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EL FUNERAL QUE NO LLEGA

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LAUREN CLETO HERRERA Y LUIS ALEJANDDRO YERO MONTEAGUDO,
estudiantes de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La algarabía alrededor de la libreta ya parece olvidada por la opinión pública. El tema, de tanto llevarlo y traerlo, sencillamente cansó a la gente. En su lugar, otros asuntos encienden las tertulias de esquina. Sin embargo, la pregunta de cuál será el futuro de la distribución normada, quedó como otra de las tantas interrogantes aún por responder.

Ya parece lejano el alboroto vivido a mediados del 2009, cuando la “bola” de que los mandados se iban a bolina, creó un verdadero gallinero dentro y fuera del país. Los rumores alrededor del polémico tema encontraron pie de arranque en un artículo de la prensa sobre la necesidad de abolir subsidios insostenibles para las finanzas nacionales. Y a pesar de las esporádicas menciones a la libreta, nunca se apuntó directamente a su eliminación.

Las habladurías populares no tardaron en hallar acciones concretas para reavivar sus miedos. Desde noviembre de 2009, en los mercados de venta liberada podían oírse los pregones de dos nuevos productos: la papa y el chícharo, a partir de entonces suprimidos de la cuota normada. Y aunque esta señal aparentó ser el primer paso de un posible trayecto hacia una eliminación gradual, los casi dos mil millones de pesos del presupuesto nacional para asegurar este año la canasta básica, confirmaron algo: los mandados mantendrán su llegada mensual durante el 2010.

Sin embargo, ¿qué factores

comenzaron a presionar

sobre el futuro de la libreta?

En el 2009 importantes sectores sufrieron considerables pérdidas en sus ingresos. Las inversiones decrecieron en un 16 por ciento; las exportaciones, casi en un cuarto; y las importaciones, en más de un tercio. Influyeron en estos descensos, la crisis financiera mundial que redujo los ingresos por turismo, además de la caída del precio internacional del níquel. También, en el 2008, los vientos de tres huracanes hicieron desaparecer 10 mil millones de dólares de las cuentas nacionales.

Esta situación, combinada con años de políticas económicas poco eficientes en el plano interno, condujo a una realidad compleja. Hoy, mantener la libreta constituye una sobrecarga a las maltratadas finanzas del país.

El gobierno del país no tardó en percatarse de ello. Las declaraciones de Raúl sobre la insostenibilidad de muchos subsidios, así lo demuestra: “Nadie, ni un individuo, ni un país, puede gastar indefinidamente  más de lo que ingresa. Dos más dos siempre suman cuatro, jamás cinco. Hoy añado, en las condiciones de nuestro socialismo imperfecto, a causa de insuficiencias propias, muchas veces dos más dos, da como resultado tres”.

El Doctor Omar Everleny Pérez, investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana,  revela un segundo argumento que indica lo inapropiado de este sistema de distribución. Según el económico, el estado gasta millones en abastecer alimentos, hasta en quienes no los necesitan: “Ya este proceso representa una distribución injusta porque hoy la sociedad está fragmentada. Los ingresos de un anciano retirado, no son los mismos a los del dueño de una paladar. Desde hace cinco años, nosotros estábamos planteando la necesidad de pasar a un sistema diferente: a un sistema de subsidiar a las personas y no a los productos”

Mientras, el doctor Armando Nova, también del Centro de Estudios de la Economía Cubana, reconoce otra razón para detenerse a pensar sobre la permanencia de la libreta. “Esta se ha convertido en un factor desestimulante, sobre todo en el tema de la productividad del trabajo. Hay gente que se conforma solamente con los mandados,  y no trabajan más fuerte  para cubrir otras aspiraciones”.

Pero, ¿qué significaría

para la familia cubana

la muerte de la libreta?

“¿Con qué voy a comprar lo que venden en la tienda por divisa? Mi salario casi no me alcanza. La libreta resuelve muchísimos problemas, más aún cuando no tienes divisa”, responde Alina Menéndez, trabajadora de la Empresa Provincial de Bebidas de Ciudad de La Habana.

Mientras, Luis Alberto Reyes, chofer de la empresa Panataxi, opina: “Por mí que la quiten. Los mandados se me pudren en la bodega, porque no tengo tiempo para ir a buscarlos”.

Nieve Fonseca, jubilada y cuentapropista, asegura: “Yo tengo dinero, porque me lo busco. Pero a la mayoría de los viejitos la chequera no les alcanza para nada. Si quitan la libreta… se mueren de hambre”.

La necesidad de eliminar la libreta se enfrenta a una realidad socio-económica que impide acabar de golpe con sus 48 años de existencia. Su desaparición significaría una bomba para la economía doméstica de millones de cubanos. 

¿Cómo sobrevivió hasta nuestros días?

“(…) A partir de mediados de 1961 se hace visible que la oferta de alimentos y otros bienes de consumo a la población comenzó a retrasarse con respecto a la creciente demanda; estimulada por la redistribución de los ingresos en ascenso que recibía la población”, indica el Doctor Julio C. Díaz Acosta, en su investigación Consumo y distribución normada de alimentos y otros bienes.

