia, tanto en la trayectoria de Bohemia como en el periodismo cubano.

En los primeros años de la Revolución estuvo al frente del departamento de Cultura en Bohemia. Sus inclinaciones artísticas, principalmente por la plástica, y su amplio conocimiento sobre los grandes pintores de nuestro país como Zayda del Río, Amelia Peláez, Ponce y Víctor Manuel, lo motivaron a escribir varias páginas dedicadas a la pictórica cubana.

“Es un periodista con chispa. Sus dotes: carácter, paciencia, sosiego, maestría profesional, perspicacia al criticar y luego alentar lo hacen convertirse en una especie de Eliseo Diego”, afirma Carlos Piñeiro.

“Sabía cómo sacar el mayor partido a cada uno de sus compañeros. Su vasto conocimiento le permitió platicar con los más conocedores de historia, poesía, teatro y medios audiovisuales, dándole sugerencias, ya sea en la forma, como en el contenido. Le gustaba que al reportaje histórico se le insertara un matiz literario”, asevera Pedro García, mientras que Sahily Tabares enfatiza en que “es todo un caballero, un hombre de inmensa cultura y una brújula y eminencia del periodismo cultural, elocuente, reflexivo, justo, una persona intachable; Juan para mí es un padre”.

“Tuve la oportunidad de poder trabajar con el gran Juan Sánchez. Y si digo gran, es porque grande es su pecho, su sabiduría, su amor al periodismo que ejerció con dignidad y ética imitables. Muchas veces me he preguntado en el ejercicio de este oficio cuáles debían ser mis paradigmas, mis maestros, mis pautas… Juan está entre los primeros ejemplos”, comentó Mercedes Alonso.

-De sus reconocimientos, ¿cuál

ha sido el más significativo?

El Premio Nacional de Periodismo. El cubano mayor, Martí, fue periodista, y su obra influyó mucho en mi carrera. Yo tenía vocación antes de conocer en profundidad sus textos, porque siempre me gustó escribir, pero sus ideas determinaron quien soy como periodista. Es un orgullo para los que amamos esta profesión, que el premio que se otorga por la obra de toda la vida, lleve el nombre del Apóstol.

-¿Cómo un periodista llega a ser profesor

y director de la Academia San Alejandro?

En la primaria adoraba dibujar y tuve la suerte de vivir cerca de la calle Dragones, que era donde estaba la antigua Academia de San Alejandro. Estudié allí y como me gustaba tanto, llegué a destacarme un poco.

Recuerdo que en aquel momento se dividía en dos: un nivel elemental y San Alejandro propiamente, la escuela profesional. Yo empecé, lógicamente, por el primero, pero tuve un buen entrenamiento y no fue muy difícil aprobar los dos años.

De allí tenía que dar el salto a la escuela superior de Dragones, y el profesor de dibujo, Gurmencindo Verea, me dijo: “Mira, chico, tú has sacado las asignaturas, pero te voy a retener aquí porque te vas a perder entre tantas personas mayores”.

Cuando paso a la superior, gané una cátedra en Dibujo y me quedé como profesor de nivel básico. Me mantuve impartiendo clases y, por los años 70, fui nombrado Director de la Academia.

-¿Todo ese tiempo sin abandonar el periodismo?

Sin abandonarlo.

En 1966 se graduó de Derecho en la Universidad de La Habana. Estudió abogacía, a pesar de que su madre anhelaba tener un hijo doctor. A Juan no le gustaba la tradición familiar de dentista, sino las letras. Solo ejerció la profesión en una ocasión. Recién graduado, a un compañero suyo, periodista de Bohemia, lo acusaron de haber hecho una crítica muy fuerte y le pidió que lo defendiera. No se pudo negar y fue la primera vez que se puso una toga negra. Afortunadamente ganó el caso.

-Entre sus recuerdos,

¿qué lugar ocupa Angola?

En el año 1983 fui enviado a Angola como corresponsal de guerra, lo cual significó una experiencia nueva, y el descubrimiento de un mundo y ambiente diferentes. Era el África negra, pero a pesar de esto y del portugués, ellos mantenían una estrecha relación con los cubanos. Íbamos por la selva, los matojos nos cubrían, había que tener mucho cuidado con las minas porque cuando pasaba el jeep, explotaban.

-Su familia…

Excepcional, han tenido la paciencia de atenderme. Cuando en Barcelona me dio una hemiplejia, dejándome paralizado el lado izquierdo, ellos se ocuparon de mí. Llevo seis años discapacitado y mi familia, con amor siempre, ha sabido apoyarme, constituye un pilar infalible en mi vida. 

-Si tuviera la oportunidad de

comenzar una nueva vida, ¿qué sería?

Indiscutiblemente, lo mismo. Recorrería exactamente el mismo camino, sin apartarme ni una pulgada. Sería periodista y pintor, dos vocaciones que me cautivaron desde niño. Esos son mis grandes amores y a veces cuando uno tiene dos grandes amores, que vienen desde el fondo del corazón, tiene que compartirse entre los dos.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.
  
Ficha técnica:

Objetivo central: Conocer acerca de la vida y obra de uno de los premios nacionales de Periodismo y sus experiencias en más de 50 años de trabajo.

Objetivos colaterales: Reflejar la labor de Juan antes del triunfo de la Revolución y posterior a 1959. Abordar la faceta como director de la Academia de San Alejandro. Conocer sobre anécdotas y experiencias del entrevistado. Su labor al frente de la página de Cultura de la revista Bohemia.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Colectiva.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad, biográfica.
Por el canal que se obtuvo: Vía directa.

Fuentes consultadas: No documentales, directas:

Sahily Tabares, Mercedes Alonso, Pedro García y Carlos Piñeiro, periodistas de Bohemia.

 


 



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