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VIVIR LA UNIVERSIDAD

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Es mucho más que trabajar en ella, es el sentir que se aporta inmerso en la gran relevancia que tiene la institución a la que se pertenece, subraya Ramón A. Martín.

MÓNICA RIVERO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Desde su anonimato cotidiano y fecundo, Ramón Alberto Martín Fernández le ha aportado mucho al desarrollo de la industria sin chimeneas en Cuba y no precisamente desde un hotel. Su labor se ha centrado en la formación de personal altamente calificado en la planeación y desarrollo de tan importante sector mediante el Centro de Estudios Turísticos de la Universidad de La Habana, del cual es fundador.

El investigador y profesor se desempeña, además, como asesor de Turismo en el Ministerio de Economía y Planificación, y como presidente de la Comisión Nacional de la Carrera de Turismo y Hospitalidad, recién comenzada en el curso 2003-2004.

-¿En qué fecha surge este centro?

El centro se funda en octubre de 1989. Primero se creó en la práctica, y luego en papeles. Empezó como grupo y después se convirtió en centro.

-¿Desde su  surgimiento estuvo vinculado

a la Universidad de La Habana?

Siempre. Existió antes un centro en el Instituto Nacional del Turismo del que fui director en una época, pero desde que nació el Centro de Estudios Turísticos, que lo hizo con el nombre de Grupo de Gestión de Hotelería y Turismo, estuvo vinculado a la UH, adscrito a Ciencias  Económicas. 

-¿Por qué se decide incorporar la carrera

Licenciatura en Turismo a la UH?

Ya había dos antecedentes. En 1977 existió en Matanzas la carrera Economía del Turismo. En el curso 1986-1987, en la UH, se llamó Licenciatura en Gestión Hotelera y, finalmente, en septiembre de 2003, empezó acá como se denomina hoy.

Se han abierto también en otras tres universidades: Matanzas (por Varadero), Ciego de Ávila (Jardines del Rey) y Holguín, las que, sumando La Habana, son las cuatro más grandes regiones turísticas de Cuba. Por eso, no es que se seleccionara la UH; sino que se eligió a la región turística Ciudad de La Habana y la comisión nacional de nuestra carrera corresponde a la esta casa de altos estudios, porque era donde único había un centro especializado, lo teníamos desde 1989.

-¿El momento en que comienza la carrera

responde a determinada coyuntura

especial  del turismo en Cuba?

No, la carrera se viene pensando desde hace muchos años. La coyuntura especial es que se apreció, primero, una necesidad de recalificar y calificar a trabajadores del sector del turismo; después se vio la necesidad de ampliar el perfil al sector de la hospitalidad. Entonces, se decidió desarrollar la carrera para atender esa demanda social, porque la Universidad tiene que estar presta a dar servicio a su sociedad; por eso se hizo.

-¿Cómo logra usted conjugar la labor de la

dirección del Centro con la de la carrera?

Es un fenómeno transitorio, hasta que se cree la Facultad. El Centro prácticamente funciona como tal. La vida nos va llevando a una velocidad mayor que la que las coyunturas y análisis técnicos de cada cosa permiten.
Piensa que nosotros tuvimos que comenzar el curso regular diurno, primero con trabajadores del sector turístico y a los seis meses con el curso diurno -estoy hablando de marzo y septiembre del año 2003-. Y en el 2007, que los cursos inician en enero, empezamos con 505 estudiantes del Programa de la Revolución para el Alojamiento Hospitalario. Sencillamente no podíamos detener el proceso porque no existiera  una infraestructura.

Lo que pasa es que el enfoque que ha tenido siempre la Universidad, por lo menos hasta donde recuerdo, y hace muchos años que estoy aquí vinculado, tantos como 41, es que las tareas revolucionarias se van haciendo sobre la marcha, las vamos organizando y perfeccionando como debieran haber sido desde el principio.

Ya nosotros hoy tenemos en la práctica una Facultad con estudiantes del diurno, con estudiantes trabajadores del sector del turismo, de alojamiento hospitalario, con una maestría que lleva tres ediciones, a partir de que tenemos graduados de una carrera propia.

-¿Cuál es el perfil educacional del graduado?

