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UN PAYASO EN EL ESCENARIO

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Tras 25 años de vida artística no solo hay risas… también hay mucho de magia.

YANET GONZÁLEZ RICARDO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Una mujer le pregunta a su amiga:
-¿Y ese golpe que tienes en el ojo?
-Me lo dio mi marido.
-¿Pero tu marido no estaba de viaje?
-Eso pensé yo…

Sonreí. Mas no eran chistes, sino respuestas lo que buscaba. Aunque después resolví que para dialogar con Juan Carlos Hernández González, más conocido en el mundo del humor como Juan Karlos el gordo, ambos conceptos no distan.

-¿Cuáles son sus principales referentes

del humor en Cuba y el extranjero?

Pudiera mencionarte a muchos. Entre ellos a Enrique Arredondo, Chaflán, Leopoldo Fernández. Pero siempre he creído que Chaplin es una de las figuras más cimeras. Antes no se distinguían como humoristas, simplemente eran actores que hacían humor. Por ejemplo, Carlos Monctezuma era actor. Pienso que no hay que dividir entre actor  humorista y actor “serio”.

-Usted se graduó de actuación

y después se dedicó al humor.

Sí, aunque también he hecho otras cosas que no tienen nada que ver con el humor.

-En marzo del 2005 se estrenó en

el teatro América el espectáculo

“Se soltó el gordo”.

¿Qué representó para usted?

Fue muy importante. Se realizó en ocasión de mis 25 años de trabajo. Fue casi unipersonal. Traté de abarcar la mayoría de las cosas que yo he hecho: payaso, mago, humorista. Se presentaron tres funciones y después se repuso en junio con nueve actuaciones.

-¿Pretende realizar nuevamente

un espectáculo similar…

tal vez para el nuevo año?

En la segunda semana de abril voy a hacer un unipersonal en el teatro América que se llamará Humor Grueso.

-¿Por qué introduce la poesía

dentro del espectáculo? 

Para darle variedad. Empleo, por ejemplo, la de Carilda Oliver y Mario Benedetti. Si uno tiene la capacidad de desdoblarse y después de los chistes hacer algo más serio, es oportuno para tocar la sensibilidad de las personas. De algún modo sirve como balance para equilibrar el espectáculo.

-Varios comediantes coinciden que el

trabajo del humorista es de los

más serios que existen,

¿comparte usted el criterio?

Mientras más serio es el trabajo, más profesional. Primero hay que prepararse cultural e intelectualmente para parase en el escenario y tener una expresión y léxico óptimos para comunicarse con las personas.

-¿Cree usted que el humor en Cuba en

este momento pasa por un proceso de

evolución o sufre un retroceso?

El humor en Cuba nunca ha estado en retroceso en ciertos lugares. Por ejemplo, en cabarets y teatros siempre ha habido una gran fuerza. Creo que un momento de esplendor lo es ahora un medio como la televisión, donde el humor estaba un poco frenado. Actualmente han surgido una gran cantidad de humoristas. Hubo una época en la que todo se movía en torno a la salsa. Ahora ocurre lo mismo con el humor.

-¿Qué diferencia al humor de

cabaret al de televisión?

Son diferentes códigos.

-Sí, pero qué ocurre.

¿Usted dice lo mismo en la

televisión y en un cabaret?

No. En la televisión no se puede hacer todo tipo de humor. También en el teatro es diferente. Ahí sientes directamente el calor del público. En la televisión se trabaja con la cámara.

-¿Cómo enfrenta un humorista

la responsabilidad e hacer reír a las

personas cuando situaciones difíciles

en su vida atentan contra esto?

Tengo una experiencia: tres minutos antes de salir al escenario, mi hermana me llamó por teléfono y me dijo que mi abuela había fallecido. En estos casos uno tiene que hacer uso de su fuerza interna y tratar de olvidar lo ocurrido, al menos hasta que concluya el espectáculo, acudiendo a la memoria emotiva. Aquí se cumple una frase muy antigua: Ríe payaso…

-¿El humorista es entonces un payaso?

