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“EL MAGISTERIO ES CONMOVER Y EMOCIONAR”

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El profesor Jorge Carbonell Pérez devela los placeres de enseñar.

Texto y foto:
ALINE MARIE RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Este hombre nunca imaginó ser educador. Hoy es un destacado profesor del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona (ISPEJV). Acumula más de tres décadas en tareas docentes y  conoce el placer de enseñar. La Matemática no ha sido un secreto para él. Por eso ha sabido entregarla a sus alumnos con devoción martiana, como quien regala las llaves del mundo que son la independencia y el amor.

El Doctor en Ciencias de la Educación Jorge Carbonell Pérez, actual director de la Sede Universitaria Pedagógica de Arroyo Naranjo, es un hombre comprometido con los retos de su tiempo. Palabras que confirma cuando valora, reflexiona y comenta sobre temas que le han preocupado y ocupado a lo largo de su vida profesional.

–¿Qué lo incentivó a estudiar Matemática,

en general una asignatura tan

compleja para los estudiantes?

La Matemática siempre me fascinó. Cuando niño me entusiasmaba resolver problemas, aún cuando no encontrara las respuestas correctas. Ya en la secundaria básica, tuve de profesor a Miguel Ángel Ordaz, quien combinaba la amabilidad con la exigencia. Sin alzar la voz, lograba en el aula un silencio y una laboriosidad extraordinaria. Esto me hizo sentir una gran admiración por su empeño y enamorarme de esta ciencia y de la enseñanza.

–¿Puede afirmarse, entonces, qué el

magisterio lo cautivó para toda la vida?

Totalmente. Aunque en mi familia no había tradición de educadores, existieron durante mi infancia y juventud dos motivaciones importantes. La primera, tres maestros a quienes siempre quise parecerme. La otra, está relacionada con el llamado de la Revolución, cuando terminé noveno grado, para formar a los jóvenes en los institutos pedagógicos. El ejemplo de mis profesores y el compromiso social fueron los incentivos para hacerme maestro, decisión de la que no me arrepiento. 

–¿Ese compromiso social es el que ahora lo lleva

a dirigir una Sede Universitaria Pedagógica?

Por supuesto. El momento histórico demandaba cumplir tal responsabilidad y, como varias décadas atrás, no dudé en entregarme a ese nuevo proyecto, que indudablemente viene a dar continuidad y a enriquecer nuestro proceso educativo.

–¿Por qué surgieron estos

nuevos centros de estudio? 

La enseñanza debía desbordar los límites estrechos de los muros universitarios y, por  ello, la clave de este empeño es garantizar que todos tengan derecho a acceder a la educación superior. 

Tales estudios son un logro de la Revolución. En el plano ideológico aparece un concepto estratégico: consolidar la educación, como principal instrumento para asumir los retos del mundo contemporáneo. La idea de crear las Sedes Universitarias Pedagógicas es genial, pero también es muy compleja. En mi centro, por ejemplo, estudian más de 400 jóvenes. 

–¿Cuáles son esas complejidades?

Son varias. Una de las limitaciones esenciales es la falta de locales, pues las Sedes funcionan en escuelas primarias o secundarias. Además, otro elemento a considerar es el tiempo de preparación asignado a los profesores, para que se corresponda con las exigencias de conocimientos de los jóvenes Profesores Generales Integrales (PGI) en formación. A pesar de estas realidades es preferible asumir los desafíos antes que cruzarse de brazos.

–El proceso educativo cubano ha pasado

por varias etapas, una de las más recientes

es la formación de los PGI, un tema polémico.

A partir de su experiencia personal,

¿cómo valora la acción de estos jóvenes?

Son muy criticados. La mayoría son buenos muchachos y, por encima de todo, revolucionarios. Dieron el paso al frente para una tarea que otros no quisieron realizar. Pueden existir algunos errores, pero se necesita tiempo para eliminarlos. La práctica dirá si hay que replantearse o no algunas ideas del proyecto original. Recuerdo que Martí decía que el sol tiene manchas y algunos ponen más énfasis en ellas, que en la propia luz.