El turismo es un sector que precisa todo tipo de especialistas. El turismo abarca dos grandes cosas: los grupos de viajeros, cómo organizar, generar, mantener y desarrollar flujos de personas que se mueven de lugar, temporalmente (el tour, etimológicamente, viene de un viaje de ida y retorno, del verbo latino tournare que significa ir y regresar).

Está, además, desarrollar el gran producto turístico, que son los destinos. Luego tenemos el sistema de servicios básicos a cualquier tipo de alojados, que se llama sector de hospitalidad, para unir la virtud de ser hospitalarios, y brindar hospitalidad con todo el sistema de servicios a los que están alojado temporalmente. ¿Quiénes se pueden incluir aquí? Bueno, turistas y estudiantes tanto nacionales como extranjeros, pacientes en cualquier tipo de hospital, etc.

-¿Entonces la carrera, las investigaciones,

los postgrados, los doctorados, todo lo que se

haga se refiere a ambos tipos de actividad?

Sí. No importa que sea en el Ministerio de Turismo, o en el de Salud Pública con el Programa Nacional de Alojamiento Hospitalario.  En la medida en que tengamos más egresados vamos a trabajar y a ubicar más personal en el sector de la hospitalidad.

Ya logramos lo más importante: en Cuba se empiezan a articular y reconocer  ambas vertientes de nuestro trabajo, que son el turismo y la hospitalidad. Son conceptos del desarrollo mundial, que nosotros ya “tropicalizamos” de acuerdo con las condiciones nuestras. Y eso es lo que va a dar en realidad la excelencia que el país está pidiendo y que el cubano necesita.

-¿Desde cuándo se vincula a la actividad docente?

Desde que estudiaba Economía. Empecé a trabajar en los equipos de investigaciones económicas y, paralelo a eso, como alumno ayudante. Después, aún sin haberme graduado, ya era segundo jefe del departamento de Planificación de la Facultad de Economía. Era una época en que algunos, aún sin estar graduados, estábamos nombrados. Hoy, por suerte, eso no es necesario. Cuando me gradué estuve un tiempo de jefe del departamento, pero nunca desvinculado de la docencia.

-¿Qué importancia concede a

la docencia en su carrera?

La docencia, con mayor o con menor presencialidad es el momento más importante para transmitir lo que uno siente, además de lo que uno sabe. Permite un intercambio, no solo para transmitir, sino que es un proceso de enseñanza-aprendizaje en una relación biunívoca no unívoca. Y no me acompleja hoy aprender de un estudiante, de un chofer de autobús de turismo, o de un muchacho del Alojamiento Hospitalario, joven, trabajador, que se está enfrentando a problemas a los que él mismo está buscando solución.

Pienso que la tarea fundamental es lograr mejores seres humanos, que significa mejores revolucionarios, mejores profesionales. Ustedes los estudiantes entran siendo buenos, pero la Universidad tiene que convertirlos en mejores. Esta es la filosofía de nuestro trabajo, y la docencia tiene ese hecho trascendente: lograr el momento apropiado para transmitir y recibir.

En realidad no se ejerce la gran función de la Universidad si no se logra apropiadamente ese contacto entre profesores y estudiantes, por lo tanto, estoy siempre en la docencia de pregrado, postgrado, y vinculado a el proceso porque pienso que es de la mayor trascendencia en nuestro trabajo cotidiano.

-¿Qué significa la UH para usted?

Creo que es una institución que existe hace 280 años y va a existir por cientos de años más. Ha jugado y juega un rol trascendente, relevante en toda la historia de Cuba. Sin ánimos de ser poético: esta es la vida mía y de muchos de los miembros más importantes de mi familia. No es un centro de trabajo, yo no lo veo así. Los que aquí estamos no trabajamos: vivimos la Universidad, que es mucho más que trabajar en ella, porque es sentirse respaldado por un prestigio que no es el de uno, o del otro; sino es el sentir que uno aporta desde un granito de arena, modesto, inmerso en la gran relevancia que tiene la institución a que se pertenece. Estar en la Universidad y trabajar en ella, aunque también pueda ser un medio de vida, es, sobre todo, un modo de vida, es una manera de ver la vida.

-Esa manera de ver la vida, ¿cuál es?

La de ver cómo uno deposita, transfiere, al mismo tiempo que se retroalimenta, valores, formas de ser… El que se siente profesor, no tiene lugar mejor que la Universidad de La Habana para sentirse realizado.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

30/10/2010 08:15 islalsur #. Nosotros, los del 280


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