“La confluencia de hechos y situaciones generadas por los rápidos cambios socioeconómicos que se producían en el país; las dificultades creadas con el rompimiento técnico-productivo estándar utilizado en la Isla hasta entonces, casi todo de procedencia norteamericana, la pérdida de los mercados tradicionales externos, así como la imposibilidad de reorientar la búsqueda de nuevos suministradores en tan breve tiempo, dan lugar a la promulgación de la Ley 1015 (12 de marzo de 1962) por la que se creó la Junta Nacional para la Distribución de los Abastecimientos”, argumenta el estudio.

En lenguaje llano: en marzo de 1962 se imprimió por primera vez una libreta de abastecimiento.

Hacia los 80, un amplio mercado libre a precios módicos favoreció una soltura en la economía doméstica del cubano. La abundancia de opciones, incluso, permitió a muchos prescindir de varios productos normados. Ya en esa década se pensó eliminar la libreta gradualmente, pero la crisis de los 90’ paró en seco estos planes.

“A partir de los años 93, 94, hubo necesidad de darle a la libreta una mayor importancia. Empezaron las fábricas a paralizarse, el dinero comenzó a aumentar y entonces creció mucho la especulación. Para enfrentar esta situación, el Estado volvió a distribuir los principales bienes de consumo de forma normada”, relata Omar Everleny Pérez.

La distribución normada no ha sido un invento cubano. Incluso, la Grecia Antigua la aplicó, y en el siglo XX, Europa no escapó a su uso como antídoto a la escasez de bienes que provocaron las dos guerras mundiales. En momentos de insuficiencia, ha servido como medida eficaz para evitar el acaparamiento y la especulación, además de proteger a los grupos más vulnerables de la sociedad.

En nuestro caso, la libreta también significó un atenuante a las diferentes crisis que han golpeado al país. Y mientras en otras naciones sólo funcionó de forma temporal, en Cuba, su alargada permanencia ha entorpecido el desarrollo armónico de la economía.

La actual combinación de crisis económica mundial, huracanes, y la herencia del bloqueo norteamericano unido a una economía poco productiva, ha colocado a la libreta en una encrucijada: necesidad de eliminarse, frente a los millones de cubanos que dependen de ésta. Entonces, ¿cuál podría ser la solución?

Armando Nova propone: “El problema no radica en quitar la libreta, sino en lograr una mayor oferta. Y para ello es necesario liberar una serie de pasos, de liberar fuerzas productivas: dejar que todo posible productor pueda trabajar, que los productos fluyan sin tantas trabas. Hay muchas restricciones en los procesos de producción, distribución, acopio y venta de los productos. A medida que se eliminen estos obstáculos, ello estimulará a los productores y a la vez se logrará una mayor oferta. Una mayor oferta, provoca por ley un descenso en los precios”.

La distribución normada sólo representa la punta del iceberg de un complejo sistema de relaciones económicas. Según Nova, cualquier cambio sobre ésta conlleva una alteración en todas las variables a su alrededor. Una posible eliminación de la libreta, inevitablemente deberá acompañarla un aumento de la productividad, que equilibre el vacío dejado por la desaparición de la canasta básica. Y para ello, se necesita toda una reformulación del sistema económico cubano. 

“Para eliminar la libreta hay que modificar las otras variables asociadas a ésta, como la prestación de los servicios y la producción de alimentos. Además, crear otras formas de propiedad. ¿Por qué tiene que ser el Estado solo? ¿Por qué no se crean espacios a otras formas de propiedad (la cooperativa, el productor individual, la producción individual)?. Diversificar ese proceso, donde el Estado se ocupe de los problemas más pertinentes, sea el dueño de los medios productivos fundamentales, pero no sea el elemento mayoritario en los procesos de la gestión empresarial y productiva”, especifica Nova.

La palabra “cambio” se ha convertido en la más escuchada últimamente. Y aún cuando la velocidad, magnitud y efecto de las transformaciones no llega, ni satisface a todos, el Estado ha comenzado a dar los primeros pasos: descentralización financiera de las actividades más rentables al país, entrega de tierras ociosas a quien esté dispuesto a trabajarla, salarios según resultados en el sector productivo, aumentos de pagos a producciones alimenticias. La eliminación de subsidios representa otra de las tantas reparaciones necesarias a la maquinaria económica del país.

“Realmente, no es que se quiera eliminar la libreta. ¿Pero cómo mantienes ahora esos elevados gastos en divisa? Y aun cuando las finanzas nacionales no estuviesen tan cargadas, sigue siendo injusta la distribución normada, porque está beneficiando a toda la sociedad por igual, cuando ya la sociedad no es igual”, concluye Omar Everleny Pérez.

No se trata de una guerra contra los subsidios. Existen ayudas necesarias, como las destinadas a la estimulación de producciones y las que funcionan de tabla salvadora a las personas de menor ingreso. Eliminar la libreta conllevaría un apoyo a los casos particulares que realmente lo requieran. Armando Nova propone mecanismos más dinámicos de distribución.

“Prestar la ayuda no por la vía de los productos. Hay muchos países que dan bonos, dinero, sellos, y con esa capacidad de compra otorgada por el Estado, las personas acuden a cualquier tienda y adquieren los productos como un consumidor más”.

A pesar de los pronósticos pesimistas, la libreta aún insiste en mantenerse como un miembro más de la familia cubana. Su funeral carece de fecha, e incluso, podría ser irrealizable. No obstante, la lógica indica eliminaciones graduales de subsidios insostenibles. ¿Y cuándo le tocará a la libreta? Las circunstancias anunciarán  el momento.

 



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