La formación emergente no es una salida, es una idea extraordinaria. Es verdad que algunos jóvenes, al no cumplir lo establecido, fueron separados del programa. Muchos piensan que están aquí por resortes migratorios, pero hay que conocerlos para dar una justa valoración al respecto. No conozco ninguna obra humana totalmente perfecta. 

–¿Sería necesario replantearse

su proceso de formación?

De manera general la esencia del proyecto es excelente, aunque el tiempo será el encargado de demostrar si es necesario reajustar o no los planes de estudio. En el fututo sería mejor agruparlos por áreas del conocimiento, pues lo más difícil para ellos es impartir todas las asignaturas.

En la medida en que aumente el número de profesores graduados, la televisión educativa también deberá replantearse sus propósitos y convertirse en un soporte, más que en una vía directa de conocimientos. No se puede olvidar que la educación, tanto en Cuba como en otros países, es siempre un proceso interactivo, comunicativo y personalizado.

–Conozco de su amplia colaboración y

asesoría en tierras latinoamericanas.

¿Qué significa esa labor en su vida profesional? 

La experiencia en otros países ha sido extraordinaria. Pude acercarme a otras culturas y formas de pensar. Por ejemplo, cuando trabajé en Chile fue muy enriquecedor, principalmente por el debate político. Polemizar sobre una concepción del liderazgo pedagógico desde una perspectiva cubana, con alumnos que han recibido postgrados en universidades europeas, es un gran desafío. Analizar la masividad y el libre acceso a la educación, en un país donde la privatización es la fórmula para elevar el nivel educacional, es todo un reto.

Algo similar viví en Bolivia. Dirigir allí la carrera de Pedagogía durante el curso 1999-2000, en la Universidad Nacional Siglo XX, resultó un sustancial aporte. Además, me dio la medida de cómo poder discutir, reflexionar…

Cuando estuve en Iquitos, en Perú, recuerdo a maestros muy humildes, pero con gran dedicación. Aprendí que en circunstancias adversas las personas pueden crecer. Me viene a la memoria una alumna, que era monja, trabajaba en un asilo con personas discapacitadas durante la mañana y, en la noche, asistía a mis clases. El empeño de esta estudiante era digno de reconocer. En Cuba, ningún joven tiene que hacer ese sacrificio para poder estudiar.

–¿Cómo valora el desarrollo

de la educación en la Isla?

La enseñanza, indiscutiblemente, ha ido en ascenso desde 1959 hasta nuestros días. La obra revolucionaria está basada esencialmente en la enseñanza. Nuestro sistema docente siempre será superior, si lo comparamos con el de otras naciones. No es discriminatorio, tiene un concepto más humano. Creo firmemente que hemos llegado al Aniversario 50 de la victoria de 1959, porque la educación es la piedra angular de la Revolución.

–En su condición de profesor destacado

del Varona, ¿qué papel le concede como

institución rectora de la formación

pedagógica en el país?

El Pedagógico, desde su fundación, en 1964 desempeña un papel protagónico en la preparación de los educadores. Cuenta con profesionales de alto nivel, reconocidos tanto nacional como internacionalmente. Es el único centro de la Educación Superior que reúne en su claustro a la mayor cantidad de Máster, Doctores y Profesores Titulares. Fue, es y tengo la absoluta certeza de que será, un baluarte indiscutible en la formación pedagógica de la Isla.

–¿Qué representa este centro

de altos estudios para usted?

Me formé en el Varona, he crecido como profesional en sus aulas, alcancé el  Doctorado en Ciencias de la Educación y espero la condición de Profesor Titular. No creo que un muchacho de una familia humilde como la mía, hubiera podido llegar a alcanzar esa categoría, a ser autor de documentos y tutor de tesis. Soy resultado de este centro, que es parte de nuestro proceso social y de mi propia vida. Se deriva, entonces, que sea obra de la Revolución, de la que el Pedagógico es su ejemplo más digno.