Ser payaso es grandioso. Desde niño me encantaron los payasos. Algunos son más tristes, otros más felices. Uno puede notar la tristeza en la cara de alguien que trata de hacerte reír. Un humorista no es un payaso. Un humorista es un actor, al igual que lo es un payaso. Yo quisiera ser un payaso, pero no en mi vida; sino en el escenario.

-¿Por qué varios humoristas utilizan

como tema de creación de su obra

problemas de la cotidianidad del cubano?

Creo que el humorista es el único que tiene la capacidad de pararse en el escenario y hacer que la gente se ría de sus propios problemas, críticamente, sin herir a la sociedad. Martí dijo algo en lo que yo creo fielmente: “La crítica a la sociedad es como un látigo con cascabeles en la punta”.Y pienso que hay muchos problemas que se pueden solucionar a partir de lo que comunica el humorista.

-En esta línea, ¿usted considera que

la vida del cubano se mueve más en

el mundo de la comedia,

o en el de la tragedia?

El cubano se ríe con todo. Es parte de nuestra idiosincrasia. Por eso nos diferenciamos en cualquier parte del mundo. El cubano cree en Santa Bárbara, en la güija, en la mata de coco, en lo afrocubano…al final no cree en nada más allá de su capacidad para salir de sus problemas cotidianos con un optimismo característico… y termina riéndose.

-¿Qué opina del humor empleado

por algunos comediantes en el

que se burlan de las personas?

Todo depende de la manera en que lo hagas y de la forma en la que ocurra la relación con el público. Te lo digo a partir de mi experiencia personal. Hay veces que me paso y tengo que reconocerlo; lo admito. En una ocasión yo estaba actuando en Pinar del Río y cuando llegué al hotel me estaba esperando un hombre  para caerme a batazos por algo que le había dicho a su esposa durante el espectáculo. Ahora tal vez suene gracioso, pero en aquel momento me asusté.  A partir del período especial el humor también cambió. Fue más agresivo.

-Hay temas dentro del humor en Cuba

que se hacen recurrentes,

como las críticas a los pinareños,

las suegras, el matrimonio, entre otros.

¿Qué posibilidad existe de que

esos temas varíen…

o seguirán siendo los mismos?

No van a variar. Son temas que en su mayoría forman parte del humor internacional. Los de los pinareños son chistes de Lepe, una zona de España. Actualmente se conocen como chistes leperos o de gallegos. Son chistes de cierta manera tontos, que se le sitúan a cierta persona  de la que se toma su ingenuidad.

-¿En qué medida el personaje de Pepito,

tan popular en nuestro humor,

ilustra la personalidad del cubano?

Pepito surge como en otros países. Jaimito, por ejemplo, es el personaje gracioso de lugares como España y México. Para nosotros es el personaje que hace maldades. Creo que si surgió en nuestro país es porque de alguna manera representa características del cubano, aunque algunas vayan en detrimento de la sociedad.

-¿Qué es entonces el humor para Juan Karlos?

Mi vida.

-¿Por qué?

Porque es mi alegría y mi fuerza. Al inicio te mencionaba a Chaplin. Él expresó algo que para mí es una máxima: “La vida es una obra de teatro que no permite ensayo. Por eso ríe, baila, grita, llora, y nunca dejes que el telón baje, y la obra termine sin un aplauso". ¿Qué más te puedo decir? El humor es mi magia.

FICHA TECNICA:

Objetivo central: Dar a conocer al entrevistado como humorista y en sus aspectos más personales.

Objetivo colateral: Conocer la opinión de un humorista sobre el estado del humor en Cuba en estos momentos.

Tipo de entrevista:
Por su forma: Clásica.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara.

Tipo de título: De cita textual.
Tipo de entrada: Original.
Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas.
Tipo de conclusión: De opinión del entrevistado.
 
Fuentes consultadas: Directa, no documental.

 



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