–En 1991 regresa al Varona como trabajador

y comienza a investigar sobre la dirección del

proceso educativo. ¿Abandona usted

la docencia por esos estudios?

Nunca me he alejado de las aulas. Siempre me ha enriquecido impartir clases. Los maestros son también dirigentes, pues encabezan un proceso que ocurre frente a los alumnos: la educación. Los códigos cambian, por eso la dirección se desarrolla en distintos niveles. No es lo mismo dirigir a 40 personas que a 400. La única vía posible para elaborar teoría en esta esfera, es mediante la experiencia obtenida ante los educandos.  

–Su Doctorado aborda las técnicas de

dirección en la docencia. ¿Cuál es

el centro de la investigación?

En ese trabajo entrego mis mayores aportes. Elaboré un modelo de dirección para los centros docentes desde la comunicación. Aunque no es una obra perfecta, ya se puso en práctica, con resultados satisfactorios.

Me dediqué a estudiar los aspectos socio-psicológicos de la dirección y especialmente el liderazgo y la comunicación. Esta última es una herramienta fundamental en el vínculo con las personas. De ahí que el director de una institución y el profesor desempeñen un papel protagónico en ese proceso. Si quien educa no incentiva en sus alumnos el deseo de crecer y hacerse hombres de bien, no logra su propósito. Porque el magisterio es conmover y emocionar. Mis principales estudios en la especialidad llevan ese sello.

–¿Qué significa para usted ser miembro de la

Asociación de Pedagogos de Cuba y profesor

invitado de la Cátedra de Dirección Educacional del

Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño? 

Pertenecer a estas organizaciones, más que un mérito, es una excelente vía para poder debatir, reflexionar, intercambiar experiencias y contraponer ideas, que permiten mayor fluidez en el desempeño docente.

–Entre otros reconocimientos ha recibido la

Medalla José Tey y la Orden Frank País

de Segundo Grado, ¿qué importancia

le confiere a tales distinciones?

No es solo un mérito, sino un nuevo reto. Reconforta que reconozcan tu labor, pero a la vez te compromete a cumplir el quehacer diario cada vez mejor.

–Después de varias décadas en la enseñanza,

ahora en tareas de dirección. ¿No siente

nostalgia por impartir la Matemática?

Me interesa combinar la docencia, la investigación y la dirección. Pero no, nunca olvido la Matemática. Como afirmó en una oportunidad Dulce María Escalona, la primera rectora del Pedagógico, la Matemática es poesía. En toda obra humana siempre está presente lo bello, por eso dirigir e impartir clases también es poesía.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

Ficha Técnica:

Objetivo Central: Ofrecer las opiniones del profesor Jorge Carbonell Pérez sobre su actual responsabilidad como director de la Sede Universitaria Pedagógica de Arroyo Naranjo y la formación de los Profesores Generales Integrales.

Objetivos colaterales: Conocer sus valoraciones sobre el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona y el desarrollo educacional cubano. Brindar una síntesis de sus estudios sobre dirección del proceso docente educativo. Ofrecer una panorámica de su colaboración en otros países de Latinoamérica.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Clásica de preguntas y respuestas.
Por su contenido: Personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Directa.

Tipo de título: De Cita Directa.
Tipo de entrada: De Presentación.
Tipo de cuerpo: Clásico de preguntas y respuestas.
Tipo de preguntas declaradas: 1)Directa; 2)Abierta; 3)Directa; 4)Directa; 5)Directa; 6) Directa; 7)Directa; 8)Abierta; 9)Abierta; 10)Directa; 11)Abierta; 12)Abierta; 13)Directa; 14)Abierta; 15)Abierta; 16)Abierta.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes Consultadas: Documentales: Currículo del entrevistado.


 

05/09/2010 09:09 islalsur #. Rostros del Varona


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